Reseña del libro: Regalo de año nuevo. Realidad - Fantasía - Necrópolis.



Datos bibliográficos:
Nicolás Pontón. Bogotá. --- 1896. --- Imprenta de Vapor de Zalamea Hs. 16.5 x 11.5 cms. 23 páginas.

Artículo escrito por Raúl Jiménez Arango, para El Tiempo, en Diciembre 27 de 1964.

Por el título, y desgraciadamente solo por él, este escrito puede considerarse como una de las poquísimas contribuciones colombianas al progreso de los viajes interplanetarios.
Para el año nuevo de 1896, el autor resolvió obsequiar a sus amigos el relato de un imaginario viaje, fruto de las alucinaciones y delirios ocasionados por la prolongada y grave enfermedad que lo tuvo reducido al lecho.
"Era el 12 de julio de 1895. Soñé que estaba enfermo y que día por día iba perdiendo las fuerzas y abandonándome el vigor y valentía con que siempre había atravesado todas las contrariedades de mi larga y laboriosa vida. Y como nada valía para entrar en reacción, comprendí que mi vitalidad se escapaba a pasos agigantados".
Así comienza la primera parte de la narración. Tiene por título "La Enfermedad", y a estas siguen estas otras dos: "Mi Angel Guardián", "El viaje", "El Sol", "La Luna", "Marte", "La Estrellas" y "Necrópolis", con numeración romana todas. El viajero, emprende su ultraterrena peregrinación en compañía del ángel de la guarda, con quien mantiene frecuentes y consoladores diálogos. Además, sus puntos de vista perfectamente ortodoxos y sus alusiones continuas a Colombia, están mezclados con ideas e imágenes inspiradas en las obras de Camilo Flanmarion, del cual era, sin duda alguna, apasionado lector. Por los párrafos que enseguida se transcriben, sacados de la secciones II, IV, V, VI y VII, se puede tener una idea de tan original "Regalo de Año Nuevo":
"---Vamos a hacer una excursión hasta los límites de la Tierra con el Cielo. Ese camino es de lo más escabroso: hagamos de cuenta que viajamos por Colombia, Nación que asombra que después de ochenta y cinco años de independencia, con una fertilidad como no la hay en América, con clima tan delicioso y con tan privilegiado personal de hombres y de mujeres, no tenga un camino, un ferrocarril (los que hay son proyectos), ni un puente, ni un monumento, ni un paseo: en una palabra, nada que demuestre adelanto, porque los edificios que llaman la atención, son los que dejaron los españoles".
"Si fuera posible que las colombianas contemplaran una hija del Sol, cuanto ganaría imitando ese donaire y falta de afeites: allí todo resplandece sin estímulos supuestos, y respecto a costumbres, son modelos ejemplares". … "Los hombres no me llamaron la atención, porque al contrario de las mujeres, que todas son animación y vida, lo demasiado catires, los hace antipáticos para los que los ven.
(En la luna) "Mujeres pálidas, pero con palidez que encanta, sobresaliendo la naturalidad y frescura de esos rostros. Cuán diferentes de la generalidad de las hijas de Eva que se llenan de cosméticos y polvos, pareciendo muchas veces que acaban de salir de un costal de harina".
(En Marte) "Y dando un pequeño rodeo, vi una aglomeración de seres vivientes, verdes como esmeraldas, y que es difícil definir en sus formas. El país que habitan es verde como ellos; solo se ocupan en el laboreo de las tierras…". "Camilo Flanmarion, es el más sabio de los astrónomos de la época, pero está en un error al creer que se pueda entrar en relaciones con esos titanes. A los astros que se mueven alrededor del Mundo nadie puede emigrar, porque en ninguno se admite el extranjerismo".
"Sentí como un vértigo, y que descendía de lo alto, abrí los ojos y volví a la realidad, pero como saliendo de un letargo. La familia y amigos que ha rodeado mi lecho sin descanso, me dijeron que hacía muchos días que estaba entre la vida y la muerte".
"Necrópolis", la última sección es un homenaje a la memora de varias personas: el P. Manuel Gil, jesuita; el P. Manuel Unia, salesiano; el P. Juan N. García, franciscano; el P. José Calasanz, dominico; los señores Daniel Ayala, Benjamín Amézquita, Tomas M. Lombana, Enrique Morgan, etc. Al final, aparecen el nombre del autor y la fecha del 1° de enero de 1896.
Nicolás Pontón, infatigable y meritorio publicista, nació en Bogotá el 6 de diciembre de l833 y falleció en la misma ciudad en la época de la revolución de los mil días. Por la gran cantidad y calidad de periódicos que dirigió y redactó, así como por los folletines y publicaciones destinados a difundir las más conocidas obras de la literatura europea de su tiempo, merece un estudio especial. El gobierno, para reconocer solamente una parte de su labor periodística, dictó la ley 54 de noviembre 16 de 1894 "Por la cual se concede la indemnización de $5.000 al señor Nicolás Pontón". Ella se refiere a las persecuciones sufridas por la publicación de varios artículos relacionados con el desarme del vapor "Rayo" en 1867.

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