Reseña del libro: Mercedes
Datos bibliográficos:
Marco A. Jaramillo.- Sonson mayo de 1900. - Medellín Tipografía de
San Antonio. 1907, 15 x 9 Cms. II y 301 páginas. 1 de Índice.
Artículo escrito por Raúl Jiménez Arango, para El Tiempo, en
Noviembre 4 de 1965.
Marco Antonio Jaramillo nació en Sonsón en 1849 y murió en 1904.
Con decidido temperamento poético y gran facilidad para la
versificación, dejó un notable poema titulado "Caín y Abel". Su
novela "Mercedes", publicada en 1907, según concepto atribuido por
José y Ortega a Tomás Carrasquilla, ocupa el segundo lugar después
de "María" de Isaacs. Si bien este concepto resulta exagerado, no
puede negarse que la obra posee cualidades muy notables, sobre todo
por el aspecto regional.
Manuel Antonio Botero, en la sección "Notas bibliográficas" del
número 25 de la Revista del Colegio del Rosario, correspondiente a
junio da 1907, en un extenso y, en general, elogioso comentario,
dice:
"Mercedes es la relación, de unos amores campesinos, historia
sencilla como las costumbres patriarcales de la familia a que
pertenecen los héroes de la novela, pero historia demasiado cargada
quizás del elemento trágico y de un desenlace reñido con la poesía.
Figuran en la novela que estudiamos hechos históricos ocurridos en
Sonsón y en otros lugares durante la guerra de 1860, lo que
comunica a la obra relativo interés y la hará vivir entre los suyos
como fruto primero de una civilización, a la vez que como recuerdo
cariñoso de un amigo. No perdamos de vista que Mercedes fue escrita
por el Sr. Jaramillo para su familia y que ésta, movida por un
sentimiento de legítimo orgullo, y cumpliendo disposición
testamentaria, la publicó años después de muerto el autor, y sin
que él hubiera podido darle la última mano. Sin proponérselo el
autor, lo que se traduce en mérito, deja la novela una enseñanza
provechosa: la perversidad de Antonio, uno de los héroes: sus
inclinaciones torcidas, las domadas pasiones de su juventud fueron
letras giradas para el provenir, como castigo a sus desmanes, la
dicha que había soñado se evaporó con la muerte de su padre,
primero; después con su enajenación mental, y luego con la eterna
desaparición de su madre y de su novia. Dejamos constancia de que
los diálogos que aparecen en la novela son de lo más gráfico y
natural que pueda darse. Es verdad también que a veces se nota
cierta especie de saltos, es decir, como que no hilvanan bien los
pensamientos expresados en los distintos períodos; pero en cambio
la prosa es sencilla y el estilo tiene tintes poéticos que revelan
el alma delicada del autor".
Es muy curioso que, a pesar de sus evidentes características
locales y temporales, los señores directores de la conocida revista
literaria "Alpha", editada en la capital de Antioquia por aquellos
años, no hubieran hecho mención de la novela, por lo menos en el
año de su publicación. Sin embargo, el amable comentario de don
Manuel Antonio Botero, en el órgano rosarista, compensa con creces,
la negligencia de los ilustrados paisanos del finado señor
Jaramillo.
La obra, precedida de una dedicatoria del autor a las "Amadas hijas
mías", se compone de XXV capítulos y un "Epílogo". Tiene los
siguientes títulos: "Un envoltorio de hojas de achira", "Una
adivinanza nueva", "A la suerte", "Palos en seco", "El viaje", "San
Lucas y el buen ladrón", "Lágrimas de felicidad", "El ramo de
rosas", "origen del guinche", "La cacería", "Cero y van dos", "Que
te castigue Dios", "El abrazo", "Está loco", "El beso", "El alma de
los brutos", "Otro novio", "Hojas de chagualo", "El fugitivo",
"Dulzura de la muerte", "La ronda", "Judas", "El sonámbulo", "La
profetisa" y "Cascajo".
Como muestra homeopática del estilo, he aquí la iniciación del
primer capítulo:
"Estamos en Sonsón. Hace un tiempo malísimo. Mayo siempre es así.
En tan helado clima y en un mes de lluvias, cuán a sus anchas
estaría el poeta que exclamaba: "O está Jerusalén en tierra fría, o
no fue allí donde David cantó. - Miradlo: veis ese señor alto, muy
alto, delgado, calvo, que está en cabeza, recostado a la puerta de
su anciano padre? Ese es Gutiérrez Gonzáles, el poeta sublime que
cantó al Maíz. Y como para probar su aserto de que solo en tierra
fría puede uno ser buen poeta, aquí escribió sus inmortales elegías
Aures y Por qué no canto. El era, no como las aves de la mar que
cantan hacia el lado en que ruge la tormenta, que dice Campoamor,
sino como la mirla que silva lo mejor que sabe cuando la tarde
enfría. Jorge Isaacs escribió aquí algunos de sus bellísimos
romances: recordais el Martina y Jacinto?".
