Eduardo Castillo (1889-1938)
 

 

Interrogante
 

Hamlet, mi príncipe enlutado

que en tu Elsinor viste una vez

la airada sombra de tu padre

sobre una almena aparecer;

que viste sobre el lago pérfido

flotar en fúnebre vaivén

el cuerpo inánime de Ofelia,

y que exploraste lo que fue,

el grave enigma de la tumba,

el cómo, el cuándo y el porqué

en la amarilla calavera

de Yorick, el bufón del rey;

dime qué existe para el hombre

después del último después...

Y oigo tu voz que me responde:

-Morir, dormir..., soñar tal vez.

Yo estoy aún entre las rosas

más fragantes, pero a mis pies

se alarga ya, como un presagio,

la fosca sombra de un ciprés...

Oigo a lo lejos las campanas

tristes del Angelus tañer,

y me invade, trágicamente

el frío del anochecer...

Por eso, mi príncipe rubio,

te interrogo con avidez:

dime qué existe para el hombre

después del último después...

y oigo tu voz que me responde:

-Morir, dormir..., soñar tal vez.

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