LAS MARIPOSAS NEGRAS DE SILVA
Como epígrafe de la biografía recién publicada de Ricardo Cano Gaviria | * aparecen estas palabras de Juan Gustavo Cobo Borda: "Así como existe un París de Proust, un Dublín de Joyce y un Buenos Aires de Borges, existe un Bogotá de José Asunción Silva". Un Bogotá que serían dos: los despojos mugrientos y destartalados de una arquitectura, de un hábitat urbano desvaído, y un hábitat social cuyos supervivientes ponen sonrisa de enterados cuando se menciona el nombre de Silva.
Cano es un joven escritor antioqueño que hace ya lustros se fue a vivir y a escribir a Barcelona y quien por esas razones -por ser inteligente, por no haber nacido en Bogotá, por no residir en la nueva Santafé- presuntamente estaba bien equipado para la tarea de componer una biografía certera y legible del poeta. Se trataba de una tarea imposible, al menos en lo tocante al acervo documental; cuando va a cumplirse el centenario de su muerte, las fuentes inicialmente obliteradas por indolencia o por beatería, están agotadas, como lo están los testimonios verbales que sus con-temporáneos transmitieron a sus descendientes y que éstos a su vez pusieron por escrito, o guardaron en silencio, o fueron reve-lando y deformando para el solaz furtivo de mentideros o tertulias.
El autor efectuó numerosas entrevistas y visitó archivos, bibliotecas y museos de Europa y de América, en busca de las huellas del poeta en las tres ciudades a las que lo llevaron sus viajes fuera de la patria: París, Londres, Caracas. Y el esfuerzo de Cano se ve a veces recompensado, como en ese hallazgo de una carta de Silva en el Museo Gustavo Moreau. Es un pedido que le formula al cher maitre de unas reproducciones de sus cuadros; éstas le fueron enviadas a Bogotá, como lo demuestran indirectamente otros documentos como la relación de sus bienes después de que quebrara la empresa familiar. De resto, y eso no puede reprochársele a Cano, el libro muele de nuevo el bagazo de los mismos documentos y de los mismos testimonios: Sanín Cano, Arias Argáez, Uribe Holguín, Camilo de Brigard Silva, Pedro Emilio Coll, Alvaro Holguín y Caro, Hernando Villa, Tomás Rueda Vargas...
Acertadamente, en principio, Cano se propone efectuar en contrapunteo entre los datos biográficos - "la anécdota"- y los que proporciona De sobremesa, obra sobre la cual se concentran sus análisis y especulaciones, dejando a un lado el escrutinio intensivo de la obra poética. Esa decisión metodológica hace que, dichosamente, el "Nocturno" y el tópico Elvira-José Asunción se traten con brevedad, así sea relativa. A su vez, la determinación de centrarse en este texto en una serie de conjeturas sobre la biografía podría parecer a primera vista promisoria. Pero háganme el favor:
Ernest Grenet-Dancourt, "autor (...) amable y paternal a pesar de sus treinta y un años, y que Silva pudo conocer en sus correrías por los círculos literarios de París, incluidos los martes de Mallarmé, vivía en el 167 del boulevard Saint-Germain y es quien con toda probabilidad presta su segundo apellido- y en cualquier caso, la estructura de su aristocrático apellido doble, compuesto a partir de un pasaje de Terre Promise de Bourget- al conde Robert de Scilly-Dancourt, padre de una jovencita que, a su vez, tiene como modelo principal aquella que José Asunción conociera desde niña, no habiendo tenido la misma suerte con ella, cuando se hizo mujer y fue tiempo de amar, como la que Oscar Bourdoche tuvo con su prima".
La prosa no es muy lúcida pero es descifrable; lo malo es que la información es probablemente inútil o, en el mejor de los caso, trivial: tal vez la obra de teatro a que se refiere "se nos antoja destinada a dejar una curiosa huella mnemotécnica en Silva". De minucias así están llenas las mejores biografías; las que se justifican -quizás- cuando ya han sido fatigados los pormenores de la vida, cuando la acumulación de datos como los anteriores se convierte en un desplante de erudición, en la coquetería de un saber casi excesivo. Claro está que ése no es el caso ni con Silva ni con el libro de Cano. En éste, por ejemplo, se sigue tropezando con enigmas ya menos justificables que las brumas de la infancia o de la adolescencia. En 1893 Elvira ha muerto y Silva está arruinado; en 1894 se hace -lo hacen- nombrar en la legación de Colombia en Caracas, para darle con qué vivir; a su regreso el poeta funda una fábrica y hace las ostentaciones de riqueza que asombran más a la posteridad que a sus contemporáneos. En 1896 se mata, presumible, seguramente, porque no le quedaba un centavo. Eso se sabe. Pero se sigue sin saber cómo se financió esa efímera prosperidad de la fábrica de baldosines. ¿De dónde sacó plata el insolvente Silva? ¿Cuáles fueron sus socios, sus fiadores? ¿Cuáles sus acreedores? Del primer infortunio comercial se conserva una deprimente documentación en la correspondencia Silva-Guillermo Uribe. Sobre el episodio posterior -ya publicado el "Nocturno", ya convertido Silva en personaje de la pequeña crónica bogotana- nada se sabe, al menos en la biografía de Cano.
La carencia de datos nuevos, la presumible imposibilidad de dar con ellos, abre campo a infinitas variaciones del género biográfico, fundadas en la interpretación y el comentario. Cano apela, legítimamente, a la conjetura. De la cual es muestra la retorcida historia de Margarita Holguín y Caro. El biógrafo resuelve que el viaje de Silva a Caracas está motivada también por la pena de un amor no correspondido. Cano, gratuitamente, postula el amorío y en una maniobra elaborada pero no muy diestra propone la identidad de la amada, Margarita. Es una pura especulación; pero lo malo es que no se trata de una especulación interesante (no hablemos de fecunda): de ser cierto, ¿qué añade el dato a lo poco o mucho que sabemos del gran poeta?
Cano habla a menudo de las mariposas negras, de las chapolas, emblemas de infortunio que circundaron las desdichas del poeta. Y que siguen revoloteando en su posteridad. Silva es leído, es estudiado y es, maravillosamente, amado. Los poetas han sabido, siguen sabiendo, cómo hablar de él. Pero el sino de las chapolas estipula que su genio es irreductible al género de la biografía. Este libro es deficiente, pero la culpa no es de Cano sino de las mariposas negras.
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José Asunción Silva, una vida en clave de sombra. Monte Avila
Editores, Caracas, 1992. Prólogo al libro de Hernando Valencia y José Yunis: El Panfleto - Una antología colombiana. Bogotá, Carlos Valencia Editores, 1977. 202p. |
