GRUTA SIMBOLICA


La Gruta Simbólica fue un círculo o tertulia literaria que surgió en Bogotá a comienzos del siglo XX. Su existencia permitió concentrar un buen número de escritores que habían nacido aproximadamente 30 años antes y que, más que bohemios, tuvieron una motivación humanística y poética para sus encuentros.

Debe su nombre por estar en ese entonces muy en boga la escuela llamada simbolista que era objeto de intensas polémicas entre quienes tomaban partido por defender los estilos clásicos, entre ellos los románticos, y aquellos otros que, con nuevas formas y concepciones, introducían otras propuestas para la prosa y el verso. Llama la atención que los miembros de la Gruta Simbólica, siendo contrarios al apelativo, lo hayan adoptado como identificación. Uno de sus principales integrantes, el escritor Luis María Mora, dijo que la escogencia del nombre se debió a que él había escrito un folleto titulado De la decadencia y el simbolismo, en el que fijaba el valor artístico y filosófico de las nuevas tendencias. El texto, por entonces inédito, fue leído en una pequeña reunión donde participaban sus amigos, y ahí adoptan el nombre de Gruta Simbólica.

Pero lo que produce su nacimiento como lugar físico de reunión se debió al conflicto bélico civil que cruza los dos siglos, el XIX que termina y el XX que comienza y que se ha denominado la Guerra de los Mil Días. Para los protagonistas de la tertulia fue un caso fortuito. Seis hombres de letras, Luis María Mora, Julio Flórez, Julio de Francisco, Ignacio Posse Amaya, Miguel Peñarredonda, Rudesindo Gómez y Carlos Tamayo, se sintieron sorprendidos en las calles de Bogotá por soldados que exigían salvoconducto. Como no lo tenían, Tamayo les dijo a los de la ronda: “Señores, tenemos un enfermo grave; vamos en busca de un médico; acompáñenos hasta la casa a llamarlo. Aquí ni más es”. Llegaron a casa de Rafael Espinosa Guzmán, conocido como Reg, en la carrera 5ª número 203 y ahí, con la complicidad del galeno que entendió el engaño, se quedaron en el sitio que se convirtió en el lugar escogido para los encuentros que duraban hasta el amanecer, y por más de una vez, pues las tenidas, siempre de orden literario, se continuaron haciendo con un número grande de concurrentes entre los que se contaban poetas y practicantes de todas las artes:

Daniel Arias Argáez, Antonio Borda, Ignacio Borda, Santiago Cantillo O’Leary, Alfonso Caro, Carlos Castello, Edmundo Cervantes, Julio de Francisco, Eduardo Echeverría (1873-1948), Pedro Ignacio Escobar, Julio Flórez (1867-1923), Gustavo Gaitán, Luis Galán Gómez, Rudesindo Gómez, Alfredo Gómez Jaime (1878-1946), Maximiliano Grillo (Max Grillo, 1868-1949), Joaquín M. Güel, Vicente Largacha, Víctor M. Londoño (1870-1936), Manuel María Mallarino, Arturo Manrique, Federico Martínez Rivas (1889-1931), Víctor Martínez Rivas, Enrique Martínez Salcedo, Roberto Mc. Douall (1850-1921), Rafael Merizalde, Roberto Merizalde, Rubén Mogollón Carrizosa, Josué Mora, Luis María Mora (1869-1936), Carlos Murillo, Emilio Murillo, Luis María Ortega, Pablo Ortega, Miguel A. Peñarredonda, José M. Pérez Sarmiento, Guillermo Posada, Ignacio Posse Amaya, Arturo Quijano (1878-1935), Antonio Quijano Torres, Juan C. Ramírez (el Toto, 1862-1914), Francisco Restrepo Gómez, Federico Rivas Frade, Martín A. Rueda, David Salgado Gómez, Alberto Sánchez (Doctor Mirabel), Gonzalo Santamaría, Ricardo Sarmiento (Delio Seravile), Clímaco Soto Borda (Pólux, 1870-1919), Carlos Tamayo, Luis María Terán, Carlos Tirado Macías, Ricardo Tirado Macías, Alberto Tovar, Diego Uribe (1859-1900), Francisco Valencia, Roberto Vargas Tamayo, Alejandro Vega (1864-1903), Samuel Velázquez, Carlos Villafañe (1882-1959) y Aquilino Villegas (1880-1940).

La Gruta Simbólica tenía un carácter también político. Asistían los que se oponían a la dictadura del poeta y presidente de Colombia José Manuel Marroquín (1827-1908) quien, como vicepresidente, había dado un golpe de Estado al octogenario presidente Manuel Sanclemente.

Como invitados ocasionales asistían a las reuniones personajes destacados aunque literaria y políticamente estuvieran en la otra orilla. Fueron atendidos como huéspedes de honor, con todas las galas y banquetes, el poeta Guillermo Valencia y en otra ocasión, Rafael Pombo. Los miembros de la Gruta, en oposición a los históricos en el poder, se consideraban liberales y nacionalistas.

La Gruta Simbólica carecía de reglamentos o estatutos. Lo que de modo básico los unía era la discrepancia a todo lo que en literatura significaba vanguardismo y ultraísmo. Como escuela literaria defendían la tradición castellana y todo lo que proviniera de la cultura griega y latina. Les encantaba la prosa del poeta ex presidente Miguel Antonio Caro (1843-1909), de quienes muchos esperaban un comentario que los consagrara socialmente. Baldomero Sanín Cano, como opositor literario a la Gruta Simbólica, decía a su vez que “Caro era un hombre de muy pocas ideas”, “Rafael Núñez un aventurero, un charlatán, un ignorante” y consideraba que las poesías de Andrés Bello debían “arrojarse a la cesta de la basura”. El ideólogo de la Gruta, Luis María Mora, se defendía diciendo que el atacante crítico antioqueño “no ama la literatura sencilla, clara, transparente de los pueblos que se bañan en las ondas azules del Mediterráneo, sino que se embelesa en las lucubraciones oscuras de los pensadores del Norte y en las figuras abstractas de los dramas escandinavos”.
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