I. - FANTASIA.
Mi vida era triste como el sueño del proscrito; mis lágrimas, que la mano de un amigo no enjugaba, caían sobre mi corazón como la lluvia sobre los desiertos de Sahara; mi fe, agotada por la desgracia, sólo creía en la fatalidad.
La creación para mí no tenía encantos, la noche no tenía armonías, ni olor tenían las flores; todo era para mi alma pálido y sombrío, porque gemía bajo el peso abrumador del infortunio.
Una tarde el sol, al ocultarse, formaba arreboles tan bellos como los sueños de una virgen: las nubes que se mecían en el ocaso eran como las de mi patria: el viento embalsamado de la pradera venía á refrescar mi ardiente sien, agitada por las pasiones; y creí escuchar el canto solemne de la inspiración.
La noche llegó con majestuosa pompa: la luna en el horizonte se mostraba magnífica y sencilla, como la hija de la Virtud, y por todas partes reinaba el profundo silencio de la naturaleza. Un pensamiento divino unía mi espíritu á la creación, y elevándolo al cielo, le mostraba las sublimes imágenes del infinito. Mi alma, llena de unción, se perdía en el espacio. Contaba los mundos, se hundía en la eternidad, y humilde y reverente adoraba y creía.
En medio del soberbio esplendor de la naturaleza ví la virgen de mis amores, fantástica y celestial; y oí su voz, suave como el beso de una madre, como los acentos ternísimos de los cantos de David.
Era la inspiración bajo el velo de la mujer querida: era el ángel de las consolaciones que venía de nuevo á mí para mostrarme la felicidad; era el amor y el entusiasmo que renacían en mi alma; y ésta les rendía adoración.
Vosotros los que no creéis, y que sólo halláis el placer en el bullicio del día, sabed que la noche es bella y misteriosa, y la fe dulce y sublime.
Semejante á la mujer que Dios dió al hombre como su más hermosa mitad, así la noche es la más hermosa mitad de la vida.
Cuando á la luz vacilante de las estrellas se recibe una mirada ó se adivina una sonrisa;
Cuando en medio de las tinieblas dos bocas temblorosas pronuncian palabras amantes y juramentos fervorosos;
Cuando en el viento que susurra creen dos almas escuchar dulces cantos de amor, para las flores cuyo perfume se lleva……….
Ah! entonces el corazón palpita dichoso, y se ama el misterio de la noche, que convida á la soledad y al silencio!
¡Alma de mi vida, en los días amargos de la desventura recuerda que la noche tiene encantos; la flor, aroma, y el alma, fe!
¡Ven, noche de inspiración; vuelve, que en mi alma arde yá el sagrado fuego del entusiasmo! Ven á derramar la poesía y el encanto de tu misterio sobre mi sediento corazón: que tu velo mágico y sombrío cubra á mis ojos para siempre el sol; y que al soplo apacible de la brisa y á la luz moribunda de la luna, entre sueños de amor, de dicha y de ventura, venga también el eterno sueño de la muerte..........
