(Traductor)
Crónica (1959) es, me parece, el último de los libros que ha dado a conocer Saint-John Perse. Ahora acaba de aparecer la traducción de Jorge Zalamea, quien había ya publicado versiones de toda la obra poética del autor de Anábasis.
Estas traducciones han servido no sólo para "dar a conocer" a Perse a los lectores de nuestro idioma, sino, en cierta manera, para incorporarlo al repertorio poético actual de la lengua española: migración, metempsicosis, desdoblamiento feliz que tiene muy pocos paralelos en la poesía contemporánea. La mayor parte de los poetas franceses de hoy me producen una impaciente indiferencia; pocos, acaso ninguno, me inspiran, como Perse, algo semejante a la aversión. Su imaginería me parece de una vacua vehemencia; su temática, impregnada de mistificación; su esoterismo, más dependiente del diccionario que de la visión. Esto no es un juicio crítico, lo sé, sino una (quizás injustificable) reacción personal. Sé que para traductor y traducido es una ofensa y una inepcia el consabido elogio de que las versiones de Zalamea son "mejores" que los originales; sólo puedo decir que encuentro más legibles esos poemas en el español de Zalamea que en el original. Et l'entrée en jouissance ne comble pas son gré: "Y su usufructo no colma su deseo". La salmodia de Perse es errática, y la solemnidad de su retórica se ve interrumpida por cominerías y laxas filigranas. La versión de Zalamea casi nunca es preciosa; es él quien hace creer que el verso de Perse es para leer en voz alta, que puede decirse litúrgicamente, ritualmente, en un ceremonial incantatorio, colectivo y mágico. Salvo en poquísimas ocasiones (les grandes filles de la terre: "altas muchachas terrícolas") Zalamea no improvisa ni tantea y, por el contrario, su exactitud y su precisión son casi literales. No obstante, es otro el tono; y los pomposos versículos suenan más viriles y graves que en el estilo épico-culterano de Perse.
