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REVISTA DE LA MODAPor José María Vergara y Vergara
Tal vez mi reconocido desgarbo, mi anterior ignorancia en esta materia, me hará sospechoso a mis lectores. Esto sería una injusticia. No soy yo el modelo que presento, sino que las voy a poner al corriente de la moda, aunque yo no la siga. Esto aumenta precio a mis esfuerzos. En París los escritores de modas no son dandys, ni elegantones. La prueba es que una vez estuvo encargado de la revista de modas de un periódico importante, Alfonso Karr, que es de todos los franceses de talento, el que peor viste, después de Mery. . Si A. Karr perdió su puesto de redactor de modas, no fue porque lo hiciese mal, sino porque dio en la gracia de aplicar a la moda todas las flores de su imaginación; ¡y cosa rara!, no logró poner de moda, a pesar de que escribía en París, que todos tuvieran talento. Los tontos protestaron; pero no fue este el motivo para que el autor de Bajo los tilos perdiera su colocación, sino este otro: Díjole el director del periódico, que observara los trajes en los paseantes de los Campos Elíseos y del Bosque de Boulogne. Alfonso Karr, fue, pues, a observar trajes, pero no observó sino las costumbres. Descontento el director del periódico, y mucho más cuando urgía la hora de la salida de éste, dictó al novelista unas cuantas observaciones para que con ellas farfullara una revista apropiada, y entre otras cosas, le hizo notar que los pantalones a cuadros estaban al orden del día, pero que los cuadros eran cada día más grandes. Karr escribió todas estas observaciones, que fueron pasando a las cajas. Cuando el director vio la tal revista, ya no hubo remedio para corregir ésta incalificable observación: «Los cuadros de los pantalones engrandecen día por día. Hace un mes apenas que en cada pierna había seis cuadros, en la penúltima se veían cuatro, en la última dos; hace cuatro días que cada pantalón no tenía sino un solo cuadro, de manera que a fuerza de ser pintados, vinieron a quedar de un solo color; y ayer hemos visto en el Bosque de Boulogne un cuadro azul que empezaba en el pantalón del conde de... y concluía en una pierna del vizconde T». Esta frase destruía enteramente la tradición de la moda. Los suscriptores gritaron y amenazaron, y el director del periódico echó a pasear a Alfonso Karr. Se dice que no ha concluído aún su paseo. Lo que es por mí, no temáis, bellísimas lectoras, que cometa semejante falta. No, señoras mías: yo os daré fielmente el estado de la moda, porque habéis de saber que, cansado de observar los hombres, me he dado a observar los vestidos; que fastidiado de escribir sin ningún resultado costumbres de los hombres, quiero escribir ahora, esperando mejor éxito, costumbres en los vestidos. El último figurín de modas para las jóvenes solteras es elegantísimo, y tiene sobre todo, la ventaja de que no causa costo mayor. El peinado consiste en dividir por la mitad el pelo y bajarlo por los lados cubriendo las orejas que son un adorno superfluo para la belleza, aunque harían notable falta si no existieran. El pelo se recoge por detrás en trenzas y éstas se juntan con un lazo de cinta azul imperial o con una aguja de oro. El traje es de linón ilusión, de a franco (dos reales), el metro. Como se ve por este precio, no puede ser sumamente fino; su mérito consiste en la blancura y en el corte del traje, que es una túnica cerrada desde el cuello, de donde bajan muchos pliegues hasta la cintura, y allí se estrecha bajo un sencillo cinturón azul. Las mangas llegan a la muñeca y el traje hasta el pie, pero no hasta el suelo; es decir, que la cola está abolida. Del pie y la pierna no se habla, porque la última moda es que sólo a las mujeres que no valen nada se les vea el pie, a ver si éste vale algo. La crinolina se usa aún; pero como suplente de seis enaguas que regularmente cargaban las mujeres para dar más anchura a su traje talar y hacerlo flotar con más elegancia; mas de ninguna manera se usa la crinolina para abultar formas, ni para dispersar impresiones que causarían rubor, si las supieran. En la mano se lleva guante y en el pulso un sencillo brazalete de oro, o de cinta azul. En los tiempos pasados se usaba afeite para el rostro; esto se considera hoy sumamente ridículo y anticuado. Sin contar con que el color que se pone sobre la piel la arruga y ennegrece, tenía la desventaja de que la mujer permanecía constantemente de un mismo color, aunque fuera inoportuno. Llegó a verse el caso de que una mujer desmayada conservara las mejillas coloradas, lo cual era un contrasentido. Recordamos, a propósito, una anécdota histórica. El conde R..., uno de los hombres de más mérito del imperio, amaba locamente a la señorita Laura, hija del banquero N... Laura, por su parte, amaba con pasión al noble conde. El día que partió éste para la embajada en Madrid, dijo airado al subir a su coche: «¡Cómo, esta mujer ve que me muero, ve en mi rostro la señal de mi desesperación, me ha visto hasta llorar como un niño, y sin embargo ella se ha mantenido como una rosa! ¿No tiene, pues, corazón? ¿El dolor en ella en vez de hacerla palidecer la pone más encendida?» Aquel día juró olvidarla... y lo cumplió. Laura lo ama cada día más, y pasa la vida más desgraciada que puede figurarse. Ella había sufrido con la despedida más que él; pero bajo su estúpido colorete era que se pronunciaba aquella palidez que anuncia el dolor. ¡El colorete, empero, la ocultaba! Los colores que hoy se usan para el rostro son dos: blanco mate cuando se oye una palabra atrevida, o se siente una emoción noble; del color de la rosa cuando se oye una palabra licenciosa o se oye una caballeresca y honrada declaración del hombre que se ama. Se acostumbra también ruborizarse cuando se habla con gentes extrañas o de otro sexo, aunque sean muy conocidas. En los ojos se llevan miradas castas y tímidas. El mirar frente a frente se considera gusto del siglo pasado, y no se usa ya ni en el cuartel de los estudiantes. Hace pocos días que se había inventado la moda con destino a las Américas, de usar palabras de doble sentido en las conversaciones de los jóvenes de ambos sexos: esto se considera hoy como de un mal gusto deplorable. Entre los adornos de mano hay variedad; pero todos son igualmente bellos. Citaremos los que han causado mayor sensación en París. En un paseo de Boulogne se vio a la rica y elegante duquesita de*** vestida tal como hemos dicho, que llevaba de la mano un niño huérfano y mendigo, que acababa de encontrar llorando de frío y de hambre. Lo llevó así de la mano hasta donde estaba su coche, y en él lo condujo esa misma tarde a una pensión (colegio), en el cual pagó un año adelantado. El niño fue conducido inmediatamente a un baño, y al salir se le vistió de nuevo de pies a cabeza y se le sirvió una comida sustanciosa. Desde el día siguiente entró a las clases, y se dice que la duquesita costeará su educación hasta que sepa algún oficio que le haga subsistir. Una compañera suya, la vizcondesa M... , llevó en otro paseo una anciana ciega y extraviada y la colocó en el hospital a su costa. La señorita*** se presentó en el baile de la embajada de Rusia, con una bolsa vacía en la mano para hacer una colecta, que fue abundante, y que se destinó a los obreros enfermos y pobres. La condesa K*** ha mandado remontar sus magníficas joyas de familia. Las vendió en la suma de 200.000 francos y destinó este producto a dotar jóvenes vergonzantes para que pudieran casarse, y tuvieran una renta pequeña pero suficiente, con qué atender a los gastos de comida mientras su trabajo les produce para todo. Se dice por los que han visto las joyas remontadas, que son de un lujo tal, que recuerdan los cuentos de las Mil y una noches. La moda de recoger la ropa vieja en la casa y llevarla a la sociedad de San Vicente, ha cundido mucho. Esto ahorra también un cuarto en la casa, y el arrendamiento del aposento que queda libre se destina también a los pobres. Los nombres han sufrido una reforma muy sustancial. Todas las mujeres que tenían nombres de novelas, los han dejado, tomando en su lugar los de las diversas advocaciones de la Santa Virgen, tipo eterno de la mujer cristiana. Las Lauras, Tulias, Numas, Julias, Benildas, Rosamundas, etc., se han convertido en Mercedes, Dolores, Belén, Concepción, Asunción, María, etc. Los hombres han plegado en esta vez, como en muchas, a la moda de la mujer, y han cambiado también sus nombres retumbantes por nombres de héroes cristianos. Los Cincinatos, los Fabricios, los Tiberios, los Rómulos se han convertido en José, Lorenzo, Joaquín, Francisco, Ignacio, Dionisio; y el nombre honorable de Washington ha quedado exclusivamente para aquel libertador y para cierta clase de calzado. El resultado de estas nuevas modas ha sido prodigioso. Se han casado todas las jóvenes solteras, una vez que se ha despejado el problema del lujo. En antes no se casaban los hombres, porque necesitaban que la mujer fuera bastante rica para sostener el lujo de ambos, y las herederas ricas eran ya pocas. Hoy que no se va a gastar sino virtudes y dicha, cualquier hombre está listo para tender la mano a la mujer que ama, fijándose únicamente en si sigue o no las modas que hemos descrito. Todos los géneros y adornos que hemos mencionado se encuentran en Bogotá a precios casi nulos, a los pies de Jesucristo y de María, en el costurero y el jardín. Como objetos de tocador recomendamos los siguientes, que son los más acreditados hoy: Jabones para embellecer y refrescar la piel: Modestia, Caridad, Resignación, Alegría. Opiatas para los labios:Discreción, Pureza, Agua de la fuente. Pomadas para el pelo: Agua del Boquerón, Dignidad, Trabajo. Calzado: Hospital, Mendigos vergonzantes, Hospicio, Templos, Paseo al campo. Joyas: Virtudes cristianas, costumbres domésticas. A la salida del último paquete se anunciaba que la Facultad de Medicina de París había concluído sus trabajos sobre la alarmante enfermedad que ha aparecido en los últimos años en las mujeres, y que consiste en marchitarse y arrugarse rápidamente, apareciendo al mismo tiempo pequeñas úlceras y caída del pelo. No queda duda de que estos estragos se deben al uso de un jabón que expendía la fábrica de...y que resulta ser una composición de cal, yodo y ácido corrosivo. Está prohibido el uso de este jabón, que se llama La Política, y su inventor ha sido condenado a prisión perpetua. Lo que es por hoy he concluído. |
