Reseña del libro: Manual del seminarista bogotano: Formado de piezas traducidas de varios escritores célebres, y de extractos de los libros litúrgicos de la Iglesia Católica.
Datos bibliográficos:
IHS. Bogotá. --- con privilejio esclusivo. --- Impreso por Bruno
Espinosa. --- MDCCCXL. --- 14.5 x 10 cms. 4 hojas sin foliar y 184
páginas.
Artículo escrito por Raúl Jiménez Arango, para El Tiempo, en
Noviembre 1° de 1964.
Aunque el "privilegio esclusivo" de este manual está concedido
por el gobernador de la provincia de Bogotá al impresor Bruno
Espinosa el 10 de noviembre de 1840, el autor, o mejor, el
recopilador es el Arzobispo Mosquera. Y tenía motivos especiales
para hacerlo: en aquel año reorganizó totalmente los estudios del
Seminario de Bogotá, estableciendo con ello una organización
docente eclesiástica, que en sus principales fundamentos, subsistió
durante largo tiempo.
El libro comienza con una especie de prólogo o presentación escrita
por el mismo Arzobispo, fechada el 19 de septiembre de 1840 y
dirigida "A los Alumnos del Seminario Conciliar" en los siguientes
términos:
"Os presento, hijos míos mui amados, este librito para ayudaros á
llenar el importante deber que teneis de acordaros de vuestro
criador en los días de vuestra juventud, porque es también mío i
mui sagrado, el de apacentar vuestras almas, como parte predilecta
del rebaño que nuestro Pastor Eterno me ha recomendado. Etc".
El manual, propiamente, está dividido en tres grandes parte:
"Ejercicios Cotidianos", "Prácticas y ejercicios piadosos", y
"Lecciones de Civilidad". La primera parte (pág. 1) contiene las
siguientes oraciones: "Ejercicio matutino", "Oración para ofrecerse
a Dios en la misa", "Letanía del nombre de Jesús", "Oraciones a
María Santísima para los cuatro tiempos del año", "Ejercicio
nocturno" y "Ejercicio particular para los colejiales del segundo
departamento por la noche". La segunda parte (pág. 17), está
compuesta de dos secciones diferentes: "una de 14 oraciones
diversas como la "Oración para preservarse de los vicios", la
"Letanía Lauretana" y la "Preparación para recibir la sagrada
Comunión", y otra de 31 "Reflexiones piadosas para todos los días
del mes", cada una sobre un tema diferente: "el buen uso de las
cruces", "lo único necesario", "las falsas alegrías", "la prudencia
del siglo", "la falsa libertad" y otras por el estilo. La parte
tercera, es decir, las "Lecciones de Civilidad", es no solo la más
interesante, sino la más amena y, en ocasiones pintoresca. Comienza
en la página 104 y se divide en 29 lecciones, una "Conclusión" y
"Algunos consejos". Estas "lecciones" son: "De la civilidad en
jeneral", "Deberes para con los superiores", "Deberes par con los
ministros de la religión, los majistrados, jefes, etc.", "Deberes
para con los preceptores", "Deberes para con los ancianos", "Del
respeto debido a los superiores en jeneral", "Deberes para con los
iguales", "Deberes para con los inferiores", "Reglas jenerales
sobre los usos de decoro y de estilo recibidos en la sociedad",
"Del aseo", "Del porte", "Del encuentro de las personas fuera de
casa", "De las visitas", "De las recreaciones i juegos", "Del modo
de estar en pie, sentarse i andar", "Del modo de estar en la
iglesia", "Del modo de portarse en la mesa", "De la comida fuera de
casa", "De la conversación en jeneral", "Vicios i extravagancias de
la conversación", "De chanzas y chistes", "De la discusión", "De
los cumplimientos", "De la crítica", "Del trato i otras fórmulas
familiares", "Resumen de las cualidades de la conversación",
"Defectos que deben evitarse, i reglas que han de observarse en la
conversación" y "De la correspondencia epistolar". Léanse algunas
muestras de lo que era la "civilidad" en el seminario bogotano de
1840:
"es necesario lavarse los pies una vez por semana, i si el
temperamento lo exije, con más frecuencia. El uso más útil para el
aseo del cuerpo en jeneral es el de los baños enteros, o semibaños,
que se dan por fricciones con una esponja empapada en agua con un
poquito de aguardiente. Estos, son más fáciles, son los más
acomodados al uso frecuente. Los antiguos se bañaban diariamente,
aún en los países tropicales; i en los meridionales se conserva
todavía esta práctica. En nuestro país, en las cordilleras no son
necesarios con frecuencia; pero si en los valles".
"No se debe oler las viandas antes de comerlas, i mucho menos poner
las narices sobre lo que han de comer los demás".
"En la mesa debemos abstenernos de rascarnos la cabeza, de escupir,
i en cuanto sea posible de toser y sonarnos; i cuando esto sea
preciso debemos volver acia afuera la cabeza, de modo que el
pañuelo no toque a los manteles".
"Escusado es decir que no se debe comer con ansia, ni beber sin
medida, ni dejar tajadas en el plato, ni roer los huesos".
"No acaba aquí la obligación del convidado: le queda otra
formalidad que cumplir, cual es una visita llamada la visita de
dijestión, i que se hace por lo común a los ocho días…"
Entre los "Defectos que deben evitarse" se destacan estos:
"El tocar la trompeta al sonarse"; "El gargajear o escupir en el
suelo frente del sujeto con quien se habla"; "Enseñar a otro alguna
cosa asquerosa, o darle a oler alguna cosa pestilente", etc.
