Anónimo
 

 

Descripción del Río Bogotá y Salto del Tequendama
 

De las sierras cuya altura
corona risueña el alba,
del Bogotá las corrientes

forman un monte de escarcha.

 

Corre gigante la nieve

a buscar en Tequendama

el sepulcro que fabrican

dos peñas a su arrogancia.

 

Libre el campo se le ofrece

para que corran sus aguas,

mas, como va a despeñarse,

va su orgullo haciendo pausa.

 

Sierpe de cristal, se ondea,

y al entrar por la montaña

ve por los riscos las señas

del riesgo que le amenaza.

 

Los árboles, con las hojas

que despiden de sus ramas,

se embarcan en su corriente

en bajeles de esmeralda.

 

¡Oh, cómo de sus exequias

la triste música cantan

las aves que, en sus orillas,

son las ninfas de sus aguas!

 

Hasta las flores se quejan

de ver que se despedaza

la presea que tal vez sirve

de espejo a su gala.

 

Y para ver la tragedia

que en el salto le amenaza,

hacen balcón de la peña

las aves, flores y plantas.

 

Prisionero de sí mismo,

entre las peñas se ataja,

y al vaivén de sus corrientes

cadenas de plata arrastra.

 

Al precipicio se acerca

tan altiva su arrogancia,

que chocando con un risco

un monte de espuma exhala.

 

Copo a copo se despeña,

gimiendo al golpe sus aguas

de ver transformado en niebla

el que fue sierpe de plata.

 

Pendiente queda del risco,

para que diga la fama

que las dichas de un soberbio

se rematan en desgracia.

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