Reseña del libro: Discurso pronunciado por el Señor Francisco Montoya M. En la sesión solemne de distribución de premios de la Universidad Nacional el día 22 de junio de 1879.
Datos bibliográficos:
Edición oficial. Bogotá. Imprenta de Ignacio Borda. 1879. 24 x 16
cms. 21 páginas, 1 de erratas.
Artículo escrito por Raúl Jiménez Arango, para El Tiempo, en
Octubre 4 de 1964.
Coincide la clausura de estudios y la distribución de premios en
la Universidad Nacional, con la muerte del notable médico Andrés
maría Pardo, lamentable suceso ocurrido en la noche del 20 al 21 de
junio, causado por una congestión pulmonar, y llevado a tan fatal
resultado, casi repentinamente, ante el dolor de sus amigos y el
pesar de sus discípulos de ciencias naturales y medicina, de cuya
facultad era a la sazón inmejorable rector.
"La Universidad Nacional está de duelo: no creyó cuando elijió este
día para su fiesta, que habría de convertirse en día de luto para
la sociedad i para ella: el doctor Andrés María Pardo acaba de
morir dejando vacíos su lugar a la cabecera del enfermo, una
cátedra en el profesorado i el puesto del padre en el hogar de la
familia".
"Obligada, la Universidad, en fuerza de las circunstancias a llevar
a término el acto reglamentario que hoy solemnizamos, se inclina
resignada ante esta necesidad; forzado yo de igual manera, llenaré
mi deber también".
Con estas palabras, sacadas de la parte introductoria del discurso,
don francisco Montoya expresa la doble intención de sus públicas
frases: solemnizar los actos académicos de la distribución de
premios en la Universidad y manifestar oficialmente, en nombre de
la misma, los sentimientos de congoja por la desaparición del
aparentemente irremplazable doctor Pardo. El "Discurso" se compone
de la parte introductoria, ya mencionada, 6 secciones, y un corto
epílogo a los "jóvenes profesores". La primera sección habla de la
importancia y estado actual de la aplicación de los abonos en la
agricultura del país, así como del cultivo y explotación del café,
algodón, añil, caña de azúcar, quina, gusano de seda y cochinilla.
La segunda sección trata de la importancia de la química,
especialmente con relación al ácido sulfúrico, del cual, hasta esa
época se habían hecho en Bogotá dos intentos para fabricarlos. y de
la explotación de las salinas, la plata aurífera y el gas del
alumbrado. La sección tercera, menciona las principales minas de
elementos no preciosos explotadas en esos años: de hierro en La
Pradera, Pacho y Samacá, de cobre en Moniquirá y algunos lugares de
Antioquia y Cauca, y de azufre en Gachalá. Todas ellas, en concepto
del orador, extraordinarias fuentes potenciales de riqueza para el
país. La sección cuarta, se refiere a las generalidades de la
astronomía y meteorología lo mismo que la sección quinta en cuanto
a los estudios de la Paleontología y Antropología En ambas
ocasiones insiste don Francisco en la importancia e interés de
todas estas ciencias para formar en los estudiantes y hombres de
empresa un criterio ilustrado y realista que permita canalizar las
actividades gubernamentales y particulares en beneficio del
adelanto material de Colombia.
El profesor Francisco Montoya, notable facultativo, distinguido
naturalista y hombre de ciencia. nació en Londres el 26 de junio de
1850. Estudió en Bogotá en el Liceo de la Infancia y el Colegio del
Rosario, y en la Universidad Nacional obtuvo los títulos de médico
y profesor en ciencias naturales. Hasta el año de 1921 regentó, en
forma continua. varias cátedras en la Facultad de Medicina. como
física médica y química inorgánica. En compañía de varios colegas
fundó en 1870 la "Sociedad de Naturalistas Colombianos",
incorporada, años despúes, a la "Academia Nacional de Ciencias
Naturales y Medicina" por orden del gobierno. Construyó un
planisferio celeste mobible, adaptable al horizonte de Bogotá,
presentado y premiado en la Exposición Nacional de 1879, organizada
por el Estado de Boyacá. Miembro del "Atenéo de Bogotá", profesor
en numerosos establecimientos educativos, autor, en compañía de
Manuel A. Rueda. de un texto de Geografía Universal y maestro de
varias generaciones, mereció el título de "Maestro de la Juventud",
acordado por la Asamblea de Estudiantes en reunión del 20 de
septiembre de 1920, en Bogotá, ciudad en la cual falleció el 18 de
agosto de 1922.
Datos más completos, pueden verse en un largo escrito de homenaje a
su memoria publicado el 26 de junio de 1950 en El Tiempo.
