PACHECO QUINTERO, JORGE (Ocaña, 1911; Bogotá, 1982). Bachiller del Colegio José Eusebio Caro, trabajó en Barranquilla con la Aduana. Contador público, estuvo en la Dirección Nacional de Presupuesto hasta su jubilación, y después prestó asesorías especialmente en asuntos presupuestales al Banco de la República y al Ministerio de Hacienda. Perteneció a la Academia de la Lengua y se posesionó en la de Historia con un ensayo titulado El Congreso Anfictiónico de Panamá y la política internacional de los Estados Unidos. Ecuador y Venezuela también lo acogieron en sus academias y la Gobernación de su departamento lo condecoró con la medalla «Francisco de Paula Santander».

«Entre los poetas vivientes —dijo Lucio Pabón Núñez en la Antología de Ocaña (1973)—... el más cimero, indudablemente, es Jorge Pacheco Quintero. Dije alguna vez que éste, después de Caro, era el más valioso de los cantores santandereanos... Cuando se publicaron sus libros Andeles (1965), Raíz desnuda (1966) y La palabra perdida (1966), los tres bajo el rubro general de Entre sombra y espacio, se llegó a la conclusión de que yo estaba en lo cierto». Benigno Acosta Polo confirma: «... He llegado al convencimiento de que no sólo es un digno sucesor de José Eusebio Caro, sino que, por muchos aspectos, lo supera en el valor lírico, en la pureza del verso y en el embrujo de las imágenes, especialmente en la levedad de las metáforas».

Obras suyas son también Los júbilos del amor y Abecedario de ausencias (1971), Clío desnuda, Las cantas bravas y Nido de sombras, El último rito —teatro— y desde luego una muy notable Antología de la poesía en Colombia, que el Instituto Caro y Cuervo publicó en dos tomos, el primero en 1970 y el segundo en 1973. Y otros libros: Efemérides biográficas del general Santander, Influencia de la masonería en la emancipación de América y Breve historia de la deuda pública nacional, para la Cepal.

PADILLA, DIEGO FRANCISCO (Bogotá, 1754-1829). El historiador Guillermo Hernández de Alba, en Poesía popular y poesía culta ante la emancipación colombiana entre 1781 y 1829, dice que una poesía que evoca los dramáticos años de la Reconquista española (1815-1819) y la lucha de los libertadores por implantar la democracia después del triunfo del 7 de agosto de 1819, fue escrita por el ilustre agustino fray Diego Francisco Padilla. «Vehemente y adolorida ... y con estro nada vulgar... como lo revela su valiente despedida de la patria en 1816, camino del destierro». El manuscrito llegó a manos de un patriota venezolano, quien trató de publicarlo en 1821, pero no se sabe si lo logró. La poesía de Padilla se conserva en el Archivo Histórico Nacional, en Bogotá.

PAECES, LEONIDAS (Bucaramanga, 1909-1984). Periodista. Toda su obra poética quedó inédita, pero los editores de Poesía Santandereana —publicada por la Gobernación— rescatan algunos de sus poemas amorosos.

PÁEZ, ADRIANO (Tunja, 1844; Agua de Dios, Cundinamarca, 1890). «Fue el primer periodista que luchó por la unidad de América Latina», dice el historiador Javier Ocampo López. Esa fue la actividad principal en la vida de este humanista que se destacó también como político, catedrático y diplomático. Fundó periódicos y revistas en El Socorro, Cúcuta, Bogotá, Londres y París, las más importantes: Revista Hispanoamericana en la capital francesa, La América Latina en la capital inglesa, y La Patria en Bogotá. Gracias a una pensión que por ley le destinó el Congreso Nacional pudo publicar sus propias obras, entre ellas novelas y poesías. El historiador Antonio Cacua Prada publicó en 1994, con motivo del sesquicentenario de su nacimiento, el libro Adriano Páez, eximio periodista y poeta colombiano, a quien Víctor Hugo llamó «querido cofrade».

PÁEZ COURVEL, LUIS EDUARDO (Ocaña, 1906-1950). Historiador y ensayista, desde muy joven se destacó como poeta, al ganar con el tríptico La tempestad un concurso literario. «Es sencillamente clásico», lo llama Ciro Alfonso Lobo Serna.

PÁEZ CUERVO, PEDRO E. (Tunja, 1908; Villavicencio, 1971). Médico de profesión, antes de cumplir los 30 años se fue a los Llanos «a buscar El Dorado» y se enamoró de esa tierra de promisión, «se lo tragó la... llanura» (parodia que a él mucho le habría gustado). Allá escribió su libro Casanare, que dejó inédito —a pesar de que fue elogiado por Germán Pardo García— y que 23 años después de su muerte se publica con el título de Herencia de recuerdos y llanuras(1994). «Es el himno sentimental de un vate olvidado que conjugó la vida con ideales quijotescos», dice su hijo Gustavo Páez Escobar.

PAILLIÉ RODRÍGUEZ, FRANCISCO (Bucaramanga, 1881; Panamá, 1930). Para Otero D’Costa, fue el iniciador del modernismo en Santander y uno de sus discípulos más sobresalientes fue el poeta Luis Enrique Antolínez.

PALACIO, EDUARDO A. (Amalfi, Antioquia, 1888; Medellín, 1938). Educador y periodista. Los títulos de algunos de sus poemas muestran bien su temática: Tierra nativa, El río Porce, Bajo tu cielo, Matinal, Se apaga tu voz... Publicó en la revista Panida de Medellín. «Es uno de los egregios poetas de Amalfi», dice Roberto Escobar Sanín.

PALACIO LAVERDE, CARLOS (Medellín, 1904-1969). Educador, autor del libro La heredad junto al llanto (1962). René Uribe Ferrer nos informa y nos afirma: «Desde su adolescencia ha venido cultivando silenciosa e intensamente la poesía. Su nombre no es suficientemente conocido... pero quien lea sus poemas se dará cuenta de un auténtico poeta, dueño de su tono personal inconfundible».

PALACIOS, DOMINGA —Emma Gutiérrez de Arcila— (Manizales, 1926). Del grupo fundador de la Casa de la Cultura de la capital caldense en 1960. Eddy Torres, en Poesía de autoras colombianas (1975) informa que «Dominga Palacios vive en Manizales y está casada con el actual rector de la Universidad de Caldas. Su obra literaria merece una crítica seria porque es una creadora original y valiosa, pero esa crítica no se ha escrito». Javier Arango Ferrer la sitúa: «Dominga Palacios pertenece a las vanguardias que desde la primera postguerra cambian de nombre con los mismos fenómenos. Surrealismo, Existencialismo, Nadaísmo, son variaciones de una misma incertidumbre. En ella no caben las trampas de este mundo en fuga que busca entelequias intelectuales, la razón del hombre en el arte. Fiel reflejo de la ciudad que le dio nacimiento, Dominga Palacios lleva en densos aluviones sus futuras ciudadelas».

Libros: Azul definitivo (1965); Tiempo de chicharras (1990) y Del lado cinco de mi corazón (1995). En el prólogo de éste, dice Armando Morales: «Su obra tiene singularidad, entendiendo esta afirmación como la resultante de la misma insularidad en que eligió situarse para transgredir el contenido y el continente del lenguaje, y mostrar un ser humano que se debate entre la soledad, la rutina y el dolor. Sin embargo, su poesía no es estridente, aunque la haya escrito entre ese torbellino de las violencias de todo orden que ha padecido el cuerpo de la patria... También se advierte a través del entramado de sus textos la circulación —sotto voce— de un agudo, sutil y sonreído humor, que a la vez que crítico es peligrosamente juguetón, como todo verdadero humor que en definitiva es una sucesión de desgarramientos. Por eso mismo su escritura está tocada de una sincera postura humana».

PALOMINO PACHECO, ENRIQUE (Riosucio, Caldas, 1886). Magistrado del Tribunal de Cuentas de Caldas, visitador fiscal de Rentas y de la Contraloría y diputado a la Asamblea, fue también un eminente pedagogo, rector de la Normal de Institutores. Ejerció el periodismo en su pueblo, donde dirigió La Unión, así como en Pereira, en Cali y en Quibdó. Su seudónimo era Juan José León de la Melena Roja. Desde muy temprana edad escribió poesía y fue laureado en los juegos florales de 1919.

PARDO, JORGE ELIÉCER (Líbano, Tolima, 1950). Graduado de maestro en el Instituto Ibagué, licenciado en español e inglés en la Universidad del Tolima, doctorado en literatura en la Universidad Javeriana, especialista en administración pública de ESAP. Periodista cultural. Editor, fundador, con su hermano Carlos Orlando, de la Editorial y de la revista Pijao. Académico de Historia del Tolima y miembro de numerosas entidades culturales nacionales y extranjeras. Premio tolimense de Literatura en 1988. Conocido como importante (y exportante) narrador, principalmente por su novela El jardín de las Hartmann (1979), publicada posteriormente con el título de El jardín de las Weismann (1982).

Lleva seis ediciones, la última de ellas publicada en París con el nombre de Le jardin des Weismnann (1995), traducida por Jacques Gilard. Fue llevada a la televisión. Otra novela suya es Irene (1986), vertida después al inglés. Libros de cuentos: Las primeras palabras (1973) y La octava puerta (1986). La segunda edición, en 1986, incluye cuentos inéditos. Ensayos: El Siglo de Oro de la literatura española (1985) y Vida y obra de Héctor Sánchez (1987). Su Obra literaria 1978-1986 apareció en 1994.

Su libro de versos Entre calles y aromas (1985) ganó el premio nacional de poesía del Servicio Civil en 1982. Maruja Vieira, miembro del jurado, declaró que «es uno de los poemarios más hermosos de la literatura colombiana por su manejo de los temas de la cotidianidad y del amor».

PARDO GARCÍA, GERMÁN (Ibagué, 1902; Ciudad de México, 1991). Su copiosa bibliografía y los títulos de sus obras muestran la intención y extensión de su obra. «Todo se agolpa en ella en forma tumultuosa y alucinante. Pardo García es, en cierto modo, un genuino espécimen del siglo XX, con algo de griego agonal y de fino renacentista», dice Germán Espinosa. Su poesía, cuidadosamente trabajada y angustiosamente vivida, ha sido, últimamente, más discutida que apreciada. Entre sus más favorables y fieles críticos se contó Andrés Holguín, quien no vaciló en decir: «Este poeta múltiple posee una hondísima sensibilidad. Ha habitado muchos mundos, sucesivamente, que él ha expresado fielmente en sus versos. Poesía, a la vez, de profundo contenido y de perfecta arquitectura. Es un cantor que, auténticamente se ha planteado los eternos problemas del hombre ...nos lega unos cuantos poemas, perdurables, de punzante angustia; unas cuantas estrofas donde fulgura el recóndito misterio de lo poético». Su principal admirador era él mismo, y llegó a autocandidatizarse, con el apoyo del propietario y del director de El Tiempo, para el Nobel de literatura. Fue publicista (en el sentido clásico y en el moderno) y creador y director de revistas literarias, especialmente en México, donde residió casi toda la vida; la última de ellas se llamaba Nivel y circulaba entre todos sus amigos y favorecedores.

Sus libros: Voluntad (1930). Los júbilos ilesos (1933), Los cánticos (1935), Los sonetos del convite (1935), Poderíos (1937), Presencia (1938), Claro abismo (1940), Sacrificio (1943), Las voces naturales (1945), Los sueños corpóreos (1947), Poemas contemporáneos (1949), Lucero sin orillas (1952), U. Z. llama al espacio (1954), Eternidad del ruiseñor (1956), Hay piedras como lágrimas (1957), Centauros al sol (1959), La cruz del sur (1960), Osiris preludial (1960), Los ángeles de vidrio (1962), El defensor (1964), Las relámpagos (1965), Labios nocturnos (1965), Mural de España (1966), Himnos del hierofante (1969), Apolo Thermidor (1971), Escándalo (1972), Desnudez (1973), Iris pagano (1973), Mi perro y las estrellas (1974), Génesis (1974), Himnos de la noche (1975), El héroe (1975), Apolo Pankrátor —resumen de todos— (1977) y Últimas odas (1985).
El Instituto Caro y Cuervo publicó en 1994 el libro Biografía de una angustia, de Gustavo Páez Escobar, en el cual dice: «Un día, Germán Pardo García intentó suicidarse. Lo delató un hilo de sangre que algún vecino, despavorido, hizo detener para que la poesía lanzara uno de los gritos más hondos y estremecedores que hayan salido jamás de las cavernas de la muerte. Estos cantos, recogidos al año siguiente en el libro Tempestad, representan el drama del hombre desvertebrado que cae en las sombras del sepulcro y luego, para infortunio suyo, resucita... El poeta estaba loco, y gracias a su angustia demencial le brotaron los versos más asombrosos sobre el trance sin regreso, que él superó... Pardo García no habría plasmado, sin su tragedia, su obra portentosa. Es esta una de las más bellas manifestaciones del espíritu que se hayan escrito en el mundo».
Y al ser inquirido sobre los deudos del poeta, Páez Escobar nos cuenta: «Pardo García no dejó herederos. Nunca se casó, y no se le conocen hijos. En mayo de 1991 hizo el primer testamento de su vida con el fin de gratificar los servicios y el cariño dispensados por personas sencillas que habían estado cerca de él, entre ellas quienes se turnaron día y noche ante su lecho de enfermo, y humildes meseras que lo atendieron en los restaurantes que frecuentaba».

PARRA TORO, LIBARDO (Valparaíso, Antioquia, 1898; Medellín, 1954). Famosísimo, nacional e internacionalmente, como compositor (sus tangos fueron cantados por Pedro Vargas, Hugo del Carril y Agustín Magaldi) con el nombre de Tartarín Moreira, fue uno de los más caracterizados —y queridos— bohemios del grupo de Los Panidas. Obtuvo un premio nacional por su poema Laude y en los juegos florales de Medellín en 1918 obtuvo el primer premio su poesía Por la abierta ventana. También escribió para teatro revisteril. Inmortalizado por sus bellos bambucos cantados en las serenatas del viejo Medellín (por los inolvidables Obdulio y Julián y el Dueto de Antaño, entre otros) y, desde luego, por sus grabaciones, siempre estimuladas por ese apóstol de nuestra música —y de otras músicas populares— que fue Hernán Restrepo Duque. Fuera de sus crónicas humorísticas, publicó sus Poesías (1951) y le publicaron su Cancionero —verso y prosa—en 1985.

PASTRANA SÁNCHEZ, HERNANDO (Neiva, 1965). Forma parte del taller literario «Rompiendo muros» de la sección educativa de la Penitenciaría Nacional de San Isidro, de Popayán. La revista Ophelia (beca Colcultura 1996) le dedicó un número a su poesía.

PATIÑO, RAFAEL (Medellín, 1947). Traductor de poetas franceses e ingleses, pintor y pionero del arte por computador en los años 80s. La revista Punto Seguido, de Medellín, lo presenta como «amante de las sensaciones silvestres y de las pasiones oscuras y salvajes. Ha laborado como animador de la lúdica de literatura y la pintura para niños».
Libros: El trasego del trasgo (1980); Clavecín erótico (1983); La guerra santa —traducción del poeta francés René Daumal— (1986); Libro del colmo de luna (1986); Canto del extravío (1989).

Omar Castillo dice que «juzgada por algunos comentaristas de tener influencias surrealistas, lo cierto es que su poesía obedece a los impulsos de un magma en erupción.. magma o caldo del habla que al tomar forma en sus poemas, asume las metáforas esenciales como vehículos para comunicar su acto transgresor, para desacreditar las máximas que solventan la intemperie del ser humano».

PATIÑO MILLÁN, CARLOS (Cali, 1961). Graduado en comunicación social en la Universidad de Antioquia, es impresionante su actividad cultural, periodística y docente, que se ha extendido hasta Ecuador, Cuba y, desde luego, Bogotá. Director de la emisora cultural de la Universidad de Antioquia, ha realizado numerosos programas con temas literarios de cine, televisión y de música contemporánea. Profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana. Ha fundado periódicos como Ciudad Equis y Rock & Rock, ha colaborado en documentales y pertenece a comités editoriales de las revistas Prometeo y Poesía. Cuentos, poemas, ensayos, traducciones (del inglés y del alemán) ha publicado en diversos medios y muchas de sus producciones han obtenido distinciones en concursos nacionales.
Libro: Canciones de los días líquidos (1992).

«La poesía de Patiño, por lo que atañe a éste su primer libro publicado —dice la página bibliográfica Ojo por Hoja del Magazín Dominical de El Espectador—, parece escrita después del 1, 2, 3 con el que un director de banda suelta a sus músicos. No sólo por buena parte de sus temas —que están asaltados por un claro erotismo- sino por la musicalidad misma con la que su oído elige las palabras destinadas al poema. No sólo, tampoco, porque a los 16 años haya ingresado «como voluntario al Ejército de Salvación del rock and roll»... Hay en estos bellos e inquietantes poemas un acento personal, humor negro y una de las más gratas sorpresas de la nueva poesía colombiana».

Carlos Bedoya se refiere a su obsesión «por fundir en el poema dos mundos enigmáticos, devoradores y contundentes, donde la imaginación (invirtiendo los términos propuestos por Hegel) no es la sirvienta sino la reina de la casa, circula de continuo en las 92 páginas de Canciones de los días líquidos, donde todo evoca la atmósfera del rock, en particular el de los años 60, desde el título mismo del libro, pasando por el diseño de la carátula, los epígrafes, los títulos de los poemas, ciertos giros idiomáticos hasta la elección de algunos temas y la manera de asumirlos parodiando las canciones de los viejos ídolos (Hendrix, Lennon, Joplin, Pink Floyd, Rolling Stones), recordados con cierta nostalgia pero sin el lagrimeo proverbial en muchos de nuestros escritores».

PATIÑO ROMERO, FRANKLIN (Cartagena, 1973). Estudia lingüística y literatura en la Universidad de Cartagena. Ganador de los concursos de cuento y poesía convocados en 1996 por esta universidad. Libro: Historia de ruidos y piedras (1966).

PATIÑO ROSSELLI, CARLOS (Sogamoso, Boyacá, 1928). Publicó sus primeros poemas en las páginas literarias de La Razón y El Espectador y en el cuaderno La balanza (1948) con Álvaro Mutis, en tal igualitaria proporción que a las páginas de Mutis corresponden las de Patiño y finalmente hacen entre los dos un poema «al alimón»... Esta publicación sólo tuvo un tiraje de 200 ejemplares, nunca reproducidos en lo que toca a Patiño, de los cuales casi todos fueron rápidamente consumidos... por las llamas, el 9 de abril de 1948.

La revista Razón y Fábula, de la Universidad de los Andes, reprodujo después los que resultaron ser sus últimos versos, pues Carlos colgó la lira, absorbido —o absorto— por sus severos estudios de lingüística. En La Sorbona de París obtuvo la licenciatura; en Munich, Alemania, siguió filología románica, y en Ann Arbor, Michigan, USA, obtuvo el doctorado en filosofía, especialización en lingüística románica.

A su regreso a Colombia se dedicó exclusivamente a la docencia en el Instituto Caro y Cuervo, en las Universidades de Los Andes y Nacional, donde es profesor emérito y honorario. En 1996 ingresó a la Academia de la Lengua. Con Nina de Friedemann colaboró en la publicación del libro Lengua y sociedad en el palenque de San Basilio (1983).

PAYÁN ARCHER, GUILLERMO (Tumaco, 1921; Riohacha, Guajira, 1993). Abogado de la Universidad Javeriana, fue diputado por su departamento, Nariño, secretario de Gobierno y gobernador encargado y posteriormente ocupó una curul por un período en la Cámara de Representantes. Pero sus pasiones eran el periodismo y la poesía, el turismo y la pesca. En lo primero, fue director del suplemento literario de El Liberal, donde estimuló a los «cuadernícolas». Trabajó para The New York Times y para la revista Visión en Cuba. Después columnista de los periódicos de Cali, de El Tiempo y de El Espectador de Bogotá. En cuanto lo segundo, fue un eficientísimo ejecutivo de relaciones públicas y de publicidad de aerolíneas internacionales y por ello fue un infatigable viajero de cielos y mares y de ciudades extranjeras. Poco antes de su muerte fue recibido por la Academia Colombiana de la Lengua.

Sus libros: La bahía iluminada (1944); Noche que sufre (1948); Solitario en Manhattan (1953); La palabra del hombre (1958); Los cuerpos amados (1962); Los soles negros (1980); El mar de siempre (1983); Poemas del éxodo (1985); La cábala y el signo (1987); Ceniza viva (1992).
Silvio Villegas escribió en el prólogo de uno de los libros del poeta: «Para Payán Archer el canto ha sido el complemento de sus vicios, de sus placeres, de sus amores y de sus arrepentimientos. Nada está en su inteligencia que primero no haya estado en sus sentidos. Para él el verso no es un ejercicio retórico sino una necesidad vital, un progreso orgánico, un mandato de la naturaleza. No escribe sino para relatarnos sus propias experiencias, para conservar una sonrisa, una mirada de mujer, una noche de fiesta, o el perfecto aroma de una noche de amor. Este libro es su diario íntimo, notas de viajes, su propia Odisea».

Y García Maffla confirma cómo en las últimas palabras de Payán sigue este testimonio de vida: «... Un libro estremecido y lúcido que quisiera abarcar todas las formas de la vida vivida, en ademán a la vez de abrazo y despedida. Todo lo presiden el recuerdo y la contemplación, el diálogo con los seres que un día estuvieron a su lado, en lugares concretos. Aquí están la experiencia y el canto, como las huellas del amor y del sueño».

PAZ, SANTIAGO FELIPE (Cartagena, 1888-1930). Estudió derecho en la Universidad de Bolívar y ciencias económicas y financieras en la Universidad Libre de Bruselas. Ocupó cargos públicos en hacienda y estadística, representó a Colombia en el exterior y escribió sobre demografía —fue el primero-, derecho, sindicalismo y estadística.
Libros de poesía: Crisantemos (1920) —publicado en Madrid, donde dijo Villaespesa: «No sólo hay en Paz un matemático estadístico y un demógrafo, sino uno de los más excelsos poetas»—; Cantos de primavera (1909) —sobre cuyos poemas dijo Fernando de la Vega que son «flores de dulce aroma... La poesía fue don excelso y necesidad nutricia de su ánima...».

PAZ OTERO, VÍCTOR (Popayán, 1945). Primaria y secundaria en su ciudad natal. Ingresa a sociología en la Universidad Nacional, en Bogotá, en un momento de agitación, cuando Camilo Torres tentaba, y se dejaba tentar por la lucha guerrillera. Así influidas resultan sus primeras manifestaciones literarias. Concluidos sus estudios, viajó a Europa, donde vive de cerca la revuelta estudiantil de París del 68. De retorno al país, se vincula a la cátedra universitaria e inicia la lenta y silenciosa construcción de una obra que progresivamente se va desvinculando de sus obsesiones anteriores para profundizar en sus vivencias intimistas y en las metafísicas interrogaciones esenciales.

En 1975 publica su primer libro, Poemas de piel y tiempo, e inicia sus colaboraciones periodísticas en la prensa nacional. En el 80 se conoce su libro Alteraciones, armado con breves frases poético-filosóficas. En 1988 aparece Elementos para una sociología impresionista y en 1990, con el mismo título del primero, Poemas de piel y tiempo, un libro diferente —en edición bilingüe— pero en la misma línea de exploración poética del que apareció en 1975. En 1996 se incluye uno de sus libros eróticos en la colección Poesía para amantes.

En 1993 da a conocer su primera novela, considerada por la crítica como la mejor que apareció en ese año y sobre la cual dice el crítico francés Jean Louis Lamartinel: «Es una maravillosa novela que encarna una lúcida y triunfante síntesis entre lo lírico y lo épico». En 1995, su segunda novela, Naufragio en mi bemol. Y en 1996 la novela política Historia de la culpa.

Sobre su poesía piensa el escritor español Jorge Santacoloma: «En Víctor Paz la poesía es indagación nocturna donde el esplendor y el silencio de metafísicas metáforas profundizan el misterio y multiplican la belleza».

Y Adolfo Bertini escribió en La Nación de Buenos Aires: «Parece existir en la poesía de Víctor Paz una deleitosa fascinación por los lenguajes y significados de la piel. Y sin embargo, en sentido estricto, no es el universo de lo erótico lo que define y esencializa esa constante preocupación de su breve y espléndida obra poética, pues la piel aquí es vista, sentida y poetizada como elemento de configuración de todos los interrogantes que asedian al hombre en su parábola y en su tránsito siempre angustioso por el laberinto de la historia. Por eso su poética se abre en una hermosa simbiosis combinatoria a ciertas resonancias metafísicas y a cambiantes perplejidades humanas y emocionales que definen los puntos cardinales del drama de la existencia humana».

PEMÁN-R —Pedro Manuel Rincón Pabón—. Abogado, periodista, profesor universitario, parlamentario, periodista y editor. Miembro de centros científicos y culturales y del consejo editorial del periódico Dos Mundos. Director de relaciones públicas y prensa del Parlamento Andino, editor de la revista Consigna.
Libros: Los mapas de la Conquista (1987); América Latina: entre la OEA y Contadora (1989); Sobre el lomo del conflicto (1990) y Los muertos del EME.
De uno de sus cinco libros inéditos tomó el material para su último libro de versos publicado: Geometría de las palabras (1992).

PEÑA, BELISARIO (Zipaquirá, 1834; Quito, 1878). Estudió con los jesuitas, a quienes siguió a Jamaica cuando fueron expulsados de Colombia en 1857. Doctor en filosofía y literatura clásica. Residió la mayor parte de su vida en el Ecuador, donde fue miembro de la Academia de la Lengua. Fundó un colegio en Loja. Senador por Cundinamarca. «Príncipe de nuestros poetas marianos» lo llama Ortega Torres. Sus más famosas poesías son, sin embargo, las elegías a Francisco Ortiz Barrera, a Julio Benigno Enríquez y a su nieto en la muerte de la hija del poeta. En el género patriótico también descolló como uno de los poetas más importantes de su tiempo. Algunas de sus obras: Composiciones poéticas, con prólogo del arzobispo de Quito, monseñor Federico González Suárez (1912); Poesías selectas (1928); La, fe, la esperanza, la caridad y El templo (1860).

PEÑA VISBAL, CARMEN (Barranquilla, 1957). Estudió derecho (especialidad en penal) y ciencias políticas en la Universidad Libre. Jefe de redacción del periódico La Libertad. Jefe de comunicaciones de la Gobernación del Atlántico.
Libro: Dite (1994).

PÉREZ, FELIPE (Sotaquirá, Boyacá, 1836; Bogotá 1891). Fecundo polígrafo, se destacó por sus novelas, teatro y ensayos políticos e históricos. Como casi todos los hombres conspicuos de su época, fue abogado, periodista, militar, parlamentario y diplomático. Considerado vate patriótico y pionero de las novelas históricas, entre ellas El caballero de Rauzán (llevada a la televisión hace algunos años). Sus libros de poesía: Canto de los héroes (1861); El álbum de las flores (1866); y Versos (1867); también una Antología de poetas hispanoamericanos.

PÉREZ, LÁZARO MARÍA (Cartagena, 1824; Vichy, Francia, 1892). «Benemérito cultivador de las letras patrias», fue periodista, militar, científico y autor teatral. Sus poesías, en número de 98, están reunidas con tres de sus dramas en un volumen impreso en París. «Si hubiera escrito sólo en verso, hubiera podido descollar entre nuestros mejores poetas», dice el padre José J. Ortega Torres en su Historia de la Literatura Colombiana.

Algunas de sus obras: Mes de María, Corona poética de la Virgen Santísima, Romancero colombiano, Poesías de Manuel María Madiedo y Poesías de Mario Valenzuela, Obras poéticas y dramáticas, Poetas Hispanoamericanos y Semana literaria. Dramas: Elvira, Teresa, La Cordelera, El gondolero de Venecia, Maga, El corsario negro, Una página de oro, El sitio de Cartagena en 1815 y El reloj de las monjas de San Plácido.

PÉREZ, RAMÓN DOLORES (Popayán, 1868). «Poeta fáustico» llama José Ignacio Bustamante a este originalísimo compositor y poeta, nacido —para sorpresa de muchos— 27 años antes que el autor de Bárbara charanga. Y dice, entre muchas otras cosas: «Los mejores ingenios de la república hacen gala de no ignorar sus grandes fechos e proezas, y Silvio Villegas en Manizales y León de Greiff en Bogotá, sorprenden a los contertulios con los poemas inverosímiles del autor del Fárfaro engullido, cuya musa traviesa y estrafalaria aparece a los ojos del vulgo como la bruja de los cuentos, vestida de infernales luciérnagas, o cabalgando la escoba desalada de los manicomios».

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