Reseña del libro: El siglo de los nervios



Datos bibliográficos:
Pablo Mantegazza. Versión directa del italiano, por B. Sanín Cano. 1888. - Bogotá. Imprenta de "La Luz", Director, Marco A. Gómez. 13 x 10 Cms. 100 páginas.

Artículo escrito por Raúl Jiménez Arango, para El Tiempo, en Enero 9 de 1966.

En esta obra, el señor Mantegazza se propuso de mostrar que todas las manifestaciones altas de la inteligencia humana en el siglo XIX eran producto inevitable de la neurosis. El apelativo de "neurósico", aplicado por el autor a las personas, obras y actitudes más o menos notables de su tiempo y para el cual Sanín Cano no encontró el equivalente castellano apropiado, lo explica todo. El "neorosismo", nacido en 1789 de tres madres llamadas Libertad. Igualdad y Fraternidad, produjo literatura, política y filosofía neurósicas. Víctor Hugo. Catulo Mendes, Musset, Sardou, Baudelaire, Renán, Zolá, Manzoni y Amicis son neurósicos, lo mismo que los principales hombres de Estado y políticos del momento. Los filósofos alemanes, por ejemplo, son pesimistas "por que se han vuelto neurósicos de tanto pensar. y el neurosismo, que en un hombre vulgar es origen de hipocondría, y en una damisela sensible produce histerismo, cuando tiene por coeficiente un gran cerebro, crea sistemas filosóficos donde las ideas se agrupan, y se cristalizan al rededor de un núcleo de pesimismo". En fin, hasta las recatadas y tiesas damas de miriñaque se contagiaron de neurosismo, aunque por medios más tangibles (página 36):
"Las señoras, especialmente, que beben poco o nada, que no fuman, que viven privadas por la opinión pública, y también por su constitución, de las emociones fuertes que produce el alcohol, y de las languideces voluptuosas del tabaco, se enamoran de las alucinaciones y embriagueces de la morfina, y a veces paran en viciosas, tanto, que se fingen atacadas de neurología para obligar al médico a inyectarles el veneno predilecto. Algunas más valientes ya no recurren al médico; se compran a escondidas, el instrumento de Pravaz, y, procurándose la droga con algún farmaceuta complaciente, se morfinizan al infinito".
El libro, se divide en IV capítulos, precedidos de su respectivo sumario. Finaliza con una "Advertencia" del traductor, en la cual, además de un elogio del señor Mantegazza, se destaca el siguiente aparte:
". . . me pesa, como un pecado mortal, el haber tenido que suprimir uno o dos párrafos, y la pesadumbre se aumenta cuando recuerdo que, haciendo a un lado esas líneas, no he obedecido a mi conciencia, sino que he pagado tributo a la gazmoñería de nuestra sociedad y a las circunstancias calamitosas (no vale negarlo) por que pasa esta República, y perdónenme la palabra, ya que en Roma y en Francia se ha dicho República hablando de gobiernos más graves (si es posible) que el de esta Colombia contemporánea".
Al pie de la página, se encuentran algunas notas del autor, y, otras, bastante interesantes, del traductor.
Pablo Mantegazza nació en Monza, cerca de Milán, el año de 1831 y murió en Florencia hacia 1910. Notable médico, escritor y antropólogo, le ocurrió lo que les pasa a la mayoría de los médicos, que, sin abandonar el ejercicio de la profesión se dedican a escribir sobre otras Losas: hacerse notables en la literatura como médicos y perder prestigio entre sus colegas y clientes por haberse convertido en simples literatos. Sus obras literarias y científicas son muy numerosas, aunque estas últimas, como se supone, no son bastante sólidas ni profundas. Ejerció la medicina en Argentina, Paraguay y Estados Unidos. Fundó en Pavía el primer laboratorio de patología experimental que existió en Italia, y fue presidente de la Sociedad Italiana de Antropología. Poco después de su muerte, algunos literatos españoles, de esos que ya nadie nombra, pero de un gusto muy esotérico, tradujeron varias obras suyas de títulos tan estimulantes como "Los secretos del amor", "La Filosofía del placer" y "Los amores de los hombres". "II secolo neurotico" había aparecido en 1887.
En 1888 Baldomero Sanín Cano era superintendente de la empresa del tranvía de mulas y vivía en la carrera 7ª número 502. Escribía en el periódico "La Nación" y se ocupaba de ordenar la biblioteca de su director, el señor Rafael M. Merchán, que era una de las mejores provistas de libros modernos europeos. Allí debió conocer la obra del señor Mantegazza, además de otras muchas novedades. El 19 de octubre de aquel año comenzó "La Nación" a publicar el siguiente aviso en el Nº 314:
"EL SIGLO DE LOS NERVIOS", por el Dr. Mantegazza, traducido por B. Sanín Cano, se vende en la Librería Colombiana a 30 centavos el ejemplar".
La imprenta de "La Luz" funcionaba en la calle 13, número 100.

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