CAPITULO XXIV

EN DONDE SE VERÁ QUIEN ERA EL MAESE DE CAMPO DE GONZALO

-Supongo, dijo Carvajal entrando a donde Gonzalo con la familiaridad que pudiera hacerlo un padre con su hijo; supongo que estarás satisfecho de mí. Vamos! ya eres rei, recuéstate i descansa un rato.

-No, Francisco; no es bastante lo hecho todavía.

-No es grande tu favor con el pueblo

-Al Parecer sí es grande; pero el pueblo suele ser rencoroso a veces.

-Rencoroso, i por qué?

-Porque habeis sido cruel en esta ocasion.

-Cruel? ni por pienso! Cierto que colgué tres nobles; pero, Gonzalo, estaban tan hermosos los árboles, que me pareció que no era cosa de desperdiciar.......... mas, en otra ocasion nos manejaremos con mas cordura: sos valdremos del garrote en vez de la soga.

-Dejaos de esas chanzas, Carvajal; teneis ya ochenta i tantos años, i no os sientan bien semejantes hazañas.

-Quita allá el escrupuloso! Si colgué tan solo tres, fué por evitar que riñésemos; pero si hubiera sospechado lo que está pasando, me hubiera portado de distinta manera. Aparte de eso qué son tres bribones ménos para esta tierra dichosa, que los posee a cientos, como el agua los peces? Por otra parte, conozco mejor que ninguno los lances de la guerra, i esos tres hicieron entrar al pueblo i a los oidores en razon. Creeis que sin eso se hubieran prestado gustosos a recibirte?

-Ello es que no dejarán de acusarme de tirano.

-Pues qué! no piensas serlo? Era la última que nos podia suceder! Tirano i mui tirano, sí, señor. De otro modo ¿de qué nos podria valer lo que hemos hecho?

-Vamos despacio, Carvajal.

-Qué despacio ni qué embrollos! quien tiene dos mil soldados, que parecen otros tantos leones, no debe andar por el asqueroso camino de la pusilanimidad.

-Obremos como políticos i no como guerreros.

-Obremos, Gonzalo, como obrará el rei con nosotros si caemos en sus uñas. Nos tratarán como tiranos; seamos pues tiranos en verdad.

La razon no dejaba de tener su fuerza, i el último de los Pizarros se puso a pasear sin replicar nada.

Carvajal continuó

-No estoi por tu política, hijo mio. Cuando se juega el pescuezo como lo estamos jugando nosotros, lo mejor es hacer algunos avances ántes de que llegue la hora de los desengaños. He estudiado largo tiempo el arte de la guerra con el Gran Capitan i con el mismo emperador Cárlos V, i no estoi por debilidades ni por condescendencias.

-Respeto como es debido vuestros consejos, Carvajal, pero no olvideis que la prudencia es madre de la buena ventura.

-La prudencia ¿sirve acaso para otra cosa que para tumbarnos? Óyeme, i sé dócil a mis advertencias. Manda poner preso al oidor Cepeda i remítelo sin pérdida de tiempo a Panamá.

-Qué decís! al oidor

-Al mismo. Es un tunante, i nos va a dar mucho qué hacer.

-Os equivocais.

-El equivocado eres tú, Gonzalo. El oidor Cepeda está conspirando contra nosotros.

-Carvajal!

-Es un infame que nos hace la guerra por detras. Has de saber que ha reunido hoi mismo la Audiencia en el mayor secreto, i trabaja porque se nos forme un proceso. I sabes, hijo mio, preguntó con acento de melosa malicia el veterano ¿sabes lo que significa un proceso en el Perú? Un proceso es una sentencia de muerte.

-Algo me habian dado ya que sospechar sus rastreras adulaciones. Pero no importa, tengo en mis manos el medio de hacer de Cepeda el mas dócil i obediente de mis esclavos.

-Bien, confio en tu habilidad i en tu poder; i de no, ahí está mi lanza que sabe resolver mas de una cuestion. Vamos a otra cosa; i el maese de campo dió a su cara todo el aire de seriedad de que era capaz, i que a decir verdad no era mucho.

-Decid.

-Bien sabes, hijo mio, que cuanto encierra este pais en minas, ciudades, montes i mares es tuyo; tuyo únicamente, porque no queda mas heredero del marques Pizarro. El lo conquistó todo con su valor, pues los reyes en nada pudieron ni quisieron ayudarlo; manos pues a la obra.

He aquí mi pensamiento.

Levantamos un trono para tí en esta ciudad; quemamos, como Cortes, todas las naves que cruzan entre las costas incas i las de Panamá, de modo que quede ruta toda comunicacion con España; damos despues muerte a Núñez, Vaca de Castro i Cepeda; te casas con una princesa de la sangre real, i dejamos a Dios i al tiempo que hagan lo demas. Con tu enlace con la familia del sol, traemos a tu partido el mui poderoso de los incas; i confiando a las olas solitarias del océano la guarda de la nueva corona, sabremos reimos de las huestes vencedoras de Castilla.

Calló Carvajal i Gonzalo quedó mudo de admiracion. El viejo soldado penetraba el porvenir con ojo mas certero que el suyo; pero el héroe no queria encastillarse sino lidiar. Era para él mejor ceñirse la corona del Perú ganando diamante por diamante sobre los campos de batalla, que obteniéndola con el asesinato de sus predecesores, i el cobarde desafío a un rei distante dos millares de leguas, despues de haberle interpuesto el mar i los desiertos para que no pudiera combatirlo.

Los Pizarros eran mas soldados que políticos.

Sinembargo, aunque Gonzalo rechazaba de firme el plan de su maese de campo, no por eso dejó de vencerlo la curiosidad, por lo que dijole con alguna gracia.

-I dónde está, amigo, esa princesa real con quién deberá desposarme?

-Si no es otra la dificultad, yo te presentaré una que eclipsará en hermosura a las mismas sultanas del Oriente.

-Mucho me temo que exajereis; pero de todos modos, la veré para resolverme.

-Dame solamente un dia para presentártela. La tengo mui cerca de aquí, pero deseo prepararlas

-Un día o un año, Carvajal, dijo Gonzalo riendo de lo que él llamaba en su interior, la candidez del viejo veterano.

-Por qué te burlas? preguntó Francisco.

-Porque no hai en todo el Perú esa virjen que me prometeis. Ahora quince años sí había una; pero esa ya ha muerto, observó el héroe poniéndose pálido. Ella sí hubiera sido mui digna de lo que me proponeis, pero era esposa de un gran príncipe, i entónces no soñaba yo, como hoi, en coronarme. I Gonzalo acentuó esta frase como supremamente ridícula.

El fiel amante se acordaba de su linda Azucena.

-El que haya o no esa vírjen es cosa que corre de mi cuenta. Deja que el plazo se cumpla i él será el que decida de mi comprometimiento.

I el veterano salió del salon con aire de completa seguridad.

Veamos entre tanto lo que era de Jilma.

Comentarios (0) | Comente | Comparta