CAPITULO 16.
LOS DOS EMBOZADOS.
Mi situacion era desesperante, por que ademas de la persecucion que me habian jurado enemigos embozados, sufría las consecuencias del estado de alarma e inquietud en que se hallaban todos los habitantes de Bogotá, emanadas de la exaltacion de las pasiones de partido i dé la inseguridad personal, por esto i por haberse levantado entónces varias partidas de ladrones que asaltaban las casas al silencio de la noche.
I no se crea que eran temores fantásticos: el partido conservador, dando a la cuestion política el carácter de cuestion moral i de cuestion relijiosa, azuzaba al pueblo contra el gobierno liberal i contra sus sostenedores a quienes daba el odioso seudónimo de "Rojos" El ardid de dar a la cuestion política el colorido de cuestion relijiosa, les habia producido buen efecto en otras ocasiones i especialmente en 1840, en cuyo año habiéndose revelado contra el gobierno el partido de la oposicion i estando el ejército liberal a las puertas de la ciudad, propalaron los conservadores i parte del clero, que aquel intentaba saquear la ciudad, robar los templos, ultrajar las mónjas, degollar al Arzobispo, i otras tantas invenciones de esta clase, concluyendo por decir que: estaba amenazada la relijion por una horda desenfrenada de impíos. Para que hicieran efecto tales aseveraciones, no solamente se predicaba al pueblo, sinó que celebraron cuarenta horas en varias iglesias i sacaron en procesion a Jesus Nazareno de la Iglesia de San Agustin, poniéndole en una de sus manos el baston que servía de insignia a la autoridad.
Los esfuerzos del partido conservador en union del clero, escepto unos pocos sacerdotes liberales, tendian a desacreditar dentro i fuera de la República a la administracion López: la cátedra del Espíritu Santo, se convirtió en tribuna política, se predicaba sin ambajes contra el gobierno i se decía en alta voz que impío era todo liberal i que estas dos palabras, «Rojo» i «hereje, » eran sinónimas. Se escitaba al pueblo contra el partido liberal, tratando de infundir aun en el corazon compasivo del sexo amable, la intolerancia i el ódio, bastardeando los sagrados sentimientos de piedad i relijion de que está dotada la mujer. Entónces se vió tambien levantar, en una misma relijion, altar contra altar: los sacerdotes liberales eran tratados impíos, por que no se sometían ciegamente a la voluntad de su Metropolitano; llegando a tal estremo el ódio i la pasion de partido, que muchas personas que blasonaban de cristianas, no oían la misa de un sacerdote liberal, diciendo que no creían que el Dios verdadero bajara a las manos de los clérigos rojos. El cisma pues aparecía, i no se daba el menor paso para evitarlo.
La liga del partido conservador con el clero era orijinada, 1.º de la comunidad de intereses temporales i políticos desde el año de 1837: 2.° de los procedimientos que de consuno emplearon desde el año de 1840 para adelante con el objeto de afianzar el gobierno conservador; i 3.° de la pérdida del dominio i prerrogativas que gozaban antes del 7 de marzo de 1849. La conducta del Arzobispo Mosquera en la revolucion de 1840 i de entónces para adelante, demostraba de un modo evidente que no se conformaría con el triunfo del partido liberal, i en efecto sus hechos manifestaron que no podía resignarse al acatamiento de la voluntad popular. Esto dió orijen a que los Representantes del pueblo en el congreso del año de 1850, elijieran un nuevo Obispado con el nombre de « Obispado de Boyacá, » compuesto de las provincias de Vélez, Tunja, Tundama, Socorro i Casanare, dejando reducido el territorio de la arquidiócesis; procurando así disminuir algun tanto la poderosa influencia del Arzobispo en una gran parte de los pueblos a que se estendía su jurisdiccion. A mas de esto, por medio de la prensa i de la tribuna, se combatía todo fuero i se pedía la abolicion de los privilejios: el clero por esto se juzgaba atacado i daba a la causa puramente personal, el jiro de causa de relijion; i sus desahogos en el púlpito, contra los liberales, llevaron al pueblo al borde de un abismo insondable. La República atravesaba una crísis violenta, i la inseguridad de los ciudadanos habia llegado al punto de estar a todas horas en constante alarma.
Yo ademas de esa situacion penosa en que me hallaba por mis desgracias domésticas, sufría los sinsabores e inquietudes, (como republicano) que la sociedad esperimentaba entónces; no podía hacerme indiferente.
Pasaron cuarenta dias desde aquel en que fui rechazado del confesonario, i me hallaba en casa escribiendo en mi diario, cuando ví de repente en el espejo que tenia delante, la imájen de dos embozados que estaban a mi espalda, como en aptitud de estar leyendo lo que yo escribia: un movimiento natural e inpensado, me hizo volver la cara, i me hallé con dos hombres disfrazados, quienes en el acto me saludaron con una cortesía, añadiendo uno de ellos sus escusas por la confianza con que se habian introducido; asegurándome que no me pesarla verlos en mi casa; que el objeto de su visita era el de hacerme un servicio importante, del cual no eran ellos acreedores, pues que eran unos simples comisionados.
-¿Servicio i con disfraz? les repliqué; los misterios dan oríjen a dudas, infunden sospechas.
-Escúsenos. U. replicó el mismo, así lo exijen las circunstancias i la época actual demanda precauciones en todo: U. no tiene que temer de nuestra parte: repetimos a U. que somos simples comisionados, ejecutamos órdenes dadas por un Superior a quien debemos respetar i obedecer ciegamente: Superior que en sus planes no medita sino hacer él bien, especialmente a los infortunados; posee el don precioso de la adivinacion i de la doble vista; esa ciencia que poseyeron los ejipcios de clases privilejiadas i que se perdió con los hombres en la caida de los orientales, i con los libros en el incendio de la biblioteca de Alejandría: Superior que teniendo una existencia misteriosa, ejerce una influencia irresistible., solamente con evocar algunas palabras i hacer algunos movimientos con su diestra: es el mas hábil i esperimentado magnetizador: de esto va U. a convencerse; al efecto puede U. hacer las preguntas que se le ocurran, las llevarémos escritas i despues será U. satisfecho con las correspondientes respuestas.
- I ¿cuál es el servicio importante de que me hablan?
-Aun no es tiempo: despues que se halle U. convencido de la ciencia i poder del Superior, será U. servido. Haga U. las preguntas.
- ¿De palabra?
No, señor, por escrito.
Volví a la mesa, tomé una tira de papel i escribí las siguientes:
« ¿Cual es la pena que me atormenta mas? »
« ¿En dónde se halla el mendigo Ricardo? »
« ¿Qué objeto tengo guardado en el secreto de mi escritorio? »
Entregué el papel i se despidieron, diciéndome: fé i esperanza.
Me quedé formando conjeturas: mi pensamiento jiraba con rapidez en varias direcciones. Pensé primero que serian ladrones que habian entrado con el fin de esplorar mi casa; despues pensé que bien podian ser emisarios de algun quiromántico político: i últimamente juzgué que esos dos hombres no podian ser otros que los dos embozados que hacían amarga mi vida.
Pasaron ocho dias sin resultado alguno de aquella visita, pero al noveno, a las diez de la noche, se presentaron de repente en la mitad de la sala de mi casa, dos hombres vestidos de paño negro i embozados. Al verlos sentí un estremecimiento involuntario, causado por el terror que me infundió su presencia inesperada: yo no comprendia como habian entrado, pues pocos minutos ántes yo mismo habia torcido la llave del porton, i por otra parte no se oyó ruido alguno.
-No se altere U. me dijeron, comprendiendo que me habia asustado: no se altere U. somos los mismos comisionados que estuvimos aquí hace nueve noches, tenemos órden de presentarnos a U. a cara descubierta para que disipe sus infundadas sospechas.
Al decir esto echaron abajo el embozo i dejaron ver a plena luz sus caras. A la verdad yo no conocia a ninguno de ellos; la fisonomía de ámbos era simpática i bien semejante, lo mismo que su estatura i parecian de una misma edad: ámbos tenian la barba negra i poblada i el color de la cútis trigueño. Iba a preguntarles por donde o como habian entrado, pero tomando la palabra uno de ellos, se anticipó a responderme, como si hubiera leido mi pensamiento.
-No estrañe U. nuestra entrada, dijo, tenemos franca toda puerta.
I acercándose a mí, alargó el brazo diciéndome:
- Reciba U. las respuestas que ha dado el Superior a las preguntas que U. hizo; i me entregó un pliego que abrí inmediatamente, i acercándome a la luz vi debajo de una viñeta formada con dos llaves cruzadas i el globo terrestre en medio, los tres renglones siguientes:
«La pena que atormenta mas a U. es la pérdida de una jóven.»
«El mendigo Ricardo se halla a las puertas del sepulcro. »
«El secreto de su escritorio guarda una cruz de azabache. »
Me quedé perplejo, abismado, confundido, viendo en esos tres renglones las contestaciones dadas a mis preguntas i la prueba mas evidente de la ciencia o arte de la adivinacion i de la doble vista. Todas las dudas que tenia sobre los prodijios que se contaban del magnetismo, se disiparon. Se me habia adivinado no solamente el objeto que guardaba el secreto de mi escritorio (donde nadie penetraba), sinó el pensamiento mismo. No hai duda, decia yo para mí, el mundo moral es incomprensible i es un necio el que se atreve a negar lo que no comprende. Pensé en el momento hacer lo posible para aprovechar la ocasion de romper el denso velo que ocultaba el oríjen de mis desgracias i todo lo relativo a los sucesos pasados.
-Mui bien: les dije, las respuestas no dejan duda: creo firmemente que el Superior a quien obedeceis posee la ciencia de la adivinacion: ¿me será permitido conocerle?
-Ya habia adivinado este pensamiento de U. i nos dio órden para que al hacer U. tal pregunta, le contestáramos que sí, i que lo condujéramos a su presencia.
- ¿Es visible para todos el Superior?
-Cuando le conviene.
-Bien; mañana a las once del dia me tendréis preparado para que me presenteis a ese sabio.
-No tenemos esa órden; i sí la de conducir a U ahora, si a bien lo tiene. I debe advertir U. que el Superior no es mui pródigo en estos favores: ademas, si U. desconfia, puede perder su gracia.
-Vamos, dije, tomando en el momento mi capa i mi sombrero.
No quise demorarme, ni dar tiempo a la duda. Salimos en direccion a la plaza, al llegar a esta tomamos la diagonal i al pié de la estátua de Bolívar se pararon mis conductores diciéndome.
-De aquí para adelante, debe U. seguir con los ojos vendados, porque a nadie es permitido saber en donde se halla la habitacion del adivino. Yo cedí sin resistencia, dominado del vehemente deseo de conocer a ese hombre estraordinario, de quien no me era permitido ni aun dudar: ademas me animaba la esperanza de saber en donde se hallaba Rosina i los medios de rescatarla. Yo era ya un firme creyente de los prodijios del magnetismo; ademas de la inclinacion natural que el hombre tiene a dar crédito a lo maravilloso, yo tenia pruebas intachables.
Seguí pues, vendado, enmedio de mis conductores; conté trescientos veinte i ocho pasos hasta el punto en que me dijeron:
-Hemos llegado.
Noté que uno de ellos se deshizo de mi brazo, quedando el otro conmigo, pero ántes de dos minutos volvió diciendo:
Entremos.
Siguieron conduciéndome i yo notaba que el piso era siempre igual: al decir entremos, juzgué que habria esca1ón i aun levanté mi pié, pero me engañaba. Despues de caminar un poco mas como en varias direcciones, me hicieron sentar; siempre vendado. Habla un silencio profundo, no se oían sino los pasos de mis conductores i eso débilmente, como que pisaban en alfombra. Uno de ellos me dijo:
-Es preciso que espere U. unos minutos, queda U. solo en la antesala, vamos a dar aviso al Superior.
