Después de Palonegro.
"Hoy si estamos nosotras gozosas. Ya todo augura que Us, volverán pronto. ¡Como están de alegres las madres… cómo se regocijan las esposas! ¡Si U viera la felicidad que en todos los rostros se pinta! Quiere el cielo que ya la guerra concluya. Es tan horrible ver los hermanos se matan de ese modo. Dios no debe estar contento con Us. La patria los debe incriminar poderosamente. Juan, no sea u. de ese número. Venga á ver a sus padres que tanto lo quieren. Bien vale el placer de enjugar su llanto una visita desde allá ¡Cuánto lo adoran! ¡Cuánto sufren! ¡oh! Si vieran ¿no sabe U cual sería el regalo que yo le guardaba? ¿no lo adivina? Pues …. Una coraona de laurel con que yo misma me he prometido obsequiarle. ¿No cree que esto me produciría suma felicidad?
Después de mi prisión.
"Juan: ¡que horrible fue su última! Aún nos estremecemos con su relato. ¡Como hemos llorado con ello! Yo creí morar al sólo pensar en la suerte que U. puedo correr. Sangre, ruinas, muerte, todo eso es lo que mi imaginación logra ver a toda hora. Yo no quiero salir de aquí en su casa. ¡Como hemos llorado con ello! ¡como oramos por U y por tantos otros que andan en la guerra! Ya no quiero ni ver muchas cosas suyas que Simona me mostraba. ¡que horrible es tanto temor! Juan, vengase, no se quede más. El corazón de Jesús que le acompaño lo ha de querer, así El no permitirá que U no vuelva. Encomiéndese a él, que en su nombre todo cuanto se desee, se consigue. ¡Ay! ¡cuanta dicha nos causaría su regreso!.
Después de Girardot.
"Ya estoy convencida de que su regreso es tarde, quizás nunca. Dios lo Sabrá. Tal vez eso estaba decretado. Cúmplase su santa voluntad".
Más tarde:
Juan: El correo de la última semana no nos trajo carta suya. ¡Que tristeza me produjo! Un correo así es demasiado amargo. Esperamos - al verle llegar - que será portador de tantas dulces confidencias, de tantas gratas nuevas! Es un emisario tan querido: pero ¡hay! Cuando viene así… así como tan solo, tan sin nada, se nos hace tan frío, tan amargo. ¡Teme una tantas cosas! Sin embargo, Dios ha de querer que nada malo haya sucedido y que pronto, muy pronto, este ya U. aquí ¡que dicha esta para todas nosotras: nada la semejaría."""
Más tarde aún:
"Recibí una muy amable suya por el correo venido hoy. ¡Que felicidad! ¿Con que creen venir pronto? que gozo más superior! ¡No sabe U. cuantas promesas le tengo hechas a la Virgen para que ese sueño se torne en viva realidad! Ello me haría morir de contenta. Entonces, ya no lo volveríamos a dejar ir ¿Cree U que nos ha hecho sufrir poco con su ausencia? Son muchas las lagrimas que me debe, muchas no lo olvide, pero con tal de que venga pronto yo se las perdono toditas sin dejar una sola. ¡Que cuantas que mi hermana Julia sería de mi y de la mucho que lo he llorado! No es verdad que siendo tan feliz como lo voy a sér cuando U, vuelva, todo se puede soportar?. Inés"..
"P.D. esas violetas que le acompañó son cogidas en su propia casa, de aquellas que Ud, me regalo un día cuando U. me regalo un día cuando U. estaba aquí. ¿las recuerda? Cuando vuelva ¡ay! Cuantas le voy a tener. Vale Inés.
- Sí cuanta felicidad, cuanto contento iría yo también a encontrar cuando regresase! Entonces, si, entonces que bulla de guerras, que bulla de salidas, que bulla de necesidades. Todo se iría a un cuerno, a trompetear un calvario. Me casaría, y entonces ¡bah! Entonces sólo viviría para Inés. Solo viviría para hacer su felicidad. En estas meditaciones iba cuando oí a Esteban, en quien el deseo de ir a Bogotá se había extinguido, que cantaba con voz tierna y melodiosa las siguientes coplas, recostado al pie de un hermoso ceibo:
me parece que nace
en mis montañas el sol ,
y que en tu hogar adorao
tu rostro llora angustiado
porque me tardo, mi amor.
