Memoria sobre el cultivo del Maíz
SEÑORES SOCIOS DE LA ESCUELA DE CIENCIAS Y ARTES
Como es obligación que a todo socio
De nuestra Escuela impone el reglamento
Presentarle, por turno, una MEMORIA
Llena de ciencia, erudición y mérito;
Yo, que a fondo he estudiado agricultura,
Que he meditado y consultado textos,
Y que largas vigilias he pasado
Atento siempre y consagrado a eso;
Por amor a las ciencias y a las artes,
En favor de la industria y del progreso,
Y sólo en bien de mi querida patria
mi Memoria científica os presento.
No usaré del lenguaje de la ciencia,
Para ser comprendido por el pueblo;
Serán mis instrucciones ordenadas,
Con precisión y claridad y método.
No estarán subrayadas las palabras.
Poco españolas que en mi escrito empleo,
Pues como sólo para Antioquia escribo,
Yo no escribo español sino antioqueño.
En fin, señores, buenos e indulgentes,
Que estos trabajos aceptéis espero;
Y si logro ser útil a mi patria
Veré cumplido mi ferviente anhelo.
CAPITULO I
De los terrenos propios para el cultivo, y manera de hacerse os barbechos, que decimos rozas.
Buscando en donde comenzar la Rosa,
De un bosque primitivo la espesura
Treinta peones y un patrón por jefe
Van recorriendo en silenciosa turba.
Vestidos todos de calzón de manta
Y de camisa de coleta cruda1
Aquél a la rodilla, ésta a los codos,
Dejan sus formas de titán desnudas.
El sombrero de caña2 con el ala
Prendida de la copa con la aguja,
Deja mirar el bronceado rostro,
Que la bondad y la franqueza anuncia.
Atado por detrás con la correa
Que el pantalón sujeta a la cintura,
Con el recado de sacar candela3,
Llevan repleto su carriel4 de nutria.
Envainado y pendiente del costado
Va su cuchillo de afilada punta;
Y en fin, al hombro, con marcial despejo,
El calabozo que en el sol relumbra.
_ _
Al fin eligen un tendón de tierra5
Que dos quebradas6 serpeando cruzan,
En el declive de una cuesta amena
Poco cargada de maderas duras.
Y dan principio a socolar7 el monte
Los peones formados en columna;
A seis varas distante uno de otro
Marchan de frente con presteza suma.
Voleando8 el calabozo a un lado y otro,
Que relámpagos forma en la espesura,
Los débiles arbustos, los helechos
Y los bejucos por doquiera truncan.
Las matambas9, los chusques10, los carrizos,
Que formaban un toldo de verdura,
Todo deshecho y arrollado cede
Del calabozo a la encorvada punta.
Con el rostro encendido, jadeantes,
Los unos a los otros se estimulan;
Ir adelante alegres quieren todos,
Romper la fila cada cual procura.
Cantando a todo pecho11 la guavina12
Canción sabrosa, dejativa y ruda,
Ruda cual las montañas antioqueñas,
Donde tiene su imperio y fue su cuna.
No miran en su ardor a la culebra
Que entre las hojas se desliza en fuga,
Y presurosa en su sesgada marcha,
Cinta de azogue, abrillantada ondula;
Ni de monos observan las manadas
Que por las ramas juguetonas cruzan;
Ni se paran a ver de aves alegres
Las mil bandadas, de pintadas plumas;
Ni ven los saltos de la inquieta ardilla,
Ni las nubes de insectos que pululan,
Ni los verdes lagartos que huyen listos,
Ni el enjambre de abejas que susurra.
_ _
Concluye la socola 13 .De malezas
Queda la tierra vegetal desnuda.
Los árboles elevan sus cañones14
Hasta perderse en prodigiosa altura,
Semejantes de un templo a los pilares
Que sostienen su toldo de verdura,
Varales largos de ese palio inmenso,
De esa bóveda verde altas columnas.
El viento, en su follaje entretejido,
Con voz ahogada y fúnebre susurra,
Como un eco lejano de otro tiempo,
Como un vago recuerdo de ventura.
Los árboles sacuden sus bejucos,
Cual destrenzada cabellera rubia
Donde tienen guardados los aromas
Con que el ambiente, en su vaivén, perfuman.
De sus copas galanas se desprende
Una constante, embalsamada lluvia
De frescas flores, de marchitas hojas,
Verdes botones y amarillas frutas.
Muestra el cachimbo15 su follaje rojo,
Cual canastillo que una ninfa pura
En la fiesta de Corpus, lleva ufana
Entre la virgen, inocente turba.
El guayacán con su amarilla copa
Luce a lo lejos en la selva oscura,
Cual luce entre las nubes una estrella,
Cual grano de oro que la jagua16 oculta.
El azuceno 17, el floro-azul18, el caunce19
y el yarumo20, en el monte se dibujan
Como piedras preciosas que recaman
El manto azul que con la brisa ondula.
Y sobre ellos gallarda se levanta,
Meciendo sus racimos en la altura,
Recta y flexible la altanera palma,
Que aire mejor entre las nubes busca.
_ _
Ved otra vez a los robustos peones
Que el mismo bosque secular circundan;
Divididos están en dos partidas,
Y un capitán dirige cada una.
Su alegre charla, sus sonoras risas,
No se oyen ya, ni su canción se escucha;
De una grave atención cuidado serio
Se halla pintado en sus facciones rudas.
En lugar del ligero calabozo
La hacha afilada con su mano empuñan;
Miran atentos el cañón del árbol,
Su comba ven, su inclinación calculan.
Y a dos manos el hacha levantando,
Con golpe igual y precisión segura,
Y redoblando golpes sobre golpes,
Cansan los ecos de la selva augusta.
Anchas astillas y cortezas leves
Rápidamente por el aire cruzan;
A cada golpe el árbol se estremece,
Tiemblan sus hojas, y vacila . . . y duda . . .
Tembloroso un momento cabecea,
Cruje en su corte, y en graciosa curva
Empieza a descender, y rechinando
Sus ramas enlazadas se apañuscan;
Y silbando al caer, cortando el viento,
Despedazado por los aires zumba ...
Sobre el tronco el peón apoya el hacha
Y el trueno, al lejos, repetir escucha.
_ _
Las tres partidas observad. A un tiempo
Para echar una galga21 se apresuran;
En tres faldas distintas, el redoble
Se oye del hacha en variedad confusa.
Una fila de árboles picando22
Sin hacerlos caer, está la turba,
Y arriba de ellos, para echarlo encima,
El más copudo por madrino23 buscan.
Y recostando andamios en su tronco
Para cortarlo a regular altura,
Sobre las bambas24 y al andamio trepan
Cuatro peones con destreza suma.
Y en rededor de corpulento tronco
Sus hachas baten y a compás sepultan,
Y repiten hachazos sobre hachazos
Sin descansar, aunque en sudor se inundan.
Y vencido por fin, cruje el madrino,
Y el otro más allá: todos a una,
Las ramas extendidas enlazando,
Con otras ramas enredadas pugnan;
Y abrazando al caer los de adelante,
Se atropellan, se enredan y se empujan,
Y así arrollados en revuelta tromba
En trueno sordo, aterrador retumban ...
El viento azota el destrozado monte,
Leves cortezas por el aire cruzan,
Tiembla la tierra, y el estruendo ronco
Se va a perder en las lejanas grutas.
Todo queda en silencio. Acaba el día,
Todo en redor desolación anuncia.
Cual hostia santa que se eleva al cielo
Se alza callada la modesta luna.
Troncos tendidos, destrozadas ramas,
y un campo extenso desolado alumbra,
Donde se ven como fantasmas negros
Los viejos troncos, centinelas mudos.
_ _
CAPITULO II
Que trata de la limpia y abono de los terrenos, muy especialmente por el método de la quema. De la manera de hacer las habitaciones, y de la siembra.
Un mes se pasa, El sol desde la altura
Manda a la, Roza, vertical su rayo;
Ya los troncos, las ramas y las hojas
Han tostado los vientos del verano.
Las hojas en las ramas se encartuchan25
Sobre los troncos se blanquean los ramos,
Y las secas cortezas se desprenden
De trecho en trecho de los troncos largos.
Aquí y allá la enredadera verde
Tímida muestra sus primeros tallos,
La guadua ostenta su primer retoño
De terciopelo de color castaño.
Ya el verano llegó para la quema;
La Candelaria26 ya se va acercando;
Es un domingo a medio día. El viento
Barre las nubes en el cielo claro.
Por la orilla del monte los peones
Vagan al rededor del derribado,
Con los hachones de cortezas secas
Con flexibles bejucos amarrados.
Prenden la punta del hachón con yesca,
Y brotando la llama al ventearlo
Varios fogones en contorno encienden,
La Roza toda en derredor cercando.
Lame la llama con su inquieta lengua
La blanca barba 27a los tendidos palos;
Prende en las hojas y chamizas28 secas,
Y se avanza, temblante, serpeando.
Vese de lejos la espiral del humo
Que tenue brota caprichoso y blanco,
o lento sube en copos sobre copos
Como blanco algodón escarmenado.
La llama crece; envuelve la madera
Y se retuerce en los nudosos brazos,
Y silba, y desigual chisporrotea,
Lenguas de fuego por doquier lanzando.
Y el fuego envuelto en remolinos de humo,
Por los vientos contrarios azotado
Se alza a los cielos, o a lo lejos prende
Nuevas hogueras con creciente estrago.
Ensordecen los aires el traquido
De las guaduas y troncos reventando,
Del huracán el mugidor empuje,
De las llamas el trueno redoblado.
Y nubes sobre nubes se amontonan
Y se elevan, el cielo encapotando
De un humo negro que arrebata chispas,
Pardas cenizas y quemados ramos.
Aves y fieras asustadas huyen;
Pero encuentran el fuego a todos lados,
El fuego, que se avanza lentamente.
Estrechando su círculo incendiario.
Al ave que su prole dejar teme,
La encierra el humo, al rededor volando,
Y con sus alas chamuscadas cae
Junto del nido que le fue tan caro.
Aquí y allá se vuelve la serpiente
Buscando una salida, y en su espanto
Se exaspera, se enrosca, se retuerce,
Y el fuego cierra el reducido campo.
Del aire al soplo se dilata el humo
Hasta que llena el anchuroso espacio;
Rosados se perciben los objetos;
Redondo y rojo el sol se ve sin rayos.
Sobre el monte, la Roza y el contorno
Tiende la noche su callado manto
Bordado con las chispas del incendio
Que parecen cocuyos revolando.
Y con la incierta luz de mil fogones,
Restos aun vivos del ardiente estrago,
Se ve de lejos la quemada Roza
Cual vivac de un ejército acampado.
_ _
El lunes de mañana los peones
Van, en la Roza, a improvisar un rancho29
Como hormigas arrieras30 se dispersan
Los materiales cada cual buscando.
Van llegando cargados con horquetas,
Estantillos31, soleras, encañados,
Latas y paja y ruedas de bejuco,
Y todo en un plancito amontonando.
En línea recta clavan tres horquetas,
Y echan sobre ellas la cumbrera en alto
Para formar el rancho vara en tierra32
Con un pequeño alar al otro lado.
Atan los encañados con bejuco
En la larga cumbrera recostados,
Y formando sobre ellos una reja
Acaban de enlatar33 con ágil mano.
Empezando de abajo para arriba
El rancho en derredor van empajando33
Pajas diversas confundidas mezclan,
Palmicho 34, santainés35 y rabihorcado36
Y después de formarle el caballete
Lo dividen en dos con un cercado.
De un lado colocan la cocina,
De habitación les servirá el contrario.
Hacen la barbacoa37, en que colocan
Las ollas, las cucharas y los platos;
Ponen la vara de colgar la carne,
Y las tres piedras de fogón debajo.
La piedra de moler en cuatro estacas
Aseguran muy bien, y en otras cuatro
Sientan una cuyabra38 aparadora39
Y a su lado, con agua, un calabazo40
Es hora de sembrar. Ya los peones
Con el catabre41 sembrador terciado,
Se colocan en fila al pie del monte,
Guardando de distancia cuatro pasos;
Y con un largo recatón de punta
Hacen los hoyos con la diestra mano,
Donde arrojan mezclada la semilla:
(Un grano de frisol42, de maíz cuatro).
Dan con el mismo recatón un golpe
Sobre el terrón, para cubrir el grano,
Y otros hoyos haciendo, en recto surco,
Siguen de frente y avanzando un paso.
Se miran desplegados en guerrilla,
Como haciendo ejercicio los soldados;
Como blancas manadas de corderos,
Sobre el oscuro fondo del quemado.
Cantando alegres, siempre la guavina,
Teñidos de carbón, siguen sembrando,
Haciendo calles paralelas, rectas ...
Y al llegar la oración vuelven al rancho.
CAPITULO III
Método sencillo de regar las sementeras, y provechosas advertencias para espantar los animales que hacen daño en los granos.
Hoy es domingo. En el vecino pueblo
Las campanas con júbilo repican;
Del mercado en la plaza ya hormiguean
Los campesinos al salir de misa.
Hoy han resuelto los vecinos todos
Hacer a la patrona rogativa,
Para pedirle que el verano cese,
Pues lluvia ya las rozas necesitan.
De golpe43 el gran rumor calla en la plaza,
El sombrero, a una vez, todos se quitan ...
Es que a la puerta de la iglesia asoma
La procesión en prolongada fila.
Va detrás de la cruz y los ciriales
Una imagen llevada en andas limpias,
De la que siempre, aun en imagen tosca,
Llena de gracia y de pureza brilla.
Todo el pueblo la sigue, y en voz baja
Sus oraciones cada cual recita,
Suplicando a los cielos que derramen
Fecunda lluvia que la tierra ansía.
¡Hay algo de sublime, algo de tierno
En aquella oración pura y sencilla,
Inocente paráfrasis del pueblo
Del "Danos hoy el pan de cada día!"
Nuestro patrón y el grupo de peones
Mezclados en la turba se divisan
Murmurando sus rezos, porque saben
Que Dios su oreja a nuestro ruego inclina.
Pero, no. Yo no quiero con vosotros
Asistir a esa humilde rogativa;
Porque todos nosotros somos sabios,
Y no quisimos asistir a misa.
Y ya la moda va quitando al pueblo
El único tesoro que tenía.
(Una duda me queda solamente:
¿Con qué le pagará lo que le quita?
_ _
Brotaron del maíz en cada hoyo
Tres o cuatro maticas amarillas,
Que con dos hojas anchas y redondas
La tierna mata de frisol abriga.
Salpicada de estrellas de esmeralda
Desde lejos la Roza se divisa;
Manto real de terciopelo negro
Que las espadas de un titán cobija.
Aborlonados44 sus airosos pliegues,
Formados de cañadas y colinas;
Con el humo argentado de su rancho,
De sus quebradas con la blanca cinta.
El maíz con las lluvias va creciendo
Henchido de verdor y lozanía,
Y en torno dél, entapizando el suelo
Va naciendo la hierba entretejida.
Por doquiera se prenden los bejucos
Que la silvestre enredadera estira;
Y en florida espiral trepando, envuelve
las cañas del maíz la batatilla45.
Sobre esa alfombra de amarillo y verde
Los primeros retoños se divisan,
Que en grupos brotan del cortado tronco
A quien su savia exuberante quitan.
Ya llegó la deshierba46; la ancha Roza
De peones invade la cuadrilla,
Y armados de azadón y calabozo
La hierba toda y la maleza limpian.
Queda el maíz en toda su belleza,
Mostrando su verdor en largas filas,
En las cuales se ve la frisolera47
Con lujo tropical entretejida.
Qué bello es el maíz! Mas la costumbre
No nos deja admirar su bizarría,
Ni agradecer al cielo ese presente,
Sólo porque lo da todos los días.
El don primero que con mano larga
Al Nuevo Mundo el Hacedor destina;
El más vistoso pabellón que ondula
De la virgen América en las cimas.
Contemplad una mata. A cada lado
De su caña robusta y amarilla,
Penden sus tiernas hojas arqueadas,
Por el ambiente juguetón mecidas.
Su pie desnudo los anillos muestra
Que a trecho igual sobre sus nudos brillan,
Y racimos de dedos elegantes,
En los cuales parece que se empina.
Más distantes las hojas hacia abajo,
Más rectas y agrupadas hacia arriba,
Donde empieza a mostrar tímidamente
Sus blancos tilos48 la primera espiga,
Semejante a una joven de quince años,
De esbeltas formas y de frente erguida,
Rodeada de alegres compañeras
Rebosando salud y ansiando dicha.
Forma el viento al mover sus largas hojas,
El rumor de dulzura indefinida
De los trajes de seda que se rozan
En el baile de bodas de una niña.
Se despliegan al sol y se levantan
Ya doradas, temblando, las espigas,
Que sobresalen cual penachos jaldes
Brota el blondo cabello del filote49
Que muellemente al despuntar se inclina;
El manso viento con sus hebras juega
Y cariñoso el sol las tuesta y riza.
La mata el seno suavemente abulta
Donde la tusa50 aprisionada cría,
Y allí los granos, como blancas perlas,
Cuajan envueltos en sus hojas finas.
Los chócolos51 ven a cada lado,
Como rubios gemelos que reclinan
En los costados de su joven madre
Sus doradas y tiernas cabecitas.
_ _
El pajarero 52, niño de diez años,
Desde su andamio sin cesar vigila
Las bandadas de pájaros diversos
Que hambrientos vienen a ese mar de espigas.
En el extremo de una vara larga
Coloca su sombrero y su camisa,
Y silbando, y cantando, y dando gritos
Días enteros el sembrado cuida.
Con su churreta53 de flexibles guascas54
Que fuertemente al agitar rechina,
Desbandadas las aves se dispersan.
Y fugitivas corren las ardillas.
Los pericos en círculos volando
En caprichosas espirales giran,
Dando al sol su plumaje de esmeralda
Y al aire su salvaje algarabía.
Y sobre el verde manto de la Roza
El amarillo de los toches55 brilla,
Cual onzas de oro en la carpeta verde
De una mesa de juego repartidas.
Meciéndose galán y enamorado
Gentil turpial56 en la flexible espiga,
Rubí con alas de azabache, ostenta
Su bella pluma y su canción divina.
El duro pico del chamón57 desgarra
De las hojas del chócolo las fibras,
Dejando ver sus granos cual los dientes
De una bella al través de su sonrisa.
Su nido conoidal cuelga el gulung58
De un árbol en las ramas extendidas,
Y se columpia blandamente al viento,
Incensario de rústica capilla.
La boba59, el carriquí60, la guacamaya61
El afrechero62, el diostedé63 la mirla,
con sus pulmones de metal que aturden,
Cantan, gritan, gorjean, silban, chillan.
CAPITULO IV
De la recolección de frutos y de cómo deben alimentarse los trabajadores.
Es un alegre amanecer de junio;
El sol no asoma, pero ya blanquea
Por el oriente el aplomado cielo
Con la sonrisa de su luz primera.
Ya dió el gurrí64 fúnebre chillido
Largo y agudo, en la vecina selva,
Ya la roza se va cubriendo en partes
Con los jirones de su chal de nieblas.
Lanza la choza cual penacho blanco
La vara de humo que se eleva recta;
Es que antes que el sol y que las aves
Se levantó, al fogón, la cocinera.
Ya tiene preparado el desayuno
Cuando el peón más listo se despierta;
Chocolate de harina65 en coco negro66
Recibe cada cual, con media arepa67
Con un costal terciado cada uno,
Todos saliendo van; sólo se queda
El muchacho que debe cargar agua,
Fregar los trastos y rajar la leña.
Van a coger frisoles; por la Roza
Los peones sin orden se dispersan
Cogiendo a manotadas68 los racimos
Que de las matas enredados cuelgan.
Los chócolos picados por las aves
Cogen también, y los que están en tierra
Echan en el costal y los revuelven
De los frisoles con las vainas secas.
El que llena su tercio a vaciarlo
Va en el rancho, y se vuelve a la faena;
Y llenando y vaciando sus costales
Siguen sin descansar hasta que almuerzan.
Mientras que van y vuelven los peones
Que han almorzado ya, la cocinera
Infatigable y siempre con buen modo,
Se ocupa sin cesar en sus tareas.
En la misma cuyabra aparadora
Pone el maíz a remojar, y deja
La mitad para hacer la mazamorra69
La otra mitad para moler la arepa.
Era la cocinera una muchacha
Agil, arrutanada70, alta y morena,
Que su saya de fula71 con el chumbe72
En su cintura arregazada lleva.
Descubiertos los brazos musculosos
Y la redonda pantorrilla muestra
Con inocente libertad, pues sabe
Que sólo para andar sirven las piernas.
Su seno prominente a medias cubre
La camisa de tira de arandela,
En donde se sepulta su rosario
Con sus cuentas de oro y su pajuela73
Un tanto cortas, negras y brillantes,
De su negro cabello las dos trenzas,
Rematando sus puntas en cachumbos74
Graciosamente por la espalda cuelgan.
Pero vedla cascando mazamorra,
O moliendo en su trono, que es la piedra;
A su vaivén cachumbos y mejillas,
Arandelas y seno, todo tiembla.
Arreglado el fogón alza dos olla
Y los frisoles echa en la pequeña;
Va en la grande a poner la mazamorra,
De su quehacer la operación más seria.
Se moja en agua-masa75 las dos manos,
Las pone encima de ceniza fresca,
Las sacude muy bien, y en la agua-masa
Las lava luego y la ceniza deja.
De agua-masa y arroz76 llena la olla,
Le echa la bendición, y la menea
Con el ahumado mecedor77 de palo;
Sopla el fogón y aviva la candela.
Acaba de moler, y con la masa
Va extendiendo en las manos las arepas,
Colócalas después en la callana78
Y tostadas de un lado las voltea.
y luego las entierra en el rescoldo,
Y brasas amontona encima de ellas,
Y chócolos encima de las brasas
Pone a asar recostados a las piedras;
Estos se van dorando poco a poco;
Los granos al calor se caponean79
¡Y exhalan un olor . . . ! que aun los peones
Cuando vienen, un chócolo se llevan.
A las dos de la tarde suena el cacho80
Para que todos hacia el rancho vengan,
Pues ya está la comida. Van llegando
Y en el suelo sentados forman rueda.
El muchacho que ayuda en la cocina
Reparte a los peones las arepas;
De frisoles con carne de marrano
Un plato lleno a cada par entrega.
En seguida les da la mazamorra,
Que algunos de ellos con la leche mezclan;
Otros se bogan81 el caliente claro,
Y se toman la leche con la arepa.
Medio cuarto82 de dulce83 melcochudo84
Les sirve para hacer la sobremesa,
Y una totuma rebosando de agua
Su comida magnífica completa.
¡Salve, segunda trinidad bendita
Salve, frisoles, mazamorra, arepa!
Con nombraros no más se siente hambre.
"¡ No muera yo sin que otra vez os vea !"
Pero hay ¡gran Dios! algunos petulantes
Que sólo porque han ido a tierra ajena
Y han comido jamón y carnes crudas,
De su comida y su niñez reniegan,
Y escritores parciales y vendidos
De las papas pregonan la excelencia,
Pretendiendo amenguar la mazamorra,
Con la calumnia vil, sin conocerla.
Yo quisiera mirarlos en Antioquia
Y presentarles la totuma llena
de mazamorra de esponjados granos,
Más blancos que la leche en que se mezclan;
Que metieran en ella le cuchara,
Y la sacaran del manjar repleta,
Cual isla de marfil que en leche flota,
Como mazorca de nevadas perlas;
Y que dejando chorrear el claro
La comieran después, y que dijeran,
Si es que tienen pudor, ¿si con las papas,
Alguno habrá que compararla pueda?
¡Oh! ¡comparar con el maíz las papas,
Es una atrocidad, una blasfemia!
¡Comparar con el rey que se levanta
La ridícula chiza85 que se entierra!
Y ¿qué dirían si frisoles verdes
Con el 86 de chócolo comieran
Y con una tajada de aguacate
Blanda, amarilla, mantecosa, tierna . . . ?
¿Si una postrera87 de espumosa leche
Con arepa de chócolo bebieran,
Una arepa dorada envuelta en hojas,
Que hay que soplar porque al partirla humea?
¿Y la natilla . . . ? ¡Oh! la más sabrosa
De todas las comidas de la tierra,
Con aquella dureza tentadora
Con que sus flancos ruborosos tiemblan . . .
¡Y tú también, la fermentada en tarros,
Remedio del calor, chicha antioqueña!
¡Y el mote, los tamales88, los masatos89
El guarrús90, los buñuelos, la conserva . . .!
¡Y mil y mil manjares deliciosos
Que da el maíz en variedad inmensa . . .
Empero con la papa, la vil papa,
¿Qué cosa puede hacerse . . . ? No comerla.
_ _
A veces el patrón lleva a la Roza
A los niños pequeños de la hacienda,
Después de conseguir con mil trabajos
Que conceda la madre la licencia.
Sale la gritadora, alegre turba,
A asistir juguetona a la cogienda91
Con carrieles y jíqueras92 terciados
Cual los peones sus costales llevan.
¿Quién puede calcular las mil delicias
Que proporciona tan sabrosa fiesta . . . ?
¡A malaya93 volver a aquellos tiempos!
¡A malaya esa edad pura y risueña!
Avaro guarda el corazón del hombre
Esos recuerdos que del niño quedan;
Ese rayo de sol en una cárcel,
Es el tesoro de la edad provecta.
También la juventud recuerdos guarda
De placeres sin fin . . . pero con mezcla.
Las memorias campestres de la infancia
Tienen siempre el sabor de la inocencia.
Esos recuerdos con olor de helecho
Son el idilio de la edad primera,
Son la planta parásita del hombre
Que, aun seco el árbol, su verdor conservan.
Pero, en tanto vosotros, pobres socios
De una Escuela de Artes y de Ciencias,
Siempre en medio de libros y papeles
Y viviendo en ciudades opulentas;
Nacidos en la alcoba empapelada
De una casa sin patios y sin huerta,
Y que jamás otro árbol conocisteis
Que el naranjo del patio de la escuela.
Vosotros ¡ay! cuyos primeros pasos
Se dieron en alfombras y en esteras
Y, lo que es más horrible, ¡con botines!
¡Vosotros, que nacisteis con chaqueta!
¡Vosotros, que no os criasteis en camisa
Cruzando montes y saltando cercas,
¡Oh! no podéis saber, desventurados,
Cuánta es la dicha que un recuerdo encierra!
¿Con cuál, decidme, alegraréis vosotros
De la helada vejez las horas lentas,
Si no tuvisteis perros ni gallinas
Ni habéis matado patos ni culebras?
No endulzarán vuestros postreros días
El sabroso balar de las ovejas,
De las vacas el nombre, uno por uno,
La imagen del solar94, piedra por piedra;
Las sabaletas95 conservadas vivas,
Sirviendo de vivero una batea;
Las moras y guayabas del rastrojo96
El columpio del guamo97 de la huerta;
La golondrina a la oración volando
Alrededor de las tostadas tejas,
La queja del pichón aprisionado,
La siempre dulce reprensión materna;
La cometa enredada en el papayo98
Los primeros perritos de Marbella . . .
En fin . . . vuestra vejez será horrorosa,
Pues no habéis asistido a una cogienda.
1 |
COLETA CRUDA. Tela fuerte de cáñamo sin torcer. |
2 |
SOMBRERO DE CAÑA. Hecho con las fibras de la hoja de caña. |
3 |
RECADO DE SACAR CANDELA. En rigor esta frase es perfectamente castiza; pero como es poco usada en el resto del país se advierte que en Antioquia quiere decir, pedernal, eslabón y yesca para encender lumbre. Según la Academia, LUMBRES. |
4 |
CARRIEL. Especie de saco hecho con la piel de un animal y que muchos antioqueños llevan terciado al hombro, suspendido de una faja, o amarrado al cinturón en las horas de trabajo; sirve para conducir varios objetos de uso diario. GUARNIEL. |
5 |
TENDON DE TIERRA. Llaman así los trabajadores una faja de terreno de alguna inclinación, y que regularmente se prefiere, por circunstancias especiales, para hacer las rozas. |
6 |
QUEBRADA. Se toma, no sólo en Colombia sino en casi todos los países sur-americanos, como sinónimo de ARROYO. |
7 |
SOCOLAR. Socolar en Antioquia, quiere decir, cortan todas las malezas, arbustos y arbolillos de un bosque para dejar claro el espacio y aislados los árboles mayores. Este verbo (en el Cauca, so-calar), que no se halla en el Diccionario de la Academia, se usa en otros varios estados de Colombia. |
8 |
VOLEANDO. Se usa por BATIENDO. |
9 |
MATAMBA. Caña nudosa, sólida y resistente que abunda en las selvas tropicales. |
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CHUSQUES. Chusques o chuscos llaman los montañeses antioqueños una gramínea semejante al carrizo, la cual forma con sus tallos, ramas y gracioso follaje, un enrejado casi impenetrable. CHUSQUEA SCANDENS. |
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A TODO PECHO. A VOZ EN CUELLO. |
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GUAVINA. Canción provincial festiva y de uso popular. Sus versos son frecuentemente picarescos: Canción sabrosa, dejativa y ruda, Ruda cual las montañas antioqueñas, Donde tiene su imperio y fue su cuna. |
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SOCOLA. Véase la nota 7. |
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CAÑONES. Se usa por TRONCOS. |
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CACHIMBO. Nombre vulgar dado a un grande árbol sumamente vistoso en ciertas épocas del año porque sus flores enteramente rojas, se destacan graciosamente en el fondo verde de la selva y se ve a gran distancia. Llamado en el Cauca písamo, en Cundinamarca y en la Costa cámbulo, en Venezuela bucare y en otras partes búcaro. ERYTHRYNA VELUTINA. |
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JAGUA. Arenilla ferruginosa que queda en el fondo de la batea en que se lava el oro. |
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AZUCENO. Especie de quina, familia de las rubiáceas. |
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FLORO-AZUL. Bello árbol, de flores azules abundantísimas. |
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CAUNCE. Arbol de madera resistente, de flores grandes, amarillas de oro. |
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YARUMO. Arbol ficoide, con hojas anchas, rugosas, ásperas, de un blanco argentino por debajo, pero que se invierten y por eso se ven blancas. Yagrumo en Venezuela. |
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GALGA. Usada por los campesinos en un sentido figurado. En los desmontes, la galga en vez de ser representada por una gran piedra, lo es por numerosos árboles, de la manera descrita por el poeta. |
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PICAR. Hacer con el hacha en el árbol un corte de forma semicircular para que por su propio peso caiga al recibir el empuje por el lado opuesto. |
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MADRINO. El árbol mayor que se escoge para galga. |
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BAMBAS. Partes salientes o protuberancias, regularmente en forma de espinazo, que tienen algunos árboles en la parte inferior del tronco. |
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ENCARTUCHAR. Arrollarse en forma de cucurucho. |
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CANDELARIA. La fiesta que se hace a Nuestra Señora el día de a Purificación, en el mes de febrero. Es, entre las varias épocas escogidas por los agricultores, la preferida en Antioquia para hacer la siembra del maíz en las rozas. |
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BARBA. POR MUSGO. |
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CHAMIZAS. CHAMARASCA. |
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RANCHO. Casita hecha a la ligera por los agricultores para vivir en ella el tiempo que duran los trabajos. CHACRA. |
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HORMIGAS ARRIERAS. Hormigas que, en forma de recua (vulgarmente arria),andan siempre por un camino perfectamente trazado hasta el punto fijado para dispersarse en busca de alimento, y por el cual, en grande orden, van las unas carga- das con su provisión, y vienen las otras sin carga en busca de ella. NEUROPTERA. |
31 |
ESTANTILLOS. Pilares delgados, de madera resistente. |
32 |
RANCHO VARA EN TIERRA. Se llama así una especie de choza cuyas varas de armazón inclinadas descansan por el un extremo en el suelo y por el otro en la guía o cumbrera, parte en que hay sólo un alero, quedando el resto al descubierto. |
33 |
ENLATAR Y EMPAJAR. Cubrir la armazón del techo con latas y después con paja. |
34 |
PALMICHO. Palma cuyas hojas son muy propias para cubrir los edificios pajizos, llamada en algunas partes palmiche y en otras palmicha. Género Oreodoxa. |
35 |
SANTA-INES. Pequeña palma que tiene el mismo uso de la anterior. Género Oreodoxa. |
36 |
RABIHORCADO. Planta de hojas anchas, de forma semejante a la del plátano, aunque más pequeñas, con una escotadura en forma de horquilla en su vértice, y muy propias para cubrir los techos de las habitaciones. |
37 |
BARBACOA. Aparador de cañas o de guadua en que se colocan los utensilios de cocina. Voz procedente de las Antillas. |
38 |
CUYABRA. Utensilio hecho por los campesinos con la mitad de una calabaza, para los usos domésticos. En otras partes se le da el nombre de coyabra, que parece voz quichúa Bangaña en Centro América y en la Costa, chocá en Cundinamarca. |
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APARADORA. RECIPIENTE |
40 |
CALABAZO. Una calabaza seca y hueca en que se carga el agua para los usos domésticos. |
41 |
CATABRE. Utensilio hecho con la mitad o las dos terceras partes de una calabaza, el cual se lleva al lado izquierdo de la cintura y en que depositan los peones las semillas de maíz y de fríjol que deben sembrarse. Catabro en el Cauca. |
42 |
FRISOL. Frísol, Fríjol. Phaseolus vulgaris. |
43 |
DE GOLPE. DE REPENTE. |
44 |
ABORLONADOS. ACANILLADOS. |
45 |
BATATILLA. CONVOLVULO. |
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DESHIERBA. DESYERBA O ESCARDA. |
47 |
FRISOLERA. Mata de frísol. |
48 |
TILO. Yema floral. |
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PILOTE. El fruto del maíz en la primera época de su desarrollo y cuando apenas comienza a presentar en su vértice las blancas fibras que luego han de constituír su cabellera. Parece voz mejicana. |
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TUSA. El eje esponjoso y ligeramente leñoso de la mazorca en donde se forman los granos de maíz. |
51 |
CHOCOLOS. La mazorca en su estado tierno, pero con los granos ya formados. Choclo, voz quichúa, en varios países. |
52 |
PAJARERO. Es el nombre que se da a cualquiera persona encargada de espantar bandadas de pájaros para que no devoren el fruto de las sementeras. Por lo regular son muchachos de poca edad los encargados de esta tarea. |
53 |
CHURRETA. Se llama así una cuerda medianamente gruesa, tejida en trenza y terminada en una especie de fleco o pincel fibroso. El encargado de ella, cuando ve o siente venir la bandada de aves que amenazan el fruto, le imprime un movimiento rápido y circular de derecha a izquierda, de repente contiene el movimiento como para hacerlo en sentido inverso, obteniendo de esa manera un sonido brusco que se extiende a gran distancia y que espanta y hace huír las aves cuando intentan detenerse en las sementeras. El sonido obtenido es semejante al del látigo de los cocheros, pero mucho más intenso. |
54 |
GUASCA. Corteza filamentosa de algunos árboles. |
55 |
TOCHE. Bellísima ave de color amarillo y negro, muy común en los campos cultivados de Colombia, principalmente en los que tienen temperatura ardiente o por lo menos media. Género Ictenus, familia Conirrostros. |
56 |
TURPIAL. Pájaro de color amarillo claro, y negro, y de cantar brillante y apasionado. Género Ictenus, familia Conirrostros. |
57 |
CHAMON. Pájaro negro, de sólido pico, y sumamente voraz, que tiene debajo de las alas una mancha roja de forma circular. Género Chrotophaga major, familia Scansores. |
58 |
GULUNGO. Pájaro notable por la gracia con que fabrica su nido colgante y en forma de saco. El mismo rabiamarillo o mochilero de otras partes. Inglés, hang-nest. CASSINUS CRISTATUS. |
59 |
BOBA. Especie de loro de color azul tornasolado, y llamado así entre los campesinos porque no es susceptible de articular palabras, como no lo son muchos de sus congéneres. Género Psitatus, familia Scansores. |
60 |
CARRIQUI. Pájaro de regular tamaño, de color verde pálido y de amarillo. Se le da también el nombre onomatópico de quer ques (querre-querre en Venezuela), porque parece pronunciarlo en su canto. Familia Conirrostros. |
61 |
GUACAMAYA. GUACAMAYO, según el Diccionario de la Academia. Género Ara, familia Scansores. |
62 |
AFRECHERO. Gorrión, género Fringilla. |
63 |
DIOSTEDE. TUCAN, de la familia de los Scansores: ave de enorme pico que al cantar sobre el ramaje de los árboles pronuncia distintamente el nombre onomatópico de dios-te-dé. En algunas partes se llama yátaro, y en otras coliamarillo. |
64 |
GURRI. Especie de pavo silvestre, llamado en otras partes pava-gurrí. Género Penélope-aburri, orden de las Gallináceas. |
65 |
CHOCOLATE DE HARINA. El chocolate ordinario con el agregado de un poco de harina de maíz para hacerlo más económico. Se cree generalmente que es de más fácil digestión. |
66 |
COCO NEGRO. Vasija hecha con la cáscara interior resistente y sólida del fruto del cocotero. Se usa entre campesinos para tomar diversos líquidos alimenticios. |
67 |
AREPA. Pan de maíz. |
68 |
MANOTADAS. PUÑADOS. |
69 |
MAZAMORRA. Alimento que se prepara poniendo en cocimiento el maíz quebrantado, después de quitarle el hollejo, en agua con harina de maíz y una pequeña cantidad de ceniza, hasta que está blando. Es uno de los alimentos más generales del Estado de Antioquia. |
70 |
ARRUTANADA. Rolliza, arrogante y graciosa |
71 |
FULA. Tela delgada del algodón, teñida de añil. |
72 |
CHUMBE. Cordón, ordinariamente de lana, con que se recogen las mujeres la saya en la cintura. Se usa también en el Cauca, por faja, del quichúa, chumpi. |
73 |
PAJUELA. Laminita de oro o de plata. Comúnmente se usan dos, la una para el aseo de la dentadura, y la otra para el de los oídos. |
74 |
CACHUMBOS. Tirabuzones. |
75 |
AGUA-MASA. Agua con la harina que resulta al lavar el maíz quebrantado. |
76 |
ARROZ. El maíz cascado y lavado. |
77 |
MECEDOR. Paleta de madera. |
78 |
CAYANA. Vasija redonda de barro, más grande y más panda que la cazuela, que sirve para la preparación del pan de maíz. Esta voz, quichúa (callana), se usa también en el Cauca. |
79 |
CAPONEARSE. Abrirse los granos en forma de flor por la influencia del calor. |
80 |
CACHO. Cuerno de res en cuya extremidad delgada y abierta se sopla con vigor para producir un sonido que se transmite a gran distancia, para llamar a los peones. BOCINA. |
81 |
BOGAN. Tiempo del verbo provincial antioqueño bogar, por beber un líquido con rapidez y sin detenerse. |
82 |
MEDIO CUARTO. La octava parte de una libra. |
83 |
DULCE. Sustancia concreta que se saca del jugo de a caña de azúcar. Rapadura en Cuba, papelón en Venezuela, Chancaca en Chile, y panela en otras partes. |
84 |
MELCOCHUDO. Blando, elástico y de consistencia correosa. |
85 |
CHIZA. Gusano de tierra que ataca de preferencia la raíz de la papa. |
86 |
MOTE. Maíz cocido y condimentado. Mute en otras partes. |
87 |
POSTRERA. La leche postrera que se ordeña de la vaca. Es más espesa y más apreciada que la otra. |
88 |
TAMALES. Pastel hecho con masa de maíz y carne de cerdo, condimentado de varios modos. Hayacas en Venezuela. |
89 |
MASATOS. Preparaciones hechas con masa de maíz, dulce y agua. Pueden ser más o menos fermentados. |
90 |
GUARRUS. Bebida preparada con maíz (y a veces con arroz), agua y azúcar, y algunas veces aromatizada con el jugo de alguna fruta. |
91 |
COGIENDA. La recolección de los frutos. |
92 |
JIQUERAS. Sacos de cabuya para la conducción de varios objetos; especie de mochilas. Llamadas en el Cauca y en otras partes jigras. |
93 |
AMALAYA. Interjección de deseo vehemente, de la cual se ha formado el verbo provincial amalayar. Originariamente se usó ¡ah mal-haya! para expresar deseo de un mal, y luego pasó a significar deseo de un bien, y simple deseo vehemente. |
94 |
SOLAR. Terreno limpio y cercado, adyacente a una casa, o espacio que quedó sin edificar. |
95 |
SABALETA. Pequeño peje de los ríos in tenores de América, semejante al sábalo. |
96 |
RASTROJO. Bosque de arbustos. |
97 |
GUAMO. Arbol del género Inga. Los hay de muy diversas especies. Guayo o guabo en varios puntos de Colombia en el Ecuador y el Perú. |
98 |
PAPAYO. Arbol frutal de la familia de las Euforbiáceas. CARICA PAPAYA, del género Asimina. Recientemente se ha descubierto que la papayina, sustancia que se extrae del fruto, es un magnífico digestivo. |
