X.
DE TEODOMIRO A CAROLINA
Bogotá, 28 de diciembre de 1851.
Soi el mas infeliz i al mismo tiempo el mas afortunado de los mortales: afortunado porque no dudo de tu amor, infeliz porque me hallo precisado a escribirte esta carta, cuyo contenido te horrorizará. I te hará derramar muchas lágrimas. I yo tengo la culpa de tanta pena? Yo que hubiera querido que fueran mas leves las alas de los vientos para tocar tu frente o tus encendidas mejillas? Yo que te amo como nadie ha amado en el mundo? Oh hermosa! encantadora amiga de mi alma!
Temo que me va a suceder alguna atroz desgracia; la presiento i se me oprime el corazon. Pudiera guardar silencio, pero no quedaria satisfecha mi ternura sino te pusiera estas líneas. Te quejarias de mí, si pudiendo no te hubiera dicho adios. Mui melancólico es escribirte esta carta, para que sepas que mañana me bato con Roberto, i que el duelo es a muerte. Si: es cosa que despedaza el corazon! I cuando me halagaba el pensamiento de que verificado nuestro matrimonio seguiriamos a Europa, a aquella hermosa quinta sobre las orillas del lago de Jinebra, de que te he hablado tantas veces. Allí queria yo, apartado del mundo, en medio de aquella profunda soledad, viendo las estrellas reflejarse en el lago por noche i la cara del sol por el dia, entre aquella romántica naturaleza, entregarme enteramente al culto de tu amor, i a mis estudios predilectos. El panorama de una existencia libre e independiente, al lado de una esposa querida, con sobradas riquezas para satisfacer nuestros gustos, para derramar a nuestro alrededor el gozo i el contento, era un panorama tan lleno de poesía que mal pudiera el hombre decir yo puedo realizarlo; sin embargo, sin este funesto desafio, yo no perdiera la esperanza.
Te repito que tengo un presentimiento funesto. Yo no sé manejar las armas, solo sé manejar los libros, i si me bato es por la opinion. ¿Que dirian de mí? Que el hombre a quien Carolina ha alzado del polvo para coronarlo con los laureles de la esperanza, humillaba su frente delante de un adversario. Esto no puedo consentirlo; i sin embargo mis principios filosóficos, mis ideas religiosas i el amor que te tengo se levantaron ahora hace poco para arguirme en el tono mas solemne. Si eres cristiano no combatas, porque la relijion te manda perdonar. Si eres filosofo no combatas, porque la sangre que se derrama no justifica la causa que se defiende. Si la amas no combatas, porque la pierdes. Tales eran las voces que hace poco oia en el silencio de mi conciencia, i estuve a punto de decirle a Roberto que mis convicciones me prohibian aceptar el duelo: que me atacara, que yo procuraria defenderme; pero ha vuelto la opinion a decir ¿Cómo consientes que mañana todos te señalen con el dedo, i que un mozo enojado i con razon ofendido te escupa la frente en presencia de tus iguales. No; eso no. Mil veces la muerte ántes, que deshonrado a los ojos de Carolina.
La suerte está echada! Quien pudiera vislumbrar siquiera una esperanza!
Cuando recibas esta carta…… Tiemblo al terminar esta frase. Cuando recibas esta…… ya no existirá tu Teodomiro; pero conserva mi memoria. Ai! te he amado tanto! eras todo para mí. No te engaño. Tu hermosura, tu virtud, tus gracias eran el tema constante de mis meditaciones, i a fuerza de reflexionar, i de amontonar observaciones alrededor de una idea, he venido a creer firmemente que eres la mejor de cuantas mujeres han visto mis ojos en la tierra de la patria o en el estranjero.
No me olvides, hermosa! no me olvides! Mi sombra se regocijará si sabe que acá en el mundo, a despecho de la muerte, vive mi nombre en el corazon de un ánjel; cuando pasado el ímpetu primero del sentimiento empiezen a sosegarse poco a poco en tu pecho las olas del dolor, para dar lugar a una dulce melancolia, i te acerques pensando en mí, a llorar sobre el marmol de mi tumba, saldra mi espíritu, i juntándose con los vientos de la tarde, jugará con tus largos cabellos i abrazará tu cintura. Pero ¿cuándo es que los ánjeles han llorado sobre la tumba de los hombres? Ni qué sepulcro ha de concederse a un jóven que, contrastando el poder de las leyes, cae en el campo que llaman del honor los que adoran las opiniones del mundo? Yo no tendré pues un sepulcro, asi tu no podrás ir a visitarlo.
El ánjel que habia prometido acompañarme en el viaje de la vida, ánjel lleno de pureza i radiante de hermosura ese eras tú, i tú no hallaras el sepulcro de tu amigo para derramar en él una lagrima, o para regar unas rosas i unos pensamientos.
Al dejar las riberas de la existencia, perfumadas con el aura de los placeres, tiendo la vela ácia rejiones desconocidas, ai! la vela de mi barquilla henchida por los vientos de la juventud; i mañana el sol al ponerse, no dorará con sus rayos mi frente cargada i altivos pensamientos. Mis lábios iban a probar una, copa en la cual habias esprimido la escencia de las flores mas olorosas ; pero el destino ha dicho stop! detente: tu no eres digno de libarla.
Oh! qué noche tan cruel es esta, Carolina! Cómo no vienes a librar a tu amigo de la angustia que lo despedaza en la lucha de tantas i tan dolorosas reflexiones? La relijion, la filosofla i el amor combaten en mi pecho contra la opinión aceptada i recibida; pero esta vence i triunfa: me hallo en una horrenda crisis; veo congregado a mi alrededor todo lo que pierdo de un golpe: padres, hermanos, amigos, una madre que me ha amado tanto, mis riquezas, mi posicion social, i detras de todas esas figuras, me llama un ánjel hermosisimo con los brazos abiertos, i mas allá se descubre un campo desierto, sobre el cual están revolando las aves e rapiña; i el viento que zumba azotando los cristales de mi aposento, me parece que trae aquel adjetivo infame, que pronunció delante de mí este jóven con quien me voi a batir mui pronto.
Yo me arrodillo para pedir humildemente al cielo que me perdone, i para besar tus pies i regarlos de lágrimas, confirmándote el juramento de mi amor. Si sobrevivo, tuya es mi mano, tuyo mi porvenir, tu seré i no de otra. Tú has comprendido lo que mi corazon apetece en medio de desdeñosa arrogancia.
Un abrazo a Felipa; la he amado como a una hermana, cuando en tí se confundian todos los delirios del amor con las ternuras de la amistad. I qué todo esto haya de acabar, i tan pronto! Oh triste corazon mio! No puedo conformarme!
Tengo que enjugarme los ojos, pues no veo lo que escribo, sino por entre una nube de lágrimas, que son las gotas de la lluvia de la tempestad de mi corazon. Adios, amor mio, mi felicidad, mi esperanza! Adios, Carolina! I con toda el alma, cien veces, Adios, Carolina!
Teodomiro.
