ántes del comercio libre con el Asia, se recojían cerca de 400, 000 libras al año.
Colombo se halla defendido, en uno de sus lados, por una ciudadela
de média legua de circunferencia. Por otro lo cubre el mar, por el
tercero un lago. Está dividido en 4 cuarteles, i cuenta unos 50,000
habitantes, quienes hacen con la China i en Indostan un gran
comercio de seda i de cotonías. El clima de Colombo es malsano.
Como las ilusiones, cuanto más bellas son, duran ménos, sir Ronald
empezó pronto a comprender que Ceilan, asiento del Paraíso segun
unos, i cuna de la relijion de los vedas segun otros, era mejor de
léjos quedo cerca; i mas hermosa en las descripciones que en la
realidad. Empero le consolaba la idea de que al fin estaba en el
verdadero país de los elefantes, i que por esta vez no se le
escaparian las raras especies que buscaba.
El invierno dura en Colombo seis meses seguidos, i sir Ronald
llegó a ella hácia la mitad de las lluvias. Nada pudo hacer, pues,
por lo pronto, salvo el recojer datos sobre la isla, i esperar el
buen tiempo, para seguir hácia el interior de ésta.
La primera pregunta que sir Ronald hizo al inglés más anciano que
halló en el puerto, fué la siguiente:
- Es cierto que Ceilan fué el asiento del Paraíso terrenal? Yo
necesito las pruebas de eso.
-Pues es punto que sustenta la historia.
-No se. . . . tal vez.
-Es estraño. ¿Cuánto hace que residis aquí?
---Cerca de cuarenta años.
-¿I en tan largo tiempo no habeis hallado las pruebas ?
-Os repito que nunca me he ocupado de eso. Yo compro perlas i
canela, i por lo mismo pienso poco en el Paraíso.
Sir Ronald hizo la misma pregunta a muchos de sus compatriotas, i
obtuvo la misma respuesta, poco más o ménos. Entonces resolvió,
como mas seguro, dirijirse al Gobernador el mismo de Ceilan. Hízose
presentar, i como con un personaje de esa clase no podia usar de
mucha largueza investigatoria, limitóse a pedirle respetuosamente
algunos datos importantes sobre la isla. Daremos algunas muestras
de sus conversaciones.
El Gobernador le dijo:
aquí, sir Ronald, lo quo sé. Esta isla es casi tan grande como
Irlanda, i está llamada a ser el centro del comercio meridional
entre China i Africa. Sepárada de la tierra firme, por el lado del
Norte, un golfo, al traves del cual hai una serie de bancos de
arena llamados el puente de Adán, interrumpidos solo por dos pasos
angostos.
- El puente de Adán decís? Ese es un grave indicio. Adán pasarla
por él….i entonces, sí estuvo el Eden en Ceilan.
-No consta en la Escritura que Adán viniera al Paraíso desde
ninguna parte, ni que tuviera que pasar ningun puente para salir de
él.
Los hakemitas, perseguidios por los ommiadas en tiempo del
Califa Abd-el-Malek, vinieron del Eufrates a Ceilan, i fundaron en
ella ocho establecímientos, de los cuales Mantotte i Manaar
quedaron mili bien situados con respecto al puente de Adan i a la
pesca de perlas. Ceilan vino a ser un emporio, pues comerciaba
simultáneamente con Ejipto, Arabia, Persia, Malabar, Coromandel,
Bengala, Malaca, Java, Sumaja., las islas Molucas i la China. Los
habitantes de este último país venian a Ceilan en canoas capaces de
contener mil personas, para comprar aloe, clavo, nuez moscada,
arroz, madera negra (de palma), cochinilla, canela, aceite de coco,
marfil i elefantas de Punta-Gallas. En cambio de todo eso, los
chinos daban sedas, porcelanas, alumbre de roca, ruibarbo,
almizcle, obras de ebanistería, &e.
-Almeida, virei portugues el estas comarcas, ejecitó en ellas
actos de violencia., tales corno no permitir el que navegasen sus
mares otros buques que lo que llevasen patente de su mano. Eso dió
lugar a guerras, a disputas i a rivalidades funestas.
Cuando el afortunado Albuquerque quitó la isla de Ceilan a los
moros, encontró en ella 3,000 cañones; i solo el quinto del botín,
pie tocó ni rei, se vendió en 200,000 de oro.
-Tres mil cañones?
-Ciertamente. Tambien cojió Albuquerque en ella a un moro que
habia hecho mucho mal a los portugueses; i habiendo dispuesto que
lo matasen, le dispararon mil tiros de cañon a quema ropa, sin
hacerle daño.
Me han dicho que el hijo de este Alburquerque, nombrado Alfonso,
al volver a Lisboa presento al rei 40 libras de perlas gruesas, el
mayor diamante conocido entónces, i un cababallo árabe i otro
persa, los primeros de raza noble conocidos en Portugal.
-Así fué.
.-Pudiera yo encontrar algunos diamantes de esa clase?
-Es posible que los haya.
-I en las joyerías?
,-No tengo noticia de que los haya de ese tamaño i calidad. I ya
que mostrais tánto por estas cosas, debo deciros que este es un
obsequio de Albuquerque a su reí, fúé mejor el que hizo a Roma el
rei Poro Pandion, señor, en la India, hai 700 principados.
-I de qué se componía ese regalo? Instruidme, señor
Gobernador.
-De varias serpientes de a 15 de largo; de una tortuga de rio, de
5 pies; i de una ave tan grande como un buitre.
Magníflco, oh! i sobre todo mui original.
-Yá lo creo. Algo más?
-Decidlo…. Crece mi curiosidad y mi imaginación.
-Tarnbien fué el regalo un hombre que habia nacido sin brazos,
pelo que, a pesar de este pequeño inconveniente, tocaba la tanta i
disparaba el arco con primor.
-Lo creeis?
-Sí, porque ambas cosas las hacia con el pie.
Esta India es un país de hadas... ¿sabeis si nos queda algun rincon por conquistar?
Seria una positiva pérdida para lnglaterra que se le escapan
algo.
-Bien lo creo que habeis leido a Estrabon?
-Habrá inglés bien nacido que no lo haya leido? Estrabon era de
Amasia, ciudad del Ponto, i floreció bajo Augusto Tiberio, Ten o
sus 17 libros.
- Pues bien, debeis haber leido en los que tratan del Asia, que
son del 3.° al 10, que Megastenes, primer europeo que vino a la
India, encontró en ella hombres con las orejas tan largas, que les
servian de capa; cíclope con un sólo ojo, sin narices ni boca, i
con los piés mui largos, i el dedo gordo vuelto hácia atras;
pigmeos de 3 palmos de altura, i otros con la cabeza cónica; i
hormigas tan grandes como zorras, las cuales sacaban oro escarbando
la tierra.
-Ah! ah! perdonadme: lo habia olvidado, ¿Seria posible conseguir,
para mi, algunas de esas preciosidades? Un hormiguero de esos hará
más en un dia que mil obreros en un mes.
-Lo dificulto.
-Porqué, señor Gobernador?
-Porque, escepecion de Megastenes, nadie más ha visto esas cosas ;
i eso hace ya muchos centenares de años.
-No habrán buscado bien?
-Es posible: cada cuál tiene sus ojos.
-La india es más antigua que el mundo. Sus secretos son los mismos
de los tiempos prolópticos.
-Hai algo de eso sir Ronald. Os he hablado de la embajada de Poro
Pandion: pues bien, el rol do la isla Taprobana tambien envió otra
al César romano.
-l cuál era esa isla?
-Esta en que estamos.
-Á qué César?
-Al emperador Claudio.
-Entónces supieron los romanos que Ceilan tenia 500 ciudades
florecientes. La capital de la isla era en aquella época
Placimonda. El motivo de la embajada fué el siguiente. Annio
Plocamo, arrendatario de las gabelas en el mar Rojo, fué traido por
los vientos a las costas de Ceilan, en donde permaneció seis meses.
El rei de Ceilan quiso verlo, i le tomó informes respecto de los
romanos, de quienes no habia oído hablar sino mui vagamente, como
de un pueblo cruel i mui atrasado . Anulo se los dió, i le mostró i
le regaló muchos objetos del mundo de los Césares. Al ver el ni que
las monedas romanas, aunque de cuño distinto de las suyas, tenian
el inmenso peso, tuvo a los romanos por jente honrada, aunque
barbara, i los mandó saludar con pompa.
-Es singular que los romanos no pensasen en conquistar estas
opulentas rejiones.
-Les bastó solamente el hacer el comercio con ellas; lo que les
era más útil.
El Gobernador, que habia empezado a comprender de qué pié cojeaba
sir Ronald, díjole un dia:
-Tengo algo importante que comunicaros.
-Os oscucho, admirado yá.
-No es para ménos. Sabed que en días pasados no fui esplícito con vos.
-Oh!
-Hai aquí, en la isla, una montaña llamada el Pico de Adan, de
1,900 metros do altura?
.-I?..
-I en ese rico hai una pagoda en donde se guarda una piedra, en la
cual hai estampado un pié jigantesco.
-I esa huella ?
-Dicen ser de nuestro padre Adan.
-Luego el Paraíso…
-Hai más.
-Hablad!
-En 1284, Kublai-Khan envió aquí una embajada, i ésta le llevó
varias reliquias de Adan, entre ellas dos muelas.
-Oh ! oh ! Es, pues, incontestable lo del Paraíso.
-Por el contrario: si Adan fué sepultado aquí, fué porque murió
aquí; i él no pudo morir ni ser enterrado en el Paraíso, de donde
habia sido echado.
-Me abrumais ¿I esa pagoda?
-Está construida en el punto mismo en donde, segun los sarracenos,
estuvo el sepulcro do nuestro primer padre.
-Es urjente que yo vea esa pagoda.
-Vos lo sabreis.
La ciudad de Candi, en el interior, se compone de una sola calle
de poco más de un cuarto de legua de estension, con una que otra
callejuela al costado. Las casas son de paja i barro, con agujeros
que sirven de ventanas, salvo unas pocas que son de teja i están
empañetadas i blanqueadas.
Al entrar en tan miserable lugar, sir Ronald sintió que se le
llenaban los ojos de lágrimas, i murmuró:
-Irrisiones de la fortuna lié ahí lo que queda de la antigua
opulencia de los cingaleses !... He aquí lo que queda de la
encantadora Placimonda
La afliccion de nuestro inglés fué en aumento, cuando vió que el
palacio del rei era solo un edificio cuadrado, de grande estension,
con multitud de aposentos vulgares. Las pagodas erai tambien de
aspecto i dimensiones miserables.
Otra cosa más que tál pobreza, desvaneció las ilusiones de Sir
Ronald, i fué el no ver la ciudad plagada de elefantes, como lo
está Constantinopla de perros; por lo que dijo al cornac su
conductor:
-No parece que estuviésemos en el país de elefantes.
-Porqué, sir?
-Porque no los veo echados al sol en las calles, o errando
mansamente por entre los transeuntes.
-Badha nos libre de ello!
-Porqué?
-Porque lo elefantes son las fieras mas terríbles que tiene
Celian.
-Habeis dicho fieras?
-Ni más ni ménos.
-Luego lo son?
Yá vereis por vuestros propios ojos.
Sir Ronald comió i durmió bién esa noche
en su posada, pues las 42 leguas que hai de Colombo a Candi no
habian dejado de fatigarlo. Empero esto no basté para que se
despertara temprano i dijera al cornac:
-Quiero ver al rei tintes de todo;
-Al rei?
-Pues qué?
-Eso no es posible.
-Ni aun para un inglés ?... ¿Qué reservas puede tener la India
para nosotros, que somos sus padres ?
-Perdonad, pero la persona del rei de Candi es sagrada, i solo
puede acerca-rse a ella el primer ministro.
Esta contrariedad arrancó un suspiro al pecho del flemático
inglés. Despues dijo:
-Ni siquiera tengo a mi lado a Lynx i a Jiji!
Lo cual era cierto, pues ámbos habian quedado en Colombo. En
seguida manifestó deseos de beberse una taza de té.
-No penseis en ello, dijo el cornac no se usa en Candi.
-Yo trataré de buscarlo en casa de alguno de mis compatriotas
tengo varias cartas de introducción; mas ya que esto no es posible
por ahora, decidme quién es ese que invocásteis ayer.
-Es el mas poderoso de nuestros ídolos, i el mejor empeño pura con
Dios.
Pronto se relacionó sir Ronald con algunos paisanos suyos
residentes en Candi; i el mas interesado en su favor, impuesto de
los proyectos que lo habian llevado hasta allá, le dijo:
-Conviene que sepais con qué jentes teneis que habéroslas.
-Lo creo.
-Pues sabed que los cingaleses son graves, ricos, templados en el
comer i sobrios en el beber.
-Son, pues, de todo agrado i de todo irrespeto.
-Aguardad.
-Pues qué?
-Ese es el un lado.
-Hai dos lados, pues?
-Sí; i por el otro, son ardidosos, aduladores, de malísima fe,
serviles, i listos para humillarse. La conducta de las mujeres es
por lo comun abominable.
Sir Ronald pensó entónces que habia hecho
mui bien en no haber traido a Jiji a aquella nueva Sibaris.
Ocho dias despues, Sir Ronald pasó, con el cornac, el rio
Maha-Villa-Gondy, que esta cerca de Candi ; i se internó en los
bosques, para asistir a una batida de elefantes. Sir Ronald era
feliz, i más de una vez dijo a su guia:
-No he sido casado; pero creo esperimentar el mismo placer que si
fuera a celebrar mis bodas.
Despues invitó al cornac para que entonase con él el Dios salve a
la Reina pero el cornac le observó que debia dispensarlo, por no
conocer la música ni la letra de esa caneion.
Se da el nombre de cornac, en toda el Asia, al conductor de
elefantes. Es como si dijéramos un mozo de mulas; solo sí que se
necesita un cornac para cada elefante, i un mozo de mulas maneja
varias de éstas a tiempo.
El elefante es el más grande de los animales terrestres, pues es a
ellos lo que la ballena a los acuáticos. Esto, vor sí sólo, lo hace
muí interesante; pero hai otra cosa, i esque el elefante casi se
aproxima al hombre, por la intelijencia. Bien pensado, debiera ser,
en lugar del leon, el rei de los animales.
La gravidez de la hembra dura veinte meses, segun unos, i más
segun otros, i el hijuelo nace yá con dientes i del tamaño de un
jabalí.
Seis meses despues, le salen los colmillos, parte la más estimada
de su cuerpo, porque es la que da la preciosa materia conocida con
el nombre do marfil. En el estado salvaje, el elefante vive más d
200 años, i crece indefinidamente. No sucede lo mismo en la
esclavitud, estado en el cual ni se reproduce si- pudiera,
principalmente, por causa del macho. La hembra no da a luz sino
cada dos o tres años.
Toda la especie se alimenta u raíces, yerbas, hojas, rotos de
árboles, frutas i granos. Carne no come jamas. Como cada elefante
necesita 3 arrobas, por lo ménos, de comida al dia, i como suelen
andar en manadas hasta de trescientos, en un momento aniquilan el
paraje en donde se detienen, pues lo agotan a razon de unas 2,000
arrobas por dia. Cuando salen d los bosques i de las praderas para
dirijirse a las labranzas, destruyen éstas instantáneamente, no
solo por lo que se comen, sino por lo que destrozan con las patas i
el cuerpo. Bien se comprende lo que será una partida de 400
elefantes en tropel, o enfurecidos.
El elefante no gusta de los climas estremos ni de los parajes
estériles. Por eso vive siempre en los bosques, y las florestas i
en las orillas de los nos, buscando la sombra i la humedad.
Los ojos del elefante son pequeños, pero animados por una
espresion suprema de intelijencia. Su oído i su olfato son mui
finos, i se sirve de las orejas para limpiarse los ojos i para
espantar los insectos. Aunque por lo comun las lleva caídas, puede
levantarlas i moverlas con gran facilidad.
Todo el tacto del elefante parece estar reconcentrado en la
trompa, con la cual hace maravillas. Con ella recoje monedas,
descorcha botellas, arranca rosas de una en una, desata nudos,
corre los cerrojos, cierra llave i las puertas, i escribe con una
pluma o punzon. El elefante, sin la trompa, seria una masa
estúpida,- como lo es el rinoceronte o el hipopótamo,-pues no puede
mover la cabeza, i para retroceder o voltearse tiene que describir
un gran círculo. El elefante más pequeño es el del Senegal; i los
más grandes no pasan hoi de unos 14 piés de altura, desarrollo que
no alcanzan nunca en el estado doméstico.
El elefante gusta del vino i del aguardiente, i por un vaso de
licor se le compra tan facilmente corno a cualquier borracho.
Goza mucho con los buenos olores.
No obstante su valor i su fuerza, el elefante tiene un miedo al
cerdo con solo
oir su gruñido, se pone en fuga.
La fuerza del elefante es proporcional a su tamaño, pues carga
hasta 4,000 libras (40 quintales), i levanta con la trompa hasta
200, sostiene en los colmillos mas de 1,000. El elefante, en furor,
desarraiga fácilmente un arbol o tumba una pared.
A paso ordinario, el elefante hace cuatro o cinco leguas por hora;
i a trote, tiene la misma velocidad de un caballo en carrera. Mas
es la verdad que nunca se apresura a caminar en el estado salvaje.
Al servicio del hombre, su jornada puede calcularse hasta en 60
leguas.
El elefante no es sanguinario ni es cruel, sino pacífico i dulce
es sociable, i no se le ve nunca sólo; i en sus luchas con los
otros animales, suele vencerlos a todos, menos al rinoceronte.
Plinio habla de combates entre los dos i nuestro poeta Caro
describe, como sigue, el encuentro de estos formidables
campeones:
Así el divino Ganjes ve en su orilla
A la gran fiera semejante a un monte
Luchar con el feroz rinoceronte.
el animal del asta retorcida
Arrójase furioso a su enemigo.
Bajo él se pone, la cerviz abaja,
abrazándose con ímpetu, de suelo,
Abre su vientre, arránca la vida
I ufano yá de la victoria habida,
Sobre su frente lo levanta al cielo!
Tremendo muje el monstruo traspasado,
En los aíres suspenso;I muí en breve
Lanza el postrer bramido prolongado,
Con que el eco, a lo léjos, se conmuevo.
La sangre a mares llueve;
Con las ondas s mezcla; el suelo riega
I al matador, que en vano se remueve,
Inunda la cerviz, los ojos ciega.
La luz, súbita, escápesele de ellos,
Cual ráfaga vivísima… la carga
Aún sobre el cuello pertinaz sustenta
Mas yá la muerte, silenciosa i lenta,
Adelántas , llega, estiende el brazo,
Tócalo ¡ confundido,
Rodando, se derrumba.
Jime el valle profundo i bosque umbrio
I léjos de su orilla, profanada,
fluye veloz el espantado rio!
El elefante es el único de los animales que pueden competir con el rinoceronte, aunque nunca es el primero el que busca al otro, para el combate. La piel del rinoceronte es tan dura que, en los escudos o rodelas fabricados con ella, se aplastan las balas comunes de fusil, lo que ha hecho que los cazadores no usen, para matarlo, balas de plomo sino de hierro, i de tres onzas de peso. Las uñas i los dientes de lo tigres no pueden penetrar en ella, i de ahí el que perezcan todos los que se atreven a luchar con tan formidable adversario. La fuerza del rinoceronte es superior a la del elefante, i lo mismo su ajilidad; pero, en cambio, es mui estúpido: todo lo más que se ha conseguido enseñarles a los domesticados, es que abran la boca, muevan la cabeza o alcen las patas. El rinoceronte ataca siempre a los elefantes, esten solos estos o en manada.
Durante la marcha al lugar de caza los elefantes, Sir Ronald tuvo
con el cornac algunas conversaciones. Daremos un estracto de las
más interesantes.
-Es mui difícil domar los elefantes?
-No lo es, a pesar do su fuerza i do su coralencia; i de ello os
convencereis pronto.
-Os presta mucho servicio un elefante domesticado?
Sin duda. El elefante coje pronto cariño a su dueño, i le entiende
todo cuanto le dicé, para lo cual le presta una grande atención.
Dobla las rodillas para recibir la carga, i él mismo pone los
fardos sobre su lomo, valiéndose para ello de la trompa. Cuando yá
está cargado del todo, se endereza, i dobla la mano para que su
dueño suba ella, como por un escabel, a su cuello. Tambien hai
elefantes de tiro.
-De tiro?
-I arrastran un peso mui considerable. Los cortan, a hachazos, los
grandes árboles, i los sacan del monte arrastrándoles como los
bueyes.
Es maravilloso. Es preciso que los elefantes que yo busco sepan
hacer eso.
-Yá lo veremos. El servicio de un te manso equivale al de seis
caballos, dos; pero, en cambio, come mas que estos, hai que darles,
al dia, unas 100 libras arroz, crudo o cocido, fuera de una porcion
de bono i hai que darles de beber tres veces.
¿Es cierto que el Gobierno de Ceilan tiene elefantes que desempeñan el papel de verdugos, o de ejecutores de la justicia?
-Así es la verdad. Esta practica es jeneral en toda el Asia.
-Es posible!
-La cosa es mui sencilla: traido el reo al lugar del suplicio, se
le atan las manos, se le acuesta boca abajo, i se le pone por
almohada un trozo de lena. En seguida se hace aproximar al elefante
i se le hace la sena convenida. •11 animal la entiende, i
levantando cualquiera de sus manos, pulveriza el
del condenado.
-Horroroso!
Nó: el reo nada sufre, porque la operacion es instantánea. Como el
elefante gusta mucho de los arreos, al elefante-verdugo suelen
adornarlo con brillantes gualdrapas i cintarajos. Cuando se ve de
gala, yá sabe
él de lo que so trata.
-Podria yo presenciar una ejecución de esas?
-Lo ignoro, pues no se como ande ahora la justicia en la
isla.
-Eso seria mui interesante para mí.
-Sin el elefante, no podríamos nosotros valernos por acá, pues no habria en toda la India modo de hacer el comercio interior. Toneles, sacos, fardos, todo lo conducen los elefantes, a grandes distancias, i se les puede cargar como a una percha, pues llevan objetes en el lomo, a los colmillos, en la trompa i hasta la boca, sin que jamas rompan ni maltraten nada de lo que se les confía, por frágil que sea.
---No me estraña que considereis a los elefantes como entes
superiores, pues los antiguos, acaso más sabios que nosotros, los
teman en tánta estimacion, que les atribuian grande intelijencia i
una memoria más grande aún.
-I tenían razon los antiguos: los elefantes tienen intelijencia i
memoria; i su virtud es tan grande, que abrazan con calor la causa
de su amo, trátese de industria, de guerra o de lo que se tratare.
De eso tenemos ejemplo todos los dias. Los elefantes, cuando se les
enseña el manejo del cañon, aprenden
tan bien su oficio, que no solo conducen las piezas de batalla,
sino que dirijen su puntería i las disparan.
-Lo creeis ?
-Ocasiones ha habido en que muertos todos los artilleros, los
elefantes han continuado el fuego con sus piezas i decidido del
combate.
-Oh! oh! oh!
-Mirad el elefante entiende cuándo se le injuria, i su amor
propio es tan grande,
que se venga cruelmente cuando se burlan de él. Solo sí que, como
su condicion es mui dulce, no mata sino raras veces: se necesita,
para ello, que esté en mucho furor. ¿Conoceis el Dekan?
-Es mi deseo; pero desgraciadamente no lo conozco todavía.
-No importa. Pues bien, en el Dekan tuvo lugar el hecho siguiente,
que es muí
conocido en toda la India. Un cornac engañó a su elefante,
diciéndole que hiciese un trabajo doble i que le daria un buen vaso
de aguardiente.
aguardiente hecho de arroz, i bien?
-Una noche el soldado bebió más que de costumbre, i no queriendo ir
al cuartel, fué i se echó a dormir junto a su amigo, el elefante.
Poco despues pasó la muda i quiso llevarse al soldado por la
fuerza, pero el elefante no lo permitió. Al dia siguiente, al
despertarse el soldado, lo acarició blandamente, i apartándolo de
sí, le hizo seña con la trompa para que se fuera a su
cuartel;
-Hola necesito las pruebas del hecho.
-Podeis dirijiros a Pondichery. Hai ma vos sabeis que el elefante,
así como el caballo, acompaña al hombre a las batallas.
-Es cierto.
-Pues bien, el elefante, en mediardor bélico, i aunque esté
furioso i
heridas que haya recibido en el combate, léjos de aplastar a los
heridos que yacen por el suelo, salta por sobre ellos, i en
ocasiones los levanta con la trampa, i los aleja del peligro.
-Oh! Oh! Quisiera ver eso.
-Nada hai mas fiel en la guerra.
-Lo haré en primera oportunidad.
-Habeis negado que los elefantes sean iguales o superiores al
hombre, como-yo lo creo ; pero afortunadamente vais a ver, en la
cacería que tenemos entre manos, quienes proceden con más
intelijencia,- si ellos o nosotros.
