LUIS MARIA MORA, MORATIN
Este poeta, que nació en Bogotá 1869 y murió en la misma ciudad en 1936, fue tal vez, entre los que perteneció al grupo de La Gruta Simbólica, el que más claridad tuvo sobre lo que significa la tradición romántica en las letras castellanas y por qué el seguimiento de la tradición greco romana en su escritura. Es por ello que su mensaje escrito estuvo siempre lleno de dura réplica a sus contradictores, es decir, contra aquellos otros escritores que habían adoptado el camino de la naciente escuela simbolista, como sucedió con el crítico Baldomero Sanín Cano. Moratín consideraba que debía respetarse la estructura del verso castellano, para que de este modo el parnaso siguiera siendo "un huerto cerrado para la generalidad de los hombres, y a él no podían penetrar así no más las gentes del montón".
Con el tiempo se verá como las concepciones estéticas de Luis María Mora estaban muy ligadas a su vida. Se apartó de la modernidad simbolista, para él experimental y desastrosa, que había hecho suya en el país, el por entonces desaparecido José Asunción Silva, amigo en discusiones y lecturas de Baldomero Sanín Cano, porque en buena parte había aceptado, las razones políticas de su progenitora. Él mismo lo cuenta de este modo: "Entre las ideas políticas de mi padre y las de mi madre había un ancho foso que en este punto los mantenía separados siempre. Mi padre amaba con pasión las doctrinas liberales. Mi madre pertenecía a una familia de nobles y viejas ideas conservadoras". La definición, la toma de partido que hace Luis María Mora en un país como Colombia que a finales del siglo XIX entra en una guerra civil más, se liga a su relación familiar: "...jamás mi padre se opuso a las enseñanzas de mi madre; y cuando en enero de 1895, le manifesté yo a él que iba a seguir las armas conservadoras contra el movimiento revolucionario que acababa de estallar, no se mostró de ninguna manera sorprendido.
"-¿Y tus hermanos también son conservadores? - me preguntó.
"- Sí, señor - le respondí.
"-Es la obra de tu madre - se limitó a decir por todo comentario-.
A pesar de venir por parte de madre de una familia de abolengo y tradición, los primeros años de vida de Moratín estuvieron enmarcados por limitaciones económicas, hasta el punto en que vio la necesidad de entrar a trabajar como "chino" o muchacho de mandados y luego como cajista en la imprenta de vapor de Angel María y Enrique Zalamea. Una vez concluida la guerra y después de retornar del campo de batalla de Peralonso, sin dejar su labor de armador de galeras, alcanzó el doctorado en la facultad de Filosofía y Letras en el Colegio Mayor del Rosario. Trabajó después como catalogador de la Biblioteca Nacional en la ciudad de Bogotá y otros cargos públicos en instituciones como la Escuela Normal de Cundinamarca o la Dirección de Estadística. En 1927 viaja a los Ángeles donde el gobierno de Miguel Abadía Méndez lo nombra cónsul y ahí se doctora de nuevo, en 1929, en literatura en la Universidad de California. Fue además un excelente participante del popular tejo o turmequé, es decir, del juego de tradición indígena de lanzar a cierta distancia un disco de hierro contra un bocín para hacer reventar una mecha de pólvora. Esto no era obstáculo para que en su libro Arpa de cinco cuerdas, que publica en Italia, seleccionara algunos de sus llamados Himnos, y otros poemas más, de los que leía en sus noches de tertulia bohemia ante sus compañeros de La Gruta Simbólica.
