OCTAVIO AMORTEGUI


Mediaba la tarde del martes 19 de febrero de 1901, cuando en Bogotá, en el barrio de las Aguas, al pie de Aguanueva, en la casa florecida de geranios, marcada con el número 1K de la calle Buenavista, nace un niño al que le darán el nombre de Octavio y recibirá el apellido de su padre, Amórtegui.

Su vida de escuela es como la de todos los niños de entonces. Los días pasan entre lanzar el trompo y elevar cometas en los vientos de agosto. Ya en la juventud se relaciona en los cafés del centro de su ciudad natal, con el grupo literario de Los Nuevos. Comparte veladas con León de Greiff y Rafael Maya, sus amigos de generación.

Viaja y estudia en Europa. De ello él mismo dará testimonio en Lecturas Domincales de El Tiempo de Bogotá al cumplir sus 70 años: "Y poseo además algunos diplomas: el de la Escuela de Altos Estudios Sociales de París; el de Historia del Arte de la Sorbona, fruto de un curso intensivo y especial en las propias salas del Luvre; el de la Academia colombiana de la Lengua; el que me confiere el título de arquitecto del templo de Salomón, de los Valles de Buenos Aires; el que otorgó la comunidad Latino Americana de Escritores; y uno de la Universidad Nacional autónoma de México por mi divulgación radiofónica de los valores colombianos".

En 1923 se halla en un país de Suramérica, cuyo nombre no quiere recordar. Está ahí porque sus amigos le han insistido. Tendrá que hacer su primer recital y el miedo al público lo tiene casi paralizado. Se llena de valor y comienza a declamar los poemas de su primer libro Patios de luna. Hay muchos aplausos entre el público que lo escucha y que resulta ser de la aristocracia. Una vez se retiran del teatro, el joven poeta pasa apresuradamente a reclamar la caja. No había caja. Los organizadores habían desaparecido con el dinero que estaba destinado a la compra de nuevos vestidos para los pobres para el cambio de estación. Sin un centavo en los bolsillos, Amórtegui se ve en muchas dificultades para pagar el alquiler del frac que usó en la función.

Contrae matrimonio con la pedagoga boyacense Alicia Ruiz Escobar que se desempeñaba como directora del Liceo Femenino de Cundinamarca, mientras él lo hacia como jefe de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Pero un día, "nos cerraron todas las puertas. Alicia dijo:";Aquí no nos quieren", y emprendimos el éxodo. México nos recibió con los brazos abiertos, y allí crecieron y se educaron mis otros hijos", Tatiana y Octavio. De su primer matrimonio con Isabel Castillo Casas había nacido Mario.

El sábado 17 de febrero de 1951, a dos días de cumplir 50 años, sufre un atentado junto con el periodista García Peña: "Y a pesar de mis ansias de vivir, que resultan a veces mortales; del íntimo cuervo de Poe, que vale el buitre de Prometeo; y de otra clase de pájaros, como uno gris y negro, que me hizo dos disparos a quemarropa en la puerta de El Tiempo". Murió en México en 1990.


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