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UNA NOCHE DE FIESTAS
Por Ricardo
Carrasquilla
Si los sucesos que pasan
En las fiestas, de un sol claro
A la viva luz, se esconden
Al ojo más avisado,
Hora que la noche tiende
Sobre Bogotá su manto,
¡Cuántos misterios habrá
En esta plaza encerrados!
Mas por dicha, de la luna
Ya asoma el tranquilo carro,
Sobre la extendida plaza
Largas sombras dibujando;
Y numerosos faroles
De muy diferente rango
Alumbran escasamente
Los incómodos tablados.
Hay en ellos pocas damas:
Todas están paseando
De la plaza en derredor,
Apoyadas en el brazo
De los amables galanes,
Que ocasión han encontrado
De mostrar el sacro fuego,
Que largo tiempo ocultaron
En sus tiernos corazones.
Las niñas no son de mármol;
Y les responden así...
Claro está, con cierto agrado;
Mas con toda la prudencia
De un antiguo diplomático.
-¿Qué habrá esta noche?
-Unos globos
De colores, fabricados
En el barrio de las Nieves,
Y toro encandelillado.
En un corro numeroso
Hay unos negros caucanos,
Que al son de sabrosos tiples
El bambuco están cantando
Con las coplas que improvisan.
Copiaremos tres o cuatro:
Los ojos mejores son,
Por más que todos se alaben,
Los que expresar mejor saben
Lo que siente el corazón.
Una muchacha encontré
Graciosísima, divina;
Pero luego la dejé
Porque tiene crinolina.
Me gusta toda mujer,
Aunque fuere vieja y goda;
Pero no puedo querer
A las niñas a la moda.
Entre mujeres prefiero
Las niñas de Santafé;
Porque tienen un salero,
Y un garbo... y un no sé qué.
¡Qué diferentes ruidos!
El chirriar del pescado
Que se fríe en la sartén;
Los silbos de los muchachos;
De infinitas loterias
Los mil gritos destemplados;
El largo mugir del toro,
Porque le están amarrando
Los candiles; chuchas, tiples,
Panderos, alegres cantos;
El sonido de las copas,
Los cubiertos y los platos;
Los gritos de las guarichas
Que se insultan peleando;
Y el estruendo del concurso,
Semejante al son lejano
Del mar rabioso, o de un río
Con las lluvias desbordado.
-¡Globo, globo! -¡Qué bien sube!
-Ya se enredó en los tablados
-Que se quema.-¡Se quemó!
-¡Oh! ¡qué millón de muchachos!
-¡Cómo gritan! ¡cómo corren!
-Se queman.-Jesús, qué bárbaros!
-Ya sueltan el otro globo.
Música.-¡ Bueno!- ¡Qué alto!
-Está como una estrellita.
-Ya las nubes lo ocultaron.
-El toro sale por fin.
-¡Pobre! va a morir asado.
-Jesús, cuántos toreadores.
-No embiste: ya lo embobaron.
-Aquí no hay nada que ver;
Dejemos la plaza y vamos
Allí a las casas de juego,
Para darles un vistazo.
En una casa contigua
A la plaza, están mezclados
Mil y mil juegos distintos
En que se disfraza el dado,
Y otros mil en que se roba
Con admirable descaro.
En ella se ve un concurso
Indescriptible, formado
De toda edad, todo sexo,
Toda condición y rango,
Al lado de un niño rubio
Está un enorme negrazo;
Junto a dos lindas doncellas
De alta alcurnia dos borrachos,
Una vieja, dos mendigos,
Un pepito y tres soldados;
Allí con la inmunda frisa
Se rozan trajes de raso;
Y nagüitas de zaraza
Con...-No digas eso, Fabio,
No es bueno decirlo todo;
Que el lector adivine algo.
-¡Oh¡ ¡qué confusión, qué estruendo!
¡Parece el juicio! Escribamos
Algunas frases tomadas
De esta Babel, de este oceano,
Donde se confunden clases,
Y condiciones y rangos.
-Sí, mi negro.-Sí, mi china.
-El morrión de Juan soldado.
-No lo dudes, te lo juro,
Será ardiente, eterno.- El cháfaro
Del calentano- Se va
La bola.-Un amor sagrado.
-Si, los hombres dicen eso
Y después...-Me apunto al cuatro.
-Esos son hombres vulgares.
-La fruta de chil colgando.
-Juro romperle la crisma.
-Alto, amigo, yo no aguanto
Roncas.-Salga aquí si es hombre.
-Los anteojos de Pilatos.
-Apúntese, caballero.
-Gracias, mil gracias, Medrano.
-A primera sangre. -A muerte.
-Mi padrino será Flavio.
-El chulo jalando tripa.
-Dame dos condores, Pacho.
-Otro bizcocho, Adelaida.
-El chirlobirlo en el árbol
-¿Este será el chilobirlo?
-No señor, ese es el sapo.
-Brandy.-Más vino. -Adiós, Pepe.
-Otra copa de anisado.
-¿Celos yo? ni los conozco.
-Diez y ocho y seis, veinticuatro.
-¡Hola! señor don Felipe.
-Hombre, José, ¡qué milagro!
-Los alféreces mañana
Son los antioqueños.-Malos.
-¿Y las niñas?-Están buenas.
-¡Fuera de aquí! Qué muchachos!
-¿Por qué me bota mis chochos?
-¡Qué bueno está el monte dado!
-Por Dios, no rompan las copas.
-Arriba, arriba, ¡cachacos!
-Blanqueó.-Coloreó. -Me apunto.
-Pintó por tres: treinta y cuatro.
-Está jugando de flor.
-Pague. -La bota chirriando.
-¡Qué rondas las que nos echa!
-¡Qué calor! ¡estoy asado!
-El martillo taque taque,
-¡Infeliz!, ¡lo desbancaron!
-Ñongo.-Puertas.-Cero negro.
-Josefita, tome el brazo.
-Préstame unos ocho fuertes.
-Ya no tengo, estoy pelado.
-Caballero, una limosna
A su cojo. ¡Voto al chápiro!
-Reserva para la cena
Unos fuertes.-Abran paso.
-Hombre, con las crinolinas
Nos tienen aquí sitiados.
Por tres y cuartillo libres
Se va la ficha.-Ande, blanco.
-¡Qué miseria!-IQué piojera!
-Todos son descamisados.
-Dejemos este barullo
Y a las otras casas vamos.
En una mesa forrada
De paño verde, sentados
Están un lindo Pepito,
Que tendrá diez y siete años,
Un viejo blanco de canas,
Muy corto de vista y calvo,
Y un militar bigotudo
Y de gesto avinagrado.
Hay como esta mesa muchas,
Y en cada una están jugando
Tres o cuatro hombres, y entre ellos
Hay pobres, hay millonarios,
Lindos, feos, viejos, mozos,
Grandes, chicos, gordos, flacos,
Nobles, plebeyos, pepitos,
Cornabacetes, letrados,
Altas notabilidades,
Comerciantes, democráticos,
Militares, congresistas,
Y médicos, y empleados,
Y autoridades, y músicos,
Y pintores, y artesanos,
Y hombres de todas naciones,
Y hombres de todos estados.
Oyese un rumor confuso,
Producido por cien diálogos
Que solamente comprenden
Los señores iniciados.
-Paso.-Juego.-Juego más.
Robe.-¿Quiere oros?-¡Qué diablos!
-Usted da la carta.-!Bueno!
-No se duerma.-Pase el plato.
-Más vale rey que... -¡Caramba!
-¡Maldito sea el caballo!
-¡Oh, qué polla la que pierdo!
-De eso no tengo.-Son bastos.
-¡Bravo !-Oremus.-¡Oh! qué bestia!
-¡Qué codillo?-Contrafallo.
-Qué calaverada, entrar
Sólo con malicia y basto.
-Haga todas las podridas.
-Esta tal vez no la gano.
-Mándeme dar chocolate.
-Pues.-Yo vuelvo arrastrando.
-Esta polla no se pierde
Aunque lo manden los diablos.
-Pero, hombre, es mucha torpeza:
¿Por qué no le pone el basto?
No se me corra, mi viejo.
-Ambos nos fuimos al plato.
-Esa sí estuvo fregada.
-Una, dos, tres, diez morlacos.
-Imposible que se pierda:
Seis de espadas, rey, caballo,
Malilla, punto, una más,
Rey de copas ensotado.
-Jugó.-Espadas .-Robe espadas.
-La chilló.-¡Jesús, qué escándalo!
-Se le mojan los papeles.
-¡Hombre, qué tal si me agacho!
-¡Maldita sea mi suerte!
-Oros.-¿Quiere oros? -Negado.
Se me olvidaba decir
Que a más de los tres sentados
Hay muchísimos mirones,
Que no hablan en estos diálogos,
Pero que comentan siempre
Al terminar cada mano,
Diciendo así, por ejemplo:
-Si larga al arrastre el basto
No la pierde de codillo.
-El sólo era condenado.
-El contrahombre jugó bien.
-Si le hubiera vuelto el cuatro...
-Hizo muy mal en chillarla
-Siempre se va por debajo.
En un salón frío y húmedo,
Lúgubre, hediondo, ahumado,
De pie en torno de una mesa
Hay diez hombres agrupados.
Unos están encendidos
Como un tomate, otros pálidos,
Otros con sonrisa irónica
Muestran un gozo satánico;
Unos se tiran el pelo,
Otros se muerden los labios,
Otros... En una palabra
Están al dado jugando.
Unos dicen: paro pinta;
Otros cincos.-Senas.-Paro;
Otros. -¿De a cómo la dice?
Otros. -Bueno. -Otros. -Barajo,
Pasando la mano abierta
Por encima de los dados.
-Cinco y sena.-Me voy dentro.
-¡Qué demonios! -Hasta el rabo.
Arrastre. -Senas .-¡Maldito!
-¡Maldita suerte !-A mi tráido.
Topo. -Pago.-Sena y as.
-¡Arre!, -Va vuelta, y barajo.
-¡Ay! -Paro seco mi resto.
-Topo su mute.-¡Qué diablos!
-Me voy de cují -Se corre.
-Echeme el dulce. -Qué bárbaro!
-No me sancoche la sangre.
-Pago.-As y dos.-¡Qué mulato!
-No los amarre, rebulla.
-Dígala.-En senas. -Cambiado.
-Su resto en parada.-¡Bien!
-Otra igual, ¿a que la gano?
-Deme veinte pesos.-Gracias.
-No me la converse tanto.
-No la perderás.-¡Divino!
-Paro pinta y a mi tráido,
Que es caridad; y que tiene
Sangre en el...-¡Ay! fueron cuatros.
-Dígame usted, y estos juegos
Tan fuertes ¿no están vedados?
-Sí, pero son en oculto.
-¿Cómo en oculto?, si entraron
Aqui las autoridades
Y... preciso es tolerarlos.
-¿En qué toldo cenaremos?
-En el de la Chata.-Vamos.
Pudiera llamarse el toldo
De la Chata aristocrático,
Porque todo es relativo
En este mundo. Son varios
Los estrechos aposentos
De este hotel improvisado.
Alcoba, una; sala, dos;
Tienda, tres; cocina, cuatro;
En la sala hay una mesa
Grande, donde están cenando
Tres muchachas, dos pepitos,
Dos viejas y un colombiano.
Al compás de alegres chanzas
Y requiebros afectados, Las muchachas comen pisco,
(No queremos decir pavo,
Por no despertar recuerdos
Que suelen ser muy amargos).
Los pepitos toman vino,
Chocolate el colombiano,
Y las dos viejas devoran
Sabroso y humeante ajiaco;
Item más, grandes tamales,
Pan y lomo atomatado.
En la alcoba hay tres mesitas;
En la una están sentados
Una muchacha muy bella,
Que viste camisón blanco;
Y un sastre barbilampiño
Con sombrerito arriscado,
Linda bota de charol
Y ruana negra de paño;
Ella está muy ruborosa
Y tiene los ojos bajos;
El alegre y decidor;
Y ella y él están cenando
Ensalada de lechuga,
Tierno pan, y pollo asado;
Y con mucha pulcritud
Comen menudos bocados.
Hay en la segunda mesa
Dos fornidos democráticos,
Con ruanas de bayetón,
Botas y calzones blancos;
Y una mujer bizarrota
Con camisón encarnado.
Cenan rostro de cordero,
Papas con queso, ají bravo;
Y del dorado licor,
Hasta el borde rebosando,
La ancha tinameja tienen,
Que pasa de mano en mano.
Están en la última mesa
Un militar retirado,
Y una vieja desdentada
Con nariz pico de yátaro.
Juegan tute con un naipe
Roto y mugriento, y al lado
Tienen en un charolito
Tres bizcochos, seis tabacos,
Dos copitas desiguales
Y remendadas, y un frasco
De místela, cuya tapa
Es un clavel colorado.
En un canapé sin forro
Hay tres jóvenes borrachos:
Uno duerme a pierna suelta;
Los otros con tono lánguido
Hablan a un tiempo de amores
Y negocios diplomáticos.
Perfeccionan y completan
Los dos precedentes cuadros
Dos perros flacos y hambrientos,
Un hermosísimo gato,
Y un muchachito en camisa
Flaco, mocoso y tiznado.
Antes de entrar a la tienda,
A la Chata conozcamos:
Es una mujer rechoncha
Que tendrá unos cuarenta años,
Más colorada que un pisco,
Más gorda que un buey cebado,
Más brava que una serpiente,
Más fea que el mismo diablo.
Viste naguas de bayeta
Y camisa con bordados
Negros, y tiene los pies
Sin medias y con zapatos;
Lleva aderezo de perlas,
Y en la cintura un gran mazo
De llaves, que suenan más
Que cuarenta presidiarios.
Tiene la Chata una hija
Joven, de notable garbo,
Y que atiende a todo el mundo
Con gentil desembarazo;
Y tres criadas tan mugrientas
Que causan horrible asco.
Está la tienda atestada
De jamones, y estofados,
Y de lenguas, y pasteles,
Y de pollos, y de pavos,
Y de ricos encurtidos,
Y de sabroso pescado,
Y de mistela, y de chicha,
Y de vinos afamados;
Y en fin, de lo que pudiera
Saciar a mil Heliogábalos.
Cenan sobre el mostrador
De la tienda unos soldados;
Y en la puerta alegremente
Torbellino están tocando
Dos tiples, a los que ahogan
Con indecible entusiasmo
Amén de tres alfandoques,
Dos panderos destemplados,
Una disforme tambora
Y diez cantores borrachos.
Al concluir advertiremos,
Porque es preciso ser francos,
Que nosotros (los autores)
También estamos cenando;
Y que si en estos romances
Hay versos cojos y malos
Es porque estamos así...
Ebrios no, sino chispados.
(De las «Fiestas de Bogotá»)
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