Señor Ricardo Carrasquilla.
 

 

Los soldados de Colombia
 

A mi hijo Rafael 

                                                           

Si el cielo me hubiera dado

De coral pequeña boca,

Con dos hileras de perlas

Iguales y primorosas,

Y bozo poblado y negro,

Y sonrisa encantadora;

Sin vacilar trocaría

Gustoso esas gracias todas

Por los nevados bigotes

De un soldado de Colombia.

El valor, y la hermosura,

Y la riqueza, y las honras,

Y la ciencia, y el talento,

Y de las letras la gloria;

Y en fin, todas esas gracias

Que a nuestros jóvenes ornan,

Mucho menos estimables

Son para nuestras hermosas

Que los nevados bigotes

De un soldado de Colombia.

Es bellísima, hijo mío,

Tu sonrisa candorosa,

Bellos son tus negros ojos,

Bella tu rosada boca,

Bellos los pequeños dientes

Que apenas en ella asoman;

Pero todas esas gracias

Son menos encantadoras

Que los nevados bigotes

De un soldado de Colombia.

En los brazos de tu abuelo

Alegremente retozas;

Y con tu tez fresca y pura

Contrasta su tez rugosa;

Y sin respeto le tiras

Los bigotes; porque ignoras

Que son noble monumento

De nuestras mejores glorias;

Que son los blancos bigotes

De un soldado de Colombia.

También tu abuelo paterno,

Cuyas cenizas reposan,

Sin una inscripción siquiera

Del mar Caribe en las costas,

Supo luchar denodado

Con las huestes españolas;

También adornaba él

Su faz morena y rugosa

Con los nevados bigotes

Del soldado de Colombia.

Vélez, mi mejor amigo,

A quien ya la edad agobia,

Y que vive solamente

Del recuerdo de sus glorias,

También fue terror un tiempo

De las huestes españolas;

Y también su noble faz,

Su faz moribunda adorna

Con los nevados bigotes

Del soldado de Colombia.

Cuando la razón despierte

En tu frente candorosa,

Tal vez ya me habrán envuelto

De la eternidad las sombras;

Y por eso, dulce hijo,

Te suplico desde ahora

Que descubras tu cabeza,

Y la inclines respetuosa

Ante los blancos bigotes

De un soldado de Colombia,

Y que beses reverente,

Si la muerte no lo estorba,

Las cicatrices que el pecho

De tu noble abuelo adornan;

Y que si de mi buen padre

Las cenizas hallar logras,

Cuidadoso las encierres

Bajo una modesta losa

Donde se lea: AQUÍ YACE

UN SOLDADO DE COLOMBIA.

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