EPILOGO.

 

Cinco años habian trascurrido despues de la llegada de Feliciano á la casa donde vivia Gabriela.
-Y bien, le decia el Cura á taita Vicente en una mañana en la que aquel se hallaba en su pieza de recibo, qué de nuevo hay por sus campos?
-Todo marcha en calma y la hacienda progresa, debido sin duda á la fertilidad de la tierra y la dichosa tranquílidad en que Vivimos.
-De manera que ninguna novedad les atormenta, que nada les hace falta, y que viven como unos ángeles?
-En cuanto á vivir de una manera pacífica, tranquila y descansada, no lo puedo negar, señor Cura, porque esto seria ser ingratos con el SEÑOR que nos ha prodigado tantos bienes; pero en cuanto á hacernos falta algo, mejor dicho algunos séres, nunca, nunca dejaremos de echar de ménos las pérdidas que hemos tenido.
-Cómo! qué pérdidas ? le preguntó el Cura alarmado.
-Usted mismo las ha sentido tanto como nosotros. Es cierto que no hay dicha completa en este mundo, ya ve: al año no mas de haber venido Feliciano, se casó la señorita Feliza con ese inglés que tantos miedos le causó á mi pobre yerno; con este casamiento tuvimos dos pérdidas, la de mi señorita Feliza y la de mi señora Antonia, quienes marcharon para Bogotá, donde dicen se goza tanto. Poco tiempo despues murió mamá Catalina, y no tardamos en saber la lamentable noticia de la muerte de mi señora Antonia. Yo no tengo palabras, señor Cura, para manifestarle la falta que nos hacen estas tres divinas criaturas, ni cómo poder elogiar sus bellas cualidades.
-Muy justo y laudable es el sentimiento que anima á ustedes ; pero nosotros no debemos hacer otra cosa que bendecir los decretos del Eterno, porque Dios en su infinita sabiduria es sumamente justo en sus procedimientos. Yo contribuí en gran manera al acertado casamiento de la señorita Feliza con el señor Harol, porque conociendo la honradez, la sinceridad y demas virtudes de este extranjero le creí digno de la mano de la interesante señorita. La marcha de mi señora Antonia para Bogotá al lado de su hija no pudo ser mas natural; el teatro en que se hallaba ella era demasiado estrecho para su ardiente imaginacion, profunda sabiduría y magnánimo corazoli; ella necesitaba un campo mas extenso para lucir sus brillantes cualidades y servir de ejemplo á un mundo entero con sus virtudes. Bogotá la invitó á su seno, y su mérito fué justamente estimado allí. En cuanto á mamá Catalina, esta sencilla y cariñosa madre fué demasiado cristiana, y Dios la llamó en tiempo para que fuera á gozar de su gloria. Ahora juzgue usted las pérdidas por las recompensas:
Feliciano y Gabriela le han regalado un nieto, que segun entiendo forma el encanto de usted; y Camilo y Ursula al año no mas se unieron en matrimonio, y se quieren cual dos palomas. La abundancia entra á su casa para satisfacer todas las necesidades y amparar á los entes desgraciados que solicitan á su puerta un pan para su sustento. Los cuatro esposos se aman con frenesí, haciendo de sus matrimonios el estado mas feliz; y todos, todos lo adoran y respetan á usted como al padre y protector de la casa. Puede concebirse una ventura mas completa?
-Imposible, señor Cura; lo que siento es que no seamos acreedores á ella.
-Sí lo son, taita Vicente, y para probarle que Dios es infinito en sus favores, aquí tiene una escritura, por medio de la cual, la señorita Feliza, de acuerdo con su digno esposo, cede en favor de los cinco la hacienda en que actualmente viven.
- Señor Cura! Esto es demasiado, tome su papel, yo no quiero alucinarme con el brillo de la fortuna, prefiero la vida modesta que llevo á la fascinacion de la riqueza.
-No, taita Vicente, no crea que con esta escritura se hacen mas ricos ó mas pobres; lo que la señorita Feliza ha querido, es afianzar de una manera estable la modesta y tranquila vida que ustedes llevan en su campo.
-Ah! señor, despues de los pocos sufrimientos que experimentamos, la fortuna nos ha agobiado con sus favores.
-Ahora no falta sino una cosa para que su dicha sea mas satisfactoria.
-Y es posible que yo pueda desear mas en este mundo?
-Sí, taita Vicente, usted desearia vivamente que don Fausto se encontrara tambien al amparo de la fortuna.
-Ah! señor Cura, mucho he rogado á Dios que proteja á don Fausto; pero al fin, le he creido muerto y no hago mas que rogar por su alma.
-Pues, no se ha muerto; actualmente se halla muy gordo y colorado, alabando á Dios y llevando una vida ejemplar..
-Luego, ha sabido usted algo de él?
-Si, por medio de una carta que me escribió y que he recibido en esta semana, me informa de la manera mas detallada acerca de los trabajos inauditos que pasó en la fuga, y de la muerte que le ocasionaron las fiebres á don Matias
-Murió don Matias!
-No habian salido aun de la montaña, cuando una fiebre pútrida le arrebaté la existencia; don Fausto fué el único compañero en sus últimos dias, y quien le dió sepultura al pié de un roble colosal. Don Fausto continué su viaje para Bogotá, donde, despues de muerta la señora Antonia, determinó vestir los hábitos de religioso para mejor entregarse á la vida mística y poder alcanzar del Señor el perdon por sus estravios, y hoy se halla en el monasterio de los Candelarios, llevando una vida tan severa y ajustada como santa y ejemplar.
-Quién habia de creer que las cosas tuvieran semejante desenlace
-Yo se lo pronostiqué á ustedes, porque siempre he tenido FE en la celestial justicia del Eterno.

Cuatro años despues me hallaba de paseo en el pueblo L...y el Cura Ferrer, quien no ha olvidado su bondad, sencillez y carácter primitivos, me refería con suma satisfaccion, y no sin derramar algunas lágrimas, la parrte histórica que me ha servido de base para la formacion de la anterior novela.

FIN DE "EL GAMONAL"

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