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LA DURA CERVIZ
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En el almuerzo ofrecido por los
organizadores del "Acta de Compromiso", al entonces Presidente Betancur:
Medellín, julio 12 dse 1983, Posada de la Montaña.
Reconforta el espíritu y fortifica la
confianza en nuestro pueblo volver a la provincia materna, azotada en los últimos tiempos
por tantas calamidades, la menor de las cuales no fue cierto abandono de las virtudes
ancestrales; y encontrar otra vez en mi gente, el vigor y decisión que se creían
perdidos por algunos.
Algunos. Entre los cuales nunca me
conté: durante todas mis campañas políticas y desde el principio de mi gobierno han
sido muchas mis profesiones de fe en este pueblo e la dura cerviz, del cual soy
orgullosamente su vástago.
Los antioqueños parecíamos haber venido
a menos sobre todo si nos comparábamos los de ahora con nuestros legendarios
antepasados. El ímpetu de colosos como los colonizadores del Quindío, que tuvieron
dignos émulos en sucesivas décadas, como el grand don gonzalo Mejía de Urabá y los
capitanes de la industria, parecía haberse agotado, y la gente, aparentemente cansada, se
estaba acostumbrando a menesteres en lo que la molicie y la malicia prevalecían sobre el
esfuerzo honrado, como si se hubiera olvidado la lección quenos dejó la minería del
oro, esa de que sobre el oro sólo, nada perdurable se funda. Y lo que nos dejó la
siembra de virtudes campesinas: de las cuales salieron frutos duraderos.
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1. EL AVÍO Y EL BASTIMENTO
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Porque Antioquia ha sido campesina, raizal
y aténtica. De allí salieron su energía y su nervio, su capacidad de lucha y de
superación, su frugalidad y su ingenio, su espítritu aventurero y su diposición para
asumir riesgos. Del campo vino la dinámica que nos hizo protagonistas de un proceso
de urbanización creativa y emprenderdora, en el que prolifero el ímpetu de la
industrialización aparejado a un cambio social de grupos en ascenso y maduración.
Cuando nos hemos sentido desorientados
frente a difucultades críticas y aparece en nosotros la inquietud de haber errado el
camino, recobramos la seguridad al reconocer nuestro origen montañero; y nos reecontramos
con la fe en nosotros mismos, al identificar al pueblo llano y bueno que creó este
proceso y que sigue diseminado por el territorio, avecindado en los pequeños poblados, o
rebuscándose la vida en los suburbios de la gran ciudad.
Es con ese pueblo, con su gente, como
Antioquia se reencuentra y se reconoce a sí misma para enfrentarse a los nuevos desafíos
que la conducirán a un nuevo destino. su horizonte es ahora más rico y
multifacético porque parte de una posición de avanzada. La madurez del conjunto
humano, el temple de una lucha constante, el conocimiento de los recursos del intelecto,
la inspiración del cultivo del espíritu, no son activos hueros ni patrimonios vacíos:
son realidades actuates y vivas, que componen "avío" adecuado y
"bastimento" surtido para nutrir nuestras necesidades en la nueva conquista que
emprendemos.
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2. UNA NUEVA CONCEPCIÓN
INDUSTRIAL
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Conocemos ahora totalmente nuestro
territorio y sabemos sacar de su entraña elementos que abrirán nuevas opciones
productivas. Sabemos que la tierra que pisamos tiene muchas áreas feraces que
aumentarán los cultivos y que darán muchas más cosechas.
La energía que nos facilitó el arranque
de la industrialización ha crecido y está en proceso, ya y ahora, de multiplicarse en
magnitudes asombrosas, para llevarla aun a Centroamérica. Los nuevos
desarrollos hidroeléctricos son garantía vigente para girar con seguridad contra el
futuro que vamos a crear.
nuestra industria no se hizo obsoleta
súbitamente; ellsa seguirá siendo soporte que nos apoyará como retaguardia eficiente
para consolidar nuestras avanzadas en los nuevos territorios tecnológicos. sus
dificultades de estos años de crisis, provienen más de un mundo en recesión y de un
mercado víctima más de manipulaciones mañosas que de causas intrínsecas, y de
naturaleza superable.
Pero la etapa que ahora iniciamos debe
abrir más vastas fronteras. Siendo la actividad industrial el campo más adecuado
para organizar el esfuerzo común con la participación de todos, es preciso auscultar el
desarrollo de colombia para establecer los criterios generales que orienten esa nueva
industrialización, que tiene que involucrar análisis sobre usos alternativos de
recursos, generación de empleo calificado, combinación óptima de factores de
producción. Se debe considerar esmeradamente cuánta es la inversión requerida por
cada nuevo empleo creado, porque el desempleo es el peor de los males que nos aquejan;
cuánto es la generación neta de divisas para el país, porque nuestra balanza comercial
es uno de los puntos débiles de nuestro desarrollo; y, desde luego, cómo racionalizar
los factores de producción, tomando como base la premisa de que en Colombia lo lógico es
que se refleje el hecho de que el capital es escaso y la mano de obra abundante.
El nuevo aeropuerto internacional de
Rionegro, el puerto de turbo y las nuevas vías de comunicación, constituyen oportunidad
de ampliación de mercados, muchísimo mayor que lo fuera hace haños el ferrocarril en
que se apoyó el primer desarrollo industrial. Estas nuevas vías, más capaces,
más modernas y expeditas son también más exigentes. Su propia naturaleza y los
costos que lleva implícita cada modalidad de transporte, exigen coniciones muy severas a
la tipología de la activivad económica que pueden servir. No es cualquier clase de
producto el que resite fletes aéreos para ampliar su área de mercado potencial más
allá de las fronteras patrias.
De seguro encontraremos que la nueva
tipología industrial dará cada vez más énfasis al factor conocimiento, que al actual
tipo apoyado en las materias primas. Serán industrias más sofisticadas y
tecnologías más avanzadas, las que debamos adoptar para aprovechar las ventajas
comparativas que se nos ofrecen. Ello implicará ampliar la cobertura universitaria
y la capacitación tecnológica a núcleos cada vez mayores de nuestra población,
mediante la metodología de la enseñanza a distanci, en los nuevos entes universitarios
como la Universidad Católica del Oriente y los centros de suroeste y el norte y nordeste.
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3. EL CAMBIO SOCIAL
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Esto será la base de un profundo cambio
social. Apoyando nuestra nueva opción de desarrollo productivo más tecnificado y
moderno, propiciaremos el ascenso intelectual de grupos humanos cada vez mejores, con
todas las implicaciones que esto lleva aparejadas.
Todo apunta hacia un nuevo cambio para
llegar a una sociedad más culta, más estudiosa, más creativa, dedicada a las taresas de
conocimientos de vanguardia. El destino inmendiato de Antioquia se halla en los
terrenos de la acción y de la tecnología, propios de los países más desarrollados del
planeta. Y esto vale no sólo para la indutrialización nueva, sino también para la
agricultura y la minería, pero de manera especial para elsector terciario de los
servicios y el de la investigación.
La ley recientemente aprobada por el
Ejecutivo, sobre vigorización de los fiscos municipales, representa oportunidad
trascendental para promover otro gran cambio. Nuestros pueblos han vegetado hasta
ahora en la indigencia y ello ha forzado el éxodo de sus grupos jóvenes. Ahora se
ampliarán los presupuestos municipales en proporciones nunca esperadas, y se podrá
emprender un programa sistemático de mejoramiento de sus condiciones de vida, en el cual
se hará simultáneamente el aprendizaje de nuevas oportunidades de trabajo.
El movimiento que nos llevó desde campos
y pueblos a la formación de la gran ciudad, que empobreció a aquéllos y a ésta la
saturó más allá de los límites deseables, regresa pendularmente de la ciudad hacia
pueblos y provincias, con el impulso de las nuevas oportunidades. El regreso a la
provincia no será un proceso bucólico de remansar la vida; será un proceso dinámico de
aprovechamiento de las nuevas opciones, que llevará a un equilibrio más racional las
relaciones entre el campo y la metrópoli.
En buena hora se ha producido este cambio
estructural que recuperará las municipalidades. Bien estaba Ortega y Gasset cuando
señalaba que el municipio romano no fue nunca una unidad política, sino exclusivamente
un cuerpo administrativo; y porque fue sólo esto, sencillamente por ello, la historia
romana pereción asfixiada por no haber sabido dar vida política a las provincias, puesto
que el cuerpo del Imperio poseía una sola cabeza y órgano político: la ciudad,
Roma. El resto era un colosal montón de municipios sueltos, encerrados cada cual en
sí mismo, sin nexos orgánicos de unos con otros, átomos de colectividades incapaces de
sensibilidad y dignidad políticas.
No ocurrirá ya más esto en Colombia, no
seguirá ocurriendo esto en Antioquia. Nuestra acción en el futuro no permitirá
que se pueda volver a decir, parodiando al francés Jean Francois Gravier: "Medellín
y el desierto antioqueño".
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4. DEL ARRIERO AL EMPRESARIO
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Renglón aparte merece la necesidad de
aplicar un criterio eminentemente social al desarrollo futuro de nuestras empresas.
Tenemos una tradición arraigada que refleja nuestro sentido humano de la vida, más bien
que decir el de nuestro natural humanismo paisa.
Antioquia siempre fue la tierra en donde
más llanamente pudieron manejarse las relaciones obrero - patronales. Y eso
constituye ya un compromiso de su clase dirigente, que tiene que entender y mantener en
primer plano esa convicción, que la justicia social es condición fundamental de la nueva
Colombia, de su nueva sociedad, de su nueva economía, de su nuevo orden públcio; que los
salarios y prestaciones representan un mecanismo redistributivo de un amplio radio de
acción social; que sin justicia social, o sea sin redistribución, la paz no podrá
considerarse nunca alcanzada; que a nuestras masas, siempre en auge cuantitativo per,
además, cada día mejor culturizadas y más conscientes de su dignidad y de sus derechos,
no se les puede negar la participación en el producto del trabajo de la comunidad; que el
dueño del capital hoy no es un dictador omnímodo que pueda usar - abusar de su propiedad
como en el decir de los romanos, sino el administrador de un patrimonio común que debe
tener más responsabilidad que mezquindad, más sentido social de la defensa de los
derechos de la empresa que sentido de dómine excluyente, pero que tiene que entender la
justicia de la presión que sobre el patrimonio acumulado en centurias tienen los
descendientes de nuestros campesinos, de nuestros peones, de los obreros de nuestras
minas, de los moradores de nuestras barriadas en las nacientes ciudades colombianas de
otro tiempo.
Antioquia entiende este lenguaje, en el
cual quiero dejar un mnsaje de mi honda preocupación por el futuro político - social de
nuestra comunidad colombiana.
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5. DE PRONTO EL MUNDO
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Como entiende Antioquia, también, que
ahora hay un hecho nuevo: estamos enfrentándonos a nosotros mismos. El reto somos
nosotros mismos. El acto formidable del Coliseo de Exposiciones es un examen de
conciencia colectivo, para reconocer que mientras tuvimos la oportunidad de manejar
nuestras empresas en épocas de bonanza, nos "despensionamos" del liderazgo: el
negocio iba bien, luego todo iba bien. pero el negocio empezó a ir mal, y como
según la intución de León de Greiff,
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Cual
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si todo
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se buscara en la riqueza
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en menjurjes bursáiles
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y en un mejor volumen de la panza,
creímos que todo iba mal, caímos en el
pesimismo. Dentro de cien años un historiador con mirada objetiva, verá que no todo va
mal: en uno de esos libros de historia llenos de estadística, verá que el sector
industrial tuvo su problema, pero asimismo va a encontrar que en Urabá, en un período de
veinte años, hubo una transformación espectacular, a pesar de las guerrillas, como los
indicadores de la producción del banano lo señalan. Ese mismo historiador tendrá
la perspectiva para analizar el impacto, no sólo en Antioquia sino en toda Colombia, de
que Medellín desde 1983 está cinco horas más cerca de Bogotá, que antes; que Urabá
quedará otro tanto más cerca de Medellín; que Medellín (el Medellín de la meseta
oriental) será puerto aéreo comunicado con el mundo entero.
Estos hechos son más importantes que la
crisis económica que ya estamos superando. Por eso necesitamos de líderes de
miras amplias, con perspectiva histórica. Necesitamos de optimismo. Porque
el pesimista es desconfiado. No arriesga. Convierte una economía
inversionista en una "economía viuda". Y por eso hay que recobrar la
confianza, ese principio que da origen a la buena fe: "yo confío en su palabra no en
sus garantías". Así se hicieron las grandes obras. Los que compran y
venden ganado los miércoles, no hacen contratos: cuentan cabezas, toman aguardiente
mientras regatean, y luego "se cierra el negocio". No se firma nada.
En la gallera basta una seña para cerrar grandes apuestas: es la apoteosis de la
confianza.
¿Qué es la confianza? La seguridad en
uno mismo. Ya empezamos a recobrarla. Esa capacidad de reacción frente al
desatino que está dando tan buena demostración en la espontánea guerra al contrabando,
eso es confianza renaciente. Esa capacidad de acometer empresas nuevas, que ha
resurgido, que se verá traducida en espléndidos resultados con los túneles de oriente y
la incorporación definitiva de Urabá a la fisiología nacional, eso es confianza
rediviva. La termoeléctrica de Amagá y las hidroeléctricas de Cañafístula y de
Ituango, eso es confianza palpitante. Con el renacimiento de la minería extractiva
de metales y minerales útiles; con la agroindustria de exportación; con el regreso del
comercio, acelerado por vías y medios de transporte hasta hoy no disponibles, así nos
llegan otra vez los heraldos de la confianza en nosotros mismos. Con la extensión
de la industria forestal y de sus derivadas. Con la apertura de nuevos medios de
instrucción, de educación y de cultura. Con la recuepración de la dignidad y del
orgullo de sser y de sentirnos antioqueños, así nos instalamos otra vez -y esta vez,
para la historia- en la confianza sobre el destino de nuestra tierra y de nuestro pueblo.
¡Antioqueños! Millones y millones de
seres que arrancando de la simiente mártir del mariscal Robledo, encarnaron en próceres
de la guerra y de la paz; en poetas y músicos; pensadores y escritores; en empresarios y
trabajadores de la mina y el agro, la fábrica y la tienda; en aventureros y patriarcas;
en conquistadores de renombre y en innúmeros héroes anónimos, y en todas esas mujeres
admirables que han sido nuestras madres, esposas, hermanas e hijas, hicieron posible,ellas
solas, en su sacrificio y su vigilia, este milagro de la raza en pie. ¡Arriba
Antioquia, por Colombia!
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NUEVA EPOPEYA
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Palabras en el Encuentro del Suoeste de
Antioquia: Támesis, julio 12 de 1986.
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"...la civilización del
amor..."
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JUAN PABLO II
Hace tres años juramos en Medellín que,
apoyados en las potencias y en las virtudes de nuestro pueblo, haríamos renacer el
espíritu antioqueño. Ese juramento, comprometido con el mandato de la patria
grande, Colombia, fortalecido en el carácter duro y noble de Antioquia, lo hemos
cumplido. Una historia de caballería nos cuenta lo que una madre dice a su hijo:
"recorre el mundo con tus sueños y con tus anhelos, pero regresa con ellos
convertidos en obras, forjadas por tus luchas incesantes y la audacia de tu
corazón".
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1. LAS PUERTAS ABIERTAS
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Volvemos a nuestra madre, Antioquia, para
decirle que en el duro ejecicio del gobierno, el catálogo de sus virtudes, sus ejemplos y
enseñanzas han iluminado nuestro camino; y que atendimos su mandato de transformar,
respetando los cimientos de su historia, con la terca firmeza que exigen los grandes
propósitos y sin vacilar frente a obstáculos y desafíos de la crisis contemporánea.
Las grandes líneas de nuestro
pensamiento y nuestra acción han cruzado la geografía de Antioquia para fortalecerse de
su temperamento optimista y práctico, de su realismo sin fronteras, de su visión
futurista y de su creador dinamismo. Esas políticas, que han sido la búsqueda de
la paz, la apertura democrática, vivir la libertad sin miedo ni zozobra, construir la
riqueza transformando los bienes terrenales que sirven al hombre y no aquellos que son
verguenza y degradación; recuperar el orgullo de nuestra identidad a través de la
cultura y la educación colectivas; crearle condiciones irreversibles a la participación
comunitaria en las decisiones que compometen su vida; hacer respetada y respetable nuestra
presencia internacional, para que la gestión colombiana en el mundo tenga liderazgo, sea
acatada; combinar desarrollo y modernización con justicia social; economía sin
inflación; por encima de todo, mantener y garantizar la unidad nacional respetando la
crítica, oyendo a los que se oponen, en la legalidad; y abrir espacios a las fuerzas
nuevas que profesan programas e ideologías diferentes, antagónicas, revolucionarias:
este conjunto de puertas abiertas era necesario para la salud del país y la salvación de
su democracia.
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2. LAS AVENIDAS DEL PORVENIR
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No nos engañemos sobre las dificultades,
limitaciones y percances que debíamos afrontar. Sabíamos también que era ese el
camino correcto: en eso consiste gobernar para la historia, transformando el presente y
estableciendo las avenidas del porvenir.
Cuando convocábamos hace tres años el
surgimiento del espíritu antioqueño, y proponíamos una nueva gesta, tan poderosa, como
lo fue la epopeya de la colonización, hacíamos referencia al trabajo, a la férrea
decisión que se requería. La recueperación de Antioquia, la del país, se han
logrado. Lo digo con la absoluta conciencia de los problemas que diaramente
perturban. Es hora de insistir en ello, repitiendo una verdad que ha acompañado
nuestra vida política y personal: no existen en el mundo esos lugares de ensueño sin
contradicciones, sin violencia, sin miseria ni enfermedad. Esos países ilusorios,
países de cucaña, habitados por seres imposibles, por sociedades imaginarias. La
razón de nuestra lucha, el reconocimiento de nuestras dificultades, se encuentran
sembrados en los núcleso de los grandes dramas contemporáneos.
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3. LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR
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En la lucha política, es costumbre
surgida de la necesidad electoral la de pedirnos mutuamente resultados absolutos, a pesar
de que ningún propósito humano tiene la perfección ni las ventajas que surgen de los
poderes absolutos.
¡Cómo has cambiado, Colombia!
Pese a la locura terrorista, cada día
más aislada y más destituída de razones; pese a las oleadas de inseguridad, contra la
que combate el heroísmo de las Fuerzas Armadas y la enérgica solidaridad ciudadana; pese
al preocupante problema del desempleo; a pesar de la acción letal de la droga que el Papa
Juan Pablo II ha condenado con energía; pese a las calamidaders ora por el invierno, ora
por el verano, o por el trepidar de la naturaleza, o el de la sinrazón de los hombres;
pese a esas señales dolorosas e inevitablesen toda sociedad terrena, mi deber y mi
vocación hablan del país verdadero, más fuerte que sus vicisitudes, superior y
engrandecido por lo que es la vida diaria de sus hombres y muheres: de trabajo, de
austeridad, de optimismo. Ese país multitudinario que seguía a torrentes al
peregrino de la paz, de la civilización del amor, testimoniando sobre la verdadera
realidad de mi patri. El país que participa movilizando millones de personas en las
urnas donde se confirma nuestra irrevocable defensa del sistema democrático, en
elecciones libres y puras, fiestas de la política y ejemplo para el mundo.
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4. UNA POTENCIA MORAL
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¡Una nación que rodea la desgracia de
sus compatriotas allí donde la muerte, el dolor, y las mutilaciones o la destrucción de
nuestros austeros recursos son provocadas por el desastre natural y el delirio de los
propios!
La Colombia espléndida, capaz de hacer
lo que en esta época ninguna nación posiblemente haría: ocupar las calles, los parques
y las plazas en manifestaciones gigantescas, ordenadas y pacíficas para compartir el
mensaje y el carisma del más iluminado de nuestros contemporáneos, al portentoso e
inolvidable Pastor, Juan Pablo II.
Ese peregrino de una nueva humanidad, que
ha encontrado en esta tierra tanto amor y tanta devoción, precisamente porque sus
palabras y sus anhelos sintetizan las esperanzas y el lenguaje renovador con el que está
comprometido todo el pueblo colombiano, nos ha dicho de la justicia, de la paz, de la
fortaleza frente a la desventura, de la miseria que conllevan la drogadicción, el
narcotráfico y el terrorismo. Nos ha enseñado que no estamos solos, que no somos
una nación proscrita del grupo de las grandes naciones, proque sin tener potencia
económica y técnica, le hemos demostrado al mundo que somos potencia de espíritu y
humanidad y moral.
¿Qué pensarán esos supuestos
especialistas europeso en el llamado Tercer Mundo, quienes desde su gratuito y arrogante
desdén decían en la prensa extranjera que el Santo Padre había descendido a un infierno
de violencia y de vicio? No rectificarán, porque la mala conciencia tiene pocos
compromisos con la verdad y excelentes relaciones con el sensalismo. Pero han sido
refutados, ¡y de qué manera!, por la contundente tozudez de los hechos.
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5. LA TIERRA DEL CAFÉ
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Sea el Soroeste, cincelado por hombres que
hicieron y han hecho del culto a la verdad su más arraigada altanería, el lugar para
reiterar a los colombianos, a esa inmensa mayoría de colombianos que conocen las buenas
noticias porque han sido producidas por ellos, el reconocimiento de su Presidente por
convertir a Colombia durante la visita papal, en recinto de reflexión, de convivencia y
de serena alegría.
En el reparto de los dones que
correspondieron a la tierra anbtioqueña, escasos pero fecundos por el trabajo y la
imaginación, el suroeste recibió el don del café, pero recibió principalmente el don
de su propia gente, como el Indio uribe, o Nito Restrepo, o el General uribe o Salvo Ruiz,
para hablar de unos cuantos. Contribuye tanto el Suroeste al café, el 12% de la
cosecha nacional, que es justo que los beneficios sociales de la bonanza devuelvan a
municipios y veredas donde ella germina, parte importante de la misma. por eso
estamos realizando programas en beneficio del Suroeste como la Troncal del Café, iniciada
hace un mes, a un costo de $2.600 millones, de los cuales se han incorporado al
presupuesto nacional 859 millones con recursos ya generados por la bonanza y la
Federación ha abirtos un crédito de 400 millones de largo plazo. Más aún,
dejamos asegurados los recursos para continuar y concluir proyectos en marcha u en nuevas
propuestas de la comunidad y sus líderes regionales, sin contar los coliseos deportivos
cubiertos, ya construídos en Betulia, Fredonia, Andes, Amagá y Jericó, a un costo de
$100 millones; la electrificación, a un costo de $250 millones; los acueductos y
alcantarillados rurales a un costo de cien millones; los hospitales y puestos de salud de
Angelópolis, Puerto Rico, Montebello, Armenia, Marsella, a un costo de $110 millones.
Esta tierra, que admiramos desde niños;
que vio nacer personajes legendarios de la política, de las letras, del pensamiento y del
arriesgado combate por la libertad, continúa alumbrada de la luz inextinguible de esos
paladines. Uno a uno, esos hombres, eminentemente creadores, cumplieron a cabalidad
su destino; se realizaron en la integridad de sus personalidades polifacéticas.
todos sabían que la libertad es el único clima propicio para la persona humana. De
ellos decía un biógrafo atinado: "Sus vidas todas fueron como ríos de montañas,
que tienen fuerza y ruido, hasta en sus remansos".
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6. LOS PODERES DEL CULEBRERO
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Que somos aventureros y rebuscadores,
¿quién lo niega? La presencia de nuestros paisanos en toda la geografía colombiana es
un hecho evidente porque lo dicen hasta en los nombres que ponen a sus colonizaciones,
como Medellín del Ariari. Pero no son capaces de contenerlos tampoco las fronteras
patrias, y nos hemos desparramado por el mundo en las condiciones y oficios más
disímiles. ¿Acaso no hemos oído la historia del venderdor del "manjar de
Alá" en uno de los mercados populoso del Medio Oriente, que fue reconocido por uno
de los turistas, a quien él tuvo el agrado de ofrecerle una deliciosa mazamorra
antioqueña? ¿Y acaso no hemos asistido en éxtasis en la plaza de los pueblos o en
Guayaquil, a la esposición exhaustiva del culebrero -nosotros mismos- que vende las
curativas pomadas indostánicas, hechas la víspera en el hotel y con mágicos poderes
curativos?
Como éstos, tantos: unos como
científicos, otros, como operarios; los más, como negociantes, pero todos ellos dejando
la huella de su paso en diversas latitudes.
Y, como constraste, por lo menos hasta
hace pocos años proque ahora ya no es de presumir tanto, hogares estables, numerosos y
bien constituídos, que forman un haz de voluntades alrdedor del tronco familiar, que lo
es generalmente la madre, con astucia y discreción tales que hacen que todo parezca
moverse alrededor del patriarca, el cual cree hasta sus últimos días que la suya es la
voluntad predominante.
He dicho, también, que somos rebeldes y
autárquicos y que tratamos de no depender de nadie. Un banquiero comentaba en estos
días el fracaso de su atractivo plan de crédito para empleados y profesionales de clase
media en Antioquia, mientras en otros departamentos del país la eficacia era
desbordante. Simplemente porque no nos gusta depender de nadie, y tenemos la
creencia de que los créditos son favores que nos traen compromisos.
Y, también como contraste, qué
inconformes y quejosos, qué llorones y plañideros, cuando algo no nos sales como
esperábamos; cuando una medida del gobierno no fue lo suficientemente satisfactoria, o
cuando los negocios no produjeron los resultados previstos. ¡Pero que no nos lo
diga nadie sino nosotros: que la ropa sucia se lava en casa!
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7. ANTIOQUEÑO NO SE VARA
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Con todo, se afirma que otra de nuestras
grandes virtudes es ser ingeniosos y perspicaces para ganarnos la vida.
"Antioquieño no se vara", pregona jactanciosamente el refrán popular. Y
de veras que es así, pues los recursos de la imaginación no se hacen esperar en momentos
de angustia.
Se nos adminra, asimismo, por el
espíritu práctico que ponemos en nuestras empresas. Y es tan cierto esto que
cuando no están proponiendo un negocio, antes de dejarnos echar el cuento con sus
ventajas y detalles, ya estamos preguntanto cuál es el precio y cómo lo podemos pagar.
Lo que no nos ha impedido ser soñadores
y visionarios. Ahí está el ejemplo de don Gonzalo Mejíao Fernando Gómez
Martínez, o Jaramillo Sánchez o el Míster Ramírez; o, mirando más atrás, el de esa
figura enhiesta de nuestra historia que fue el general Uribe Uribe, cuya conferencia en
1904 sobre el destino de Colombia, conserva su plena vigencia en nuestros días. O
los Ospinas, colonizadores y estadistas. O como un Carlos E. Restrepo, que avizoró
el compromiso histórico de los dirigentes de los partidos por encima de las mezquindades
propias de la política. O como un Gonzalo Restrepo Jaramillo, claro exponente de un
moderno pensamiento social cristiano. o, en fin, como un López de Mesa o un
Fernando González o un Baldomero Sanín Cano, o Tobón Mejía, Barba Jacob, Pedro Nel,
Fernadno Botero, León de Greiff o Arenas Betancur o Castro Saavedra o Mejía Vallejo o
Robledo Ortiz o el Maestro Jaime Llano González, para rememorar unos cuantos soñadores y
creadores.
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9. DEL TAMAÑO DE UNA CATEDRAL
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Por algo será que alos paisas no nos
pueden nunca derrotar en los célebres concursos folclóricos de mentirosos. A cada
exageración del tamaño de una catedral, se viene encima otra del tamaño de una
montaña.
¿A cuál de nosotros no le ha sucedido
que el mecánico, o el lustrabotas, o el compañero ocasional del estadio o de un bus, lo
"vosée", es decir lo trate de vos, con toda familiaridad y espontanedidad
surgidas del hecho de sentirse iguales?
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10. Y, ¿QUÉ PIENSA ANTIOQUIA?
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Siempre que colombia se ha visto en
encrucijadas se pregunta, como cuentatn lo hacía Alfonso López Pumarejo: "¿y qué
piensa Antioquia?".
Esa misma pregunta corresponde a la hora
presente. Antioquia ha respondido con su legendaria capacidad de rehacerse, en un
acto solemne de fe en el país y por lo tanto en sí misma.
Como lo quisimos y propusimos en aquel
primer encuentro con nuestro e´píritu regional, rompiendo todo culto supersticioso por
el pasado, con fuerza renovada, Antioquia ha cumplido en estos duros años la tarea del
reencuentro en su papel protagonista: las políticas de descentralización y
fortalecimiento municipal, de las cuales ha sido pionera; la consigna por la productividad
y el surgimiento industrial; el estímulo al consumo de lo propio, combatiendo las
prácticas del contrabando, allí donde mejor pueden combatirse, cuando la población
compradora exalta la mercancía nacional y rechaza el matute; la vívida presencia de
extensos y numerosos grupos cívicos, sociales, deportivos, el desarrollo cultural y
bibliográfico que llega a los más apartados municipios; el movimiento asociativo,
cooperativo y mutualista; tantas iniciativas en las que participan las comunidades y sus
líderes, que hacen ver a Antioquia como una colmena de incansable actividad, laboriosa e
invencible.
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11. ANTIOQUIA EN SU CAMINO
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¡Aquí estamos! Para decir de nuestro
denodado compromiso de rescatar de sus crisis a la industria colombiana, y con ella la
esitencia y el salario de miles de compatriotas obreros; para decir que trunfó nuestra
batalla para recuperarle al sector financiero el sendero ético y el compromismo con el
desarrollo nacional, tarea de saneamiento que nos defendió del colapso econímico;
para decir de nuestra decidida confrontación contra el narcotráfico; para decirles a los
hombres y a las mujeres de Antioquia que les hemos cumplido con las grandes obras,
fundamentales para la modernización, el empleo, el bienestar y el futuro de su capital y
de sus municipios.
Las recuperación de las principales
industrias de Antioquia muestra la inteligencia y bondad de aquella política económica.
Cuán grato es saber, por ejemplo, que
Coltejer ha solicitado las autorizaciones para laborar feriados, creando mil empleos
adicionales. Saber que los grandes proyectos, vinculados a más oportunidades y
nuevas expectativas para las clases trabajadoras siguen su marcha, con el inconfundible
estilo antioqueño vivaz y afirmativo.
Por eso, cuando no pregunten ¿qué
piensa Antioquia?, respondamos orgullosos y altivos: ¡Antioquia ha reencontrado su
camino!
Hace tres años, exaltamos lo que fuimos,
para no claudicar frente a un estado de confusión y pesimismo: hoy, exaltamos lo que
somos, con la mirada puesta en el provenir.
Ayer, la leyenda de Antioquia, la huella
de su grandeza significó un desafío para la vacilación contemporánea; hoy, esa misma
leyenda rediviva, es nuestro presente.
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12. LA CONTINUIDAD DE LA
CULTURA
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Antioqueños: están dadas las condiciones
para una nueva epopeya de pioneros, tan asombrosa, tan bienhechora para Colombia como lo
fue la colonización.
Hasta el momento, recordando a un ilustre
escritor, "es el cancionero nuestro gran poema nacional, la biblia de las tradiciones
populares". Detrás de esos cantares está el hombre anónimo que dominó las
minas, fecundó los labrantíos y construyó las ciudades. Allí está el criollaje
auténtico, sin falsificaciones a la moda; el de pantalón de dril y sombrero aguadeño,
el arriero con sus arepas de chócolo, sus toldos en los caminos y su elementarl
filosofía... allí están los personajes populares: Vicentón, Carmen Lora, Juan Yepes,
don Pacho Mejía, todos los que supieron manejar un tiple, improvisar una copla, correrse
aguardientes dobles.
Busquemos el genio anonimo que escriba y
difunda el nuevo cancionero antioqueño, que hablará de otras épocas, de otros hombres,
las baladas tan triviales para algunos y tan sentidas para la juventu. La voz y el
ritmo de la ciudad moderna, del pueblo moderno, del campo lanzado a los torbellinos del
siglo, por el misterio de la comunicación más reciente. Habámoslo con la
confianza de que los ideales eternos: las grandes creaciones de las culturas antiguas, se
trasvasan entre las distintas épocas, para garantizar la continuidad de nuestra cultura y
la vigencia de las tradiciones dignas de sobrevivir.
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13. LA NUEVA PAZ
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Estamos en el Suroeste radiante: una
región acostumbrada a pensar la libertad y la dignidad humana, porque lo aprendió en las
canteras hermosamente románticas, viriles e indomables del radicalismo del siglo
XIX. Que el Suroeste antioqueño nos permita hablar de la nueva libertad, de la
nueva paz, de la nueva democracia, en sus significados paa las postrimerías del siglo XX,
cuando lo que está en juego, en el caso colombiano, no es la libertad de escribir, común
a todos, ni la libertad religiosa hace timepo garantía constitucional, sino esa otra
libertad tan cara al temperamento antioqueño como es la de saber que se tienen los
derechos, que pueden ejercerse, que pueden materializarse, porque toda la sociedad, su
gobierno, sus empresarios, sus obreros, trabajan en un escensario de justicia social e
igualdad de oportunidades.
Esa nueva pas que ponga en jaque esa
ideología de la violencia y el terror, todos los totalitarismos y todas las coacciones
contra el alma y contra el cuerpo, como pueden serlo la extorsión, el secuestro, el
chantaje, el boleteo, el fusilamiento de los disidentes, la crueldad del sicario, el
asalto desde la sombra o a camo traviesa, el narcotráfico.
Esa nueva paz, que es nuestra obsesión
en la búsqueda del desarme de los espíritus y de los grupos violentos; paz que se
proponen ganar en las urnas, lo que ni ahora ni nunca ganarán en la guerra, porque el
país no lo quiere. Paz que pese a esos grupos violentos supérstites, y a los
delincuentes que en leadas a veces espectaculares, siembran la zozobra y la muerte en las
ciudades, que pese a ellos, azote de todos los pueblos y naciones del mundo, estamos
alcanzando y demostrando que ello es posible. Y que ha recibido el apoyo del país
cada vez que los encuestadores de opinión pulsan el criterio de los colombianos.
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14. LA NUEVA DEMOCRACIA
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Y una nueva democracia que hemos
instaurado a partir de entregarle a la comunidad por medio de recientes leyes e
instituciones el manejo de muchos de sus anhelos, ejerciendo su papel de veedora,
supervisora, ejecutora y gestora de las acciones de desarrollo. porque sabemos que
gobernar no es sinónimo de poder sino de compromiso con el pueblo, en el cual el
funcionario público está al servicio de la comunidad y no la comunidad al servicio del
Estado.
Nueva democracia que ha reorganizado la
administración para promover la organización popular en barrios y veredas con ayuda
técnica, humana y económica.
Una nueva democracia que ha conseguido la
elección popular de alcaldes, que conduce hacia formas distintas de entender la
política, de vivir la política; y que le da sentido verdaderamente colectivo a lo que
debe ser la política.
De igual talante es la reglamentación de
las juntas locales, la presencia de los usuarios en las juntas de las empresas públicas,
y todo lo contemplado en la Ley 11 de 1986 "por la cual se dicta el estatuto de la
comunidad en el manejo de los asuntos locales".
Son reformas democráticas conlas cuales
los textos legales y constitucionales abandonaron el mundo estéril de la letra escrita
para convertirse en realidades; porque estamos convencidos de que las reformas en la
cúpula de las decisiones, son como aves sin alas cuando la comunidad no está presente
para que las ejecute, las dirija, las consolide y mejore.
Estos ideales son un nuevo desafío para
Colombia y, en ella, para Antioquia.
Es la nueva epopeya que propongo a mi
gente y a la que espero dedicar la vida que me resta, impulsada por la suerte de mi
patria, a la que tanto debo y tanto quiero seguir sirviendo como ciudadano raso.
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15. CON LA PATRIA GRANDE
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Faltan pocos días para retornar a esa
noble condición de ciudadano común. No he querido deliberadamente ser defensor de
mi propia gestión como gobernante. Esa tarea le corresponde a la historia. Si
algún balance debo hacer, será en acatamiento de las normas legales que me obligan a
informar ante la augusta presencia de los nuevos legisladores las tareas cumplidas.
He querido ser un Presidente antioqueño
para todos los colombianos. Así traté de llevar a la administración pública
aquellas virtudes que se nos atribuyen, de laboriosidad y austeridad. Por ser
antioqueño, por ello de corazón abierto, he evitado exclusivismo y discrimanciones,
mirando siempre a la Patri grande. Mis compatriotas son testigos de ese interés por
acudir a los lindes más lejanos, para dejar en ellos la certidumbre jubilosa de que
Colombia no termina sino que empieza en sus fronteras.
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16. SOBRE UN MAR AGITADO
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Mi mandato, no ya solamente con el sol a
las espaldas sino en la hora que espero sosegada y fecunda como las primeras, la hora que
espero sosegada y fecunda como las primeras, la hora de la transmisión de funciones y
responsabilidades al ilustre colombiano escogido por las mayorías como su nuevo
Presidente, al docotro Virgilio Barco, ha sido ejercicio constante de pilotaje sobre un
mar agitado. Como era la obligación del capitán, mantuve el rumbo de la nave en la
ruta trazada por mis compatriotas, dirigiéndola hacia el destino que juré ante Dios y
ante el pueblo.
Quiso la Providencia que mi sangre
nutricia fuera antioqueña y debo a mis mayores la suma de virtudes y la suma de
debilidades que nos caracterizan. Con ellas he construído mi existencia y a ellas
debo los éxitos pero no los errores, por los cuales siempre he respondido como un hombre
solo.
Antioquia, mi cuna y mi destino: déjame
homenajear en tus claros varones de ayer, el alma y el vigor de quienes comparten conmigo
el espíritu y la esperanza de una patria poderosa y eterna.
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