Reseña del libro: Historias de la singular vida y admirables virtudes de la venerable madre sor Maria Gertrudis Theresa de Santa Ines, religiosa professa en el sagrado Monasterio de Santa Inés, de Monte Policiano, fundado en la Ciudad de Santa Fe, del Nuevo Reino de Granada.
Datos bibliográficos:
Pedro Andrés Calvo de la Riba, Clérigo Presbítero, su Confesor. Dos
epígrafes latinos. Consagrada al Grande Patriarca. Santo Domingo de
Guzmán, Fundador de La Esclarecida Religión de Predicadores. Con
licencia en Madrid: En la Imprenta de Phelipe Millan. Impresor del
Serenísimo Señor Infante Cardenal, Calle de Atocha, frente de
Nuestra Señora de Loreto. ---20 x 15 Cms. 15 hojas sin foliar. 610
páginas. 1 hoja de índice, sin foliar.
Artículo escrito por Raúl Jiménez Arango, para El Tiempo, en
Octubre 2 de 1966.
La "Fe de Erratas" y la "Suma de la Tassa" aparecen fechadas en
Madrid los días 4 y 6 de septiembre de 1752, respectivamente, El
libro, por lo tanto, fue impreso a fines de aquel año o a
principios del siguiente. Otros preliminares y censuras de Madrid
son de la misma época; en cambio, las aprobaciones y licencias
bogotanas, fueron concedidas desde 1737, según consta
expresamente.
Sor Maria Gertrudis Teresa de Santa Inés nació el dos de febrero de
1668 en la ciudad de Pamplona. Fueron sus padres el señor don
Andrés de Orozco y doña Francisca Jaimes de Pastrana, personas
distinguidas y virtuosas. A los siete años de edad fue colocada
bajo la custodia de las monjas clarisas de su ciudad natal; el 24
de mayo de 1683 vistió el hábito de las religiosas dominicanas de
Santa Inés en Santa Fe de Bogotá, y el 13 de junio del año
siguiente profesó por medio de los votos solemnes. Murió el 28 de
noviembre de 1730 y su entierro lo describe el presbítero Calvo de
la Riba así: (Pág. 570).
"Determinó el Señor, Doctor Don Nicolás Xavier Larrazabal y
Varasorda, como Provisor y Vicario General; se hiciesse el entierro
el día primero de diciembre, y tercero de su tránsito: hizo el
mismo Señor los Oficios, y cantó la Missa con la asistencia de todo
el Venerable Cabildo Eclesiástico, y sus Ministros, con la de toda
la Real Audiencia, con su Presidente; la del Cabildo Secular y
Noble Ciudad, y de todas las Religiosas, y el devoto copioso
concurso de la Nobleza, y gente de la Ciudad. Los Sacerdotes, que
entraron a la Clausura, cargaron el virginal cuerpo en sus hombros,
siendo necessario el defenderlo. porque no lo desnudaran,
cortándole partículas de su pobre Hábito. Fue muy digno de reparo
que siendo tiempo de continuas lluvias, estuvieron suspensas los
tres días, dando lugar, para que la devoción visitasse su cuerpo, y
thesoro, que el Señor tuvo escondido en el fértil campo y jardín
amero de Santa Inés, y para que se enterrara con la honra, y
sumptuosa asistencia que se debía, y que atraxso con el buen olor
de sus grandes virtudes la venerable María, que vivió, y murió
crucificada: María exaltada: en el día diez y seis de Diciembre se
le hicieron las Honras con la assitencia de todas las Ilustres
personas referidas…"
El libro se inicia con una "Epístola dedicatoria" a la cual siguen
las censuras y aprobaciones ya mencionadas y unas páginas iniciales
"Al devoto y piadoso lector". Se compone de XVIII capítulos, cada
uno con su respectivo sumario. Un "Pretexto", el Indice general y
unas "advertencias" finalizan el volumen. En la página 610 al
terminar el texto, hay un magnífico grabado en madera del escudo de
la orden dominicana. Toda la obra está dedicada a narrar la vida,
antecedentes, virtudes y milagros de la madre Gertrudis, a
excepción del capítulo II ---muy interesante, por cierto--- que se
titula "Breve relación de la fundación del Monasterio de Santa Inés
de Monte Policiano, de su sumptuosa fábrica, y de sus Venerables
Religiosas". El estilo, como en casi todos los escritos de este
género, es muy pesado e impreciso. Multitud de divagaciones y
comparaciones, en especial de carácter bíblico e innumerables
repeticiones dificultan, en extremo, la lectura de los pasajes
sustanciales. El autor se complace hasta la saciedad de comparar a
su biografiada con el santo Job; sin haberse imaginado ---se
supone--- que quien necesita de toda la paciencia del santo
patriarca es el lector. Una cuidadosa y ---desde luego--- ardua
lectura de la obra puede servir para encontrar datos curiosos
referentes a costumbrismo, música, medicina y, sobre todo,
psicopatología. En el capítulo IV, por ejemplo, al hablar de las
pésimas aptitudes de Sor Maria Gertrudis para la música y el canto
llano, el autor hace una serie de divagaciones místicas rebuscadas
acerca de la mano musical que aparecía en casi todos los tratados
didácticos de la época. A continuación va el relato de algunos de
los muchísimos tormentos a que fue sometida la monja por los
demonios, sus inseparables compañeros:
"La privaron de la vista por muchos días, y por un año, y algunos
meses la tuvieron muda, y por tres días como muerta. derramándole
tanta abundancia de pulgas, como llovidas, tan imposible el
cogerlas, como el sufrirla la paciente que las sentía, sin poderse
mober: Tubieronla por muchas horas crucificada en una barrilla de
hierro: que le envolvieron en los brazos como si fuera un suelto
listón, metiéndola dexajo de la cama, para que el polvo la
sufocara, y para impedirle el socorro en tan grave tormento: En
repetidas veces, por muchas horas supina y puesta como un fuerte
arco, pegada a los ladrillos del suelo la frente. O terribles
tormentos!" (Pág 111).
"Mezclavanle con el usual cacao cosas asquerosas, echábanle en él
cebollas, y yerbas amargas, y se lo mezclaban con carne, la cual
aborrecía por lo mucho que le dañaba, y muchas veces moliéndolo
junto con el de otra Religiosa, que piadosa se lo cuidaba,
dividiéndolo igualmente, salía la parte que le tocaba muy mala, y
buena la que para sí reservaba la Religiosa". "Causabanle cruel y
insaciable sed en sus batallas, y permitiéndole llegar el agua a la
boca, le impedían el que la bebiera, echándosela por el pecho,
estando sudando con el remo de sus tormentos, dándole fuertes
golpes con la basija en la boca, para quebrarle los dientes.: Et
fregit ad numeram dentes meos. causandole en dientes y muelas
activos dolores para que padeciera el martiryo de sacarselas,
aumentándoselo con su cruel malicia; pues obliga a sacarse una
muela, por el grave dolor que padecía, lo dificultó tanto su
impiedad, que siendo muy diestro el Barbero, no pudo en horas
conseguirlo, dándole tan fuertes tirones, que le levantaba en alto
el delicado y atormentado cuerpo; consiguilo por fin, dexandola tan
atormentada, y lastimada, que fue necesario curarle después el
pecho, por lo mucho quebrantado que le quedó …" (Pág.
114).
Como una muestra de los numerosos milagros obrados por la Madre
Gertrudis después de su muerte, pueden leerse los siguientes:
"A un hombre Campesino, se le perdió una mula, en que havía venido
a la ciudad; y movide la noticia de los muchos milagros, que hacía
la Venerable Maria, baxo al Monasterio con unas velas de sebo, para
que se las encendiessen, y le deparasse su mula; hallo solo el coro
y estando con el desconsuelo de no hallar persona de quien valerse,
para la ejecución de su deseo, se le apareció una Monja de muy
buena disposición, que se ofreció a encender las velas, lo que
hizo, diciéndole: Que no se descontrolara, que su mula parecreria.
Salió, y halló su mula con silla y freno, como se le havía
perdido…" (Pág. 576).
"Alonso Sánchez llegó a peligro de muerte por habersele detenido al
Orina, sin haberle aprovechado los muchos remedios que se le havian
hecho, aplicaronle una Reliquia de la Venerable Maria, a quien se
encomendó muy de corazón, y luego se le soltó la Orina, y salió de
su manifiesto peligro". (Pág. 584)
"Al Padre Fr. Andrés Cayrazco, Dominicano, se le ausentó un
Mulatillo, que le servía, hizo toda diligencia por el, y no tuvo
efecto: y afligido por su perdida, le comunicó su desconsuelo al
Rmo. P. Mro. Fr. Joseph Sanchez Aconcha, quien le aconsejó le
dixesse una Missa a la Venerable Madre, y en el mismo día, que se
la dixo, le apressaron en el pueblo de Ráquira al Mulatillo, que
iba de huída para Pamplona…" A otro Religioso en el Convento
de Tunja, se le huyó el Page, y aunque le hizo buscar muchas vezes,
no se halló: dixole Missa a la Venerable Maria, y el mismo
Indiecito se fue al Convento, buscando a su Amo, y prosiguió en su
servicio, y asistencia." (Pág. 585).
Sobra decir que, como es inevitable en todos estos casos de monjas
muertas en olor de santidad, la presencia de la Madre Gertrudis fue
observada claramente por diversas personas en el momento de su
agonía. Como era de esperarse, se presentaron, también, fenómenos
extraordinarios de incorruptibilidad en el acto de la exhumación de
sus restos.
El autor del libro, presbítero Pedro Andrés Calvo de la Riba, nació
en Santa Fe el 27 de noviembre de 1663 y fue bautizado en la
iglesia de Las Nieves el 9 de enero de 1664. Era hijo del capitán
Juan Calvo de la Riba y de doña Tomasa Nieto. Colegial de San
Bartolomé, se ordenó de sacerdote en el mismo plantel. Su partida
de defunción, en lenguaje actualizado, dice:
'En Santa Fé a primero de febrero de este año de 1747 se enterró en
Santa Inés el cuerpo difunto del muy venerable padre doctor Pedro
Calvo. Se enterró de deán y cabildo. Dieron siete pesos." "Mtro.
Don Pedro Calvo, venerable, presbítero, dechado de sacerdotes por
su buena y santa vida, Maestro de ceremonias". (Dice una nota
marginal).
Fue confesor de la Madre Gertrudis desde el 8 de enero de 1709, y
el orador en los solemnes funerales oficiados en su memoria el 14
de noviembre de 1731.
Con el título de "El Lirio de Bogotá" publicó Fray Luis M. Lopera
O. P. un resumen de 20 páginas del libro del padre Calvo de la
Riba, con motivo del segundo centenario de la muerte de la Madre
Gertrudis (Bogotá, 1930).
