Reseña del libro: Casos felices y auténticos de medicina. Enseñan á curar males graves, con simples medicamentos



Datos bibliográficos:
Practicados por el señor Domingo Rota. - Los da al público el P. Fr. Pedro Rota de Predicadores. Impreso en Tunja: Por Vicente de Baños. - Año de 1830. 15 x 10 cms. 69 páginas.

Artículo escrito por Raúl Jiménez Arango, para El Tiempo, en Julio 5 de 1964.

Por el año de publicación, el lugar de impresión, el tema tratado y el lenguaje empleado, puede tenerse este libro como un originalísimo documento sobre el estado de la medicina, la terminología clínica y el chisme de flebotomistas y comadronas en los últimos años de la Colonia y primeros de la República. Es también, en ocasiones, un relato autobiográfico, y un libelo infamatorio contra los facultativos acostumbrados a emplear remedios diferentes a los preferidos por el autor, enemigo acérrimo de los métodos científicos y los títulos académicos.
Por el hecho de figurar en los "casos" - verdaderas historias clínicas -, los nombres de los pacientes y, con mucha frecuencia los de sus parientes y allegados, así como la descripción de las circunstancias de cada uno, este opúsculo constituye una pequeña crónica costumbrista de singular interés. Allí se describen personajes, víctimas de sus percances fisiológicos, cumpliendo resignadamente las leyes naturales en el blanco trono, cuyo nombre excusado está de mencionarse.
La obra está compuesta de una "Nota", una "Introducción", los "Casos" y un largo párrafo final autobiográfico. En la "Nota", el autor menciona una carta de recomendación para ejercer la medicina sin necesidad de título, dada por el obispo Lasso de la Vega. En la introducción, manifiesta que viene curando con remedios simples desde el año de 1786, y que sus verdaderos maestros en este arte han sido Pomme y Solano de Luque (Observaciones sobre el pulso), a quienes cita con mucha frecuencia. Las "Advertencias" - página 4ª -, se refieren a las condiciones requeridas por algunos de los remedios más utilizados en sus curaciones, como las abluciones con bayeta, el nitro y el tamarindo. Los "Casos" propiamente dichos - página 5ª - son 90. Se hallan en orden vagamente cronológico, pues el 1º es de 1790, el 37º del año 1º (¿1801?) y el 90º, de fines de 1830. A continuación, van algunos de estos "felices y auténticos", como también, el párrafo en que el autor habla de su propia persona:
"Caso 7º - Un músico de violín y arpa llamado Mariano, indio de Ubaté; la primera vez que fue Espeleta a Zipaquirá, fue traído en mantas con una fiebre pútrida y a los veinte días, cuando ya estaba cazando moscas ,y estaba fétido, espontoso, muchas legañas secas, la lengua muy negra, marasmo, el pulso duro, y seler, ardorozo el cutis &, le quité el gran cabello que se usaba, pedí agua, y bayetas, le quité la camisa y ablucioné instruyendo a su muger y suegra como había de seguir humideciéndole la cabeza y cuerpo: dije le echaran muchas ayudas de agua y orchata sin dulce. Esto se repitió, y a los cinco días comenzó a humedecer, y limpiar la lengua: inmediatamente reanimé a sus jentes para que siguieran lo mismo e hice botar la cama al corral, y se estubo en varios cojines viejos, pues no había más. Se admiraron de lo mucho que evacuó (sin el menor purgante por lo que diluye y humidece, afloja, y naturaleza hace su oficio). En enero enfermó, a mediado febrero lo comencé a medicinar y la semana santa, tocó las pasiones, ¿hubiera vivido con los remedios que los médicos le mandaban? Engordó bien".
"Caso 24 - Carlos Quiroga (mayordomo de Ramón Vázquez hermano de dicha Catalina al otro lado del puente) amansador, y aporreado tuvo la misma suerte con terrible calentura, y no sediendo con las sangrías y remedios, la Catalina dijo: con esto me alenté yo: le preparó la raíz de lirio, vomitó, arrojó la postema por la vía de la orina, y se alentó. Este es nuestro tártaro emético patriótico con el cual comienza Dioscorides, su obra botánica, y dice que es bueno para infinitas cosas. Es inocente: cura las llagas, y úlceras inveteradas y también dice: cubre los huesos desnudos de carne. Los médicos no lo mandan por que no es de botica y se desacreditaban".
"Caso 49 - Véase en este caso lo que puede la verdadera medicina hasta qué grado alcanza, y hasta cuánto llega una pasión mal correjida. En Cómbita, Bárbara López hidropicó en los últimos términos o diré ya corrompida, llagada y en desesperado estado. Me llamaron y así la sangré con conocido alibio: la sangre como cera de laurel: y con solo tamarindos nitrados, gramo, cal, abluciones lavativas, uniones de hierba mora bien molida y frita que se le untaba en la parte más delicada. Se desinchó, se sosegó y acabó todo hielo. La última vez que la ví estaba sentada humando tabaco con todo ser y N. Lozano peynándola muy despacio. Pero como ya hacía mucho que no tomaba un trago de su gusto y no había algo de su uso, se dejó dominar de su pasión, y tuvo tal cayda que murió. Lo que puede a lo más puede a lo menos: luego los remedios que pudieron correjir esta enfermedad en el estado dicho con más facilidad no podrán correjirla en menor peligro? El primo Tomás Estanislao Rota me informó el motivo de esta desgracia. El doctor Luis Calvo la vio en peligro y después restablecida y cuando estuvo él con esta enfermedad, lo visité de amigo, no quizo mis consejos y murió como todos".
"Caso 53 - El P. Mtro. Parrales me llamó a Chocontá para una algisa que tenía el doctor Lucas Campuzano. Le dí una sangría por la mucha llenanza de un pulso, y puse cataplazmas emolientes de leche, jabón, miga de pan, y flor de manzanilla, le reventó, purgó mucho, y como se tragaba algún humor, después de levantado y afeytado para que tomara un poco de ruybarbo, puse un toldo en la puerta de la alcoba, y se lo di con buen efecto por que evacúo bien, y sudó más con pulso muy blando. En este estado llegó un mediquín que mandaron de Tunja: me dijo lo sangraba. Me opuse diciéndole ya sabría que con evacuación saludable no se podía sangrar porque se interrumpía con conocido daño del enfermo, respondió que así era por que se quería despachar. Fuí a informar de ello al P. Mtro. Salió al balcón y a toda voz decía (que se oyera en casa del enfermo). Ya iba escapando Lucas! Ya no escapó Lucas! Ya no escapó Lucas! Cuando bolví había quitado el toldo destapando el catre y echo sentar al enfermo, que le daba todo el viento, y lo sangró junto a la otra del mismo brazo. Esa noche mandó ordeñar antes del día, le hizo tomar leche cruda y se despidió diciendo venía a mandar remedios. Le entró un ardor en el hígado que no fue posible remediarlo, trabajé bastantemente pero conseguí que testara y se administrara. Las vestias y remedios llegaron a Chocontá a los ocho días cuando había muerto, por causa e imprudente sangría y costipado. Después me escribió el P. Mtro. que el S. Pabón le dijo había oydo decir al correjidor de Tunja que el mediquín había trastornado la cura, y eso le remachó el clavo. Guardo dos papeles del P. Mtro. por que yo pagué el pato para con las gentes de esta causa, que hasta ahora me quitan el pellejo".
"Caso 73 - A la señora Josefa López le sucedieron varias cosas conmigo por que no obstante el conocimiento que su marido tenía de mí, le daba crédito al curandero que había en esta ciudad, y estando un niño sute raquítico con continuas evacuaciones, decía yo se le quira el pecho de la mala ama, y se le diera suero, nutriéndolo con claras de almidón echas en lo mismo, no me atendían sino que se muere y no se quiso morir hasta que hicieron lo que mandé, y hoy está con veinte años" "Tenían una criada cuasi ciega tentando las paredes. Mandé sangrías y no daba licencia ese señor; que esta débil. Que debilidad en una moza de veinte y ocho años, y buenas carnes! Así eran sus aciertos! La sangré, y dijo señalando el uno de los ojos, se me desbarató un globo de fuego que veya. Después la vi buena que andaba por la ciudad, y a otros años le compré leña, la conocí, le pregunté, y agradeció el veneficio".
"Se provará lo dicho. Nací en 52: Estudié hasta los 18 que me casé con una señora noble, pero de recia condición, e inutilísima; pobre como yo: puse tienda de platería, y me mantube algunos años experimentando miseria en las satisfacción, por la pusilanimidad, y desinterez de mi genio, y he vivido siempre penado. Lo que señalo por memorable en mi trabajo es: una pieza que añadí a la Custodia de esta parroquial mayor en la cual gravé el Tantum ergo... O sacrum con vium... El versículo y oración del Ssmo. en cuatro columnitas, las deademas y llagas de San Francisco; las del costado tiene cuarenta piedras engastadas, y puestas de mi mano, y ayudé a remendar el brazo que le habían acerrado. El sello de Santa Marta Magdalena de este convenio que gravé por 15 pesos, y avaluaron los talladores de moneda en 200. Tallé 8 fierros de hacer hostias memorables. Sufrí por estos años tres veces prisión adentro. Un mozo me robó en la platería cosa de 100 pesos, lo prendió el alcalde Flores jugando al dado, se confeccionó jurídicamente al padre de menores D. Agustín Niño decretó se hiciese información para pagarme; y como la primera declaración resultaron cómplices un amanuence, y otro compadre del escribano público y de cabildo, no quiso tomar las otras y se perdió. Yo me vi tan atribulado, que dejé la ciudad por Siénaga. No estuve seguro, por que Galabis me hizo hacer un juego de evillas de oro que ofreciendo 100 pesos por la echura no hubo en Bogotá ni en Tunja quién se atreviera. Pedí 150 pesos, y acabadas a satisfacción me dio 70 y sufrí las mermas. Entró a la gobernación un P. Ruiz Gallego y se dejó decir que al primero que desterraba era a mí y me fui a Tumer qué perdiendo una casa nueva y dos que compuse, la cerca de una estancia y un caballo de Ocusá que después le sirvió muchos años. En este pueblo hice las rúbricas de plata del S. Pedreros, y para seguir a Bogotá di mi herramienta a Mariano Flores y con los años se los robaron los amanuences de cabildo, me fui a la capital de Bogotá tube a mi cargo el relox grande siete años. Hice sonar el de San Francisco y en plata una tarjeta de letras negras y coloradas que está en el Sagrario de San Francisco"... "Los ladrones, verano, y muque, me hecharon para Setaquirá. Allí hice el gran copón de Cheva o Jericó (con otra herramienta que llevé de Bogotá) siriales, y otras santas obras, y la escases de víveres me hecho a la parroquia de Manta en donde hice todo lo que hay en Pachavita, y otros copones de Tenza, y Somondoco dando donde quiera noticia de mi método curativo respecto de los enfermos, y vine a esta ciudad a los veinte años de emigración". . . El sello del congreso. (Dos manos derechas tomadas, la lanza, gorra los dos cuernos, y una inscripción latina larga, junjil opes. Diez y seis pares sellos de correo con el República de Colombia, que hay desde Zipaquirá hasta Cúcuta. Compuse un trisajio en 10 décimas aprobado por muchos DD. Hice los del papel del segundo viento, letras bastardilla grande cuatro renglones. Y antes por falta de imprenta, sellé a los SS Ortega y Fortoul muchos motes formales; he servido hasta de albañil, y estando tan notablemente pobre se me negó a sellar el papel, con que me hubiera socorrido, con que está justificada mi desgracia tropelías, y desatenciones a persona: en fin, concluiré diciendo que me aprocimo al sepulcro con el sentimiento de que ni mis estudios, ni mis industrias han sido suficientes para subvenirme pan en los últimos restos de mi vida. Enfermé hace dos años y medio y en este largo tiempo, no he hecho otra cosa que sufrir una espantosa soledad en mi cama, sin que se acuerde que aún ecsisto. (Salvo las piadosas personas que me han dado limosnas, entre ellos, señor Manuel Castillo) que vino sin consuelo, porque Consultó en Bogotá cinco médicos, y no le conocieron su grande calor. Yo le señalé los remedios antihipondriacos, y se curó tanto que se dejó de ellos por parecerle estar ya bueno, estando en la mitad de la curación".
Los "Casos felices y auténticos de medicina", publicados por Fray Pedro Rota -sin duda, pariente muy cercano del autor-, están correctamente impresos, hasta la página 22. De allí en adelante, los caracteres de imprenta y la calidad del papel, decaen visiblemente.
No se sabe con seguridad el lugar de nacimiento del señor Domingo Rota. Laverde Amaya dice que era natural de Tunja ("Ojeada histórico-crítica sobre los orígenes de la literatura colombiana". Talleres gráficos del Banco de la República, 1963), y Pedro María Ibáñez ("Memorias para la historia de la medicina en Santafé de Bogotá", 1884) afirman que nació en Bogotá. De todas maneras, su actuación en el arte de curar constituye un singular capítulo en la historia de la medicina, la platería y la relojería en Colombia.

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