EL PERIODISMO EN LOS PRIMEROS AÑOS DE LA REPUBLICA
El Diario Político de Santa fé de Bogotá apareció el 27 de agosto de 1810. Estaba consagrado a narrar los sucesos ocurridos en la capital con motivo del 20 de julio, y el artículo prospecto del primer número llevaba al pie las firmas de los patricios José Joaquín Camacho y Francisco José de Caldas. En dicho artículo decían los redactores
"Los editores ofrecen tres números por semana. El lunes, y viernes se presentará medio pliego4e la letra de este prospecto: se dará en la capital a medio real y en las Provincias a real. No es posible precio más moderado, atendiendo a lo caro del papel y mano de obra. Esperamos sea bien recibido del público un Diario que les es necesario, y que tienen interés en verlo desde el Presidente de la Junta Suprema hasta el último de la sociedad"
Oportuna fue la previsión de querer dejar constancia, apenas cumplidos los acontecimientos, de la magnitud y motivos del 20 de julio. Fuentes de incontestable autoridad histórica son estas, que las generaciones irán consultando vez con mayor celo y diligencia, y en las que encontrarán sobrados motivos de orgullo nacional.
Desde 1810 a 1830 la prensa fue despertándose como de un perezoso letargo; pero vacilante aún, temerosa del que dirán muy apegada a las tradiciones, ni es variada, ni exhibe vistosa líneas de defensa por la causa republicana. Transmite a sus lectores, en artículos cortos, lo que puede llamarse hoy informaciones sobre el estado de la política europea, educa al pueblo en el sentimiento religioso y aventura algunos correctivos sociales Nariño fue el más audaz de aquellos divulgadores de ideas propagandistas políticos: sus miras eran absorbentes y logre dominar y hacerse árbitro de los destinos públicos. El redacte La Bagatela en 1811, periódico que era leído con ávida curiosidad, y al cual se le concede influencia determinante en los acontecimientos de ese año.
No llevará a mal el lector que anotemos algunas pocas su cintas noticias sobre los órganos de publicidad de entonces, Ante todo debe saberse que estuvo muy en boga por aquel tiempo hacer uso de la imprenta. Todo el mundo se creía como obligado a emitir sus opiniones aun cuando generalmente, o no s daba importancia a la firma, o no era costumbre firmarlas. Los más aparecían anónimos, en una o dos hojas, impresas y con títulos llamativos. El doctor Francisco Margallo y Duquesne, quien predicó en la iglesia catedral, en 1819, la oración de gracias que se acostumbraba por el triunfo de las armas en Boyacá, sermón que fue elogiado en la Gaceta del Gobierno, pagó tributo a la moda y a sus propias inclinaciones dando los papeles de controversia religiosa titulados La Ballena, El Gallo de San Pedro, La Espada de Holofernes, El Perro de Santo Domingo, El Arca Salutífera.
Anónimas aparecieron, y en diversas hojas, a modo de periódico, Las cartas críticas de un patriota, viva censura contra las enseñanzas por Bentham. Júzguese de la tendencia semipersonal de otras y de la falta quizás de serenidad con que los mismos autores se proponían tratar las cuestiones que preocupaban a la sociedad, por los títulos de algunas de aquellas publicaciones: Cartas de Julio a Teodoro. Las conversaciones de Torquita. Conversaciones entre un cura y barbero. Guerras Fanáticas contra masones. Los sueños de un patriota. Un ruaneta al paisano observador, etc.
D. José Manuel Groot, ocupándose en los ataques que en Bogotá se hicieron a la sociedad bíblica protestante y a las logias masónicas, dice: en su Historia (Vol 39, pág. 293 de la 1era edición) :
Muchos fueron los papeles que en Bogotá se publicaron en 1824 en contra de todas estas cosas e ideas, de los cuales hubo algunos de mucha extensión. Las noches masónicas, El Traductor, El Despertador, Las Damas de Bogotá, El Pésame, Las Albricias, El Noticiosote, etc. Este último se atribuía al doctor José F. Merizalde.
Hubo tres escritores a quienes no debemos dejar olvidados: El presbítero doctor Luis Azuola, capellán de la tropa, del tiempo de los virreyes, no de la tropa que tiraba con bala; el canónigo doctor Francisco Cabrera y el reverendo Padre Ruiz, dominicano.
El primero escribió en prosa y en verso las Guerras fanáticas contra masones El verdadero censor de Colombia, y otros, de que hacía tirar miles de ejemplares. El doctor Azuola picaba de satírico y erudito; el doctor Cabrera todo lo hacía en versos macarrónicos y endiablados; el padre Ruiz escribió en prosa y en verso: su escrito más notable fue La tapa del cóngolo, pieza que ha logrado inmortalizarse, pasando a la posteridad como para ponderar un escrito chabacano.
El estilo epistolar era el generalmente empleado por los que querían transmitir al público sus pensamientos; seguramente le concedían, como tiene, mayor fuerza persuasiva; así s que La Bagatela, de 1811, y El Patriota, de 1823, lo emplearon.
La crónica local era muy exigua, casi nula, y acontecía dada una noticia, en seguida el interesado o nombrado en ella s creía en el caso de salir a la palestra para contar las cosas a su manera o darle más nueva y más discreta interpretación de la que le achacaba el periodista. Citaremos a este propósito como publicación de esa naturaleza que hemos consultado, El Carmelita, Bogotá, imprenta de Espinosa, por Valentín Molano, año de 1825. En ella se defiende a las monjas del Carmen haber arrojado violentamente a la calle a una señora Vargas que se hallaba en el convento de novicia.
Otras publicaciones había de verdadera importancia y miras trascendentales.
En la imprenta Patriótica de D. Nicolás Calvo hizo imprimir D. Tomás de Montalván y Fonseca, en 1812, un folleto de 14 páginas, tocante a las necesidades políticas de la época, llamando la atención de las Provincias hacia el deber de unirse para buscar en un cuerpo representativo las bases de la federación extendiéndose a demostrar los peligros que corría el pueblo ignorante y confiado, si no acudía con energía y resolución a defender sus derechos. Comenzaba así: "La América en su revolución no ha tenido otro objeto que independizarse de España, de esa España que tántos siglos la ha tiranizado con la crueldad más inhumana".
En algunos periódicos encontraremos indicaciones y rasgos que ayudarán a fijar las ideas y nos darán a conocer los rumbos que seguía el periodismo.
La Bagatela, que, como ya dijimos, era órgano del General Nariño, comenzó a publicarse en Bogotá el 14 de julio de 1811, y terminó el 8 de marzo de 1812. El tamaño y forma son como de libro en folio, recortado cuatro o cinco dedos en la extremidad inferior.
En 1814 se publicó en la ciudad de Tunja El Argos de la Nueva Granada; en Bogotá El anteojo de larga vista, en la imprenta del Estado, por el ciudadano Felipe Hernández y en Popayán La Aurora. Popayán se hizo notar desde entonces como ciudad pensadora, que seguía con interés el desarrollo progre sivo de las ideas.
El Patriota se publicó en Bogotá desde principios de 1823, imprenta del Estado, por Nicomedes Lora, y terminó con el número 41, publicado el 24 de agosto del mismo año. Atribuíase al General Santander. En el último número encontramos un artículo sobre teatros, en donde se lee lo siguiente:
"Entre muchas cosas que de criticar tienen nuestros tea tros, nos ha hecho más impresión la poca delicadeza con que el patio suele palmotear cuando algún actor pronuncia alguna sátira o pensamiento duro contra las damas. Si el poeta ha querido combatir algún vicio en el bello sexo, o alguna acción irregular en una mujer, no es justo ni decente que las/damas que asisten al teatro sean insultadas con el palmoteo d patio, pues ni se las convida para que sufran tal pena, ni acas6 habrá quién entre ellas pueda ser tachada de la falta que se reprende. Que se palmotee cuando se oyen pensamientos de virtud, de amor a la patria, de obediencia a los padres, de respeto a las leyes, de fidelidad en los matrimonios… muy santo y muy bueno; pero hacerlo cuando se dice algo por vía de reprensión a las debilidades inherentes a nuestra frágil naturaleza, no nos parece nada propio de la buena educación ni del respeto que se merecen las damas. . ."
El Atalaya de Bogotá, era como El Patriota, de muy pequeñas dimensiones: publicación en 8°. El primero apareció en buen papel y buenos tipos, en la imprenta de Espinosa; estaba des tinado exclusivamente a la divulgación de las doctrinas católicas. Tomamos lo siguiente del número 1º.
"Este periódico deberá salir todos los sábados, dando principio desde este día que contamos 10 de enero de 1824. Constará cada número de un pliego en el que, sucesivamente y por su orden, se irán tratando los puntos que nos hemos propuesto. Se imprimirá en octavo y de tal modo, que pueda proporcionar les a los suscriptores el que de toda la colección les sea fácil al fin formar uno o dos libritos manuales; y el precio de cada pliego para los que se suscriban será un real, y para los que lo hacen, de real y medio. La suscripción será por trimestre, su importe, el de doce reales, pagados con anticipación".
La Miscelánea correspondía en dimensiones a La Bagatela. Comenzó a publicarse en Bogotá el 18 de septiembre de 1825, y terminó el 11 de junio de 1826, alcanzando a contar una sen de 39 números. Fueron sus redactores Alejandro Vélez, José Ángel Lastra, Juan de Dios Aranzazu, Pedro Acevedo y Rufino Cuervo.
En el número 7, ocupándose uno de los redactores en dar la noticia de que D. José Manuel Restrepo tenía a su cargo el escribir la historia de Colombia, se expresaba así.
"La historia de este pueblo, que triunfante y glorioso luchó con sus tiranos por restituír al hombre la dignidad que le dieron Dios y la naturaleza, ofrece una época, unos sucesos dignos de fijar las miradas del filósofo y del hombre social, y son bien raros estos ejemplos en los anales del mundo. Un espectáculo verdaderamente consolador para la mísera humanidad tan hollada y deprimida, es el de la fuerza vencida por la justicia, las preocupaciones por la razón y el grito de la arbitrariedad ahogado por la voz de la naturaleza, y los sublimes transportes de la libertad al lado de los atentados del despotismo que se destruye por sus propios crímenes".
El periódico político y noticioso llamado El Conductor apareció en la capital el viernes 2 de febrero de 1827, y terminó con el número 79 (de 7 de noviembre del mismo año). Salía de la Bogotana, impreso por D. Lázaro Lévy, y en el prospecto, que circuló en dos hojas aparte, se insinuaba que hacía cinco años disfrutaba Colombia de la inapreciable libertad de imprenta, y que si aún no se habían hecho sentir en escala mayor todos los beneficios que ella producía, era porque no se habían extendido y divulgado, como era de necesidad, las publicaciones por la imprenta.
El redactor de El Conductor fue D. Florentino González, y en el número de los colaboradores de aquel periódico figuraron D. José María Salazar y D. Luis Vargas Tejada.
D. Rufino Cuervo, que en Popayán publicó en 1828 El Constitucional, defendiendo las ideas de centralismo, y que había sido colaborador de La Bandera Tricolor, de Bogotá, periódico opuesto al Libertador, y tan serio y bien dirigido como La Miscelánea, fundó en la capital El Eco del Tequendama, en octubre de 1829, en el que analizaba algunos actos del gobierno, y emitía acertados conceptos que la experiencia y la observación le sugerían.
Como deseamos que el lector aprecie con su propio personal criterio las líneas del cuadro que le presentamos, se nos excusará la abundancia de transcripciones y de citas. Copiamos un pasaje de El Eco del Tequendama:
"El colombiano es hoy valiente, generoso y social. Tan intrépido en los combates y tan duro en las fatigas, como los antiguos espartanos, ha llevado siempre la vanguardia cuando levantó el grito la América para debelar a sus antiguos amos. En medio de sus virtudes marciales es dócil y jovial, y se puede conducir fácilmente por cualquier camino que no sea del deshonor. Su amor a la ilustración es asombroso, aunque o nota en él cierta falta de reflexión, muy necesaria, sin duda para digerir y sacar fruto de lo que se aprende. Por esto n motejan algunos censores extranjeros, que leemos mucho y pensamos poco".
A los periódicos nombrados debe añadirse, como importa te por su contenido y grandes dimensiones, El Constitucional que vio la luz el jueves 27 de mayo de 1824 y terminó con número 167 del jueves 8 de noviembre de 1827. Era impreso por Arturo Carlos Luthman (Plazuela de San Francisco), y editor publicaba a menudo páginas enteras del periódico inglés.
El Preguntón, de 1823, editado por la imprenta de Espinosa no era jocoso, como pudiera sospecharse por el título, sino p. pagador de la doctrina del Evangelio, y por la forma, tipos tamaño, idéntico a El Atalaya.
De El Huerfanito Bogotano se publicaron 11 números en 1826.
En el número 1° de El Censor (19 de noviembre de 1826)1 se publicó la relación de la solemne entrada del Libertador a 1a capital el día 14 del mismo mes. Otros periódicos, publicados en la capital de 1820 a 1830, fueron: Correo de la Ciudad de Bogotá, El Insurgente, El Preguntón, El Fiscalito Lego, El Fuete, El Charivari Bogotano, El Campesino, El Caduceo, El Gavilán, El Posta de a Caballo, La Tertulia, El Recopilador, El Zurriago! y Los Toros da Fucha.
El Granadino, cuyo número 1 apareció en Bogotá el 19 de mayo de 1827, en la imprenta de D. Bruno Espinosa, fue funda do con el especial objeto de contribuir a la separación de Nueva Granada de Venezuela y el Ecuador. En él se combatía también la personalidad del Libertador y se decía que se pretendía mantener el predominio y mando de éste a la fuerza y contra la voluntad de los granadinos. Se abogaba, con mucha insistencia, porque todos los empleados públicos fuesen hijos del país.
En su primer artículo decía:
"Ni es de esperar que el General Bolívar sea de opinión que sigan íntimamente unidas Venezuela y Nueva Granada. Los habitantes del Sur también desean la separación absoluta, y aun se trasluce que se inclinan a su agregación al Perú. En cuanto a los granadinos qué diremos? Que si por un milagro de Dios se les apareciese y les dijera... ¡Granadinos! estoy dispuesto a otorgar el objeto más ardiente de vuestros anhelos y esperanzas, explicaos, qué queréis? Señor, responderían, el supremo de los bienes que puede dispensarnos vuestra infinita bondad, es una separación pacífica, tranquila y amigable de nuestros muy buenos hermanos los del norte y los del sur. Nosotros nos organiza remos a nuestra manera; les juraríamos no golpear nunca a sus puertas para nada; y, además, una amistad eterna. Tal es lo queremos se piensa allá en lo más íntimo de los corazones de todos los buenos granadinos"
Figuraron por ese tiempo, como periodistas políticos de nombradía, el General Santander y los doctores Vicente Azuero, Estanislao Vergara y Eladio Urisarri.
Pedro Acevedo, que fue de los que más activa parte tomaron en la redacción de La Miscelánea, comenzó sus estudios en el Colegio del Rosario, los que tuvo que interrumpir porque su padre, obligado a marchar a Tunja con motivo de los sucesos de 1812, lo llevó consigo. Abrazó después la profesión militar, y de edad de 15 años combatió denodadamente en la batalla del Palo, a las inmediaciones del Cauca, en que fue despedazada la división española al mando de Vidaurrazaga. Estuvo de Intendente político de Antioquia y alcanzó, en la milicia, el grado de Coronel. Tenía 28 años cuando murió. Hizo algunas composiciones en verso. Escribía sin afectación, con discernimiento y buen gusto. El primer compendio de Geografía de Colombia se debe a su pluma.
El doctor Vicente Azuero, abogado notable, hizo imprimir varios cuadernos sobre asuntos jurídicos, y en polémica con el doctor Manuel Baños, también escritor de mediano aprecio, decía el doctor Azuero en una publicación que hizo en 1824: "Entre nosotros se llaman santos los que se golpean el pecho en las iglesias; oyen algunas misas y sermones y se entregan a otras prácticas puramente exteriores, aunque al propio tiempo tengan las costumbres más corrompidas"
"En todos los tiempos la religión este don divino, enviado del cielo para alivio del hombre desgraciado, ha sido en manos del impostor y del fanático el instrumento o pretexto de las más. feroces iniquidades. A pretexto de religión fue asesinado Enrique IV, el más grande de los monarcas franceses; por pretexto de extirpar la impiedad y las herejías, fueron exterminados los albigenses, los templarios y tántos otros, y sus bienes usurpados 1 y distribuidos entre sus propios asesinos; doce millones de indígenas fueron entregados en la América al cuchillo, a las llamas, a los suplicios, a ser pasto de los perros, a pretexto de que eran impíos y gentiles".
Un folleto de 52 páginas, y suscrito por el doctor Juan Nepomuceno Azuero, impreso en Bogotá por F. M. Stokes, Plazuela de San Francisco, en 1825, con el título de El Doctor Merizalde y El Noticiosote, nos da la clave de que realmente el doctor Merizalde era el redactor del aludido periódico.
A vuelta de varios cargos que en aquella publicación hace el autor al señor Merizalde, le increpa sobre todo su tendencia a vivir en polémica con todo el mundo, hasta con sus compañeros de estudio y de profesión y agrega:
"Basta examinar quienes son los amigos y quienes los enemigos del doctor Merizalde para formarse una idea exacta de sus opiniones, de sus principios y de todo lo que es o puede ser. Tiene íntima amistad con ciertos hombres que han sido exaltadamente enemigos de la causa de la libertad, que constantemente han manifestado el más estúpido apego a las doctrinas rígida mente ultramontanas y más contrarias a la libertad de la Iglesia; con estos hombres, que todavía viven aislados sin haber dado la más ligera prueba de que hayan depuesto su criminal a la Independencia... Estos, algunos de los cuales son seculares, y otros eclesiásticos y aun regulares, son los amigos del doctor Merizalde... Puede decirse que no hay un hombre verdaderamente liberal y ajeno de partidos perniciosos que no desconfíe de él y que no impruebe sus malas cualidades. La persecución que suscitó al Padre Gutiérrez y al Convento de Santo Domingo, no tiene otro origen que la liberalidad de principios que estos apreciables religiosos han comenzado a desenvolver de algunos años a esta parte, y unas conclusiones públicas en que, sobre la materia de excomunión, defendían proposiciones que no estaban conformes con el despotismo de Roma, pero sí con la pura y sana doctrina de los más acreditados canonistas".
Veamos como explicaba el conocido orador sagrado doctor la tendencia y título de su publicación La Ballena:
"En La Ballena se simboliza aquí la Santa Iglesia Romana que sola puede entrar en las profundidades de la Escritura Divina como en un misterioso mar, a la manera que aquel gran pez en las profundidades del mar.
"También, al contrario, puede representarse la misma Escritura Santa, que sólo tiene el espíritu de vida en la Iglesia, y queda muerta fuera de ella, como sucede a los peces fuera del mar.
"Ítem, así como a los peces por grandes que sean no 1o sufren los golfos como a la ballena, porque los rebalza y arroja de sí, así el profundísimo golfo de la Sagrada Biblia no sufre los que, presumiendo de grandes ingenios, intentan, contra disposiciones de la Iglesia, sondear las profundidades de ese misterioso océano, porque al punto los arroja en la playa, como peces muertos y sin vida.
"OCTAVA
La nave que sin brújula navega
De la Biblia en las ondas misteriosas,
Pierde el rumbo, se encalla, al fin no llega
Al puerto de las almas venturosas,
Y en la bascosa espuma ella se anega,
Mordida de las sierpes venenosas:
No así la que, mirando bien la carta,
Los escollos preve, de ellos se aparta".
Esta publicación fue reimpresa en la imprenta de Cualla en 1837.
