Europa año 2001
Las parejas se atrincheran en habitaciones estrechas
y elaboran sus nidos frente al resto del mundo.
El placer controlado reproduce la Especie con mesura
y la bolsa de New York regula desde lejos los negocios.
Se quiere ignorar el desastre de turno en el Tercer Mundo
entregar a un propietario ocho horas de vida diariamente
olvidarse del smog que va envolviendo las ciudades
y de los desocupados que cantan en el metro.
La cultura de consumo alivia el tedio
y crea la ilusión de mundos inefables
o disfraza con excéntricos arreos la fealdad morbosa
y la confusión de almas perturbadas sin remedio.
¿En qué playas broncear el ombligo este verano?
¿Cuándo comprar la torta para el cumpleaños?
Los viejos matrimonios arrastran conversaciones desgastadas
mientras saborean un bizcocho y hablan de épocas pasadas.
¿Cómo seguir con esta mediocridad cortés
sobrealimentada y adiposa
impotente y satisfecha
que transcurre entre el viejo esplendor de catedrales
de palacios y museos ya vistos muchas veces
y que evocan épocas apasionadas
guerras e intrigas, vanidad hecha polvo
calaveras cuya corona de oro sigue intacta
y cuya seca podredumbre mancha el mármol?
Ay de la desidia sin espíritu
con autos último modelo para el bostezo.
Alguna vez hubo aventura
búsquedas peligrosas
riesgos.
Alguna vez han existido hombres íntegros
-un Diderot, un Marx, un Goethe, un Shakespeare
un Dostoievski, un Nietzsche, un Freud, un Mann
un Van Gogh, un Sartre y un Picasso-
¡pero en este bienestar se reproduce el hormiguero!
Sin embargo todavía el otoño sombrío
es el digno entorno del silencio de las catedrales
y alguna vez en primavera las canciones bizarras
hacen brotar deseos surgidos del centro de la fuerza
preservados aún en su rotunda desnudez
de turbias astucias y blandos maquillajes.
Aún hay quien interpreta ausencias
señala carencias e intenta levar anclas.
Aún hay tiempo abierto a fecundas tempestades.
Legado para el nuevo milenio
Ancha y generosa es nuestra tierra
su abundancia resistió depredaciones
de los aventureros de la espada y la cruz
venidos de ultramar tras El Dorado,
y su nobleza -que parece inagotable ahora-
sobrevive a latifundistas y banqueros
y a ejércitos mercenarios que la asuelan.
Todavía inmensas llanuras y rumorosas selvas esperan
para ser laboradas y gozadas por un Hombre feliz.
Mientras en las ciudades se apretujan hambrientas
multitudes reptantes convertidas en rebaño,
mientras estafadores saquean doradas arcas
y los indigentes corroen palacios con su baba,
mientras el consumismo endulza esclavitudes
y los astutos medios reblandecen cerebros
-también utilizando al buen Jesús-
y las Ollas surten de droga los colegios
yen lujosos burdeles y clubes para el tedio
se mina la energía de la juventud ambiciosa,
y asesinos a sueldo decapitan a diario los brotes de
esperanza
el hombre más auténtico, profundo y apartado
propicia y acecha
(en universidades y selvas
sindicatos y foros
bibliotecas y academias)
la caída del reino de los ávidos
los indiferentes y cómplices
y el desmoronamiento del imperio del dólar.
II
Ya no es posible la inocencia sin comedia y cinismo:
el campesino que encierra su pobreza en una huerta
y sueña con cielos compensatorios en la iglesia,
el cura que predica la renuncia y el castigo del cuerpo
y quiere así una imposible dignidad humana
exige la fe de la ignorancia confiada
denigrando la duda del que busca pensando,
el general que ordena arrasar y apresar
para conservar las instituciones del hambre y el atraso
y que obedece a los políticos de imperios insaciables,
el obispo que bendice las armas de la guerra opresora
maniobra en su palacio para conservar la miseria beata,
el escritor que practica autocensura y hace cálculos
a ganar clientela y una publicidad barata,
el poeta que declara solitario su amor a una estrella
y magnifica su miseria y sus pequeños dramas,
el pintor que trafica con decoraciones exquisitas
y con pequeños escándalos de "instalaciones" arbitrarias,
el periodista que se alquila a los mejores postores
y el predicador de ilusiones que funge de mesías,
el juez que todavía cree en el imperio de las leyes
hechas para impedir la humanización y la historia;
en fin, todos aquellos que confunden la paz
con la conservación resignada de la roña y la carroña,
todos ellos se aferran a una prehistoria inhumana
despilfarrando los ricos dones de esta Especie elegida.
Todos ellos son también nosotros
nuestra locura, desafío y angustia
nuestro posible amor activo y nuestro liberador odio.
