En fin, aquella mujer era el tipo del anjel cristiano i de la diosa pagana; todo en ella revelabala pureza del alma i di fuego de los sentidos. Hubiera podido pasar a la vez por virjen cristiana i lasciva vacante, i volver locos a la vez a un sabio i a un ateo; i cuando me aproximé a ella sentí al traves del calor de la fiebre ese perfume misterioso, conjunto de todos los perfumes de las flores, que emana de la mujer.

Olvidé la causa que allí me habia llevado, i quede mirandola como una revelacion, i sin hallar cosa igual en mis recuerdos, ni en mis sueños, cuando volvió la cabeza hacia mí, abrió sus grandes ojos azulee, i me dijo:

Sufro mucho.,

Sin embargo, apénas tenia casi nada. Una sangrría, i se salvaba. Cojí la lance pero en el momento de tocar aquel brazo tan blanco i tan hermoso, 1 temblaba mi mano Pero el medico encio al hombre Luego que hube abierto la vena, corno una sangre 'pura 'como el coral en fusion, i se desmayó.

No quise separarme de, ella. Me quedé a su do. Sentia una secreta felicidad en tener la vida de esta mujer en mis manos i detuve la salida de la sangre, abrio poco a poco los ojos, llevo la mano que tema libre a su pecho, se volvió hacia mi, i mirandome con una de esas miradas que condenan o salvan, me dijo:

-Gracias: sufro ménos.

Habia tanta voluptuosidad, amor i pasion en torno de ella, que quedé fijo en mi sitio contando cada latido de mi corazon por los del suyo, escuchando su respiración todavía un poco 'febril, i diciéndome que si habia alguna cosa divina en la tierra, debia ser el amor de esta mujer.

Se durmió.

Yo estaba casi arrodillado al lado de su cama

Una lampara de alabastro daba una claridad encantadora a todos lo objetos Estaba solo con ella la mujer que me habia acompañado salio para anunciar que su señora seguía bien i que no necesitaba de los cuidados de nadie. En efecto, su señora es taba tranquila i hermosa como un aoje! Dormida.

 Yo estaba loco…

Sin embargo, no podia permanecer en aquella habitacion toda la noche. Salí a ¡ni vez sin hacer ruido para no despertarla dispuse lo que habian de haer en mi ausencia, i dije que volverla a la mañana siguiente.

Cuando entré en mi casa, estuve desvelado con este recuerdo. Comprendi que el amor de esta mujer debia ser un encanto eterno, formado de ilusiones i pasion, que debia ser pudica corno una virjen i apasionada como una cortesana, çreia que al mundo ocultaria todos los tesoros de su belleza, i que a su amante se entregaria sin reserva. En fin, su recuerdó abraso mi noche, i cuando llegó el dia estaba locamente enamorado.

Sin embargo, despues de los pensamientos exajerados de una noche ajitada, vinieron las reflexiones, me dije que tal vez un abismo insuperable me separaba de aquella mujer, que era demasiado hermosa para no tener un amante que debia ser demasiado amada para que le olvidara, i traté de aborrecer sin conocerle a aquel hombre que era bastante feliz en este mundo para que pudiera sufrir sin murmurar una eternidad de dolores.

Esperaba con impaciencia la hora de presentar- me en su casa, i el tiempo que pasé esperando me

parecio un siglo.

Por ultimo, llego esta hora, i me marché

Cuando llegue, me hicieron entrar en un tocador de un gusto esquisito Estaba sola i leia, la envolvia una bata de terciopelo, no dejando ver; como a las virjenes de Perugin, mas que las manos i la cabeza, tenia con coquetería el brazo descansando una venda, i puestos al fuego aquellos diminutos piés que no parecian a proposito  para andar sobre la tierra, en fin, aquella mujer era tan completamente hermosa, que parecia que Dios la habia enviado al mundo como muestra de lo que son sus anjeies.

Me dio la mano, i me hizo sentar a su lado.

-Tan pronto levantada, señora le dije, sois muy imprudente

-No soi fuerte, me dijo sonriendo, a bien, i ademas no estaba enferma.

-Pues decíais que sufríais?

- Mas con la imajinacion que con el cuerpo, dije dando un suspiro

- Habeis tenido algun disgusto, señora?

- Oh.! profundo. Afortunadamente, os estare bien medico,  he encontrado la panacea universal, el olvido

-Pero hai dolores que matan, le dije.

- ¿la muerte o el olvido  es lo mismo? La una es la tumba del cuerpo, el otro la tumba del corazon.

-Pero, , cómo es posible que podais sufrir pesares? Estais demasiado alto para que os alcancen, i los dolores deben pasar bajo los pies, como las nubes a los pies de Dios para nosotros las borrascas, para vos la serenidad

-Eso es lo que os engaña, replico ella, i lo que prueba que vuestra ciencia se detiene en el corazon.

-Pues bien, la dije, tratad de olvidar Dios permite algunas veces que suceda la alegria al dolor, que la sonrisa suceda a las  lagrimas; i cuando el corazon del que lo esperimenta esta demasiado vacio para que pueda llenarse, cuando la herida es demasiado profunda papi que pueda cerrarse sin auxilio, envia al camino de aquel a quien quiere consolar un alma que le comprenda; porque sabe que se sufre ménos sufriendo con un eompañero; i llega un momento en que el coraron se llena de nuevo, i la herida se cicatriza.

- 1 con qué  cerrariais esa herida, doctor

-Segun fuera el enfermo, contesté; a unos aconsejaría la fé a otros aconsejaria el amor.

-Teneis razon, me dijo, son as dos hermanas de caridad del alma,

Hubo un rato de silencio bastante largo, durante lo que admiraba aquel rostro divino, al que la palida luz que filtraba a traves de las cortinas de seda 4 daba tintas encantadoras, i aquellos hermosos cabellos de oro, arreglados sobre las sienes i aprisionándose ellos mismos detras de la cabeza.

La conversacion habia tomado desde el principio un jiro de tristeza; de este modo me parecía aquella mujer mas radiante que la primera vez con su triple corona de pasion, de belleza i de dolor. Dios la habla completado con el martirio, i era precisa que aquel a quien ella diera su alma aceptase la doble mision doblemente hermosa, de hacerla olvidar lo pasado i de hacerla esperar en el porvenir.

Así es que quedé  en su presencia, no tan loco como estaba la víspera, ante su fiebre, sino recojido ante su resignacíon. Si se hubiera entregado en este momento, hubiera caido a sus piés, la hubiera tornado las manos i hubiera, llorado con ella como con una hermana, respetando al anje l y consolando a la mujer.

¿Pero cual era este dolor que era preciso hacer olvidar, quién había hecho esta herida que todavía sangraba?. Es lo. que o ignoraba, lo que era preciso adivinar, porque había entre la enferma í el médico bastante intimidad para que confesara un pesar pero no habia bastante para que dijera la causas

Nada habia a su alrededor que pudiera marcarme el camino de averiguarlo; la vispera  habia venidó a su lacio a inquietarse por su estado, al dia siguiente nadie venia a verla. Este dolor debia ya estar en lo pasado i reflejarse solo en lo presente.

-Doctor, me dijo de repente saliendo de su éxtasis, pecina yo bailar pronto?

-Si señora, la dije un poco asombrado de semejante transicion.

-Es preciso que dé un bailes mucho tiempo h esperado, vendreis, ¿es verdad? Debeis haber formado mui mal juicio de mi dolor, que me hace delirar decia i 'bailar por la noche Pero ya sabeis que hai disgustos que es preciso relegar al fondo del corazon para que el mundo no los aperciba, hai tormentos que es preciso enmascarar con una sonrisa para que nadie los adivine; i yo quiero guardar para mí sola lo que sufro, como otro guaricaría su alegria. Este mundo que me envidia viéndome tierno sano, me cree feliz, i es una conviccion que no quiero desvanecerle. Por esta razón bailo, a riesgo de llorar al dia siguiente; pero llorar a solas.

Me dió la mano con una mirada indefinible de candor i tristeza, i me dijo:

-hasta bien pronto, ¿es verdad?

Imprimí mis labios en su mano, i salí.

Llegué a mi casa estúpido.

Desde mi ventana ven las suyas estuve lodo el cita mirandolas, todo el dia estuvieron sombrias i silenciosas: todo lo olvidaba por esta mujer: no dormi, no comi, por la noche tenia fiebre, al dia siguiente delirio, i al inmediato estaba ya muerto

-Muerto! Esclamamos.

- Muerto!  replicó nuestro amigo con acento de conviccion, muerto como Fabian cuyo retrato teneis ahí.

-Continúa, le dije.

La lluvia continuaba azotando los cristales. Pusimos leña en la chimenea, cuya llama rojiza i viva disipaba un poco la oscuridad del taller

Continuó.

-A partir desde este momento, no sentí mas que una conmoción fria: sin duda fué el momento en que me echaron en la fosa.

Ignoro cuanto tiempo hacia que estaba encerrado, cuando oí confusamente una voz que me llamaba por mi nombre. Me estremecí de frio sin poder contestar. Algunos instantes despues, me llamó todavía la voz; hice un esfuerzo para hablar, pero sentí que me cubria el feretro de pies a cabeza Sin embargo pude articular débilmente estas palabras:

- me llama?

-Yo, contestaron.

- ¿Quién eres?

-Yo.

I la voz iba debilitandose, como si se hubiera perdido en la brisa; o como si hubiera sido un movimiento pasajero de las hojas.

Una tercera voz hirió mis oídos; pero esta vez parecia que el nombre corría de rama en rama, i que todo el' cementerio lo repetir sordamente, i o un ruido de alas, como si este nombre pronunciado de repente en el silencio, hubiera hecho volar una bandada de aves nocturnas.

Mis manos cubrieron mi cara como si hubiesen sido movidas por resorte" misterioso'. Separe silenciosamente el féretro que me cubria, i traté de ver. Me parecia que despertaba de un largo sueño. Tenia frio

Me acordare siempre del sombrio espanto de que me ví rodeado: los árboles no tenian hojas i torcían dolorosamente sus ramas descarnadas como grandes esqueletos. Un débil rayo de luna que penetraba a traves de grandes nubes negras, iluminaba delante mí un horizonte de tumbas blancas que parecían una éscalera del cielo i todas aquellas voces vaga de la noche que presidian a mi súeño, estaban llenas de misterio i de terror.

Volví la cabeza i busque al que me habia llamado. Estaba sentádó al lado de mi tumba, espiando todos los movimientos con la cabeza apoyada en las mános, con una sonrisa estraña, con una mirada horrible.

Tuve miedo.

- Quien eres? le dije reuniendo todas mis fuerza por que me despiertas?

-Para hacerte un favor,

-Dónde estoi?

- el cementerio.

- eres?

-Un amigo.

-Dejame en mi sueño

-Escucha, me dijo te acuerdas de la tierra '

-No

- sientes pesar por alguna cosa?

-No.

-a Cuánto tiempo hace que duermes?

-Lo ignoro.

-Pues o te lo diré Hace dos dias que has muerto, i la última palabra que pronunciaste fué el nombre de una mujer, en vez de ser el nombre del Señór. Por lo tanto pertenecerás a Satanas, si Satanas quisiera llevarte Comprendes?

-Si.

- Quieres vivir?

- Satanás?

-Satanás ó nó, ¿quieres vivir?

-Solo?,

-No la volverás a ver.

- ¿Cuando?

-Esta noche.

-En donde?

-En su casa.

-Acepto, dije, tratando de levantarme; veamos tus condiciones.

-No impongo ninguna; crees tú que no soi capaz de hacer alguna buena obra de vez en cuando? Esta noche da un baile i te llevare alla.

- Vamos?

-Vamos.

Satanás me dió la mano, i me puse de pié.

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