ERNESTO LEON GOMEZ
  

EL CENTINELA

HABÉIS pasado noche tempestuosa
Junto á un templo sombrío
Y visto incierta luz que solitaria
Brilla al través de los pintados vidrios?
 
¿ Y habéis pensado acaso en esas almas
Cuyo amor infinito
Se consume de Dios en la presencia,
Como esa pobre luz de opaco brillo?
 
Horrible está la noche: de la lluvia
El monótono ruido
En las desiertas calles se asemeja
A gritos de dolor, risas, suspiros.
 
La casa de mi amada está en silencio;
Descansa, dueño mio;
A la luz que refleja en los cristales
Yo cuidaré que todo esté tranquilo.
 
Mas... ¿ quién en la penumbra que allá forman
La luz y el edificio,
Al pie de la ventana permanece
Como una muda estatua de granito?
 
Acércome en silencio, de la lámpara
Al resplandor sombrío...
¡ Oh mi amor inmortal, tranquilo duerme:
El mudo centinela soy yo mismo !
 

DESPUES DEL BAILE

POCO á poco se fueron opacando
Las luces en la estancia;
Clareaba la aurora, y en el huerto
Los pájaros cantaban.
 
Sentados ella y    yo, ya casi solos,
En la espaciosa sala,
Llamábamos en    vano á nuestros labios
Ignoradas palabras;
 
Ya no esquivos sus ojos, en los míos
Fijaban las miradas
Con esa vaguedad indefinible
Que da el sueño del alma.
 
De repente esos ojos se nublaron,
Sentí ruido de alas,
Y luégo vi que un niño cariñoso
Nuestras manos juntaba.
 

EN SUEÑOS

I

EN alta noche el alma delirante
Abandonó mi fatigado cuerpo;
Dejando atrás los valles y los montes,
Donde ella vive se acercó en silencio.
 
Vagó un instante de la casa en torno,
Su dulce nombre suspirando quedo,
Y ante el umbral de la cerrada puerta
Plegó las alas y detuvo el vuelo.
 
La blanca luna iluminaba el campo,
Extrañas cosas murmuraba el viento;
Olor de azahares... De brillantes gotas
Como de llanto salpicado el suelo.

II 

-Dejadme entrar espíritus que amantes
De ella veíais el apacible sueño.
¿ Sabeis que sólo por besar su frente
De noche emprendo solitario vuelo?
 
Está dormida... La quietud de su alma
Denota bien su acompasado aliento;
Dejad á otra alma desgraciada y sola
Que mientras duerme la acompañe al menos.
 
Sueña... suspira... ¡ Ay Dios, cuánta amargura,
De tan querido sér vivir tan lejos!...
Habla... ¿ Qué dice ?... ¡ Pronunció mi nombre!
Que no despierte nunca de su sueño!
 

TU NOMBRE

UNA mañana del helado invierno,
Al abrir mi ventana,
Observé que el ambiente en los cristales
Poco á poco al tocar se condensaba;
 
Y coma en ese instante, amada mia,
En nuestro amor pensara,
Escribí en el cristal tu nombre, luego
Añadí conmovido: ¡ Ingrata, ingrata!
 
Despues pensando me quedé en lo mucho
Que sufro por tu causa,
Mientras tu nombre, ante mi vista escrito,
Se iba despacio convirtiendo en lágrimas.
 

CANSADOS! ....... 

CAVABAN y cavaban los espectros
Del cementerio en el desierto campo;
Acerquéme y les dije:-¿ Qué os afana?
Tiempo hace ya que media noche han dado.
 
-Fabricamos la tumba, respondieron,
Para dos seres que cual nadie amaron,
Que teniendo dos almas que eran una,
Jamás unidos se encontraron ambos.
 
-El nombre de ella? dije, y los espectros
Tu inolvidable nombre murmuraron;
Y repliquéles yo:-¡ Cavad más pronto,
Que el viaje de los dos es ya muy largo !
 

EL SUICIDA

LA luz del genio en su apacible cielo
Para él brillaba con claror divino,
Y, cual poeta, al fin de su camino
Debió la gloria coronar su anhelo.
 
Pero amó; lo engañaron, y un consuelo
Demandó en vano al porvenir mezquino;
Cobarde ante el horror de su destino
Rasgó de su existencia el frágil velo;
 
Y cuando libre el alma del suicida
Dejó á la tierra la materia inerte,
En las eternas puertas esculpida
 
Leyó temblando su futura suerte:
A quien por no sufrir deja la vida,
Vida para sufrir le da la muerte.

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