Señor José Eusebio Caro
 

 

Mi juventud.
 

Infancia, infancia, que mi pecho un tiempo

Alimentabas con tu fresca brisa,

Porqué no tornas mas? ¿porqué a mis ojos

Se oscureció de la esperanza el día?

Ah! semejante a las virjíneas nieblas

Que de los montes el azul cobijan

En la mañana cándida, tu velo

Fragante de ámbar sobre mí tendías.

Y hora entre sombras a mi vaga mente

Tu sueño aéreo rápido se pinta;

Lánzome a él; y el ala de los tiempos

Mas, mas lo esconde a mi anhelante vista!

Y, ciego, insano, con mortal angustia,

En balde me sacudo; de mi vida

El sol funéreo a su cenit ya llega,

Su ojo de sangre ya encendido brilla.

Lo veis? lo veis? De lo alto de los cielos

Con ígneo nudo la garganta mía

Ciñe y abrasa; y con furor vibrando

Su lanza de oro sobre mí la hinca.

Oh! basta ya! no mas...! mi flaca mano

A las hinchadas fauces negrecidas

Llevo, y la aparto ardiendo; en vez de sangre

Fuego corre en mis venas, y pompillas

Brota la lengua mil. ¿ Dó está la copa,

La usada copa que, por la alta orilla

La leche derramando a borbotones,

Mis secos labios refrescar solía?

¿ Dónde el marmóreo baño, de palmeras

Oscuras entoldado, al que yo iba

A hacer bullir de murmurante lluvia

Hasta mis pies las perfumadas linfas?

¿ Dó al agrio caldo que al mantel de nieve

Manaba allí de la entreabierta piña?

No valerme podrán? Ah! con mi infancia

Risa, cantaras, juguetonas triscas,

Todo abismóse; no podrán valerme,

No aplacarán las furias que me agitan!

Nadie jamás ya lo podrá....! Mi padre,

Mi padre solo mi dolor oiría....

El, solo él....como en mejores años

Cuando acallaba las angustias mías,

Y, ciego, y pobre, y desvalido, y triste,

Mi amargo llanto consolar sabia.

El....mi padre...también....ya para siempre

También huyó con mi niñez tranquila;

Y, en su lugar, desconocidos sueños

Mi ardiente edad, mi juventud enfrían.

Hoy... .solo yo lo sé....cual si durmiera

Del tigre en la caverna, todavía

Con sangre salpicada, yo en las horas

Calladas de la noche, con no vista

Congoja y repentino sobresalto,

Despiértome temblando: adoloridas

Mis cansadas espaldas erizarse

Sienten el lecho, con horror, de espinas:

Entre el silencio de las densas sombras,

De alguno que callado se aproxima

Oigo los sordos pasos; y apartando

De mi pecho las ropas que lo abrigan,

De una mano fatal que no conozco

Los fríos huesos sobre mí se estiran.

Yo tiemblo y callo... .El corazón me hielan

Sus dedos de esqueleto   mis mejillas

Baña sudor mortal... .todo encogido

No oso mover mis palpitantes fibras... .!

Y esta es mi juventud! ¡ La edad es esta

Que yo cantando a recibir salía!

Estos los brazos son de tierna esposa!

Estos sus besos de placer y vida !

Buen Dios, Dios de piedad! ¿ cuál fue mi crimen

Para que así con tu furor me oprimas?

Cuál, cuál ha sido? Y, si tus santas leyes

Acaso hollé; si tu tremenda ira

Provoqué insano, ¿ ya expiación bastante

No ofrece el curso de mis negros días?

Qué mas demandas? Triste, abandonado,

Llorando a solas sobre mi honda herida,

¿Harto no padecí, sin ver siquiera,

Para enjugar mis lágrimas, la orilla

De un manto alzar, sin que une voz oyese

Que se doliera de la suerte mía?

Duélete tú....! Perdón! de ti lo espero!

Perdón... .! Mas ay! que de mi yerma vida

Inmóvil brilla en el confín profundo

Lívida mancha; el huracán ya silba

Con sordo zumbo; de rojiza arena

Rodar se ven dispersas nubecillas....

Ya van creciendo, ya........ su ardiente soplo

Hiere y enturbia mi espantada vista.

Llegó mi hora! Ya bambaleando

Bajo mis pies, que al gran vaivén vacilan,

El desierto en furiosos remolinos

Todo entero revuélvese y se agita....

Qué hacer...! Yo huyo... Cielos! A mi espalda,

Qué miro alzarse....? Pálida, sombría,

Gigantesca fantasma, de su seno

Detrás de mí la eternidad vomita!

Ay! que sin ojos....! Harto te conozco,

Padre, tremenda sombra! Mis desdichas

Vienes a terminar... Si, ya lo entiendo:

Yo de tu boca con la boca mía

Recogí el ay! postrero; yo tus ojos

Moribundos cerré; yo tu ceniza

En la tumba escondí: la sacra deuda

Hoy a pagarme vienes... Ay! suspiras...?

No me ves? no me ves? Triste! ya es justo

Que en tus paternos brazos me recibas:

Ábrelos, ay! esa será mi tumba,

La tumba, sí, que al cielo yo pedía!

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