CAPITULO XVII
EN QUE FIGURA HASTA UN BOLETIN
No me fué difícil encontrar un amigo, que lo fuera tambien de las Perez, para que me presentara en aquella casa. Tenia yo vivos deseos de relacionarme con ellas para acabar de conocer el drama cuyas primeras escenas habia descubierto en la Paz.
Desde la primera visita empecé las conferencias, contando que venia de la Paz, y que allá habia conocido á las Sarmientos.
Mil preguntas me llovieron entónces, hechas por la madre y las dos hijas, y por Juanito, que habia sido amigo de Antonio, Cárlos y Parra. Aquel diluvio de preguntas me hizo sonreir: quien manifestaba tanta curiosidad estaba en el caso de satisfacer la mía. Tendí, pues, bandera blanca é hicimos esponsiones.
La relacion que piden ustedes, les dije, gozoso con mi triunfo, tiene en cambio la que ustedes me hagan. Yo ignoro ciertas circunstancias de esa historia, que ustedes deben saber por las cartas. Si tienen á bien mostrármelas, estoy pronto á empezar mi relacion.
Entónces tiene que darnos un plazo, dijo Elvira; mañana buscaremos y reuniremos todas las cartas, y lo esperamos á usted por la noche.
Convenido. Teniendo ya esa promesa no tengo inconveniente en empezar la narracion.
Dicho esto, conté gran parte de lo que queda dicho: la otra parte la supe de boca de las Perez, y por las cartas que recibí al día siguiente, porque me cumplieron lo prometido con una puntualidad que las honra. Me entregaron cincuenta y cinco cartas de distintas fechas, desde 1855 hasta 1862, las que llevé á casa y arreglé inmediatamente por su órden cronológico. Concluida esta operacion, me puse á leerlas todas, una por una; concluí la lectura cuando la aurora iluminaba el cielo.
Suprimiendo todas las que contienen sucesos ya sabidos del lector, he aquí las que me parecen mas in teresantes por contener los que se ignoran.
La Paz, 1. de febrero de 1858.
Mi bien querido Juanito : tu carta de 10 de enero la recibí en circunstancias bien tristes, las que me han obligado á retardar su contestacion. Te devuelvo la que venia inclusa para Antonio, y que no debe ya abrir nadie!
Por los impresos que te he remitido habrás sabido su desgraciada é inmerecida muerte. Voy á referirte ahora esa lúgubre historia empezando por los antecedentes.
(Aquí estaba escrito todo lo que ya conoce el lector, y despues continuaba así:)
Quince dias enteros con sus noches hemos velado en la cabecera del lecho de Rosa, á quien hemos visto muerta varias veces. Su edad y robustez han triunfado de la muerte; pero ha quedado loca! Al mismo tiempo teniamos que estar asistiendo á mi tio, cuya enfermedad ha tomado incremento notable con el peso de tantas desgracias.
El doctor Bryn cree que en el parto, que está muy próximo, Rosa recobrará el juicio. Es tanto lo que hemos sufrido, que creo que volveremos á ser felices solo con ver á Rosa como fué, aunque falte Antonio.
18 de febrero.
Una nueva desgracia, querido Juan: Antes de anoche tuvo lugar el suceso que aguardábamos con ansia. Rosa dió á luz un hermoso niño; cuando terminado ya el trabajo, lo pusimos en sus brazos, ella rompió á llorar, y de repente se calló . . . . Está loca otra vez . . . ! El doctor Bryri ha hecho muy mala cara cuando le conté esta circunstancia.
Margarita es una heroína, es una mujer admirable. La catástrofe que ha despedazado á Rosa, la ha dejado á ella en pié, á pesar de que es madre . . . . No la he visto desahogar su dolor con abundante llanto sino estrechando al hijo de Antonio en su seno.
Mi rio sigue mal..."
24 de junio.
Despues de seis dias de una fatiga abrumadora, vengo á buscar alivio y descanso escribiéndote para darte parte de la nueva desgracia que nos abruma.
Desde el mes de abril habia ido agravándose mas y mas mi pobre tio. Ya se habia reducido enteramente á su cuarto, y á fines del mes estaba tan postrado que no dejaba la cama. Una hidropesía de pecho, cuyo orígen era ya muy antiguo, era el mal que lo devoraba, complicado con causas morales demasiado graves, y, por desgracia, incurables. Mi tio habia delirado toda su vida con la idea de que se erigiera en provincia este territorio. Su amor á él, desinteresado y fervoroso, le hacia creer que al tener gobierno propio, Chirichiqui seria un paraiso, porque podria desarrollar sus recursos y hacer muchas mejoras materiales. Al fin consiguió aquel deseo; pero el desengaño fué atroz. Toda clase de males, toda suerte de calamidades han pesado sobre este desventurado y hermoso suelo; y léjos de hacerse alguna mejora material, se desatendió la composicion de caminos que en ántes se hacia con el presidio del 7.º distrito nacional y con el trabajo subsidiario que aquí estaba muy bien organizado, y que fué suprimido por la Cámara provincial. El gamonalismo soez se ha desarrollado de una manera alarmante. Cada distrito tiene su gamonal, y cada gamonal no aspira sino á enriquecerse pronto aunque se destruya el distrito.
La imprenta que con tanto gozo trajimos, creyendo traer la ilustracion de la provincia, ha sido su descrédito y su corrupcion, y no podemos olvidar que á ella debemos la muerte de nuestro inolvidable y querido Antonio y la desastrada suerte de Rosa.
La ilusion que pierde un jóven, al punto es reemplazada; hay en su alma, como en su cuerpo, superabundancia de vida. Mas la ilusion que pierde un anciano es irreemplazable; y si ésta era una idea dominante, que ocupó muchos años la vida, el vacío que deja es tenebroso.
Tal le sucedió á mi pobre tio: animado del patriotismo mas sincero, cayó exánime cuando le fué preciso renunciar para siempre á la ilusion que lo habia sostenido por tantos años. Su desánimo agravó sus males, que se cebaron en su cuerpo como un asesino en el cadáver de un rendido.
Agregábase á esto la muerte de Antonio, y la situacion de Rosa y de su hijo: estos dolores eran mas íntimos, dormian en su corazon, y puede decirse que se albergaban en su carne.
Tenia remordimientos de no haber impedido el fatal desafío: á la media luz de la eternidad que comenzaba á vislumbrar su alma, todas estas falsas ideas de honra y de amor propio, á que damos cabida miéntras vivimos, se le representaban como crímenes imperdonables. Lo que se llama el honor militar, que durante su vida le habia dado un programa inexorable, le parecia ahora un absurdo.
Comunicábame estas tristes reflexiones, y yo se las combatia recordándole que hay casos en la vida en que es imposible proceder de otro modo.
Así pasó todo el mes de mayo, declinando tan rápidamente, que cada mañana lo encontraba mil veces peor que la víspera.
El 2 de junio estaba mortal. La noche había sido una larga y dolorosa fatiga; y aunque veía yo, que habia velado toda la noche á su lado, que no le quedaban sino horas de vida, sinembargo, á la madrugada encontró repentino reposo y durmió tan sosegadamente, como si estuviera bueno. Aquella calma nos engañó a todos, ménos al médico.
El dia anterior se habia hecho administrar y habia dictado su testamento. Nada, pues, habia que hacer.
El 2 durmió hasta las 12 en que se despertó, muy despejado y con notable alivio en el pecho. Conversó largo rato con Ines y conmigo, sin esfuerzo alguno. A las dos de la tarde llegó el correo de Bogotá, y me llevaron la correspondencia. Yo abrí y leí tu carta del 16 de mayo, y puse á un lado las que venían dirigidas á él; pero se empeñó en que se las leyera, y fue preciso ceder.
Habia algunos impresos y tres cartas. La primera, de su apoderado, le daba parte de que habria que cambiar sus órdenes de pago por renta sobre el Tesoro, pues no habia esperanza ni posibilidad de que las pagaran. Aquella noticia lo contrarió mucho; pero me dió orden de que le contestara autorizándolo para hacer aquella operacion.
El segundo pliego era una nota del Poder Ejecutivo confiriéndole el grado de general. Esto le arrancó una sonrisa, y llevando la mano á sus enflaquecidos hombros, me preguntó: qué tal me quedarán aquí las charreteras?.
En seguida me hizo leer la Gaceta oficial. En ella encontramos la Constitucion expedida en 22 de mayo, creando los ocho Estados federales. La provincia de Chirichiqui quedaba suprimida.
Vaya una buena noticia! dijo mi tio. Puede ser que así descansen estas pobres gentes.
Suspendí la lectura porque lo vi demudado. A poco rato le sobrevino otra vez la fatiga, y aumentó la fiebre. A las cuatro de la tarde le entró delirio, que calmó á las cinco pasadas. Se quedó en un reposo vecino á la muerte, y el cura Comenzó á rezar las oraciones de la recomendacion del alma.
A las siete de la noche empezaron á repicar todas las campanas de la ciudad, celebrando la Constitucion de 22 de mayo; aquellos repiques solemnizaban la supresion de la provincia y la muerte del coronel Sarmiento, que en ese momento espiré . ...
Calcula cuál habrá sido mi dolor. El coronel habia sido mi segundo padre. El dolor de Ines, por otra parte, me desgarraba el corazon. Diera toda mi vida por ahorrarle una lágrima, y sinembargo, no podia detener el torrente que salia de sus ojos.
El 4 hicimos el entierro, que estuvo muy pomposo, no porque nosotros gastáramos lujo, sino por la poblacion que se esmeró en esta vez. Su cuerpo yace hoy junto del de Antonio.
En medio de aquel dolor inmenso, una grata esperanza me llenaba el corazon. El médico me había dicho que fuera á traer á Rosa, cuando estaba el cadáver en la sala. Comprendí su pensamiento, y me lancé á traerla. Vana esperanza! Rosa vió el cadáver, vió los cirios, los paños negros, y no dijo una palabra, no derramó una lágrima. Apénas la solté de la mano, se aprovechó de su libertad para volverse silenciosa y pausada, como anda siempre, á su cuarto, que es el único lugar que conoce. Ines la abrazaba llorando.
Rosa, le decia, ha muerto papá: estoy huérfana, háblame una palabra, Rosa mia!
Ah! qué no hubiera dado yo porque Ines se aliviara de la mitad de su dolor, y que esa parte fuese á animar á la pobre loca!
Pasados los primeros dias de excitacion, me he encontrado mas triste y mas solo que nunca. Mi tio y Antonio me hacen tal falta, que su ausencia me desespera.
En estos dias de soledad se me han representado vivamente los remordimientos de mi tio, que le combatia entónces con sincera conviccion, y que ahora me desgarran.
Sí, tengo remordimientos, Juanito; los tengo de haberme prestado á servir de testigo en aquel funesto duelo. Es cierto que si el muerto hubiera sido el otro, mi conciencia entregada á sus propias fuerzas no hubiera medido este abismo sino alumbrado por la luz de la eternidad, como ha sucedido á mi tio; pero auxiliado ó despertado por el entrañable amor que tuve á Antonio, el remordimiento ha venido mas pronto, y mas hiriente.
Cosa horrorosa! A nadie he querido como á Antonio; á él debí una ocasion la vida; yo hubiera dado mil veces la mia por él; y sinembargo, me siento manchado con su sangre! Contribuí á su muerte!
Por mas que pienso en esto, no puedo consolarme, no puedo forjarme una disculpa que me satisfaga; por el contrario, las reflexiones son rayos de sol que disipan mas y mas las sombras que habia en derredor.
Me alego á mí mismo que el testigo no es el que mata; pero me respondo que por lo ménos el que mata, mata; mas el testigo que va á próteger y á reglamentar el asesinato . . ? El asesino tiene en su abono la causa que lo lleva, sea justa ó injusta; el testigo no tiene disculpa. Podria haber desafíos si todos los hombres se negaran á ir á presenciarlos? si todos se esforzaran, moviendo todos los afectos que obran en el hombre, en impedirlos?
Ah! porqué no me negué yo á aquel oficio? Porqué no me arrojé a los piés de Parra, á ver si esa humillacion satisfacia su odio? Qué hubiera sido esa humillacion, si es que la hay, en cambio de la vida de Antonio, sacrificada sobre ese odio, y de la inteligencia de Rosa, perdida sobre esa tumba? Eso que el mundo llama honor es amor propio; esos que llaman caballéros valientés, son cobardes que no se atreven á sufrir una herida en el amor propio.
He vuelto á leer todos los impresos que salieron entónces aquí y en Bogotá sobre la muerte de Antonio, y me pasmo de la corrupcion del espíritu que hay entre nosotros. Varela, que sostiene la abolicion de la pena de muerte, escribe sinembargo, en favor del duelo; Márquez, que escribe contra el duelo, se bate seis meses despues, y alega en su disculpa las tontas palabras de un hombre de genio: yo siempre pensaré como filósofo y procederé como calavera.5
Un jóven escritor decia á propósito de este duelo, en el Sol de los libres, después de reflexiones llenas de cordura, expresadas con hiriente ironía:
´Los hombres de verdadero valor seguirán predicando contra el duelo, y los tontos seguirán batiéndose.
Error! no son los tontos, son los que no son cristianos en su corazon y en su conciencia, aunque lo sean en el nombre, los que se baten!
Los que se baten con mas facilidad y mayor número de veces: los que van con mas serenidad al desafío, son los adúlteros, los calumniadores, los jugadores, los maldicientes. Qué elogio para los desafíos!
La cobardía es el miedo a la muerte: yo no lo he tenido. Me he batido en una batalla, y volveria á hacerlo por mi Patria. Luego este sentimiento que hoy me dicta estas reflexiones, no es el innoble sentimiento de la ruin cobardía; luego es la conciencia.
Y quién puede afrontar la conciencia!
Lo que me rodea no es á propósito para infundirme ideas risueñas. Mi madre se aflige de verme afligido: las madres viven de los hijos. Acaso será porque les dieron toda su vida en la infancia, que la buscan en esa fuente ingrata. Margarita es una sombra silenciosa que se mueve de su casa á la iglesia y de la iglesia á su casa. No hará variacion en su camino, sino el dia que la lleven de su casa al cementerio. Es una mujer valerosa y de un ánimo grande : es una buena cristiana. No se queja, no Se irrita: sufre y reza: he aquí su vida!
Ines no vive sino para Rosa y el pobre niño que no tiene madre. Rosa siempre callada, y siempre indiferente á todo, es un cadáver vivo.
La soledad que ha tomado posesion de la ciudad, despues que se fué la chusma de empleados, es propicia al estado de mi alma, pues es aterradora!
Parra y Cifuentes se han ido: bendito sea Dios! su presencia me dañaba.
3 de diciembre de 1859.
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Margarita ha muerto! Tres tumbas tengo ya en el cementerio, que visito todos los dias.
El juez me ha nombrado curador de Antonio y de Rosa, é Ines, su apoderado. De manera que tengo que manejar los pocos bienes de estas dos familias: esto me ocupa algo pero me entristece mas. Cuando entro á la casa de Margarita, la veo, veo á Antonio, veo á Rosa, cuando voy á la Quinta veo á mi pobre tio. Cuando voy á la casa de Ines . . . . los veo á todos!
Soy un curador opulento. . . . en lágrimas.
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Hace meses que Ines y yo tenemos un pensamiento atroz. Antonio tiene casi dos años, y no juega ni habla . . . . Estará loco tambien?
El médico no lo cree, y dice que su desarrollo será tardío, pero nada mas.
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Hasta aquí llegaban las noticias que recogí en las cartas. Las posteriores, en todo el año de 1860, no contenian sino monótonas relaciones de los mismos sufrimientos, y por eso las omito. Todas ellas venian envueltas en una hoja impresa, que era lo último que debia leer. Aquella hoja decia así:
CONFEDERACION GRANADINA
Bogotá, 18 de enero de 1861. Boletin. . . . N. 103.
Acaba de llegar un posta que envía el señor Gobernador del Estado de . . . con noticias bien placenteras.
Los bravos defensores de la legitimidad han escarmentado una vez mas á los eternos enemigos del órden: he aquí algunos pormenores del combate de la Paz.
- Señor Secretario de Gobierno de la Confederacion Granadina.-Gobernacion del Estado de . .
Titoró, 8 de enero de 1861.
El señor Gobernador de la provincia de Entre-nos me dice con fecha 1 .º lo que copio:
El señor Prefecto del canton de Chirichiqui me dice hoy lo que sigue : El señor Alcalde del distrito de la Paz me dice lo siguiente:
Hoy á las nueve de la mañana se ha presentado á la vista el enemigo, en número de mil hombres de ambas armas, mandados por el titulado general Montero. A dicha hora aparecieron en la sierra, y bajaron al valle, en tres partidas, talando los campos. Cuando llegaron á la ciudad habia habido ya tres encuentros parciales con nuestras fuerzas, siendo el último de estos tiroteos, el que tuvo lugar en el Egido. El enemigo fué rechazado constantemente; y de derrota en derrota vino hasta poner sitio á la ciudad. No se pudieron reunir sino seiscientos hombres armados con diferentes armas, mandados por el capitan de ejército, Cárlos Sarmiento, que se improvisó y mereció ser general por su bravura, serenidad y prevision. Nuestras fuerzas se hicieron fuertes en la casa de Gobierno y en la torre de San José, desde donde sostuvieron un vivísimo fuego hasta las tres de la tarde. A esta hora los enemigos habian perdido ya mas de trescientos hombres. Entónces los nuestros hicieron una vigorosa salida, y los pusieron en vergonzosa fuga.
Abandonaron pertrechos y víveres, y hubieran sido totalmente destruidos si no hubieran faltado los bagajes á nuestras fuerzas. En esta última salida obtuvimos definitivamente la victoria, pero comprándola demasiado cara, porque una bala enemiga postró exánime en el campo de su triunfo al capitan Sarmiento.
Esta pérdida y la de cien hombres mas, han amargado tan espléndida victoria. En este momento me ocupo en hacer sepultar los cadáveres y recoger las armas.
Soy de usted atento servidor, Nicomedes Estrada.Lo que comunico á usted para su conocimiento, Joaquin Rozo. Todo lo cual tengo el honor de ponerlo en conocimiento de usted, suplicándole lo eleve al del supremo Poder EjecutivoDaniel Cominges.
Bogotá-Imprenta de la Nacion-1861.
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Eran ya las cinco de la mañana, cuando acababa de leer estos papeles, y me fuí á mi lecho meditando en que si esta fuese novela, tendria el inconveniente de que mueren todos sus personajes, exactamente lo mismo que sucede en las historias.
FIN.
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