A MANERA DE PROLOGO: HISPANOAMERICA, CONTINENTE CRIOLLO Hace ya muchos años, en un ensayo sobre la obra de Carlos Arturo Torres y José Enrique Rodó, formulábamos una serie de interrogantes relativos a la posibilidad de definir la exacta dimensión de lo autóctono americano. Y ello a propósito de una pregunta que siempre ha acudido o nuestra mente: "Cabe pensar en una cultura autóctona americana?". En ese estudio decíamos: "Resulta legítimo afirmar la posibilidad existencial de una cultura autóctona americana, sin que con esto signifiquemos absoluta orginalidad, ni tampoco presencia constante de lo vernáculo en todos los sectores y en todas las épocas de la historia espiritual americana, ni menos aún existencia supra-nacional y concomitante de tal carácter?" Y más adelante: "Tratemos de enumerar los signos que fijan el concepto de lo autóctono americano. En nuestro sentir, es el primero la conciencia misma del problema de que veniamos tratando. Y a continuación, ciertos estados de alma o posiciones psíquicas características del hombre americano: la melancolía, signo mestizo; el fatalismo, signo español, y la proclividad simulatoria, signo mulato. Y esto, a más de ciertas actitudes que dicen orden al sentido estético, así predominen en ellas el concepto dionisíaco de la existencia -como en el trópico- o el apolíneo -como sucede en las zonas subtropicales del sur-. Nos referimos especialmente a la índole, ora visual, ora táctil o auditiva de las imágenes de la fantasía, de donde el carácter especial que afectan las respectivas reacciones automáticas, y a ese doble y sugestivo proceso a virtud del cual el hombre incorpora el paisaje a su vida, o se incorpora a él con abandono total y definitivo de su personalidad". Y completábamos el examen de estas características de posible autoctonía, en busca realmente de un concepto de lo criollo y, sin conseguir perfilar totalmente el concepto, con las siguientes palabras: "A la definición de lo autóctono americano confluyen también determinantes biológicos e históricos únicos en la crónica de la aventura humana: ancestro aborígen, base radical exótica -el conquistador y el colonizador europeo-, aportes negros e inmigración cosmopolita, por lo que dice a la etnología; mitos, leyendas y fabulaciones indígenas, fe católica, instituciones coloniales, epopeya libertadora y estéticas y sistemas europeos, en cuanto reza con el orden histórico y cultural. De aquí el que pueblos tan primitivos como los nuestros resulten complejos, psíquico y biológicamente considerados. De aquí también que nuestros conflictos vitales y nuestras paradojas históricas constituyan la base misma de nuestro autoctonismo, que no consiste simplemente en ser americanos, sino en reconocernos como resultante de una conjunción profundamente dramática de meridianos biológicos e históricos". El planteamiento pudo ser acertado. Pero qué consecuencias derivar de él? Porque si lo autóctono es la base de lo criollo, tendremos que dar algunos pasos más en busca del contenido de este último concepto. Qué es lo criollo? Acaso el fácil costumbrismo de nuestras sociedades aldeanas y rurales? O el conjunto de creencias y supersticiones populares, más o menos teñidas de poesía y preñadas de enseñanzas filosóficas y morales? Piensan algunos que el criollismo, mejor que en otras zonas vitales, se manifiesta en la poesía popular; pero es el caso que ésta deriva directamente del romancero español y de la copla andaluza. Opinan otros que lo criollo se revela especialmente en los ritmos y melodías folclóricos de las distintas comarcas de América; pero esta tesis, parcialmente aceptable, tiene demasiadas excepciones. Y así, la pregunta sigue en pie: "Qué es lo criollo?" Para nosotros, el criollismo es un estado de alma, una actitud original ante la vida, una especial manera de reaccionar ante los estímulos exteriores. De aquí que no siempre consista lo criollo en la afirmación del costumbrismo tradicional, ni en el uso de vocablos y giros autóctonos, ni siquiera en los usos y creencias populares. Es algo más hondo, más sutil, más entrañable. Es algo que tiene su raíz en los senos profundos del psiquismo, como resultante de influencias raciales antagónicas, de ambientes sociales que se estratifican en prejuicios y convencionalismos, de condiciones climatológicas y económicas muy diferentes de las que han imperado e imperan en el Viejo Mundo y en Norteamerica. El minero antioqueño, el roto de los valles chilenos, el gaucho argentino, el llanero de las pampas colombo-venezolanas, el milpero y el charro de México y el jibarito de las Antillas confirman a Hisponoamerica como continente criollo. Y don Tomás Carrasquilla, captando en sus prosas narrativas el perfil de una raza vigorosa y evocando magistralmente sus maneras de sentir y de pensar, se nos revela comio un auténtico exégeta de lo criollo. En presencia de sus obras olvidémonos -por un momento siquiera- del Siglo de Oro español y del autor de "Peñas Arriba", de doña Emilia Pardo Bazán y de Fernán Caballero. Y pensemos y sintámonos como pensaron y sintieron los innúmeros personajes que bullen en las páginas de los cuentos y novelas del escritor colombiano. Sólo así podremos captar el perfume criollísimo que se desprende de esos relatos en que alientan Simón el Mago, Peralta -el que burló a la muerte-, Dimitas Arias -personajes de quienes ya no podremos olvidarnos nunca-, el Padre Casafús, Regina, y el protagonista de "Entrañas de Niño". Releyendo los obras completas de Carrasquilla, dimos en tomar notas sobre los temas folclóricos que en casi todos ellas apuntan o se desarrollan espléndidamente. Grata labor, que nos condujo a iniciar este ensayo, que no aspira a ser un análisis literario y estético de la obra del eminente novelista antioqueño, sino una especie de inventario de los aportes documentales que en ella cabe espigar en torno a los temas del folclore regional. Tarea que, en cierta manera, equivale a realizar un viaje de circunvalación en torno al concepto de lo criollo. CONTINUAR REGRESAR AL ÍNDICE |