La autobiografía en Colombia
Vicente Pérez Silva (compilador)
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José Gutiérrez
José Gutiérrez, psiquiatra y escritor, ha tenido una rica trayectoria donde el ejercicio de su profesión y la política se conjugan e interactúan, de modo singular. Discípulo de Erich Fromm en México, uno de sus primeros libros: El método psicoanalítico de Erich Fromm (Bogotá, Tercer Mundo, 1960) está dedicado precisamente al estudio de su maestro.
- Formó parte luego de] MRL con Alfonso López Michelsen, Asesor Político de la Unión de Trabajadores Colombianos, UTC, de la Comisión de Paz en el Gobierno de Belisario Betancur, y fundador del Movimiento Firmes, con Gerardo Motina. Ejerció siempre su profesión y realizó incursiones pioneras en temas sociales como el de los gamines a los cuales dedicó un libro. Gamín (México, Mac Graw-Hill, 1973).
- Su labor de ensayista que registra títulos como La no violencia en la transformación colombiana (Bogotá, Tercer Mundo, 1963) yA rcanoy enigmas del delirio de la conquista (Bogotá, Spiridión, 1993) ha dado paso, en los últimos anos, a una fecunda producción novelística, donde se destacan títulos comoa la hora del té (1962) o Un intruso en el espejo (1988), sin olvidar por ello otros volúmenes, donde se hace más presente el toque autobiográfico, la revisión crítica de su trayectoria y el estudio de los sustanciales cambios experimentados por la sociedad colombiana, en estos últimos años. De ahí los diálogos entre un analista, José Gutiérrez y un antropológo, Santiago Villaveces, que con el título de Una travesía freudiana cruzando Colombia constituyen una moderna forma de autobiografía como lo demuestra el primer capítulo de este trabajo aún inédito: "Mente y sociedad bogotanas a mediados del siglo".
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Mente y sociedad bogotanas a mediados del siglo - En la década de 1940, la medicina colombiana, señoreada por el prestigio de grandes figuras, era dominada por disciplinas como la anatomía, la fisiología y la fisiopatología, de elegante estilo positivista.
- Yo comencé a estudiarla, en 1945, con un interés más sociológico que el dictado por la moda y sintiendo que de modo irremisible desentonaba con casi todo lo enseñado en la única Facultad de Medicina de Bogotá, perteneciente a la Universidad Nacional. A pesar de mi deseo de aprender y de una preparación en ciencias básicas superior a la de mis compañeros, me resultaba casi insoportable una enseñanza tan fisiologista, por otra parte discursiva e impartida con la agobiante arrogancia de la clase alta bogotana, de un marcado tinte despectivo hacia todo aquel que no perteneciera a ella.
- Los profesores eran quizá el mejor grupo de médicos que durante mucho tiempo tuvo Colombia, con influencia de lavieille France, y que ejercían la medicina con ostensible desprecio hacia los pobres, pacientes que nos entregaban a los estudiantes como una especie de material de práctica descarnada, sin relación emocional alguna con el enfermo, sobre quien dictaban conferencias de gran erudición, como si fuera una materia inerte, de laboratorio, dispuesta ante sus pupilos sólo para el catedrático disertar de modo brillante y lucido, haciendo un análisis de todos sus síntomas.
- Pero estas sabias explicaciones de la enfermedad, que generalmente era grave, puesto que al Hospital de San Juan de Dios sólo llegaban los casos más serios provenientes de todo el país, concluían a menudo con un diagnóstico mortal, que el desdichado oía con los ojos fijos, petrificado ante el barroco discurso pronunciado apenas para los estudiantes.
- Yo acostumbraba a mirarles la cara a esos enfermos, deseando ver su reacción ante lo que el profesor desarrollaba sin reparar mucho en las enseñanzas del expositor sino cavilando en la situación de los encarnados, a quienes nadie saludaba al comienzo de la clase.
- Como era evidente que por lo general ellos comprendían hacia dónde iba la disertación, pues parecía que presintieran que concluiría con algo trágico, me desentendía del tono y el contenido de la mayoría de esas conferencias, que me parecían todas iguales y resumibles en pocas palabras tales como: "Este tipo se muere dentro de ocho días", lo que sólo una cronicidad duradera podía algunas veces retardar. Sin embargo, esos enfermos casi nunca reaccionaban ante discursos tan siniestros y su rostro, hipnotizado por tal ambiente, permanecía tan inexpresivo como si les fuera prohibido demostrar reacción alguna ante semejante descubrimiento.
- Eso hizo que,juntocon otros estudiantes de años superiores, organizara un periódico crítico hacia la medicina oligarca, así como hacia la orientación únicamente fisiologista de la enseñanza, cuyo título anunciaba un contenido a la vez incisivo y burlón: Bisturí. Nació con precarios recursos -los de mi exiguo bolsillo y sobrevivió con esfuerzos inenarrables, tanto de compradores como de anunciantes, estos últimos algunos profesores jóvenes e inconformes.
- Aparecieron apenas unos quince números, que aspiraban a ser mensuales pero que sólo salieron cada vez que se pudo durante dos años escolares.
- Tras de los artículos de Bisturí se percibe hoy una aspira-ción, distinta de la entonces dictada por la arrogancia oligárquica imperante, de entender socialmente la medicina y todo lo relacionado con ella. Su publicación fue concomitante a mi puesta en contacto con el partido comunista y a mis primeras lecturas sociológicas a la altura de lo que se encontraba como literatura social, que no era mucho. Los directores fuimos un estudiante de anos avanzados. Annando Soiano Puerto, cuyo hermano mayor, Enrique, muerto precozmente, conocí en alguna de las manifestaciones callejeras de la época como miembro del partido comunista, y yo. Los Solano eran hijos de uno de los iniciadores en Colombia del pensamiento sociológico, el escritor y político Armando Solano, quince anos atrás vinculado con la fundación del partido socialista colombiano, y hermanos de Pablo, un compañero de estudios secundarios, entonces un pintor principiante.
- Era la época de la postguerra, recién terminada la segunda guerra mundial, y por causa de la alianza en los últimos tiempos entre la Unión Soviética y los Estados Unidos contra Hitler, antes de que Alemania y Japón se rindieran y comenzara la Guerra Fría, se apreciaba una especie de favorecirniento norteamericano para con las ideas marxistas, que contribuyó al despertar de mi interés sociológico.
- Pronto, los de Bisturí comenzamos también a organizar en la Universidad Nacional movimientos de protesta contra los profesores anticuados. La circunstancia de que los conservadores hubieran ganado en 1946 las elecciones presidenciales formaba parte del desafío que muchos sentíamos por delante y que llegó a su clímax el 9 de abril de 1948, cuando la muerte del jefe liberal Jorge Eliécer Gaitán desató el conocido motín del Bogotazo, a raíz del cual vino una feroz represión que costó la vida a numerosos estudiantes. Su muerte "será germen de realizaciones, semilla revolucionaria", escribimos en Bisturí.. En octubre de ese mismo año yo decidí irme para Francia.
- En la nueva situación europea en que iba a desarrollarse mi vida, ese mismo marco ideológico ya formado en Colombia se amplió y el panorama idealista rebelde se vio estimulado por muchas lecturas.
- Porque al comienzo de mi estadía en París me quedaba tiempo libre para ellas debido a que mis certificados escolares no llegaron completos. No pude sino tomar una matrícula provisional en la Facultad de Medicina René Descartes, sin asignaciones, con muy escaso compromiso académico, pero que me permitió leer libremente. Encontré una biblioteca pública de sociología en la calle Icit git le coeur, "aquí yace el corazón", y allí pasé largas jornadas trasegando la literatura sociológica bajo tan simbólico auspicio. Recorrí ante todo páginas a veces emocionantes y otras un tanto secas y abstrusas de Marx y Sartre.
- El ambiente intelectual francés vivía el mismo estímulo rebelde que había encontrado aquí en Colombia, favorecido por un despertar intelectual de la izquierda francesa con la Liberación, luego de la ocupación alemana y de la victoria aliada. En esos últimos años de la década de 1940, la derecha intelectual francesa estaba totalmente derrotada por causa de su colaboración con Hitler, tanto que, como jefe de Estado, el general De Gaulle condenó a muerte, a raíz de la Liberación, a un intelectual de derecha.
- Finalmente, la ejecución no se llevó a cabo porque el pobre hombre, Drieu de la Rochelle, un literato que había colaborado con los nazis, se suicidó. Aquella sentencia contra Drieu fue un duro golpe a la muy importante derecha intelectual francesa. Hoy día sobreviven algunos intelectuales que ya no son de derecha, per o que, pertenecientes entonces a aquellos grupos, debieron pasar por una época de opacamiento muy grande como, por ejemplo, Maurice Blanchot. Aun cuando se sabía que entre ellos había figuras muy valiosas, incluso un grupo de choque conocido como Los húsares azules, quienes daban la nota en Francia eran Sartre y Camus, y, naturalmente, yo me veía muy estimulado por sus ideas. Mis lecturas fueron todas alrededor de temas hegelianos dialécticos, de inspiración histórico-social.
- Estuve dos años en París antes de decidir volver a Colombia. La de regresar fue una decisión política, porque la situación se había agravado a tal punto que quise venir a luchar contra la dictadura. Como mis contactos con el partido comunista, no de Colombia, sino de Francia, habían continuado, me propuse organizar las Juventudes comunistas, y así fue como en vez de retornar a los estudios me dediqué a recorrer los sitios donde el partido comunista tenía efectivos y a organizar sus Juventudes.
- Pasé en ello los años de 1950 a 1952. Mi mayor ambición era ser un guerrillero, pero, curiosamente, tal propósito estuvo interferido por Gilberto Vieira, líder desde veinte años atrás del partido comunista colombiano -al que dirigió por más de cincuenta-, cuya personalidad es tan enigmática como corresponde a un hombre muy lacónico. Por algo que nunca entendí, él se interpuso entre mis deseos de ingresar a la incipiente guerrilla y aunque me presentó a los que con el tiempo vinieron a ser los fundadores de la más numerosa y amenazante insurgencia de la historia colombiana, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Pedro Antonio Marín y Luis Morantes, con el tiempo más conocidos por sus nombres de batalla, Tirofijo y Jacobo Arenas, nunca me dijo quiénes eran.
- Quizás Vieira tampoco les expresó a ellos que yo hubiera querido vincularme activamente con la guerrilla, pues jamás aludieron a tal posibilidad. De manera que los conocí, trabajamos en cierta forma juntos, pero dentro de un esquema por completo civil.
- Por ejemplo, Jacobo Arenas me llevó a Santander, a Bucaramanga y a Barrancabermej a, donde visitamos a los intelectuales amigos del partido comunista, abogados y médicos, para explicarles la fundación de las Juventudes comunistas, y para obtener de ellos algunas pequeñas colaboraciones económicas. Pero con Arenas jamás hablamos con completa franqueza de sus actividades guerrilleras, que sólo conocí luego. Lo mismo pasó con Tirofijo, en realidad Pedro Antonio Marín, conocido hoy comoManuelMarulanda Vélez, y a quien a raíz de algún servicio profesional que me solicitara, encontré en Bogotá en 1952. Creo que esa temporada es la única que Pedro Antonio Marín haya pasado en Bogotá. De entonces viene que adoptara su nuevo nombre: en el corto tiempo que Marín pasó en la ciudad, el ejército supo por un informante que estaba residiendo en la modesta vivienda de un primo suyo. Se presentó al sitio donde se quedaba, y en el que vivía también un amigo íntimo del primo, llamado Manuel Marulanda Vélez. De los dos sospechosos, Tirofijo, en esa época unjoven de rasgos blancos y de corta estatura, con facciones un poco delicadas, parecía menos peligroso que éste, un hombre corpulento de rasgos indígenas y en realidad un valiosísimo intelectual y abogado de reciente graduación, que comenzaba con gran entereza'el ejercicio del derecho... Cuando los encontró a ambos allí, al decidir cuál de los dos era Tirofijo tomó preso al abogado, se lo llevó y, después de torturarlo, lo mató sin que él revelara la identidad de Marín, quien a partir de ese tomó el nombre del abogado trágicamente muerto.
- El breve tiempo que Tirofijo permaneció en Bogotá, varias veces conversé con él, pero nunca hablamos de sus actividades y menos de que a mí me hubiera gustado unirine a la guerrilla. Creo que había una especie de propósito callado pero muy firme, de parte de Gilberto Vieira, de que en todo caso yo no debería ir a dar a la guerrilla, aun cuando al parecer sí consideraba que me convenía estar en contacto con ellos para el futuro. En realidad, siendo yo muy joven, pues tenía 20 años nada más, la actitud del astuto dirigente era quizás de protección. Por otra parte, lo que más me interesó en la política colombiana en ese momento fue la actividad insurgente liberal que, comojefe del liberalismo estimu-
- laba desde la sombra Carlos Lleras Restrepo, quien ayudó a los primeros insurgentes en Meta, Yacopí, y Urrao, infundiéndoles su pasión y aportándoles algo de provisiones, en dinero, ropa y armamento, empeñado como estaba en la propagación de las guerrillas en el campo, que quizás concebía como las similares de las guerras civiles.
- Parte de este cometido lo emprendió directamente con sus copartidarios liberales, de su misma manera de pensar, y parte en colaboración con el pequeño partido comunista.
- Santiago Villaveces. ¿Estamos hablando de las guerrillas liberales?
- José Gutiérrez. Sí, de las guerrillas liberales de 1950, que se prolongaron una década, pero que ya cu,-ilenzaban con una colaboración del partido comunista. Llegué a participar un poco en la propagación de las guerrillas, que vendrían después a explayarse en la región comunista de Viotá, Cundinamarca. Allí hubo una emisora clandestina, propiedad de la dirección liberal, y que operaba bajo la dirección del Secretario General del partido, Manuel Rodríguez Díaz, quien decidió instalarla para estimular a las guerrillas en todo el país.
- En realidad, al regresar de Francia de modo más o menos simultáneo con la posesión del jefe conservador Laureano Gómez como presidente, temido por retrógrado y apasionado, como muchos yo me proponía combatir el régimen por cualquier medio. Mi situación personal en ese momento era la de haber dejado a un lado los estudios, y lo que me interesaba era ante todo la actividad política. Así pasaron dos años, de 1950 a 1952, hasta cuando, por motivos personales, volví a los estudios médicos, giro cuya conciliación con la cuestión ideológica resultó muy difícil, y que a veces también sólo arduamente logro explicarme a mí mismo: un día conocí a Magdalena y decidí unir mi vida con ella. Entonces me dije que si ya llevaba cuatro años de estudios de medicina, lo lógico era terminarlos para casarme. Pero tal viraje del supuesto apostolado político a la ciencia, para muchos de los compañeros de las Juventudes comunistas fue sólo una traición, aunque mi retiro del grupo no fuera ideológico, sino apenas transitorio y práctico, por la necesana suspension de toda actividad política para retornar a la universidad, donde las épocas de anterior agitación ya habían pasado.
- Ahora bien: si desde el punto de vista emocional actuaba en forma bien explicable, y desde él de los ideales no tenía nada que reprocharme, pues sólo había dejado de lado una carrera de revolucionario profesional para volver a mi antigua actividad médica, me era muy difícil retornar a la Universidad Nacional, debido a mis antecedentes con el periódico que había publicado años antes. Los numerosos obstáculos reglamentarios hacían casi imposible inscribirme de nuevo. Encontré un pequeño resquicio a través de amistades y me aferré a cuatro manos de allí, pero todo indicaba que no podría culminar los estudios de medicina, pues tenía en mi contra incluso disposiciones universitarias porlas que, al perder tres años una materia, no se podía continuar estudios, y el tiempo que había estado por fuera de la Facultad se me contaba asimilándolo a materias perdidas. Al fin, con la ayuda de algunos amigos y demostrando mis cursos en París, pude ser aceptado de nuevo y terminar, eso sí suspendiendo casi por completo la actividad política y logrando alcanzar puntajes altos en las calificaciones.
- En los años 1952, 53 y 54 tuve, pues, poco interés por la política. Cuando terininé la carrera, me dediqué a la práctica psiquiátrica y a mi psicoanálisis personal, porque debo también decir que en ese momento encontré en éste un camino de estímulo personal al que debo haber podido superar las enonnes trabas psicológicas que tenía para los exámenes orales y para concentrarme en determinadas materias. Vistas desde el presente, estas asignaturas se aprecian como enseñadas de manera muy estúpida, excesivamente fisiologista y oligárquica, lo que explicaba la reacción neurótico de incapacidad de concentración que me provocaban, la que entonces resultaba un grave escollo para cualquier propósito académico.
- Gracias al psicoanálisis, que inicié con el doctor Hernán Quijada, a quien escogí por ser un exiliado político venezolano, pude entender y superar dichas reacciones y terminar los estudios médicos. Facilitó mi análisis sentir una solidaridad política con él, lo que estimuló mi capacidad de mirarme a mí mismo. Y lo favoreció poder reparar en la utilidad obtenida del tratamiento, manifiesta en la forma casi inmediata, como pude presentar exitosamente exámenes orales que antes me aterraban, incluso de aquellas materias que me provocaban pánico, pues parecía que durante ellos los profesores adivinaran mi rechazo a cuanto enseñaban. Logré, al menos, la concentración necesaria para poder memorizar lo que necesitaba saber para pasar las pruebas.
- Terminé estudios en 1954, pero la vinculación puramente de Freud se terapéutica y personal comenzada con el método
- amplió mucho y se incremento con el paso por la cátedra de psiquiatría, en la que se me abrieron nuevos horizontes. Al terminar, ya estaba de lleno vinculado con las estructuras psiquiátricas de ese tiempo, e incluso pertenecí a la planta de dos o tres sitios psiquiátricos: a una clínica para niños, la Clínica de los Rosales, para gente del norte de la ciudad, acomodada; a un frenocomio para mujeres, llamado Asilo de Locas, y a la Penitenciaría de la Picota, entonces la mayor prisión de Colombia, en la sección considerada psiquiátrica de los presos con perturbaciones mentales. Trabajaba de modo simultáneo con la terminación de mis estudios, aunque también contaba con muchas limitaciones, porque si bien el psicoanálisis empezaba a dar sus primeros pasos en el mundo intelectual colombiano, la concepción general de la psiquiatría en Bogotá era muy atrasada, y para trabaj ar en aquellos sitios había que hacer de tripas corazón. Aparte de que buena parte de los profesores y otros compañeros de la materia psiquiátrica eran gente con una visión a veces sólo romántica de la enfermedad mental, había otra limitación en el carácter insular y dogmático de los primeros grupos psicoanalíticos bogotanos.
- S.V. ¿Se trataba de una pura psiquiatría clínica?
- J.G. Sí, nutrida de la visión clínica de Kraepelin, el genial psiquiatra alemán que a comienzos del siglo fijara la clasificación de las enfermedades mentales. Era lo único que había en ese tierilpo, pues los grandes recursos para tratar las enfermedades psíquicas habrían de venir sólo diez años después.
- Los grupos de estudio psicoanalítico procuraban abrirse paso en forma muy incipiente a partir de la llegada de dos analistas, uno formado en Chile y el otro en Francia. En Chile, Asturo Lizarazo, y en Francia, José Francisco Socarrás, con quienes comienza el psicoanálisis en Colombia. Creo que a Socarrás le quedó muy difícil, porque él había tenido notoria participación política antes de viajar a Francia a estudiar la especialidad pues había sido un parlamentario socialista, e incluso había escrito un libelo contra Laureano Gómez y al regresar bajo su presidencia se sentía amenazado. En cambio, el caso de Lizarazo era diferente, pues por familia figuraba como conservador, y si quizás él no lo fuera tanto en lo personal, tenía un hermano importante miembro del gobierno; un gobernador muy sectario, a quién se atribuye haber iniciado la violencia política del Valle del Cauca, región que desde finales de la década del cuarenta y hasta quince años más tarde fuera teatro de decenas de miles de asesinatos. En cierta forma, desde el punto de vista de las tribulaciones de las ideas, dicha asociación entre J.F. Socarrás y A. Lizarazo ayudó a la sobrevivencia de los grupos freudianos, fuera de graves sospechas de orden ideológico.
- S.V. ¿Ellos llegaron en los cincuenta?
- J.G. Llegaron a Colombia en 19.50, por el mismo tiempo en que yo regresaba, pero fueron mis antecesores no sólo por edad sino por conocimientos, pues habían comenzado su formación analítica cuatro años antes; a más de que yo no me interesé por Freud los dos primeros años de esa década del cincuenta, cuando sólo contaba para mí la actividad política.
- Para volver a la medicina resultó fundamental lo que me aportó haber encontrado al doctor Quijada, quien como militante político venezolano se había ligado a los fundadores del partido Acción Democrática, ADECO, y era compañero de exilio de Carlos Andrés Pérez y Pompeyo Márquez, lo mismo que e otros venezolanos que huían del dictador militar Pérez Jiménez. Por esas razones, Quijada se me figuraba como alguien con quien yo tenía mucho en común; e iniciar un psicoanálisis con él fue una oportunidadúnica que mepermitió encontrarel hilo conductordel freudismo a la libertad, un hilo de tal naturaleza que se conjugaba con mis ideales. Pero en realidad, parece que había en mí una especie de ambivalencia entre medicina y política, que no encontraba entonces conceptos para expresarse: unas veces iba hacia un lado y otras hacia el otro.
- S.V. En esas primeras épocas ¿el psicoanálisis te ofrecía algún tipo de conciliación?
- J.G. Sin duda, pero no lo notaba sino al contrario: sólo me tranquilazaba por la forma aconceptual en que propiciaba tal bascular. Se trataba de un análisis de pretensiones clásicas, en teoría fisiologista y dogmático, que por cierto ha perdurado como la escuela dominante en la materia en Colombia, a raíz de las enseñanzas de Socarrás y Lizarazo, prolongadas por 40 años. Se la conoce como la corriente psicoanalítico ortodoxa, porque sin vacilaciones se coloca en la misma línea con la visión biologista de los sucesores inmediatos de Freud. En varios países subsiste como la Asociación Psicoanalítica Internacional, IPA en inglés y API en francés, aunque por un rasgo muy colombiano esta ideología tiene una tendencia a esquematizarse, de modo tradicio-
- nalista, sin mayor cambio.
- Era muy difícil para mí conciliar tal escuela con mis intereses sociales y políticos; de manera que debo atribuir más bien a los resultados médicos de mi análisis el que pudiera armonizar los primeros pasos en la carrera médica con la ideología socialista.
- S.V. Tú alguna vez me comentaste de tu vinculación con Erich Fromm...
- J.G. Sí. Ahí fue milagroso que apareciera Fromm. Un día, el historiador Jaime Jaramillo Uribe me llamó la atención sobre él. En una especie de acto iluminado, Jaramillo me dijo: "Tú tienes que leer a Fromm". Yo me lancé a buscar el libro y creí encontrar en sus ideas una vertiente marxista del freudismo... No sólo leí el libro recomendado por el iniciador de la historiografía social en Colombia, El miedo a la libertad, sino que le escribí al autor, a cargo de la editorial. Le expresé mi deseo de vincularme a su enseñanza y para mi gran sorpresa tuve una respuesta afirmativa y muy inmediata en carta de uno de sus discípulos, pero escrita en nombre suyo. Fue así como en el curso de dos semanas organizamos viaje a México con mi mujer y nos fuimos a trabajar allá con Erich Fromm.
- S.V. ¿Eso fue alrededor de qué época?
- J.G. En el año 1955. A grandes rasgos de 1948 a 1950 fue Francia; del 50 al 52 las Juventudes comunistas y las guerrillas, digamos, mi leve vinculación con las guerrillas; luego, de 1952 a 1954 terminar medicina, del 54 al 55 trabajar en psicoanálisis con los grupos psiquiátricos bogotanos, en mayo de 1955 la conversación con Jaramillo Uribe, y en septiembre del mismo año me radiqué en México.
- S.V.¿Por quénome cuentas unpoco de la es,"adía enméxico y del trabajo que iniciaste con Fromm?
- J.G. Fromm había llegado a México más o menos de modo simultáneo a cuando llegaron aquí Socarrás y Lizarazo, pero por circunstancias completamente personales, relacionadas con la salud de su mujer y no como ellos, buscando iniciar un grupo psicoanalítico. Hizo ur> viaje de descanso a Ixtapan y en procura de opiniones profesionales sobre la salud de su esposa. Quería consultar por las dolencias de ella en el Instituto de Cardiología que dirigía Ignacio Chávez, después de haber participado muy intensamente en el psicoanálisis de los Estados Unidos y de haber formado parte importante del movimiento de antropología y sociología conocido como culturalismo, pero los psiquiatras mexicanos lo convencieron de quedarse allí.
- Se puede decir que la historia de la escuela culturalista de pensamiento psicosocial está ligada al momento en que él llega junto con su prominente esposa Frieda Fromm Reichmen, en 1934, donde permaneció algún tiempo antes de Washington instalarse en Nueva York hasta 1950. Cuando yo viajé a México, en condiciones económicas precarias porque el viaje se organizó a la carrera, su ayuda y acogida fueron muy generosas. La relación con él fue muy favorable para mi psicoanálisis, pues había muchísimos puntos en común entre ambos.
- A pesar de la diferencia de edades y de preparación -corría el año 1995-, probablemente coincidíamos en las ambiciones intelectuales subyacentes a nuestra relación de analista a analizante, y quizás nos identificaba lo que ambos veíamos por delante. Fromm me colocó a la misma altura que sus otros diez discípulos mexicanos, todos notables profesores de psiquiatría y de antropología de la época.
- Para entonces ya había tenido algunos pacientes privados de psiquiatría y psicoanálisis en Bogotá, en el año 1954, pero en México comencé a trabajar de tiempo completo en mi consultorio privado, con pacientes psicoanalíticos y psiquiátricos, muchos de los cuales fueron enviados por los otros discípulos de Fromm.
- Ellos en ese momento representaban la capa dominante de la psiquiatría, el 90% de la psiquiatría mexicana. Los años de 195 a 1960 los pasé en esa forma. Después de corto tiempo de llegados con Magdalena y Marcela, una niña de cuarenta días de nacida, no tuve mayores dificultades económicas.
- S.V. ¿En ese tiempo trabajabas directamente con Fromm?
- J.G. Continué con él mi psicoanálisis personal, curativo, que
- se había interrumpido aquí con el doctor Quijada, y participé en sus grupos de estudio y en la enseñanza de psicoanálisis que él dirigía en la Universidad Nacional Autónoma de México, de la que fui profesor cinco años. Toda la vida de nuestra familia estaba organizada alrededor de eso, porque Magdalena es psico oga y también se interesaba en el psicoanálisis.
- Desde sus comienzos con Freud, ül análisis siempre se ejerce en el consultorio privado y quizás verdaderamente no se puede hacerlo bien sino'en condiciones privadas. Para decirlo en pocas palabras, de forma burguesa. Por lo que no extraña que sea una profesión liberal, que quizás por su- manera de practicarse se parece actualmente al derecho.
- S.V. ¿En qué sentido?
- J. G. Lo más parecido a una instalación analfti ' ca es la instalación de un maitre avocat, es decir, de aquel profesional en derecho de París a quien se consulta por su fama de independiente y de conocedor de su materia, pero que en realidad no acepta al cliente (o al paciente) como un caso más de una organización, sino en una condición privada. Es así como los pacientes vienen hoy día a buscarme al consultorio, a diferencia de los de las grandes organizaciones médicas y a semejanza de como probablemente, por dos o tres siglos, ha sido característico de la abogacía en muchos sitios, muy particularmente en París.
- Algo del mismo género he procurado yo desde cuando comencé a ejercer el psicoanálisis, y creo que quienes ' hemos llegado a crear una independencia intelectual para nuestro ejercicio profesional somos los más freudian.os en el buen sentido de la palabra.
- S.V. ¿En qué momento empezaste a procurar la conciliación entre tus ideales políticos y tu práctica profesional, y cómo pudiste ver elpsicoanálisis también como un elemento de análisis ideológico y no sólo personal?
- J.G. Antes de haber leído libro alguno de Fromm yo había comenzado, aquí en Boiotá, a mediados de la década del cincuenta y muy rudimentariamente, a trabajar en la relación entre lo polftico-social y la neurosis individual. En ese momento de la llamada violencia colombiana, o sea, la lucha guerrillera, militar y paramilitar entre liberales y conservadores, los pacientes analíticos que tuve representaban alguna relación con las ideas, pues yo estaba buscando el nexo de la neurosis con el acontecer político. Ese tipo de práctica es pues anterior, pero cuando conozco a Fromm encuentro su sensibilidad parecida a la propia, en lo político y en lo social.
- S.V. ¿Cómo así?
- J.G. A grandes rasgos, la historia de Fromm es la de un estudiante de jurisprudencia que obtuvo su PhD en Heidelberg cerca de los 21 años de edad. Su interés fue desde el comienzo sociológico. Creo que en realidad, a pesar de la común denominación de psicólogo que se le atribuye, porque también obtuvo un grado en psicología, él no fue un gran psicólogo sino un sociólogo cuyo interés psicológico y humano se expresó siempre con referencia a la sociedad. Ingresó joven al Instituto Psicoanalítico de Berlín, cuando ya Freud había sobrepasado los confines de Viena y en aquella ciudad residía lo principal del psicoanálisis. Se gradúa en dicho Instituto a finales de la década del 20, y luego se vincula con la escuela de pensamiento social de su ciudad natal, Frankfurt, pero cuando viene el nazismo prácticamente es el único de los miembros del Instituto de Berlín que reacciona contra la conducta de los psicoanalistas ante Hitler, porque en la organización de los seguidores de Freud, cuya dirección detentaba su hija junto con el inglés Ernest Jones, el así llamado Movimiento Psicoanalítico Internacional fue controlado por una burocracia que naciera procurando proteger la causa de Freud, o sea, el psicoanálisis como organizacion gremial, pero que defeccionó frente a los nazis.
- Oscuro capítulo de la historia de las ideas que concluyó en que tales burócratas acabaran prescindiendo de todos los judíos que había en dicho Instituto Psicoanalítico de Berlín, luego disuelto para rematar refundiéndose en la Sociedad Psicoterapéutica Alemana (DPS), dirigida por un sobrino del siniestro mariscal Goering, de su mismo apellido, Fromm reaccionó muy vivamente contra aquello y cuando Hitler llegó al poder se fue a Francia, primero, mas como allí no se pudiera instalar y muchos previeran la suerte final de ese país ante la ofensiva hitleriana, se marchó a los Estados Unidos. Allá sin duda encontró la libertad y su seguridad personal, pero lo persiguió el infortunio que provenía de su pasión por defender su singularidad. Prácticamente fue el único analista judío que no se acornodó a la situación burocrática del gremio en los Estados Unidos, cuyo miembros sostenían el burocratismo nacido en Berlín.
- Vienen luego sus luchas ideológicas en ese país y cuando se propaga el macarthismo, emigra a México, a donde de modo circunstancial lo había llevado la enfermedad cardíaca de su mujer. Esa dura y triste historia de Erich Fromm como disidente del Movimiento psicoanalítico Internacional está realmeºte por escribirse, porque muestra cómo el burocratismo llegó 1. invadir la nueva profesión en vida de] propio Freud hasta el punto de que, ya no en Alemania o Viena, sino en los Estados Unidos, la estructura gremial imperaba a tal punto que había puesto fin a la controversia ideológica en sus propias filas, y Fromm se convirtió en un exiliado del psicoanálisis oficial en los propios Estados Unidos.
- La explicación más compasiva de los hechos pudiera ser la de que la organización de los analistas alemanes actuó así ante Hitler temiendo agravar la persecución contra los analistas judíos, pero ese eufemismo no es suficiente para absolver a los analistas berlineses de su insensibilidad, que trajo la desgracia a la vida de muchos analistas judíos, y cuyas consecuencias en cuanto al pensamiento son imponderables.
- La realidad es que desde mediados de la década del 20, ante el declinar de la influencia de Sandor Ferenczi, Freud empieza a cederle el paso a su hija y al grupo dirigido por Ernest Jones, que pronto se apodera del movimiento psicoanalítico para rematar capitulando ante Hitler, pues en realidad se somete al sobrino de Goering como la esperanza de que la Sociedad Psicoterapéutica Alemana ayudase de alguna forma aprotegera los analistasjudíos. Ni esto ocurrió ni los asíprotegidos buscaban tan indigna cobertura, pero Erich Fromm fue prácticamente el único de los miembros del Instituto de Berlín que reaccionó contra eso, y aparte de dos heroicos analistas alemanes que murieron en campo de concentración, todo el movimiento psicoanalista mundial, en lo principal reducido en ese momento al psicoanálisis norteamericano, llegó a respaldar a la burocracia de Berlín, dirigida por Ernest Jones, quien aplicaba el clásico comportamiento burocrático de callar por temor: la vida de los analistas judíos que quedaban en Alemania estaba amenazada y tal razónjustificaba no pronunciar-
- se ante la delicada situación.
- S.V. ¿Tú tuviste alguna conexión con Lacan ?
- J.G. No. Ni en la época de 1948, cuando residí en París, ni después. En aquel momento de 1948 el psicoanálisis no era popular en Francia, y estaba representado por un hombre que al parecer había tenido ciertos lazos con los invasores alemanes -afangue, quien fue el maestro de Socarrás, y Lacan era poco conocido cuando yo estudiaba en París. Mi vinculación con el psicoanálisis fue muy lateral a José Francisco Socarrás, un hombre importante, ya formado como analista, mucho mayor que yo y en ese momento un ilustrado interlocutor que me daba algunos tips de qué cátedras, grupos de estudio y hospitales psiquiátricos visitar, por lo que yo seguía de cerca sus indicaciones. Algunas fueron muy buenas, y así estuve en el servicio psiquiátrico que mejor aceptaba las ideas freudianas, donde estaban los más innovadores analistas del momento, como J. Ajuriaguerra, Rosa Roudinesco, M. Lebovici y Georges Heuyer. Se trataba del servicio de psiquiatría infantil del Hospital d'Enfants Malades, diri do por el profesor Georges Heuyer. Pude unirme a él como estudiante stagíer, o asistente.
- Lacan no sonaba para nada en ese momento y solamente unos diez años después vino a ocupar el primer plano internacional al darle golpe de estado a Lagache, adueñándose del movimiento psicoanalítico fran s.
- S.V. A mí últimamente me ha interesado mucho la parte sociológica del psicoanálisis. En Estados Unidos parece que Lacan está muy de moda, justamente por el tratamiento del lenguaje, y te preguntaba esto a propósito de tu libro "De la pseudo-aristocracia a la autenticidad".
- J.G. Ese libro, referente a la mentalidad colombiana y a su reflejo en el léxico vernáculo,sepublicó en México en 196O en una época en que psicoanálisis y lingüística no se relacionaban: antes de la revolución lacaniana no se publicaron libros sobre léxico escritos por analistas.
