JUICIOS CRITICOS

 

Estudiar al hombre en sus distintas faces, hacer la anatomía del corazon humano, ha sido siempre la tendencia de los moralistas desde la mas remota antigüedad. Mas, como quiera que la fisonomía de la sociedad presenta tantos puntos de vista cuantos sean los de observacion que se escojan, resultaron una diversidad de sistemas que dieron orígen á otras tantas ramas de literatura. Filósofos profundos y sentenciosos unos, satíricos otros, apologistas y simplemente narradores los mas, cada cual escogió la manera de moralizar al hombre, ya por medio de sentencias, narraciones, fábulas y alusiones; pero indudablemente donde primero tomó lugar el azote corrector fué en el teatro que presentó los caractéres de bulto con todos sus vicios y debilidades.

Sinembargo, no eran esas figuras desnudas y descarnadas las mas á propósito para echar en cara á la sociedad sus defectos. El hombre tiene horror instintivo á sus propias llagas y quisiera curarse de ellas sin necesidad de verlas; así pues, el espejo fiel que el teatro antiguo presentaba podia hacer ruborizar las mas de las veces, pero producia el efecto de toda verdad amarga: que léjos de corregir, hiere el amor propio dejando un fondo de rencor contra quien ha tenido el valor de levantar el ropaje y mostrar la herida.

Apelóse, pues, á la ficcion, que con disfraces mas ó ménos ingeniosos salió á luz en forma de novela ó de fábula, y escogió sus personajes entre la sociedad misma ó entre los animales, y aun los séres inanimados. Todos estos ingenios que se encubrian bajo el ropaje alegórico, fuerza es confesarlo con un eminente escritor, fueron perdiendo su razon de ser, á medida que la libertad de imprenta permitió examinar á la luz del dia y bajo todos aspectos los caractéres que el copiante necesitaba para trasladar á su lienzo. Hasta entónces no se habia hecho otra cosa que retratar especies, pero no se habia individualizado el género; se tomaba al individuo pero no se le estudiaba la posicion mas ó ménos escorsada, no se ponia atencion en la tinta mas ó ménos desleida, ni se le hacian notar estos ó aquellos detalles minuciosidades que habrian de formar la belleza de un estudio y la base de muchas reputaciones que tantos envidian y que pocos alcanzan. Cuando el artista llega á tales pormenores es porque la observacion y el estudio lo han llevado allá; ningun dibujante empieza por fijarse en lo caprichoso del pliegue de un ropaje, ni las sociedades dan en sus primeras edades escritores de costumbres. La España misma tan pródiga en otros géneros tardó mucho en producir articulistas como Mesoneros, Modesto Lafuente, Larra y otros.

Quien se haya tomado el trabajo de hojear el repertorio de nuestra literatura, se convencerá de que han sido necesarias muchas centurias para venir al estado de adelanto en que nos hallamos hoy. Sabido es que en tiempo de la colonia, túvose mas cuidado en deprimir el ingenio que en procurarle algún respiradero, y de aquí el carácter de la literatura de esa época. A falta de otro desahogo, se refugiaron los ingenios en la Iglesia, en donde entre los estudios teológicos y sermones, sonetos místicos y elogios á los santos, repartieron el estrecho campo cedido por la depresion inquisitorial de nuestros antepasados. Jamas la ciencia llegó á pisar los umbrales de aquellos oscuros y misteriosos recintos, y si alguna vez la alegoría y la sátira asomaron tímidamente la cabeza, fué para dar á conocer que en tanto que la libertad no impere el verdadero genio estará muerto. Y todas estas obras, concebidas en la zozobra muchas veces y dadas á luz con laboriosos esfuerzos, se habrían perdido entre el oleaje destructor del indiferentismo y el olvido, si una mano, asidua y algo mas que laboriosa, tenaz, no les hubiese prestado su importante proteccion. Efectivamente, con excepcion de los historiadores Quesada, Piedrahita, Castellános, Zamora, Rodríguez y otros, ¿qué habria sido de tantos escritores á no ser por la constancia del paciente coleccionador, del infatigable amante de nuestras letras, el señor José María Vergara y Vergara? Antes de que hubiese dado á luz su Historia de la literatura en Nueva Granada, ¿quién habia sospechado siquiera que nos hubieran precedido tantos hombres pensadores que habrian brillado si les hubiese tocado, no diré un siglo ménos depresivo, pero sí un teatro mas anchuroso? Qué! pues se llegó á creer que con los primeros destellos de nuestra independencia era que habian llegado tambien los de nuestra literatura.

 "La historia literaria de nuestro pais, dice el ilustrado Alpha en su juicio sobre el libro del Sr. Vergara, poco ruidosa y tan escasa en años como nuestra historia nacional, no puede ménos de interesarnos sobre manera por cuanto nos demuestra la índole ingeniosa de los granadinos, tan inclinados á pensar que apénas radicada la colonizacion se ensayaban en crónicas rudimentarias relativas á la conquista y al gobierno de la colonia, sin perjuicio de sacar tambien á lucir sus pobres estudios en estirados sonetos laudatorios. Poco despues ya se atreven á graves disertaciones sobre asuntos de escasa importancia indicando la genial inclinacion á investigar y disputar; y así de grado en grado les vemos pasar de la tímida imitacion á la originalidad, de la apología de los personajes á la crítica de los hechos, de la expresion de opiniones á la audacia de pensamientos en materias sociales; realizándose por grados una revolucion intelectual que al fin, como era preciso, se hizo política y tomó cuerpo en los sucesos de 1810. En verdad que no fueron éstos netamente revolucionarios sino de aprendizaje; pero sí tuvieron bastante novedad y resonancia para sacudir la masa de los colonos, y bastante seriedad para poner en ejercicio toda la fuerza mental de lós letrados de entónces trocados ya en publicistas."

Llegados á esta época, ya no es difícil seguir la huella que tantos espíritus luminosos dejaron trazada, por desgracia no solo en los anales de la ciencia sino en las plazas y campos; caractéres doblemente indelebles, pues fueron grabados con valiosa sangre. La historia de nuestra emancipacion política á la par que la de nuestra literatura, es la historia del martirologio del pais.

 Trabajo fuera de mi propósito, y aun superior á mis alcances, seria el de tratar de bosquejar el curso que el movimiento intelectual tuviera durante la lucha y despues de nuestra emancipacion política; por ahora lo que pretendo es vislumbrar el primer esfuerzo que entre nosotros tuviera esa parte de literatura correctora y burlona, de aspecto sencillo pero de observacion filosófica que se llama artículo ó si se quiere novela de costumbres.

 ¿Me equivocaré al decir que Juan Francisco Ortiz, José Caicedo Rójas, Rafael Eliseo Santander, Vicente Lombana, Domingo A. Maldonado y muy pocos mas, fijan la época precisa de la aparicion de este género? ¿El saleroso "Duende" no será el primer poste miliario desde donde se empiecen á contar las jornadas que en tan afortunada vía llevamos? No desconozco por esto los esfuerzos hechos ántes de esta época.

 Cómo negar que el picante sainete, la disfrazada sátira, la alegoría ingeniosa, el alusivo apólogo habian hecho fuerza de necesidad para introducirse mañosamente donde apénas, con trabajo, cabian las reflecciones sérias y razonadas?

 Y, cómo sorprende el prodigioso desarrollo que en tan corto tiempo se ha efectuado!  

 Ulpiano González, Ancízar, Madiedo, Restrepo, Vergara, Salgar, Marroquin, Silva, Samper, Rívas, Pombo, Groot, Díaz, Gaitan y el malogrado Torrente, son figuras que resaltan en el cuadro al lado de otras que, cual más, cual ménos, han contribuido á formar el grupo con que hoy se engalana nuestra literatura en tan bien cultivado ramo. Y como es natural, la diversidad de caractéres ha producido distintos géneros: hánse distinguido por la sal ática los unos, otros por su severa filosofía, aquel por su chiste, éste por su ingeniosa trama y los mas por su exacta observacion é interes que han sabido dar á sus cuadros. Quizá entre las repúblicas de Sur_América haya sido la nuestra la que mas ha producido escritores de costumbres, siendo de advertir que no han faltado pinceles femeniles que con la delicadeza que les es propia, han hecho resaltar en el cuadro sus importantes tipos. Los nombres de Aldebaran, Pia Rigan y la señora Josefa Acevedo de Gómez son tan conocidos como el de Ortiz ó el de Restrepo.

 Al ocuparme hoy de los escritos de mi amigo el señor Nepomuceno J. Navarro, debo salvar mi incapacidad para emprender un juicio crítico que merezca el nombre de tal. Entro con desconfianza en este trabajo; quisiera no correr la suerte de muchos de los que hasta hoy me han precedido en esta tarea. Nuestros periódicos están colmados de artículos encomiásticos con frases laudatorias que han visto la luz pública á la aparicion de algun libro. Bien quisiera no seguir esta vía tan trillada ya. pero al medir mis fuerzas suelto la pluma abrumado por la impotencia. Es tan difícil poseer aquel juicio claro que iluminando los objetos los haga ver en su verdadero mérito; es tan fácil derribar ó lastimar al ménos una reputacioncon una sola plumada hija de poca premeditacion perspicacia; con todo, intentaré olvidar el grande aprecio que me merece el autor de los artículos de las Flores del Campo, para apuntar algun lunar, si hubiere necesidad, y no olvidaré lo mucho que cuesta un trabajo como el del señor Navarro para encomiar lo bueno.

Es como articulista de costumbres que el señor Navarro sé ha distinguido hace mucho tiempo. Su ojo certero ha ido á clavarse precisamente en el punto dañado, y con firmeza ha aplicado el escalpelo aun á riesgo de recibir un sarcasmo de aquel á quien quiere salvar. Comprendiendo el carácter del artículo de costumbres ha sabido darlo ese ropaje ligero en apariencia, pero que oculta el correctivo y la profundidad de observacion. Y por cierto que se necesita mucho tino para no dejar en descubierto al traves de la trasparencia necesaria, aquello que pueda ofender la susceptibilidad, ni ocultar demasiado las formas que hayan de quedar á la vista para hacerlas palpables. Ser claro sin ser difuso, ser cauto sin caer en la obstinada reserva; no recargar el cuadro con excesiva luz, ni abrumarlo de sombras que hagan confusas las figuras; adunar el chiste con la profundidad, la gracia en la locucion con la enseñanza; ser en fin superficial si se quiere y grave al mismo tiempo, gracioso y sério, amoldándose á todas las situaciones, á todos los contrastes y peripecias de la vida; hé aquí lo que el escritor de costumbres debe de ser y lo que precisamente ha conseguido en gran parte el señor Navarro.

Una de las grandes cualidades que tienen de poseer los que se dedican á este estudio, es la de recorrer la escala social, desde el primer peldaño hasta el último, sin tocar en la vulgaridad ni subir hasta lo exagerado de lo sublime. Ha de ser un ente que esté en todas partes aplicando un lente que no haga resaltar ante la vista los defectos mas ocultos, pero que no aleje el objeto hasta el término de no distinguirlo suficientemente para conocerlo. La razon de esto se comprende fácilmente: como la base de toda observacion es la verdad en el hecho, y las verdades de quien corrige alguna susceptibilidad lastiman, fuerza es darle alguna apariencia de gracia para que el corregido no se sienta directamente atacado. Valiéndome de una comparacion traida para expresar lo que ha de ser la chanza, diré que los artículos de costumbres han de saberse manejar como los fuegos artificiales, que para que luzcan deben de ser dirigidos por mano hábil, pues se corre riesgo de producir un incendio ó cuando ménos de echar á perder la obra.

Créese generalmente que para escribir artículos de costumbres lo que se necesita es decir verdades y echar afuera cuanto defecto se note en la sociedad; los que tal piensan, serian los primeros en arrojar el papel en donde sin rebozo alguno se descubriera cuanta úlcera oculta se alcanzara á ver. Mas de una reputacion se ha visto postergada justamente por haber incurrido en este error.

"La difícil facilidad" del artista consiste en hacer trasparente la. gaza en las partes cuyas formas haya de hacer admirar, y agrupar pliegues hasta hacer imperceptible lo que solo debe adivinarse.

En la larga série de artículos con que el señor Navarro ha engalanado los periódicos, y que hoy da al público coleccionados, no encontrará el lector una sola expresion doble que oculte algo que pueda herir el pudor; pulcro y sano, ha sabido tener el tino para corregir sin dejar la mas leve señal dolorosa, y sin que en ninguno de sus tipos pueda verse el personaje escogido para ridiculizarlo; ha tomado tipos, no ha escogido personas.

Cierto es que algunos de sus artículos han debido morir con la circunstancia que los creó. Hijos de una especialidad de momento, terminada la oportunidad están de sobra en la familia. No siempre se tiene el valor suficiente para desheredar á los hijos que no hacen honor con llevar el nombre del padre.

Dejando á un lado estos trabajos en que el ingenio está mas bien en aparecer ligero que profundo y en los que en medio de la risa se deja ver la crítica, que corrige y se siente lo picante de la salza, que excita, el autor ha emprendido trabajos mas sérios para los cuales son necesarias otras dotes mas elevadas. Nuestra novela de costumbres está llamada á llenar una gran mision entre nosotros. Abandonado el gusto clásico y sério de la antigua literatura castellana, por fuerza nos hemos dejado arrastrar por el torrente innovador de la escuela francesa, sin que hayan sido bastante á salvarnos los esfuerzos de los que no querian dejar perder sus antiguas tradiciones y enseñanzas. Aventajados en brillantez, si bien aminorados en profundidad, nuestros escritores han imitado hasta donde han podido á Víctor Hugo, Süe, Dumas, Lamartine y demas corifeos de la escuela francesa, haciendo penetrar en las capas sociales el gusto por tal literatura que al fin tomó asiento definitivamente entre nuestro pueblo. Las novelas históricas de Walter Scott fueron postergadas, el estudio sério abandonado, y desde entónces la historia y los demas conocimientos se han aprendido en las páginas de las novelas. Tócale al novelista de costumbres aprovecharse de esta tendencia para que á la par de sus observaciones vaya difundiendo poco á poco el buen gusto y la enseñanza moralizadora; y así como al niño se le da el medicamento en el manjar que mas apetece, así los escritores deben suministrar en lo que con mas gusto lee el público, aquello que pueda regenerar no solo los hábitos sociales sino la pureza del estilo y castizo de la diccion.

Esto es precisamente lo que ha realizado el señor Navarro. El Gamonal, El Camarada y El Zapatero son novelas cortas en las que ayudado de una pequeña trama presenta en relieve los defectos de nuestras mal practicadas instituciones, los hábitos de los pueblos y grandes ciudades, ridiculiza las malas costumbres, anatematiza la perversidad presentando el castigo ó marcando el contraste del hombre honrado con el perverso, y hace patente el descuido con que la sociedad mira á ciertos séres que no merecen tan lamentable suerte. Si esto no fuera bastante, los rasgos gráficos valdrian por sí solos un digno elogio. Hay pinceladas maestras que revelan la atinada observacion y la terneza con que el autor al tomar la paleta pasa al lienzo las escenas que de la naturaleza copia. Maestría en los toques, gusto en la escogencia de caractéres, verdad severa en sus apreciaciones, sin desmentir nunca su buena intencion, y una correccion de estilo llevada hasta la escrupulosidad, son dotes que nadie podrá negar en el señor Navarro y que son su principal elogio. En sus novelas no son las situaciones dramáticas muy rápidas, ni su trama puede llamarse intrincada, siendo de advertir que en muchos de sus artículos sueltos no hay ninguna, pero en cambio, como narrador y descriptor es verdadero, exacto, fiel y correcto. Séarne permitido trasladar aquí, pues me parece aplicable, lo que Larra decia de Mesonelos al juzgar dos artículos de esto escritor: "En general tiene cierta tinta pálida, hija acaso de la sobra de meditacion, ó del temor de ofender, que hace su elogio, pero priva á sus cuadros á veces de una animacion tambien necesaria, Esta es la única tacha que podemos encontrarle; retrata mas bien que pinta, defecto en verdad muy disculpable cuando se trata de retratar."

Mas, volviendo á mi anterior propósito de hacer palpable la mision que el novelista tiene entre nosotros, debo poner de manifiesto un trabajo importante que pone al autor en vía para ejecutar obras de tal clase, que, ademas de la gloria que le retribuyen dejan una enseñanza de las mas descuidadas entre nosotros. Hablo de la narracion llamada La Estrella del destino. No queriendo el autor adulterar el suceso histórico para sujetarlo á las exigencias de una novela, coordinó en forma de: leyenda uno de nuestros episodios mas importantes de la colonizacion, tal cual es el descubrimiento del Pacífico por el infortunado Vasco Núñez de Balboa. Sin la aridez de una simple narracion y encontrando en un todo puros los datos históricos, el lector halla retratados los caractéres de aquellos hombres tan llenos de pasiones opuestas; tan aptos para ejecutar nobles acciones como dispuestos para dejarse arrastrar por el interes hasta la intriga y la infamia. Es allí donde se ve al autor retratando fielmente, pues tan presto se hace cargo de aquella naturaleza salvaje, exuberante, intacta, bañada por mares soberbios que aun no habian sentido sobre su lomo el poder dominador del hombre, como se traslada con su florida imaginacion á las escenas tiernas en que la inocencia aun no manchada de los antiguos habitadores de estas regiones, daba á conocer su índole pacífica, desconfiada ó suspicaz.

El primer paso está dado, el campo es anchuroso y ubérrímo, los competidores son contados y los frutos son envidiables. Quédese para hombres de otra especie el desarrollo de obras de pura imaginacion y que deben solo á la inventiva su mérito; es para hombres laboriosos, consagrados, investigadores y de ánimo reposado como el señor Navarro, la tarea de vulgarizar nuestra historia. Acaso no nos equivocamos al decir que esta es su verdadera cuerda. El pueblo no lee á Zamora, Piedrahita, Fray Simon, Rodríguez, ni á Acosta, Plaza, Restrepo y otros ; lo que lee son novelas ó por lo ménos lo que lleve carácter de tales. Por esto es que el señor Felipe Pérez merece un digno elogio y su no desmentido nombre. Los señores Borda, Temístocles Avella y Florencio Briceño, instigados por la ambicion de explotar tan intacto filon, tambien han emprendido trabajos que no han quedado en el olvido.

Pero el escritor no se ha contentado con estos esfuerzos; como si hubiera querido probar hasta donde llegan sus facultades, emprendió trabajos mas sérios en los cuales hubo de dar fá conocer todas las dotes de que es capaz. Como razonador frio y severo dirigió al Redactor de El Comercio sus cartas, que en puridad de verdad, no son sino discursos morales y filosóficos basados en una exacta observacion de lo que es nuestra sociedad y lo que debiera ser, si á cada paso no diera uno con la triste verdad de que hay una tendencia espantosa hácia la perversion. La falta de sancion moral, la indiferencia con que se miran ciertos hechos, y la tolerancia criminal con que se autorizan algunos crímenes, que solo por ser cometidos por gentes de cierta posicion dejan de serlo, no hay duda, son el cáncer que va corroyendo lentamente el cuerpo social de una manera alarmante. No es la hipocresía la moneda que mas se rechaza hoy; al contrario, todos saben que engañan y son engañados, y como los tahures que á sabiendas juegan con malos dados, procuran todos exceder á los demas en mala fe. Cuán pocas veces se estrecha una mano verdaderamente amiga! Cuántas veces detras de una sonrisa halagüeña y de frases lisonjeras está escondida una traicion! La sociedad ha conseguido al fin hacer de las palabras un lujoso vestido de teatro, que de lujoso no tiene sino la bella apariencia que le da la distancia abrillantada por la ilusion. En donde quiera se ve un amigo, se ve un amante, pero como los reyes de las tablas, no tienen de tales sino el nombre que les da el autor, ni mas insignia que la corona de carton

Tanto en las referidas cartas como en Las tres edades de la mujer, La mujer y otros artículos, despliega el señor Navarro su lujo de madura sensatez, observacion filosófica y razonada y vasta erudicion. Sus conocimientos adquiridos á fuerza de constante estudio resaltan aquí y allí sosteniendo sus bien fundados conceptos. Para trabajos de esta clase no basta tener imaginacion vivaz y despierta, no es suficiente la observacion delicada; se necesitan conocimentos generales por lo ménos de una larga série de materias para ir dejando la enseñanza á medida que se va apuntando el vicio. Un artista deja de ser interesante para pasar á ser fútil cuando en sus cuadros no se encuentran esos golpes de luz que ayudados por la sombra hacen desprender las figuras del lienzo, pero así como el arte consiste en atinar con los toques de luz y de sombra, en los escritos la habilidad está en no recargar el discurso con la empalagosa erudicion que el lector haya de ir bebiendo sin caer en la cuenta de ello.

Réstame hacer algunas observaciones generales. Los diálogos en los cuadros del señor Navarro carecen en muchas partes de exactitud; débese esto en mi concepto, á la escrupulosidad con que quiere manejar el habla, de lo que hace justo alarde; le da pena poner una frase incorrecta aunque sea en gentes que jamas darian con acierto ni el saludo. Hay frases demasiado cultas en labios demasiado toscos; pero tambien es cierto que pudieran citarso dialogaciones que pecan por el lado contrario tocando en la futileza. Esta es una de las grandes dificultades de la novela y de las obras destinadas al teatro; la soltura y la naturalidad no son cualidades comunes. Escritores distinguidos hay que darian una gran parte de su gloria por escribir un diálogo intachable.

Confieso que emprendí una obra superior á mis fuerzas: el que juzga una obra literaria debe estar en una posicion superior cuando no igual á la de quien la escribió; de otro modo, ¿ cómo juzgar de las bellezas y defectos? ¿ Cómo alumbrar sin llenar de tizne la figura sobre la cual se quiere llamar la atencion? La cualidad de desarmar, aunque sea haciendo pedazos, no se le niega ni aun al mas palurdo; pero la habilidad de construir pertenece solo al talento. Si nuestro amigo no demostrara en sus escritos un vasto caudal de erudicion, tendencias sumamente sanas y morales, observacion exacta templada por la moderacion, agudeza y chiste sin mordacidad ni ironía, tierna poesía sin alambicamiento, y un cuidado extremo en la pureza de la diccion y lo castizo de su lenguaje, bastarian para hacerlo acreedor á la consideracion pública, su constancia y asiduidad al traves de las dificultades con que tiene que luchar quien se dedica á escribir para un público indiferente. ¿ Quién de los que se dedican á esta tarea, no ha sentido sobre sí la frialdad que ahoga todo entusiasmo al ver la indiferencia con que le recompensan, cuando no los tiros de envidia con que se pretende hacerle callar? Felices de los que reciben siquiera como galardon algunas frases de proteccion compasiva que mas humillan que dar estímulo.

 

Hay un libro mas, pues, que se abre campo entre los escasos de nuestra literatura, hay un nombre mas que definitivamente toma puesto en la lista de nuestros acreditados prosistas y narradores. Que sea bien venido el libro, que sea bien recibido su autor.

Por mi parte, al emprender mi trabajo tuve buenas intenciones, si léjos de conseguir mi objeto he maltratado la obra, culpe el público al temerario y de ninguna manera al que ofrece modestamente su ramillete compuesto con flores del campo.

J. DAVID GUARIN

 

FLORES DEL CAMPO
 

Apénas comenzó la prensa del Socorro á dar á la luz pública esta bella coleccion  literaria, nos apresuramos á saludarla en La Ilustracion, aunque siempre con ánimo de consagrarle algunos renglones más en las columnas de El Hogar, donde competentemente pueden adquirir aquellos artículos carta de naturaleza.

Desde luego que aparejan las condiciones mas recomendables: sencillez, exactitud y amenidad. Las buenas dotes del autor para sostenerse en el terreno bastante deleznable, si bien vasto y fecundo, del género de literatura que ha escogido, son bien conocidas para que creamos necesario ocuparnos de ellas; pero es, justamente, en la eleccion de ese género y en la habilidad con que sabe cultivarlo, que hallamos suficientes motivos de elogio.

Las costumbres, en general, tan varias como los climas y muchas veces tan opuestas como los caractéres de los individuos, tal vez por la identidad de influencias que les son comunes, han sido en todos tiempo objeto de la cuidadosa prevision de los legisladores, de la solicitud de los ministros del culto y, en nuestra época, de una constante moralizacion por lo prensa.

No han podido faltar, pues, en todo pais medianamente culto, escritores que se hagan cargo de esta mision á todas luces civilizadora. Palpar los vicios, es cosa que no necesita sino de sentido comun; pero exhibirlos ante la sociedad sin el ropaje con que los disfrazamos, buscarles el lado mas ridículo para que sirvan de befa, ó el mas deforme para escarmiento ; crear situaciones aparentes en que las veamos pugnando con los mas santos y naturales sentimientos del hombre; conducirnos poco á poco hasta el infierno de dolores en que se resuelve aquella espantosa tormenta del espíritu ; levantarnos, en. fin, una punta del velo que cubre nuestro propio corazon para caminar avisados en la senda que necesariamente tenemos que cruzar combatiendo con nuestras pasiones; es, sin disputa, un noble trabajo que, ademas de talento, requiere mucha observacion y el conocimiento práctico de la virtud y del bien.

Por esta razon estamos siempre dispuestos á encomiar todas las producciones que tengan una tendencia, cualquiera que sea, en este sentido. Nunca hemos pretendido erigirnos en Aristarcos: mas fácilmente encontramos las bellezas que los lunares de nuestros escritores.

Las producciones de que venimos hablando forman un tomo bien interesante. El reune todas las condiciones necesarias para hacerse apreciar de los hombres de letras y ser solicitado por los lectores mas exigentes: una diccion castiza, estilo fácil y armonioso, pureza en el fondo de las ideas, habilidad en las descripciones, interes continuo y, sobre todo, gran verdad en el asunto. Todo esto salta á los ojos cuando uno lee las "Flores del Campo."  En cuanto al porvenir no dudamos que su valor crecerá en proporcion á esa solícita ansiedad con que el hombre vuelve siempre sus miradas sobre el pasado. Aquellos cuadros llevan, ciertamente, el carácter y las costumbres de nuestra época. Esta clase de historia suele dar á la sociedad lo que se llama la índole en el individuo, y por esta razon ocupa un lugar eminente en la literatura moderna.

Sin la pretension de creer que en estas pocas líneas hayamos emitido un juicio acertado, y mucho ménos un juicio crítico, nos prometemos una disculpa para con nuestros lectores, cuando nó un asentimiento completo de su parte á lo que dejamos dicho, despues de que hayan leido la hermosa coleccion de artículos publicados por el señor Navarro.

 

  Bogotá, 30 de octubre de 1870.

                                                                                                                                                                       (De "El Hogar.")

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