Así conversamos algún rato, hasta que por hay a las nueve, nos acostamos. Dormimos un poco y al siguiente día nos levantamos a las tres de la mañana. Apuramos unas tasas de café, encendimos buenos cigarrillos, y continuamos la marcha casi en las mismas condiciones del día anterior. Así el tercero y así el cuarto. En la tarde del día quinto los frailejonales, como ejércitos enfermos y silenciosos, diseminados en las etapas de una región fría y misteriosa, principiaron a mostrarse a nuestra vista y el crepúsculo se dibujó cuando coronamos, la cumbre del Ruiz, ese gigante dormido en cuyas sienes cual diademas de inmensos azahares las nieves se arrebujan, confundidas y fulgentes tratando como de tocar el firmamento.
- ¿A cuantas leguas estamos sobre el nivel del mar?
- Me preguntó mi peón un poco aburrido
- ¿Tu que calculas?
- Antes usted dígame, pero si es que este condenado hielo no quiere dejarme hablar, dígame.
- ¿Cuántas hay de la tierra a la luna?
- 86.000 según cuentas.
- Pues según cuentas patrón, si esta noche sale la luna nos vamos a topetear con ella.
- ¿Por qué?
- Porque yo creó que nosotros ya nos pasamos al cielo
- No seas cobarde
- ¡Que cuento de cobarde! Este es un alto muy elevado hijo de los demonios.
- ¿Y en donde vamos a dormir?
- ¿Aquí? Y le señale una inmensa bóveda formada en una roca
- ¡Ah! Repuso, ¿es esta la cueva de nieto?
- Si - la misma
- Toda la vida había tenido deseos de conocerla. Dicen que aquí se hiela uno fácilmente.
- Tan fácil, que vea usted.
- Daniel, ¿que te pasa? Preguntó Carlos al ver al infeliz dar diente con diente a sus mandíbulas
- Se está helando-repuse yo. Quizás no estaba acostumbrado a transitar por estos lugares pero en el momento le aliviaremos con un poco de nieve y el calor de una buena hoguera.
- -¿Nieve? dijo Carlos
- Sí, nieve- contesté - ya Verá, usted. cómo; y dándole un poco a, mi peón
-¿Puedes hablar ya dije.
- Sí, señor.
Carlos no pudo menos que sonreír. Se encendieron algunos leños, calentamos carne, panes y dulces, Y cenamos; hecho lo cual nos arrojamos en nuestras mantas. El frío, no obstante, se colaba por todas partes un silencio sepulcral invadía todo el recinto: nada se escucha ni una voz, ni un trino, ni un soplo de viento, solo un ave peregrina solitaria de aquellos lugares cruzaba rasgando un ruido corno de una bala disparada, aquel mutismo que nos envolvía trayéndonos así un signo de la, vida que se encierra en el misterio.
Aunque el sueño quería recogernos amoroso no lo logró. Resistimos a su deseo. A la una de la mañana tuvimos que volver calentar comida pues el hambre nos dominaba, y no pudimos apartar el cigarrillo de nuestra boca. - ¡Este maldito frío nos va a engarrotar y nos va llevar el diablo!, exclamaba de cuando en cuando mi peón. Présteme aunque sea su camisa yo me le hecho encima que me parece que se me revientan las entrañas a quien estuviera en Ambalema -No diga nada, que ya saldremos de aquí
- ¡Pa l' eternidá, pa l´eternidá! Cuando yo vuelva puaquí me voy puel'l otro páramo….
- ¿Cómo así? Dijo Carlos que no pudo menos que sonreír al escuchar aquel adefesio.
- Si, patrón, puel otro páramo aunque me lleve el cachudo. ¡por La Virgen de Manizales, este es mucho frío, carajo!
- Vámonos pues - dije yo. Esta noche debe salir la luna al amanecer, y podemos aprovecha la mañana.
- ¡Pero que carajos es lo que me pasa a yo en este maldito purgatorio! Exclamó Daniel. ¡Que demonios es que no me puedo levantar! Miramos, el infeliz casi entumecido no se podía mover.
- Presta los brazos, le dijo, y haciéndole de ellos le puse en pie.
- ¿Estamos? Agregue sonriendo
- ¡Si! Estamos, pero hasta el alma quien habría estos infiernos, contestó rascándose una oreja
En realidad, al salir de la cueva notamos mucha claridad: la luna lucia magnifica. Le ayudamos al peón en su faena, cabalgamos y nos pusimos en marcha. A las pocas horas amaneció. Las colinas, surgiendo como de un océano de tules fueron apareciendo unas tras otras emperezadas, taciturnas, somnolientas, al paso que la luz que se derramaba por sobre sus costados, formaba vivas hogueras con brillanteses de oro.
