José María Rivas Groot (1863 - 1923)
 

 

Constelaciones
 

 

El Hombre

Amplias constelaciones que fulguráis tan lejos,
mirando hacia la tierra desde la comba altura,
¿por qué vuestras miradas de pálidos reflejos
tan llenas de tristeza, tan llenas de dulzura?

Las Constelaciones

¡Oh soñador, escúchanos! ¡Escúchanos, poeta!
Escucha tú, que en noches de oscuridad tranquila
nos llamas, mientras tiemblan con ansiedad secreta
la súplica en tu labio y el llanto en tu pupila.

Escucha tú, poeta, que en noches estrelladas
cual bajo augusto templo descubres tu cabeza,
y nos imploras, viendo que están nuestras miradas
tan llenas de dulzura, tan llenas de tristeza.

¿Por qué tan tristes? Oye: nuestro fulgor es triste
porque ha mirado al hombre. Su mente y nuestra lumbre
hermanas son. Por siglos de compasión, existe
en astros como en almas la misma pesadumbre.

Por siglos hemos visto la Humanidad errante
luchar, caer, alzarse... y en sus anhelos vanos
volver hacia nosotras la vista suplicante,
tender hacia nosotras las temblorosas manos;

y ansiar en tal desierto, ya lánguida, ya fuerte,
oasis donde salten aguas de vida eterna;
ya llega, llama -y sale con su ánfora la muerte
brindando el agua muda de su glacial cisterna.

Tronos, imperios, razas, vimos trocarse en lodo:
vimos volar en polvo babélicas ciudades.
Todo lo barre un viento de destrucción, y todo
es humo, y sueño, y nada... y todo vanidades.

Es triste ver la lucha del terrenal proscrito;
es triste ver el ansia que sin cesar le abrasa;
el ideal anhela, requiere lo infinito,
crece, combate, agítase, llora, declina y pasa.

Es triste ver al hombre, que lumbre y lodo encierra,
mirarnos desde abajo con infinito anhelo;
tocada la sandalia con polvo de la tierra,
tocada la pupila con resplandor del cielo.

Poeta, no nos llames -conduele tu lamento;
poeta, no nos mires- nos duele tu mirada.
Tus súplicas, poeta, dispérsanse en el viento;
tus ojos, ¡oh poeta! se pierden en la nada.

Con íntima tristeza miramos conmovidas,
con íntima dulzura miramos pesarosas,
nosotras -las eternas- vuestras caducas vidas,
nosotras -las radiantes- vuestras oscuras fosas.

El Hombre

¿Todo es olvido y muerte? Pasan gimiendo a solas
el mar con sus olajes, la tierra con sus hombres;
¿y al fin en mudas playas deshácense las olas,
y al fin en mudo olvido deshácense los nombres?

¿Y nada queda? ¿Y nada hacia lo eterno sube?
Decid, astros presentes a todo sufrimiento:
la ola evaporada forma un cendal de nube,
¿y el alma agonizante no asciende al firmamento?

¡No, estrellas compasivas! Hay eco a todo canto;
al decaer los pétalos, espárcese el perfume;
y como incienso humano que abrasa un fuego santo,
al cielo va el espíritu, si el cuerpo se consume.

Vendrá noche de siglos a todo cuanto existe;
y expirarán, en medio de hielos y amargura,
los últimos dos hombres sobre una roca triste,
las últimas dos olas sobre una playa oscura.

Y moriréis ¡oh estrellas! en el postrero día...
Mas flotarán espíritus con triunfadoras palmas;
y alumbrarán entonces la eternidad sombría,
sobre cenizas de astros, constelaciones de almas.

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