El Folclore en la Obra de Tomás Carrasquilla
Andrés Pardo Tovar

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II.   POESIA ESPONTÁNEA Y POESIA TRADICIONAL

Tomás Carrasquilla no fue un foklorista. Y a esta circunstancia, precisamente, debernos el ingente caudal folclórico que contiene su obra y, también, la autenticidad de esta clase de aportes, que el escritor tomó directamente de labios de las gentes de su comarca, por él recorrida ojo avizor y oído atento. El novelista de La Montaña fue un enamorado del habla popular, de las costumbres sencillas de sus paisanos y del paisaje nativo.

Este acercarse comprensivamente a la realidad humana y geográfica que lo rodeó, explica en gran parte la fuerza de sus diálogos, la verdad de sus descripciones y la sinceridad y humana grandeza de sus argumentos. -"Todo, en estos medios populares -anota Carrasquilla en el artículo "Ave, oh vulgo."- tiene interés para el sociólogo y hasta para el simple observador; todo en ellos es prueba irrecusable, en el eterno proceso de la humanidad. . . ." Y más adelante, en frase luminosa que es emblema de su vigoroso realismo: "Pero si todo esto es viejo, ramplón y vulgar. . . . Por eso, cabalmente, hay que repetirlo para que no se olvide. Y por lo mismo que la vida es vulgar, hagamos votos por el vulgo manifiesto, neto y típico; por el vulgo que no aparenta, que no engaña, que no tapa.... Porque en esos focos de la vulgaridad concentrada, donde se agitan los vicios y las virtudes, lo máximo y lo mínimo del hombre, se canta.,... el salmo sempiterno de la vida".

Precisamente, el alma del pueblo, de ese "vulgo" que Carrasquilla amó y comprendió tánto, se expresa en la poesía popular, que es la que nace o se perpetúa en los campos, en las aldeas e incluso en los suburbios barriadas de las ciudades. Espiguemos, a través de los innumerables páginas que fluyeron de la pluma del novelista antioqueño, algunas muestras de la producción poética popular.

La copla, espejo de la vida.

En la copla, el pueblo canta, adoctrina, se lamenta y filosofa. Y también se burla, o protesta. Los cantores mínimos que recoge en sus obras Carrasquilla son al respecto supremamente interesantes.

En ocasiones, las coplas antioqueñas perfilan el estoicismo de una raza fuerte, cuyos recursos espirituales contra la adversidad son tan numerosos como efectivos:

"Cuando el carriel se me pela
nada en sus antros encuentro:
Si está pelado por fuera,
más pelado está por dentro...

En otras, la copla revela de inmediato su progenie andaluza, al igual que su empleo como texto de una canción de danza:

"Mirá que te piso el pie;
mirá que te estoy pisando;
mirá que mi amor es firme
y el tuyo se va acabando...

Marginalmente, cabría anotar en la copla anterior el origen del nombre de una danza popular antioqueña de antaño -la pisa-, a lo que alude la siguiente estrofa, que figura en vivaz escena de la novela "Hace tiempos":

"Me mandan bailar la pisa.
La pisa yo no la sé;
que para bailar la pisa,
las indias de Santafé....

Santafé de Antioquia, presumimos, a pesar de la mención de "las indias". Y esto porque en materias folclóricas, lo autarquía de Antioquia es un hecho etno-geográfico indiscutible.

De coplas populares se componían esos pintorescos "Consuelos de ausencia" a los que se refiere Carrasquilla en uno de los capítulos del segundo volumen de su novela "Hace tiempos". Se trata del equivalente criollo de las "valentines" anglosajonas. El escritor las describe así:

"Mide diez centímetros en cuadro. Eso sí es pliego. No de un solo doblez como el de cualquier papel oficinesco, sino de diez y seis en pico. Aparece el mundo con su cruz, y esto leyenda por los cuatro lados:

"En este mundo, compuesto
de gozos y de aflicción,
sufren los novios ausentes
la pena del corazón.

"Desdóblase un pico, con pintura y esta leyenda:

"Oh corazón afligido!
La música te consuela,
y por eso la sirena
te presenta su vihuela.

"Otro doblez:

"Esta sirena del mar,
libre de cola y de escama,
se transforma de repente
en la mujer que te ama.

"Desdoble y final:

"Aquí tenés el retrato
de la mujer que te adora:
que te sirva de consuelo
mientras ella gime y llora.

"Cuando es encargo de cuitado -concluye Carrasquilla sale un sireno que se convierte en galán. Yo sabrán los eruditos si estos mensajes representativos vinieron de España o se inventaron en la tierruca...."

Los cantos infantiles,

Es bien curioso la similitud, casi textual en ocasiones, de la letra de las canciones de cuna y de la temática de los poemas y narraciones infantiles. Respecto de las primeras, el fenomeno se explica a virtud de la universalidad trascendente del amor materno. En las obras de Carrasquilla, los niños suelen cantar a coro, ora para distraerse, ya para aliviar la fatiga de largos jornadas:

"Vueltos gorros y encerados al morral, tomamos falda arriba, en dirección al Alto del Ganado. Ea, pues, muchachitos! A cantar todos! " Y va el quinteto coral:

"Los sapos en la laguna
cuando viene el aguacero,
unos piden su cachucha
y otros piden su sombrero.

"En el alto de la Villa
tengo un sapo con calzones.
Cada vez que voy y vengo
nos echamos pescozones....

Un temo favorito en los coplas improvisadas de nuestros campesinos, entremezclado a lejanos acentos de canción de cuna.

Un trovero legendario.

En "El Zarco", una de las mejores novelas cortas de Carrasquilla, surge una figura que parece salir del fondo mismo de lo épica primitiva: Ño Lucas, que a pesar de ser negro es el gran propagandista de nuestro romancero . Mendigo y ciego, cual Homero, Ño Lucas paso la vida recorriendo a Antioquia de fiesta en fiesta "y de vericueto en vericueto". Quizás a este legendario trovero haya que atribuir el romance que encontramos en una de las páginas iniciales de la citada novela, pieza del más alto interés literario, como que presenta un clímax en el proceso de adaptación del antiguo romancero español al ámbito de nuestra poesía popular:

"Fue don Alonso de Lugo
muy galán y enamorao,
seductor y saltatapias
por mas que juera casao.
Una noche borrascosa
cayó centella en la plaza
y descubrió a don Alonso
que andaba en pérfida caza;
dando güeltas y regüeltas
en pos de más aventuras,
estuvo arriba y abajo
por esas calles oscuras.
Al tornar para su casa
le atajan dos embozaos:
—"Paso, dijo el caballero
si es que no estáis apostaos".

La respuesta que le dieron
fueron veinte puñaladas:
Trece don Hernán del Toro,
siete su criado Escaladas.
Uno y otro lo escupieron
y entre los dos lo arrastraron
hasta el joyo de un aljibe
y con piedras lo taparon....

Toda la dramática tensión del romance castizo apunta aquí, sin que las modalidades fonéticas del habla popular criolla alcancen a desvirtuar su ímpetu ineluctable. Solo que bajo la métrica -aconsonantada a trechos y a trechos asonante- de esta maravillosa muestra de la poesía popular, apuntan ya los giros característicos del galerón. Contagio del paisaje? Imperativo de la sangre? Quizás idéntico fenómeno a aquel en virtud del cual hubo de transformarse el ritmo prosódico libre del canto llano en melodía mensurable.

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