ántes del comercio libre con el Asia, se recojían cerca de 400, 000 libras al año.


Colombo se halla defendido, en uno de sus lados, por una ciudadela de média legua de circunferencia. Por otro lo cubre el mar, por el tercero un lago. Está dividido en 4 cuarteles, i cuenta unos 50,000 habitantes, quienes hacen con la China i en Indostan un gran comercio de seda i de cotonías. El clima de Colombo es malsano.


Como las ilusiones, cuanto más bellas son, duran ménos, sir Ronald empezó pronto a comprender que Ceilan, asiento del Paraíso segun unos, i cuna de la relijion de los vedas segun otros, era mejor de léjos quedo cerca; i mas hermosa en las descripciones que en la realidad. Empero le consolaba la idea de que al fin estaba en el verdadero país de los elefantes, i que por esta vez no se le escaparian las raras especies que buscaba.
El invierno dura en Colombo seis meses seguidos, i sir Ronald llegó a ella hácia la mitad de las lluvias. Nada pudo hacer, pues, por lo pronto, salvo el recojer datos sobre la isla, i esperar el buen tiempo, para seguir hácia el interior de ésta.
La primera pregunta que sir Ronald hizo al inglés más anciano que halló en el puerto, fué la siguiente:


- Es cierto que Ceilan fué el asiento del Paraíso terrenal? Yo necesito las pruebas de eso.

-Pues es punto que sustenta la historia.
-No se. . . . tal vez.
-Es estraño. ¿Cuánto hace que residis aquí?

---Cerca de cuarenta años.
-¿I en tan largo tiempo no habeis hallado las pruebas ?


-Os repito que nunca me he ocupado de eso. Yo compro perlas i canela, i por lo mismo pienso poco en el Paraíso.


Sir Ronald hizo la misma pregunta a muchos de sus compatriotas, i obtuvo la misma respuesta, poco más o ménos. Entonces resolvió, como mas seguro, dirijirse al Gobernador el mismo de Ceilan. Hízose presentar, i como con un personaje de esa clase no podia usar de mucha largueza investigatoria, limitóse a pedirle respetuosamente algunos datos importantes sobre la isla. Daremos algunas muestras de sus conversaciones.
El Gobernador le dijo:
aquí, sir Ronald, lo quo sé. Esta isla es casi tan grande como Irlanda, i está llamada a ser el centro del comercio meridional entre China i Africa. Sepárada de la tierra firme, por el lado del Norte, un golfo, al traves del cual hai una serie de bancos de arena llamados el puente de Adán,  interrumpidos solo por dos pasos angostos.


- El puente de Adán decís? Ese es un grave indicio. Adán pasarla por él….i entonces, sí estuvo el Eden en Ceilan.
-No consta en la Escritura que Adán viniera al Paraíso desde ninguna parte, ni que tuviera que pasar ningun puente para salir de él.

 Los hakemitas, perseguidios por los ommiadas en tiempo del Califa Abd-el-Malek, vinieron del Eufrates a Ceilan, i fundaron en ella ocho establecímientos, de los cuales Mantotte  i Manaar quedaron mili bien situados con respecto al puente de Adan i a la pesca de perlas. Ceilan vino a ser un emporio, pues comerciaba simultáneamente con Ejipto, Arabia, Persia, Malabar, Coromandel, Bengala, Malaca, Java, Sumaja., las islas Molucas i la China. Los habitantes de este último país venian a Ceilan en canoas capaces de contener mil personas, para comprar aloe, clavo, nuez moscada, arroz, madera negra (de palma), cochinilla, canela, aceite de coco, marfil i elefantas de Punta-Gallas. En cambio de todo eso, los chinos daban sedas, porcelanas, alumbre de roca, ruibarbo, almizcle, obras de ebanistería, &e.
 

-Almeida, virei portugues el estas comarcas, ejecitó en ellas actos de violencia., tales corno no permitir el que navegasen sus mares otros buques que lo que llevasen patente de su mano. Eso dió lugar a guerras, a disputas i a rivalidades funestas.
Cuando el afortunado Albuquerque quitó la isla de Ceilan a los moros, encontró en ella 3,000 cañones; i solo el quinto del botín, pie tocó ni rei, se vendió en 200,000 de oro.
-Tres mil cañones?
-Ciertamente. Tambien cojió Albuquerque en ella a un moro que habia hecho mucho mal a los portugueses; i habiendo dispuesto que lo matasen, le dispararon mil tiros de cañon a quema ropa, sin hacerle daño.

Me han dicho que el hijo de este Alburquerque, nombrado Alfonso, al volver a Lisboa presento al rei 40 libras de perlas gruesas, el mayor diamante conocido entónces, i un cababallo árabe i otro persa, los primeros de raza noble conocidos en Portugal.
-Así fué.
.-Pudiera yo encontrar algunos diamantes de esa clase?
-Es posible que los haya.
-I en las joyerías?
,-No tengo noticia de que los haya de ese tamaño i calidad. I ya que mostrais tánto por estas cosas, debo deciros que este es un obsequio de Albuquerque a su reí, fúé mejor el que hizo a Roma el rei Poro Pandion, señor, en la India, hai 700 principados.
-I de qué se componía ese regalo? Instruidme, señor Gobernador.
-De varias serpientes de a 15 de largo; de una tortuga de rio, de 5 pies; i de una ave tan grande como un buitre.
Magníflco, oh! i sobre todo mui original.

-Yá lo creo. Algo más?
-Decidlo…. Crece mi curiosidad y mi imaginación.
-Tarnbien fué  el regalo un hombre que habia nacido sin brazos, pelo que, a pesar de este pequeño inconveniente, tocaba la tanta i disparaba el arco con primor.
-Lo creeis?
-Sí, porque ambas cosas las hacia con el pie.

Esta India es un país de hadas... ¿sabeis si nos queda algun rincon por conquistar?

Seria una positiva pérdida para lnglaterra que se le escapan algo.
-Bien lo creo que habeis leido a Estrabon?
-Habrá inglés bien nacido que no lo haya leido? Estrabon era de Amasia, ciudad del Ponto, i floreció bajo Augusto Tiberio, Ten o sus 17 libros.
- Pues bien, debeis haber leido en los que tratan del Asia, que son del 3.° al 10, que Megastenes, primer europeo que vino a la India, encontró en ella hombres con las orejas tan largas, que les servian de capa; cíclope con un sólo ojo, sin narices ni boca, i con los piés mui largos, i el dedo gordo vuelto hácia atras; pigmeos de 3 palmos de altura, i otros con la cabeza cónica; i hormigas tan grandes como zorras, las cuales sacaban oro escarbando la tierra.


-Ah! ah! perdonadme: lo habia olvidado, ¿Seria posible conseguir, para mi, algunas de esas preciosidades? Un hormiguero de esos hará más en un dia que mil obreros en un mes.
-Lo dificulto.
-Porqué, señor Gobernador?  
-Porque, escepecion de Megastenes, nadie más ha visto esas cosas ; i eso hace ya muchos centenares de años.
-No habrán buscado bien?
-Es posible: cada cuál tiene sus ojos.
-La india es más antigua que el mundo. Sus secretos son los mismos de los tiempos prolópticos.
-Hai algo de eso sir Ronald. Os he hablado de la embajada de Poro Pandion: pues bien, el rol do la isla Taprobana tambien envió otra al César romano.
-l cuál era esa isla?
-Esta en que estamos.
-Á qué César?
-Al emperador Claudio.
-Entónces supieron los romanos que Ceilan tenia 500 ciudades florecientes. La capital de la isla era en aquella época Placimonda. El motivo de la embajada fué el siguiente. Annio Plocamo, arrendatario de las gabelas en el mar Rojo, fué traido por los vientos a las costas de Ceilan, en donde permaneció seis meses. El rei de Ceilan quiso verlo, i le tomó informes respecto de los romanos, de quienes no habia oído hablar sino mui vagamente, como de un pueblo cruel i mui atrasado . Anulo se los dió, i le mostró i le regaló muchos objetos del mundo de los Césares. Al ver el ni que las monedas romanas, aunque  de cuño distinto de las suyas, tenian el inmenso peso, tuvo a los romanos por jente honrada, aunque barbara, i los mandó saludar con pompa.
-Es singular que los romanos no pensasen en conquistar estas opulentas rejiones.
-Les bastó solamente el hacer el comercio con ellas; lo que les era más útil.
El Gobernador, que habia empezado a comprender de qué pié cojeaba sir Ronald, díjole un dia:  
-Tengo algo importante que comunicaros.
-Os oscucho, admirado yá.

-No es para ménos. Sabed que en días pasados no fui esplícito con vos.

-Oh!
-Hai aquí, en la isla, una montaña llamada el Pico de Adan, de 1,900 metros do altura?
.-I?..
-I en ese rico hai una pagoda en donde se guarda una piedra, en la cual hai estampado un pié jigantesco.
-I esa huella ?
-Dicen ser de nuestro padre Adan.
-Luego el Paraíso…
-Hai más.
-Hablad!
-En 1284, Kublai-Khan envió aquí una embajada, i ésta le llevó varias reliquias de Adan, entre ellas dos muelas.
-Oh ! oh ! Es, pues, incontestable lo del Paraíso.


-Por el contrario: si Adan fué sepultado aquí, fué porque murió aquí; i él no pudo morir ni ser enterrado en el Paraíso, de donde habia sido echado.
-Me abrumais ¿I esa pagoda?
-Está construida en el punto mismo en donde, segun los sarracenos, estuvo el sepulcro do nuestro primer padre.
-Es urjente que yo vea esa pagoda.
-Vos lo sabreis.
La ciudad de Candi, en el interior, se compone de una sola calle de poco más de un cuarto de legua de estension, con una que otra callejuela al costado. Las casas son de paja i barro, con agujeros que sirven de ventanas, salvo unas pocas que son de teja i están empañetadas i blanqueadas.
Al entrar en tan miserable lugar, sir Ronald sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas, i murmuró:

 
-Irrisiones de la fortuna lié ahí lo que queda de la antigua opulencia de los cingaleses !... He aquí lo que queda de la encantadora Placimonda
La afliccion de nuestro inglés fué en aumento, cuando vió que el palacio del rei era solo un edificio cuadrado, de grande estension, con multitud de aposentos vulgares. Las pagodas erai tambien de aspecto i dimensiones miserables.
Otra cosa más que tál pobreza, desvaneció las ilusiones de Sir Ronald, i fué el no ver la ciudad plagada de elefantes, como lo está Constantinopla de perros; por  lo que dijo al cornac su conductor:
-No parece que estuviésemos en el país de elefantes.
-Porqué, sir?
-Porque no los veo echados al sol en las calles, o errando mansamente por entre los transeuntes.
-Badha nos libre de ello!
-Porqué?
-Porque lo elefantes son las fieras mas terríbles que tiene Celian.
-Habeis dicho fieras?
-Ni más ni ménos.
-Luego lo son?
Yá vereis por vuestros propios ojos.


Sir Ronald comió i durmió bién esa noche
en su posada, pues las 42 leguas que hai de Colombo a Candi no habian dejado de fatigarlo. Empero esto no basté para que se despertara temprano i dijera al cornac:
-Quiero ver al rei tintes de todo;
-Al rei?
-Pues qué?
-Eso no es posible.
-Ni aun para un inglés ?... ¿Qué reservas puede tener la India para nosotros, que somos sus padres ?
-Perdonad, pero la persona del rei de Candi es sagrada, i solo puede acerca-rse a ella el primer ministro.
Esta contrariedad arrancó un suspiro al pecho del flemático inglés. Despues dijo:
-Ni siquiera tengo a mi lado a Lynx i a Jiji!
Lo cual era cierto, pues ámbos habian quedado en Colombo. En seguida manifestó deseos de beberse una taza de té.
-No penseis en ello, dijo el cornac no se usa en Candi.
-Yo trataré de buscarlo en casa de alguno de mis compatriotas tengo varias cartas de introducción; mas ya que esto no es posible por ahora, decidme quién es ese que invocásteis ayer.
-Es el mas poderoso de nuestros ídolos, i el mejor empeño pura con Dios.
Pronto se relacionó sir Ronald con algunos paisanos suyos residentes en Candi; i el mas interesado en su favor, impuesto de los proyectos que lo habian llevado hasta allá, le dijo:
-Conviene que  sepais con qué jentes teneis que habéroslas.
-Lo creo.
-Pues sabed que los cingaleses son graves, ricos, templados en el comer i sobrios en el beber.
-Son, pues, de todo agrado i de todo irrespeto.
-Aguardad.
-Pues qué?
-Ese es el un lado.
-Hai dos lados, pues?
-Sí; i por el otro, son ardidosos, aduladores, de malísima fe, serviles, i listos para humillarse. La conducta de las mujeres es por lo comun abominable.
Sir Ronald pensó entónces que habia hecho
mui bien en no haber traido a Jiji a aquella nueva Sibaris.
Ocho dias despues, Sir Ronald pasó, con el cornac, el rio Maha-Villa-Gondy, que esta cerca de Candi ; i se internó en los bosques, para asistir a una batida de elefantes. Sir Ronald era feliz, i más de una vez dijo a su guia:
-No he sido casado; pero creo esperimentar el mismo placer que si fuera a celebrar mis bodas.
Despues invitó al cornac para que entonase con él el Dios salve a la Reina pero el cornac le observó que debia dispensarlo, por no conocer la música ni la letra de esa caneion.

Se da el nombre de cornac, en toda el Asia, al conductor de elefantes. Es como si dijéramos un mozo de mulas; solo sí que se necesita un cornac para cada elefante, i un mozo de mulas maneja varias de éstas a tiempo.
El elefante es el más grande de los animales terrestres, pues es a ellos lo que la ballena a los acuáticos. Esto, vor sí sólo, lo hace muí interesante; pero hai otra cosa, i esque el elefante casi se aproxima al hombre, por la intelijencia. Bien pensado, debiera ser, en lugar del leon, el rei de los animales.
La gravidez de la hembra dura veinte meses, segun unos, i más segun otros, i el hijuelo nace yá con dientes i del tamaño de un jabalí.
Seis meses despues, le salen los colmillos, parte la más estimada de su cuerpo, porque es la que da la preciosa materia conocida con el nombre do marfil. En el estado salvaje, el elefante vive más d 200 años, i crece indefinidamente. No sucede lo mismo en la esclavitud, estado en el cual ni se reproduce si- pudiera, principalmente, por causa del macho. La hembra no da a luz sino cada dos o tres años.


Toda la especie se alimenta u raíces, yerbas, hojas, rotos de árboles, frutas i granos. Carne no come jamas. Como cada elefante necesita 3 arrobas, por lo ménos, de comida al dia, i como suelen andar en manadas hasta de trescientos, en un momento aniquilan el paraje en donde se detienen, pues lo agotan a razon de unas 2,000 arrobas por dia. Cuando salen d los bosques i de las praderas para dirijirse a las labranzas, destruyen éstas instantáneamente, no solo por lo que se comen, sino por lo que destrozan con las patas i el cuerpo. Bien se comprende lo que será una partida de 400 elefantes en tropel, o enfurecidos.
El elefante no gusta de los climas estremos ni de los parajes estériles. Por eso vive siempre en los bosques, y las florestas i en las orillas de los nos, buscando la sombra i la humedad.
Los ojos del elefante son pequeños, pero animados por una espresion suprema de intelijencia. Su oído i su olfato son mui finos, i se sirve de las orejas para limpiarse los ojos i para espantar los insectos. Aunque por lo comun las lleva caídas, puede levantarlas i moverlas con gran facilidad.
Todo el tacto del elefante parece estar reconcentrado en la trompa, con la cual hace maravillas. Con ella recoje monedas, descorcha botellas, arranca rosas de una en una, desata nudos, corre los cerrojos, cierra llave i las puertas, i escribe con una pluma o punzon. El elefante, sin la trompa, seria una masa estúpida,- como lo es el rinoceronte o el hipopótamo,-pues no puede mover la cabeza, i para retroceder o voltearse tiene que describir un gran círculo. El elefante más pequeño es el del Senegal; i los más grandes no pasan hoi de unos 14 piés de altura, desarrollo que no alcanzan nunca en el estado doméstico.
El elefante gusta del vino i del aguardiente, i por un vaso de licor se le compra tan facilmente corno a cualquier borracho.


Goza mucho con los buenos olores.
No obstante su valor i su fuerza, el elefante tiene un miedo al cerdo con solo
oir su gruñido, se pone en fuga.
La fuerza del elefante es proporcional a su tamaño, pues carga hasta 4,000 libras (40 quintales), i levanta con la trompa hasta 200, sostiene en los colmillos mas de 1,000. El elefante, en furor, desarraiga fácilmente un arbol o tumba una pared.


A paso ordinario, el elefante hace cuatro o cinco leguas por hora; i a trote, tiene la misma velocidad de un caballo en carrera. Mas es la verdad que nunca se apresura a caminar en el estado salvaje. Al servicio del hombre, su jornada puede calcularse hasta en 60 leguas.
El elefante no es sanguinario ni es cruel, sino pacífico i dulce es sociable, i no se le ve nunca sólo; i en sus luchas con los otros animales, suele vencerlos a todos, menos al rinoceronte. Plinio habla de combates entre los dos i nuestro poeta Caro describe, como sigue, el encuentro de estos formidables campeones:


Así el divino Ganjes ve en su orilla
A la gran fiera semejante a un monte
Luchar con el feroz rinoceronte.
el animal del asta retorcida
Arrójase furioso a su enemigo.
Bajo él se pone, la cerviz abaja,
abrazándose con ímpetu, de suelo,
Abre su vientre, arránca la vida
I ufano yá de la victoria habida,
Sobre su frente lo levanta al cielo!


Tremendo muje el monstruo traspasado,
En los aíres suspenso;I muí en breve
Lanza el postrer bramido prolongado,
Con que el eco, a lo léjos, se conmuevo.
La sangre a mares llueve;
Con las ondas s mezcla; el suelo riega
I al matador, que en vano se remueve,
Inunda la cerviz, los ojos ciega.
La luz, súbita, escápesele de ellos,
Cual ráfaga vivísima… la carga
Aún sobre el cuello pertinaz sustenta
Mas yá la muerte, silenciosa i lenta,
Adelántas , llega, estiende el brazo,
Tócalo ¡ confundido,
Rodando, se derrumba.
Jime el valle profundo i bosque umbrio
I léjos de su orilla, profanada,
fluye veloz el espantado rio!

El elefante es el único de los animales que pueden competir con el rinoceronte, aunque nunca es el primero el que busca al otro, para el combate. La piel del rinoceronte es tan dura que, en los escudos o rodelas fabricados con ella, se aplastan las balas comunes de fusil, lo que ha hecho que los cazadores no usen, para matarlo, balas de plomo sino de hierro, i de tres onzas de peso. Las uñas i los dientes de lo tigres no pueden penetrar en ella, i de ahí el que perezcan todos los que se atreven a luchar con tan formidable adversario. La fuerza del rinoceronte es superior a la del elefante, i lo mismo su ajilidad; pero, en cambio, es mui estúpido: todo lo más que se ha conseguido enseñarles a los domesticados, es que abran la boca, muevan la cabeza o alcen las patas. El rinoceronte ataca siempre a los elefantes, esten solos estos o en manada.


Durante la marcha al lugar de caza los elefantes, Sir Ronald tuvo con el cornac algunas conversaciones. Daremos un estracto de las más interesantes.


-Es mui difícil domar los elefantes?
-No lo es, a pesar do su fuerza i do su coralencia; i de ello os convencereis pronto.
-Os presta mucho servicio un elefante domesticado?
Sin duda. El elefante coje pronto cariño a su dueño, i le entiende todo cuanto le dicé, para lo cual le presta una grande atención. Dobla las rodillas para recibir la carga, i él mismo pone los fardos sobre su lomo, valiéndose para ello de la trompa. Cuando yá está cargado del todo, se endereza, i dobla la mano para que su dueño suba ella, como por un escabel, a su cuello. Tambien hai elefantes de tiro.
-De tiro?
-I arrastran un peso mui considerable. Los cortan, a hachazos, los grandes árboles, i los sacan del monte arrastrándoles como los bueyes.

Es maravilloso. Es preciso que los elefantes que yo busco sepan hacer eso.
-Yá lo veremos. El servicio de un te manso equivale al de seis caballos, dos; pero, en cambio, come mas que estos, hai que darles, al dia, unas 100 libras arroz, crudo o cocido, fuera de una porcion de bono i hai que darles de beber tres veces.

¿Es cierto que el Gobierno de Ceilan tiene elefantes que desempeñan el papel de verdugos, o de ejecutores de la justicia?

 
-Así es la verdad. Esta practica es jeneral en toda el Asia.
-Es posible!
-La cosa es mui sencilla: traido el reo al lugar del suplicio, se le atan las manos, se le acuesta boca abajo, i se le pone por almohada un trozo de lena. En seguida se hace aproximar al elefante i se le hace la sena convenida. •11 animal la entiende, i levantando cualquiera de sus manos, pulveriza el
del condenado.
-Horroroso!
Nó: el reo nada sufre, porque la operacion es instantánea. Como el elefante gusta mucho de los arreos,  al elefante-verdugo suelen  adornarlo con brillantes gualdrapas i cintarajos. Cuando se ve de gala, yá sabe
él de lo que so trata.

-Podria yo presenciar una ejecución de esas?
-Lo ignoro,  pues no se como ande ahora la justicia en la isla.
-Eso seria mui interesante para mí.

-Sin el elefante, no podríamos nosotros valernos por acá, pues no habria en toda la India modo de hacer el comercio interior. Toneles, sacos, fardos, todo lo conducen los elefantes, a grandes distancias, i se les puede cargar como a una percha, pues llevan objetes en el lomo, a los colmillos, en la trompa i hasta la boca, sin que jamas rompan ni maltraten nada de lo que se les confía, por frágil que sea.


---No me estraña que considereis a los elefantes como entes superiores, pues los antiguos, acaso más sabios que nosotros, los teman en tánta estimacion, que les atribuian grande intelijencia i una memoria más grande aún.
-I tenían razon los antiguos: los elefantes tienen intelijencia i memoria; i su virtud es tan grande, que abrazan con calor la causa de su amo, trátese de industria, de guerra o de lo que se tratare. De eso tenemos ejemplo todos los dias. Los elefantes, cuando se les enseña el manejo del cañon, aprenden
tan bien su oficio, que no solo conducen las piezas de batalla, sino que dirijen su puntería i las disparan.
-Lo creeis ?
-Ocasiones ha habido en que muertos todos los artilleros, los elefantes han continuado el fuego con sus piezas i decidido del combate.
-Oh! oh! oh!
-Mirad el elefante entiende cuándo se  le injuria, i su amor propio es tan grande,
que se venga cruelmente cuando se burlan de él. Solo sí que, como su condicion es mui dulce, no mata sino raras veces: se necesita, para ello, que esté en mucho furor. ¿Conoceis el Dekan?
-Es mi deseo; pero desgraciadamente no lo conozco todavía.
-No importa. Pues bien, en el Dekan tuvo lugar el hecho siguiente, que es muí
conocido en toda la India. Un cornac engañó a su elefante, diciéndole que hiciese un trabajo doble i que le daria un buen vaso de aguardiente.

aguardiente hecho de arroz, i bien?

 
-Una noche el soldado bebió más que de costumbre, i no queriendo ir al cuartel, fué i se echó a dormir junto a su amigo, el elefante. Poco despues pasó la muda i quiso llevarse al soldado por la fuerza, pero el elefante no lo permitió. Al dia siguiente, al despertarse el soldado, lo acarició blandamente, i apartándolo de sí, le hizo seña con la trompa para que se fuera a su cuartel;
-Hola necesito las pruebas del hecho.
-Podeis dirijiros a Pondichery. Hai ma vos sabeis que el elefante, así como el caballo, acompaña al hombre a las batallas.
-Es cierto.
-Pues bien, el elefante, en mediardor bélico, i aunque esté furioso i
heridas que haya recibido en el combate, léjos de aplastar a los heridos que yacen por el suelo, salta por sobre ellos, i en ocasiones los levanta con la trampa, i los aleja del peligro.
-Oh! Oh! Quisiera ver eso.
-Nada hai mas fiel en la guerra.
-Lo haré en primera oportunidad.
-Habeis negado que los elefantes sean iguales o superiores al hombre, como-yo lo creo ; pero afortunadamente vais a ver, en la cacería que tenemos entre manos, quienes proceden con más intelijencia,- si ellos o nosotros.

 

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