JOAQUÍN GONZALEZ CAMARGO.
 

 

VIAJE DE LA LUZ.-ESTUDIANDO. - GENESIS.- LOLA Y DOLORES.
 

 

VIAJE DE LA LUZ.

EMPIEZA el sueño á acariciar mis sienes,  

Vapor de adormideras en mi estancia;

Los informes recuerdos en la sombra

Cruzan como fantasmas.

 

Por la angosta rendija de la puerta

Rayo furtivo de la luna avanza,

Ilumina los átomos del aire;

Se detiene en mis armas.

 

Se cerraron mis ojos y la mente

Entre los sueños, á lo ignoto se alza;

Meciéndose en los rayos de la luna,

Da formas á la nada.

 

Y ve surgir las ondulantes costas,

Las eminencias de celeste Atlántida,

Donde viven los Genios y se anida

Del porvenir el águila.

 

Allá rima la luz y el canto alumbra,

Aire de eternidad alienta el alma,

Y los poetas del futuro templan

Las cristalinas arpas.

 

Auroras boreales de los siglos

Allá se encuentran, recogida el ala;

Como una antelia vése el pensamiento

Que gigantesco se alza.

 

Allá los Prometeos sin cadenas

Y de Jacob la luminosa escala,

Allá la fruta del Edén perdida,

La que el saber entraña.

 

Y el libro apocalíptico, sin sellos

Suelta á la luz sus misteriosas páginas,

Y el Tabor del espíritu su cima

De entre la niebla saca.

 

Y allí el Horeb de donde brota puro

El casto amor que con lo eterno acaba;

Allá está el ideal, allá voguemos,

Dad impulso á la barca.

 

Despertéme azorado... y ese mundo?

Para volar á él en dónde hay alas?

Interrogué á las sombras del pasado

Y las sombras callaban.

 

Pero el rayo de luna ya suoía

Del viejo estante á las polvosas tablas,

Y lamiendo los lomos de los libros,

En sus títulos de oro se miraba.

 

ESTUDIANDO.

EN la sala anatómica desierta,

Desnudo y casto de belleza rara,

El cuerpo yace de la virgen muerta,

Como Venus tendida sobre el ara.

 

Lánguida apoya la gentil cabeza

Del duro mármol en la plancha lisa,

Entreabiertos los ojos con tristeza,

En los labios cuajada una sonrisa.

 

Y desprendida de la sien severa,

Del hombro haciendo torneado lecho,

Viene á cubrir la suelta cabellera

Las ya rígidas combas de su pecho.

 

Más que muerta, dormida me parece;

Pero hay en ella contracción de frío;

Es que al morir, el cuerpo se estremece,

Cuando siente el contacto del vacío.

 

Mas yo que he sido de la. ciencia avaro,

Que busco siempre la verdad desnuda,

A estudiar aquel libro me preparo,

Interrogando á la materia muda.

 

Al cadaver me acerco: en la mejilla

Brilla y tiembla una lágrima luciente;

Un cadaver que llora !... mi cuchilla

No romperá su corazón doliente.

 

Del estudio me olvido, y me conmueve

Tanto esa gota silenciosa y yerta,

Que los raudales de mi llanto en breve

Se juntan con el llanto de la muerta.

 

GENESIS. 

PENSÓ el Eterno. Su insondable idea 

Cruzó del éter el confín sereno,

Antorcha inmensa fulguré, y el trueno

Sonó en lo vacuo retumbando el « sea !»

 

Estremecido el cósmos centellea,

La vida bulle en su tremante seno,

Y la llama eternal de que está lleno

A la materia germinal caldea.

 

Con horrendo estertor, ronco, sombrío,

Se agita el caos en hervor creciente,

Y brillante vapor llena el vacío,

 

Y por él se dilata incandesente

Y condensado de la nada al frío,

En gotas-astros se tomó luciente.

 

LOLA Y DOLORES.
 

 

I

DEL viejo hospital sombrío,

En una anchurosa sala,

Junto al balcón de la calle,

En la mal provista cama

Está la enferma Dolores,

Está tísica y se acaba;

Quince años apenas cuenta,

Y es bella aunque descarnada;

 

En una luz de otro mundo

Todo su cuerpo se baña;

Y flota sobre la vida

Como una neblina vaga;

Ya sólo es una penumbra

Que tiembla y se desbarata;

Ya suenan tras de las nubes

Los ecos de sus palabras.

 

Del hospital frente á frente

Hay una casa pintada,

Nido de la hermosa Lola,

De su belleza y su gracia.

Lola, que tiene quince años

Y una peregrina cara;

Como la música, alegre,

Fresca como flor del alba,

Cantando pasa la vida,

Riendo la vida pasa,

Entre blancos cortinajes,

Entre floreros y jaulas.

 

Yo me voy todas las tardes

Del hospital á la sala,

Por visitar á la enferma

Y sonreir con la sana;

Porque tenemos coloquios

De mi balcón á su casa,

 

De suspiros y de señas

De sonrisas y palabras,

Y en un vaivén continuado

Ponemos nuestras dos almas.

 

II

Llegué una tarde á mi enferma,

La pulsé, estaba muy mala.

-Me moriré? preguntóme

Con voz triste y apagada.

Queriendo leer en mis ojos

Lo que ocultar deseara,

Y sus lágrimas calientes

En mis manos goteaban.

-« Estará mejor muy pronto,»

Le contesté sin tardanza,

Y levantamos al cielo,

Sin querer, nuestras miradas.

Luego al balcón asoméme

A sonreir con mi dama;

Pero ésta me hizo un mohín

Entre risueña y huraña,

Y se entró (no sin mirarme)

Entonando una romanza;

Y mientras tanto Dolores,

Mirándome, sollozaba;

Y del sol el postrer rayo

Se quebró en su frente pálida.

Del hospital los salones

El médico visitaba,

Seguido de sus discípulos

En la siguiente mañana.

De Dolores basta el lecho

Llegó la visita sabia;

Los últimos resplandores,

Reflejos vagos de su alma,

Como luz de fuego fatuo

Brillaban en su mirada,

Y en mí se fijaron luégo

Como diciéndome « gracias »;

Sus párpados se cerraron...

Se sintió ruido de alas.

De mi mano con el dorso

Enjugué furtiva lágrima.

Siguió la grave visita,

Y al pasar por la ventana,

Sentí músicas en frente

Y ruido y algazara;

Vi salir para la iglesia

A Lola que se casaba.

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