Yo desaté de mis manos un anillo que llevaba y ella hizo lo mismo con su dije, pero al ir á entregármelo, dicho objeto rodó por el suelo y nos fue imposible el encontrarlo. En ese instante, un búho graznó en un manzano de la casa, é Inés, palideciendo; se asió fuertemente de mi brazo.
-¡que horrible es ese canto! me dijo: pero después, un tanto repuesta, agregó:- ¿para que darme miedo? ¿No voy q ser tan feliz?
¡ah! .cuántas ilusiones concebían nuestras almas.
Pero la guerra se presentó y' echó por tierra todos eso e ensueños. Entonces fue cuando Inés y mis padres me suplicaron que no me mezclara en tal revuelta y yo así lo prometí.
Empero, esa promesa se deshizo. Bastó para ello el que dos amigos míos me hubiera dicho que Luís se había ido para la revolución, para. que yo no me quedase atrás respecto a la toma de armas, y era porque la víspera él y yo habíamos disgustado de la manera más sencilla. Hablábamos de la maldita guerra, y él me daba á entender que se haría revolucionario era liberal. yo, que nunca lo creí hecho para las armas, respondí con broma:- no te creo más que ;para las armas tú pareces hecho para, un retrete". Esto lo injurió sobre manera, y yo mismo me di cuenta, al instante de lo que había hecho así que mis dichos amigos al contrario su salida, agregaron:-" a alguien dizque le dijo que tú le habías dicho que estaba bueno para los boudoirs, y él agregó que he iría á ver cuál de los dos era el "digno de tal oficio:" esto bastó para que yo me decidiera. Tomaría las armas qué importaba, lo demás; y así con estos mis amigos, me dirigí á un cuartel el recibimiento fue máuser.-mozos fornidos, gallardos, es lo que aquí se necesita, nos dijo el coronel son hombres como , todo está hecho! y sin más, quedamos alistados, yo con cargo de teniente y mis colegas como subtenientes, en las filas .que habían de defender mi gobierno.
Pensaba también en mis padres. Me parecía oír su voz, escuchar sus ruegos, sentir sus caricias. Veía sus rostros dulces sus rostros venerados; me parecía que estaba en mi estancia que ellos allí llegaban a explicarme lo que debía hacer, a preguntarme lo que quería, lo que ambicionaba cómo me asediaban también esas santas visiones, y cómo me atormentaban por el camino. solo, de vez en cuando me distraía Esteban que con su rostro simpático y negro como el ébano, sus ojos vivaces, sus labios bellos, sus blancos dientes, su sombrero echado hacia ,tras, sus pantalones remangados, su fusil al hombro y el moral á sus espaldas, se: me llegaba á preguntarme si era cierto que ya Bogotá estaba en manos de los rojos, que en la costa tenían más de veinte mil hombres y que Pereira y toga el cauca estaban perdidos completamente.
No creas en tales cosas.- le decía - los rojos no son capaces de hacer nada mas él, guiñándome los ojos, respondía
- vea, mi teniente, ai verá como todos hasta á José y a yo nos va á llevar el mesmo diablo. (José era un su hermano que también iba con nosotros á debelar la revolución.) yo lo siento, proseguía, por mi pobre madre. ¡Está tan vieja, es tan enferma……!
A veces me hablaba de su novia.
-¡cómo irá, á ser eso. Decía, el, día el día en que yo ya güelva hecho un mesmo general! ¡Ni pa qué más dicha con mi loncho de negra! ¡Ay! Y toda la plata que iré á traer ¡Cómo irá á ser eso!
Otras veces me arrebataba de mis abstracciones por medio de sus dichos salerosos.
-Dicen que el Gobierno quiz que es ma1o - ex clamaba en la tarde del primer día de camino al recibir una ración de carne-quiz que malo un Gobierno que le da á uno siete riales diarios por :recorrer y su trozo de pura….. presa pajaitarse. Esto es lo que; llaman ser uno malo..............
Empero .por ahí á los veinte días ya la cosa, pereció cambiar de fondo. Habíamos oído zumbar algunas balas, y ya no se hablaba más que ya uno que otro se quejaban de su pierna herida… de pura guerra. El encentro de los muertos, el valor de Zutano, la astucia de Perano, todo ello formaba el tema obligado de las conversaciones. Los rostros de los jefes estaban ora alegres, ora macilentos; J ya no había reposo cierto, ni ya se podía dar por la vida un, ardite.' Las marchas, las fatigas se habían redoblado; quedaba atrás una-cola de enfermos y ya uno que otro se quejaba de su pierna herida" de su brazo roto, de la falta de su compañero Las desgracias eran lo que en las filas hallaba mejor acogida. Que á los liberales se los llevó el diablo en San Luís decían-y á los conservadores el mismo demonio en Santander. Que Panamá y Tumaco cayeron en manos de los rojos, pero que en Cundinamarca no quedo uno de éstos para, contar el cuento. Sonaban también los nombres de los jefes revolucionarios. Oribe Uribe, Soler Martínez, Benjamín Herrera Avelino ,Rosas, José María Ruiz, Aristóbulo Ibáñez" Cándido Tolosa, Cenón Figueredo &. &, eran traídos y llevados por doquiera. Andaba muy valida-la creencia de que el General Vargas Santos arrastraría, como su Jefe, á todo el Liberalismo y que el conflicto, aunque debelado aquí y rechazado allí se haría genial en toda la República. Así las cosas, nosotros vimos con gran contento, poco tiempo después, que esto no tomaba aspecto cierto, pues en el Tolíma, que era donde nos hallábamos, no había ya sobre qué caer; y se confirmó también la noticia de que con excepción de los del norte de la. República, los demás - movimientos revolucionarios más semejaban simples, alborotos de desocupados que de gentes de acción, Empero a los pocos días con el pronunciamiento del entonces Coronel. Ramón Marín principio agriársenos á nosotros la situación. Hubimos de entendernos con él, por vez primera, en Patio bonito, y después en mil combates más cuyo recuento y por menores son bastante conocidos para que yo haya de entrar á tratarlos detalladamente.
