ANTONIO JOSE RESTREPO
Carilargo, de nariz por el estilo, Antonio José Restrepo, nacido en Concordia, Antioquia, el 22 de marzo de 1855, no gustaba del colegio. Por igual huía de la iglesia del pueblo porque le incomaodaba "arrodillarse a oír misa". Cada vez que se presentaba la oportunidad, escapaba de la escuela. Este proceder dejaba angustiados a don Indalecio y a doña Teresa, sus padres. El joven prefería irse a los campos donde jugaba a las ochas con corozos grandes o a las casas con corozos chiquitos, como él mismo cuenta en sus "Páginas autobiográficas": "...cuando no era rompiéndonos la crisma con botones de guayaba y aún con piedras en las";guerras" con que ensayábamos los chicos de aquel pueblo belicoso, los futuros pronunciamientos militares o las temibles gazaperas de cuchillo y navaja en los bailes de garrote".
Fue de joven un vagabundo de excursiones con primos o trabajadores de bastimento o muchachos de mandados. Ahí aprende agricultura. Siempre realizaba en el campo trabajos difíciles, "Porque todos aquellos huéspedes de mi cimarronearía tenían órdenes perentorias de mis padres de hacerme literalmente hipar en toda laya de trabajos, inclusive cargar a cuesta pesados tercios de maíz, deshojar caña de Castilla con mis manecitas de terciopelo y levantarme a medianoche a arrear en un trapiche desvencijado dos mulos pateadores, al resplandor mortecino de un hachón de bagazo que ardía en un rincón del andén".
En cierta ocasión, cuando se ve obligado ir a casa a una reunión de Nochebuena, el padre, con la mirada severa puesta sobre él, le dice:
- Antonio ¿quieres irte a estudiar a la Universidad de Medellín?
- Sí señor - responde Antonio José.
El nuevo estudiante es bien reputado ante profesores y condiscípulos liberales que son a la vez anticlericales. El rector le niega la matrícula en el segundo año lectivo. Va entonces donde el presidente del Estado, ante el cual pone su queja. Como tiene calificaciones con el calificativo de sobresaliente, se ordena que se proceda a expedirle de inmediato las matrículas correspondientes.
Cuando viaja a Bogotá va dejando en varios puentes del camino, escrito con carbón, versos políticos, con los cuales comienza a sentar su interés por la poesía, a la que le da otro sentido para preocuparse después, por el paisaje, como sucede con su poema al Salto de Tequendama: "Déjame ver tus ondas, Tequendama,/ Que el viento en el espacio desparrama,/ Cual nítido vellón;// Déjame colocar tu corriente,/ No la corona que soñó mi mente,/ ¡Mi propio corazón!// Cansado llego a tu silvestre orilla,/ En la que apenas el primero brilla/ Rayo del almo sol;// Leve gasa de plata, como un velo,/ Del fondo de tu abismo sube al cielo/ Con tintes de arrebol...".
Lee ante sus amigos muchas veces sus estrofas que hablan del salto, hasta que decide publicarla en La Reforma. En Bogotá se hace muy conocida su composición. Lo que más le sorprende al poeta de Concordía, es que un personaje como Rafael Pombo lo vaya a visitar. Era aún estudiante el escritor venido de Antioquia, de escasos recursos y limitaciones en la pensión donde vivía contiguo al teatro Municipal. Y es en un lugar de poca calidad social, en una prendería que quedaba detrás del Capitolio, donde se encontró con el autor de "El renacuajo paseador" y otros amigos. Por ello cuenta estas intimidades: "...Don Rafael Pombo que se acurrucaba en aquel mostrador infecto a esperar indias borrachas para requebrarlas de amores. ¡Estas son las sublimidades de la lírica clericonservadora en este valle de lágrimas". Pombo, según cuenta Restrepo, se deshizo en elogios a su visitado y recién conocido amigo y a sus versos Al Tequendama. La política termina por romper la amistad, por lo que el poeta antioqueño dice: "Entonces el Pombillo se puso insoportable: centralista furibundo fundó una hoja de col para atacar a la Federación y al liberalismo; azuzador de toda fechoría, adulador de todo el que mandara, de Nuñez, de Payán, del diablo y del demonio, este gran poeta, humanamente no valía la cuerda con que lo ahorcaran...".
Antonio José Restrepo continúa una vertiginosa carrera política. Fue senador de la República, diputado a la asamblea legislativa del Estado soberano de Antioquia, secretario y miembro de la cámara de representantes, procurador general de la nación, cónsul en El Havre (Francia). Traductor y panfletario, colaboró con muchos periódicos de Medellín y Bogotá, entre los que se hallaban La Tribuna, La Lechuza, La Siesta, La Reforma, El Heraldo, La República, La Patria y El Estado, entre otros. Fue muy comentado en su época el debate que tuvo en el hemiciclo del senado con Guillermo Valencia sobre la pena de muerte. Murió en Barcelona el 1º de marzo de 1933.
