PRELUDIO DE PRIMAVERA
 

A...

 

Ya viene la galana primavera

Con su séquito de aves y de flores,

Anunciando a la lívida pradera

Blando engramado y música de amores.

 

Deja ¡oh amigo! el nido acostumbrado

Enfrente de la inútil chimenea;

Ven a mirar el sol resucitado

Y el milagro de luz que nos rodea.

 

Deja ese hogar, nuestra invención mezquina

Ven a este cielo, al inmortal brasero

Con que el amor de Dios nos ilumina

Y abrasa como padre al mundo entero.

 

Ven a este mirador, ven y presencia

La primera entrevista cariñosa

Tras largo tedio y dolorida ausencia

Del rubio sol y su morena esposa;

 

Ella no ha desceñido todavía

Su sayal melancólico de duelo

Y en su primer sonrisa de alegría

Con llanto de dolor empapa el suelo.

 

No esperaba tan pronto al tierno amante

Y recelosa en su contento llora.

Y parece decirle sollozante:

¿Por qué si te has de ir vienes ahora?

 

Ya se oye palpitar bajo esa nieve

Tu noble pecho maternal, Natura

Y el sol palpita enamorado y bebe

El llanto postrimer de tu amargura.

 

"¡Oh, qué brisa tan dulce!-va diciendo-

Yo traeré miel al cáliz de las flores;

Y a su rico festín ya irán viniendo

Mis veraneros huéspedes cantores",

 

¡Qué luz tan deliciosa! Es cada rayo,

Larga mirada intensa de cariño,

Sacude el cuerpo su letal desmayo

Y el corazón se siente otra vez niño.

 

Esta es la luz que rompe generosa

Sus cadenas de hielo a los torrentes

Y devuelve su plática armoniosa

Y su alba espuma a las dormidas fuentes.

 

Esta es la luz que pinta los jardines

Y en ricas tintas la creación retoca;

La que devuelve al rostro los carmines

Y las francas sonrisas a la boca.

 

Múdanse el cierzo y ábrego enojosos

Y andan auras y céfiros triscando

Como enjambre de niños bulliciosos

Que salen de su escuela retozando.

 

Naturaleza entera estremecida

Comienza a preludiar la grande orquesta,

Y hospitalaria a todos nos convida

A disfrutar su regalada fiesta.

 

Y todos le responden: toda casa

Abrese al sol bebiéndolo a torrentes.

Y cada boca al céfiro que pasa,

Y al cielo azul los ojos y las frentes.

 

Al fin soltó su garra áspera y fría

El concentrado y taciturno invierno,

Y entran en comunión de simpatía

Nuestro mundo interior y el mundo externo.

 

Como ágil prisionero pajarillo

Se nos escapa el corazón cantando.

Y otro como él y un verde bosquecillo

En alegre inquietud anda buscando:

 

O una arbolada cumbre, deslizante

Sobre algún valle agreste y silencioso,

Desde donde cantar en dueto amante

Un Dios tan bueno. un mundo tan hermoso:

 

Una vida tan dulce, cuando al lado

Hay otro corazón que nos lo diga

Con un cerrar de mano alborozado

O una mirada tiernamente amiga;

 

Un corazón que para el nuestro sea

Luz de esa vida y centro de ese mundo

Hogar del alma, santa panacea

Y abrevadero al labio sitibundo...

 

Por hoy el ave amante busca en vano

Su ara de amor, su plácida espesura:

Que ha borrado el Artista Soberano

Con cierzo y nieve su mejor pintura.

 

Pero no desespera, oye una pía

Voz misteriosa que su instinto encierra

De que así como al alma la alegría

Volverá la alegría de la tierra;

 

Al jardín, con sus flores, la sonrisa;

Y al mustio prado la opulenta alfombra;

Rumor y olor de selvas a la brisa,

Y al bosque los misterios de su sombra.

 

Nuevo traje de fiesta a todo duelo,

Nueva risa de olvido a todo llanto;

¿Y a mí?. . . Tal vez el árido consuelo

De recordar mi dicha al son del canto.

 

Quizá, como a su cebo emponzoñado,

Vuelve la fiera que su mal no ignora,

Iré ya solo, y triste, y olvidado

A esos parajes que mi mente adora...

 

¿Habrá sido todo eso una quimera

Que al fuego del hogar vi sin palparla?

¡Ah! fue tan dulce, que morir quisiera

Antes que despertar y no encontrarla. . .

Tú que aún eres feliz, tú en cuyo seno

Preludia el corazón su abril florido,

Vaso edenal sin gota de veneno,

Alma que ignoras decepción y olvido:

 

Deja ¡oh paloma! el nido acostumbrado

Enfrente de la inútil chimenea;

Ven a mirar el sol resucitado

Y el milagro de luz que nos rodea.

 

Ven a ver cómo entre su blanca y pura

Nieve, imagen de ti resplandeciente

También a par de ti la gran Natura

Su dulce abril con júbilo presiente.

 

No verás flores. Tus hermanas bellas

Luego vendrán, cuando en el campo jueguen

Los niños coronándose con ellas;

Cuando a beber su miel las aves lleguen.

 

Verás un campo azul, limpio, infinito,

Y otro a sus pies de tornasol de plata,

Donde, como en tu frente, ángel bendito,

La gloria de los cielos se retrata.

 

Nada hay más triste que un alegre día

Para el que no es feliz; pero en mi duelo

Recordaré a la luz de tu alegría

Que un tiempo el mundo para mí fue un cielo.

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