CASTAÑEDA ARAGÓN, GREGORIO (Santa Marta, 1884; Barranquilla, 1960). Desde primaria estudió en Ciénaga y en Barranquilla. Fue educador—fundó el Instituto San Juan de Córdoba en Ciénaga en 1933—; funcionario público y, principalmente, diplomático en Ecuador, Brasil, Panamá, Guatemala y Costa Rica. Periodista, escribió varios libros de crónicas, memorias, cuentos y novelas. Traducía del inglés, francés, italiano y portugués, especialmente a poetas clásicos. Perteneció al grupo de la Revista Voces, de Barranquilla. Sus libros de versos: |Máscaras de bronce (1916); |Campanas de gloria (1919); |Rincones de mar (1925); |Orquesta negra (1931); |Faro (1931); |Canciones del litoral (1939); |Mástiles al sol (1940); |Islas flotantes (1959). En 1994 el Instituto de Cultura del Magdalena publicó |Gregorio Castañeda Aragón, poeta del mar preparado por Rafael Darío Jiménez.
Rómulo Bustos dice sobre la poesía de Castañeda Aragón: «A él podemos atribuir la carta de ingreso del Mar Caribe a nuestro imaginario poético». Y Meira Delmar: «Castañeda Aragón fue nutriendo sus ojos y su sangre de todas las distancias, hasta que una mañana se dio a navegar mares lejanos para rescatar su voz perdida en el viento y en el oleaje bronco». León de Greiff fue su admirador y amigo, como se ve en uno de los poemas que el vate antioqueño le dedicó al costeño. Jaime Barrera Parra dijo sobre la obra de Castañeda Aragón que «es un panorama viviente de los puertos y las ensenadas, los veleros sonámbulos y las palmeras que danzan a cada hora con distinto viento, se convierten en auténticos cartones impresionistas que halagan los sentidos».
Y el poeta ecuatoriano Jorge Carrera Andrade: «El cosmopolitismo de Castañeda Aragón es muy de nuestro tiempo y en el área de la poesía colombiana de hoy expresa el anhelo de superar el ruralismo que tuvo su representante máximo en Luis C. López, el irónico glosador de la vida monótona de la provincia americana».

 

CASTAÑEDA MORALES, JOSÉ ANTONIO (Bogotá, 1905). Estudios secundarios en Tunja y universitarios en la Nacional y en el Rosario. Abogado, catedrático, magistrado del Tribunal Superior de Bogotá y del Contencioso-administrativo de Cundinamarca, consejero de Estado.
Político tradicionalista, fue diputado. Educador, co-fundador de la Universidad La Gran Colombia, profesor por 25 años. En 1929 recibió un premio por su |Himno al niño agricultor, que hace parte de su primer libro |Clamores, editado en España en 1952. Otros libros de versos: |A través de los siglos (1968) y |Pentagrama. Católico tradicionalista, entre sus muchos viajes fue cuatro veces a Tierra Santa. Es presidente vitalicio del Círculo Literario de Bogotá.
«Son las epopeyas del fuego, del agua y del viento, temas en los cuales el poeta encuentra secretos inviolados, resonancias de misterio y nuevas melodías que su lira multicorde recoge con fidelidad en elegante ademán estético», dice el académico José Antonio León Rey.

 

CASTAÑO, JAIME LEÓN (La Ceja, Antioquia, 1946). Bachiller del Liceo Antioqueño, médico cirujano de la Universidad de Antioquia, máster en fisiología. Director de la Clínica del Instituto del Seguro Social en Bello, colaborador literario de periódicos y revistas, miembro fundador de la revista Cantera, de Medellín (1980) y Gato Encerrado, de Bogotá (1982). Sus libros literarios: |Dinámica del fuego (1972); |Piel al sol (1976): |La sed del guerrero (1977); |Ese ímpetu demoledor de las esquinas (1985); |Lluvia de vientos (1986) y la novela |Nicho sagrado (1991). Ganó el premio de poesía Universidad de Antioquia en 1967.
El poeta brasileño Geraldino Brasil le escribió: «Su gran poesía es urbana. Entonces para que sea tan fuerte, para que lo que usted vio lo hubiera impresionado tanto, creo que habrá nacido en una pequeña ciudad del interior o en una hacienda o en cualquier lugar en los alrededores de una pequeña ciudad. Porque sólo un niño nacido en los campos, alcanza a hacer una poesía urbana tan densa, captando tan bien y con tanta solidaridad humana, el enorme dolor de las calles y de las casas».
Y Luis Iván Bedoya escribió: «Su poesía es una creación en la que la magia de las palabras se concentra en un dar cuenta de lo que fue ayer y todavía es hoy y ya no nos asombra. De ahí el tono de depurada sabiduría experiencial de vida de barrio, que resuena en los textos de un libro |(Ese ímpetu demoledor de las esquinas) que no debería hundirse en el olvido o perderse en la maraña de voces desafinadas todavía en la búsqueda de la expresión poética del barrio en la literatura colombiana».

 

CASTAÑO GÜIZA, YIRAMA (Socorro, Santander, 1964). Periodista. Estudios diplomáticos e internacionales, magister en ciencia política de la Universidad de los Andes, postgrado en dramaturgia y guiones para medios audiovisuales de la Universidad Externado de Colombia. Participó en la creación de la revista Común Presencia.
Libros: |Naufragio de luna (1990); |Jardín de sombras (1994) y |El sueño de la otra (1998).
Dice Fernando Garavito: |«Jardín de sombras es un libro hecho para el placer de la creación. En él vive el silencio, donde se refugia la poesía. Frente al muro de las palabras, Yirama Castaño construye el silencio y lo eleva como la expresión de lo que sólo ella le puede comunicar a su lector, quiero decir, su cómplice... La densa profundidad de estos poemas, el desgarramiento de estos poemas, su soledad, su espera, la implacable destrucción de ídolos y de fetiches, la tristeza nueva que aquí vivimos, y la alegría, también nueva, de sabernos partícipes de una fisura en el paisaje, nos permite escribir, con ella, en ella: «Cuando al final se callan las palabras... / el poema ha hurgado las entrañas / con su mano».

 

CASTELBLANCO DE CASTRO, BEATRIZ (Tunja, 1933). Bachiller del Colegio del Rosario de Tunja. Doctora en ciencias políticas y económicas de la Universidad Javeriana, especializada en procedimiento civil y en las ramas laboral, policiva e internacional del derecho, en periodismo y publicidad y en derecho de familia. Ha publicado un |Estudio y análisis del derecho subjetivo y ha desempeñado los cargos de juez, inspectora y jefe de asistencia legal del Instituto de Bienestar Familiar en Boyacá. Pertenece a la Academia Hispanoamericana de Letras, al Centro Poético Colombiano, a los colegios de abogados y de periodistas de su departamento así como a asociaciones de artistas y compositores. Fue galardonada por su poema |Elogio al pan en 1987, y en 1995 se colocó una placa con versos suyos en la casa de sus padres en Jenezano.
Libros: |Ensueño lírico (1954), Poemas de amor en llamaradas (1978); |Los niños buscan una lámpara (1979); |Siempre el amor (1990); |Cuando los versos son alondras (1995). También es autora de una |Antología de Navidad (1965).

 

CASTELLANOS, DORA —Dora Echeverría de Castellanos— (Bogotá, 1924). Secretaria privada de trece ministros de Economía, relacionista de Telecom, diplomática en Caracas y gran promotora de la vida cultural. Fue la primera mujer llamada a la Academia Colombiana de la Lengua. Ha ejercido el periodismo y sigue publicando sus numerosos libros inéditos, después de ostentar una amplia bibliografía que la ha colocado entre las escritoras colombianas más conocidas nacional e internacionalmente.
Libros: |Clamor (1948); |Verdad de amor (1952); |Escrito está (1962); |Eterna huella (1968); |Hiroshima, amor mío (1971) —premio del concurso nacional de Educación Pública Departamental de Bolívar en 1962—; |Luz sedienta (1972): |Año dosmil contigo (1977); |Zodíaco del hombre (1980); |Amaranto (1982) —recopilación de sus cinco primeros libros—; |La Bolivaríada (1984); |Efímeros mortales (1990); |El mundo es redondo (1991); |Perversillos (1995) —poesía festiva—; |Ánfora viva (1997).
Dora también fue premiada por su poema |Redondillas a Sor Juana Inés de la Cruz y por su epopeya |La Bolivaríada fue destacada por la Sociedad Bolivariana de Venezuela en el bicentenario del nacimiento del Libertador. Ha recibido —entre otras— las condecoraciones «Gerardo Arellano» y «Simón Bolívar» del Ministerio de Educación Nacional de manos del presidente Betancur.
Entre sus poemas traducidos —al inglés, francés, italiano y vascuence— se destaca |Moscú en cúpulas de oro que leyó en la capital soviética durante el Congreso Universal del Año Internacional de la Mujer y allá fue divulgado en varios idiomas.
Carlos Lleras Restrepo escribió en su semanario Nueva Frontera que Dora Castellanos «llegó a la poesía con una gran humildad, de la misma manera sencilla con que los sabios se aproximan a la ciencia, sin exigir nada de inmediato, interesada en resultados finales, entrevistos con sagacidad en el futuro remoto... Lo que se advierte (hoy) en el conjunto de su obra es un lento pero seguro caminar hacia la sabiduría, que es un proceso de despojo. Para Dora Castellanos la forma de la poesía (medida, ritmo, rima) es apenas balanceo de ola, vaivén de cuna».
Germán Arciniegas se refiere a |Zodíaco del hombre como a «uno de los más bellos poemas que mujer alguna haya escrito en nuestro tiempo sobre un tema nada común. Un poema que devuelve la cortesía de varios siglos de versos escritos por el hombre en loa y amor de la mujer».

 

CASTELLANOS, JUAN DE (Alanís, Sevilla, 1522; Tunja, 1607). Aunque el «abuelo de los poetas de Colombia» vio la luz en España, nació a la poesía y realizó su «monstruosa obra» en América. Adolescente vino con los conquistadores a las islas antillanas y a las costas del Caribe. Cansado de la vida de galante aventurero y negociante, el don Juan arrepentido abrazó el sacerdocio en Cartagena en 1554 y posteriormente fue cura allí, en Riohacha y en Tamalameque y beneficiado de la iglesia de Santiago de Tunja, donde falleció después de haber formado «el primer cenáculo literario del Nuevo Reino.., del cual sale la primera y única obra literaria en sentido estricto del siglo XVI neogranadino». Su monumental trabajo, las |Elegías de varones ilustres de Indias, el más largo poema que existe en lengua castellana y en muchas otras, cuenta —y canta— pequeños y grandes hechos del Descubrimiento, y de la Conquista de Venezuela y la Nueva Granada. En vida del autor sólo se alcanzó a publicar la primera parte, en Madrid (1589). Pero en 1847 y en 1886 aparecieron las otras tres partes. Por último, el |Discurso del capitán Francisco Drake —que Castellanos había incluido en la tercera parte, sólo vino a publicarse en 1921.
La gran crónica había sido iniciada en prosa, pero a los nueve años resolvió volverla a hacer en verso, en octavas reales, y adoptando precursoramente entre nosotros el endecasílabo italiano. También escribió Castellanos, en verso, |Vida, muerte y milagros de San Diego de Alcalá, cuyos originales desaparecieron. La primera edición completa de las |Elegías apareció en Caracas, dirigida por Caracciolo Parra Pérez, en 1930. En Colombia, después de ediciones separadas de la |Historia de la gobernación de Antioquia y del Chocó en 1942 y de las |Elegías prologadas por Miguel Antonio Caro en 1930. sólo en 1955 | la Presidencia de la República publicó la obra íntegra.
Otros trabajos que han sido definitivos para el —tardío— conocimiento y reconocimiento de Castellanos en nuestro siglo han sido los del historiador tunjano Ulises Rojas, del español Manuel Alvar, del venezolano Isaac J. Pardo, del italiano Giovanni Meo Zilio y de los colombianos Mario Germán Romero, j.M. Rivas Sacconi, Fernando Arbeláez, Héctor Orjuela y Henry Luque Muñoz.
Don Marcelino Menéndez y Pelayo escribió sobre las |Elegías: «Considerada como testimonio histórico, su valor es evidente. Su obra, más monstruosa que ninguna en cuanto al plan, no es realmente un poema, ni siquiera una crónica, sino un bosque de crónicas rimadas, en que pueden distinguirse tantos poemas como personajes... Hay que distinguir también entre las diversas parte de la obra: la primera es poéticamente muy superior a las demás...».
William Ospina, en su ensayo reivindicatorio en la |Historia de la poesía |colombiana: «Su poema, tal vez con |La Araucana de Alonso de Ercilla y |Os Lusiadas de Luis de Camoens, es el punto más alto de la poesía heroica del siglo XVI y configura... un verdadero descubrimiento de América». Algunas de sus razones: «Salvó la memoria de nuestro origen, alzó un imborrable monumento a los heroismos y a las locuras, a los esfuerzos y las desventuras de nuestros antepasados invadidos y de nuestros antepasados invasores. Su labor fue múltiple: inventó la poesía heroica de América, reseñó innumerables y altos episodios de nuestra historia, introdujo la lengua hablada entonces en el orbe de la poesía y recogió para la lengua castellana numerosas palabras de las lenguas nativas del Caribe, de las costas y de los Andes: supo juzgar con severidad las impiedades y salvajismo de los conquistadores y poner en labios de los indios palabras a menudo llenas de nobleza y sabiduría, que evidencian un respeto por lo distinto, totalmente insólito en semejante siglo y semejantes circunstancias».

 

CASTELLANOS, RENIER (Medellín, 1967). Editor de la revista Hoja Suelta y profesor de sociales y filosofía en el Seminario Menor de la capital antioqueña.
Libro: |Inventario (1989).

 

CASTILLO, EDUARDO (Bogotá, 1889-1938). Fue «lo que podemos llamar el letrado tipo de la generación del Centenario», dice Eduardo Carranza. Secretario durante catorce años del maestro Guillermo Valencia, su «contra-parte» poética, por así decir, pero al mismo tiempo su «afecto sumo y suma admiración». Para refutar a quienes consideraron «escasa» su obra, nada mejor que reproducir la respuesta que el mismo Castillo le dio a José Eustasio Rivera cuando éste le reprochó no haber publicado un libro: «Durante 15 años, días tras día, he escrito en todos los periódicos y revistas del país. He publicado cerca de cien poesías (originales y traducidas) y más de cuatrocientas producciones en prosa, entre las cuales hay cuentos, artículos críticos y crónicas ligeras. He tenido varias polémicas periodísticas y he traducido siete u ocho libros de historia. Si escribir todo eso no es realizar una obra, mala o buena, ignoro lo que deba entenderse por semejante frase». Pero hoy es válida la pregunta de J. Eduardo Jaramillo, a la que la posteridad dará positiva respuesta: «¿Por qué razón una poesía tan honda como la de |El árbol que canta ocupa una posición marginal en el canon de nuestra literatura?». Autodidacta, llegó a poseer una vasta cultura, fue un informadísimo crítico y uno de los más grandes traductores de Colombia —sus versiones eran verdaderas recreaciones— de Samain, Baudelaire, Francis Jammes, Kipling, D’Annunzio, Wilde, Coppée y Eugenio de Castro. En prosa y en verso, Castillo es, para Carranza, «un clásico en la acepción histórica (lo que dura siempre), en el sentido estético (equilibrio entre la razón y la pasión), en el sentido estilístico (de contención y economía verbal: decir lo más con las menos palabras) y en el sentido más profundo y humano de clasicismo: humanidad y belleza». Su libro juvenil, |El árbol que canta, «hoy clásico en todas las dimensiones de la palabra», fue publicado en 1927. Después, |Duelo lírico con Angel María Céspedes (1928). En 1965 el Ministerio de Educación editó, preparada por Roberto Liévano, Carlos López Narváez y su hermano Hernando Castillo, su |Obra poética de adolescencia. Y finalmente, en su madurez, cuando «el alma del poeta se orienta hacia el misterio», nos deja |Los siete carrizos. En prosa, «una auténtica, fascinadora obra maestra» fue recogida en 1973 entre sus evocaciones y recuerdos, por Hernando Castillo y Alfonso Castillo Gómez: |En aquella bella época. En 1965 se recogieron artículos suyos dispersos en periódicos y revistas en el libro titulado |Tinta perdida. En 1918 publicó |Duelo lírico con Ángel María Céspedes.
Volviendo a su poesía, Rafael Maya lo reduce: «Sus versos revelan un propósito de arte conseguido casi siempre con ejemplar exactitud. Carecen, eso sí, de vibración personal, de íntimo arranque emotivo, y quedarían mejor definidos como comentario artístico a lecturas hechas devotamente, o a sensaciones vividas a través de los libros. No fue responsable de esto. En plena juventud franqueó las puertas del paraíso artificial; y de los jardines letales no lo sacó más que la mano de la muerte. Nada supo, pues, de la áspera vida, del suave amor, de la embriagante victoria. Vivió sumergido en el mundo de los libros y en el estrecho reducto de su sensibilidad torturada».
Pero Sanín Cano lo exalta: «La gracia da el tono a su concepto de la poesía. Con suavidad, que no tiene rival entre sus contemporáneos, vertió en estrofas cinceladas, donde la gracia borra las huellas del cincel, su concepto del mundo... Su cualidad característica llena toda su obra. La gracia lo inspira en la descripción de los aspectos lisonjeros de la vida con la misma verdad y distinción que en las apariencias ingratas o nefastas...».

 

CASTILLO, OMAR (Medellín, 1958), Dirige la revista Otras Palabras, en la capital antioqueña.
Libros: |Garra de gorrión (1980); |Limaduras del sol (1983); |Fundación y rupturas (1985); |Relatos del mundo o La mariposa incendiada (1985); |Informe (1987); |Relatos de Axofalas (1991); |Leyendo a don Luis de Góngora (1995). Seleccionó y prologó las antologías |De Panidas y poetas —antioqueños— (1994), |Homenaje a José Asunción Silva (1996).

 

CASTILLO MUÑOZ, JUAN (Moniquirá, Boyacá, 1929). Periodista, historiador (académico), autor de la |Primera antología de la poesía boyacense —con Vicente Landínez Castro y Gabriel Salamanca—, publicada en Tunja en 1960. En 1979 preparó |Boyacá en la poesía del Siglo XX.
Libros con su propia poesía |: Peregrino inútil (1954); Palabras del hombre sin estirpe (1958); Cinco elegías y un lamento; El extraño —relatos—; Motivos de Eros (1974); El sueño de la montaña (1976).
El poeta antioqueño Jorge Montoya Toro escribió: «Canción desde la tierra, título de uno de los poemas de Juan Castillo, nos da la tónica del ámbito poético de toda su obra, signada por la inquietud existencial y cercana a los más palpitantes problemas humanos».

 

CASTRO, GABRIEL ARTURO (Bogotá, 1962). Antropólogo de la Universidad Nacional. Tallerista de la Casa Silva en 1988. Primer premio en el II Concurso de poesía «Aurelio Arturo» con |Conjuros (1990) y tercer premio en el I Concurso de Poesía «Ciudad de Bogotá» con el |Libro de alquimia y soledad (1992), sobre el cual dice Jorge H. Cadavid que «invita a darnos un banquete con el lenguaje, un festín con la imaginación. Este libro transmite una vitalidad recia, en la que palabras y fantasía se juntan en el lugar de la más alta creación. Es el encuentro con luminosas imágenes desprovistas de lastre verbal. Imágenes con un poeta detrás, no imágenes con un poeta delante. Poeta de la estirpe de Juan Manuel Roca, con resonancias a la mejor manera del mexicano Antonio Montes de Oca, con esa imaginación metafónica desbordante.., Este poemario bien podría compartir el primer puesto junto al hermoso libro |La casa de Víctor López Rache».

 

CASTRO, MAURO (Medellín, 1936). Mientras desempeñaba los más diversos oficios y colaboraba en periódicos, preparaba su primer libro: |Alejandra o la estación violenta (1965). Residió un tiempo en Bogotá y desapareció. Vivió en Europa. Y en 1982 se presentó de nuevo en Colombia con un nuevo libro: |La palabra, que él llama «20 estructuras y un solo poema» y lo presenta diciendo que «tiene el orgullo de hacer llegar estos trabajos, como muestra de un esfuerzo personal sin claudicaciones». Y se volvió a ir, furioso con « grupos, antologistas, revisteros falsos de poesía, especialistas en golpes de dados, gacetilleros, detentadores del poder literario...».

 

CASTRO SAAVEDRA, CARLOS (Medellín 1924-1989). La aparición de Castro Saavedra en la poesía colombiana fue una explosión (o lo que llaman ahora un «boom»). Por eso las palabras consagratorias de Pablo Neruda, que aparecieron como prólogo en su primer libro: «Pienso que la poesía colombiana despierta de un letargo adorable pero mortal, este despertar es como un escalofrío y se llama Carlos Castro Saavedra. Su poesía recorre de arriba a abajo su patria, es poesía de aire y de espesura, es poesía con lo que les faltaba a los colombianos, porque allí existió siempre el riguroso mármol y el pétalo celeste, pero no estaba entre los materiales el pueblo, sus banderas, su sangre. Gran ejemplo es el de este joven poeta que de pronto asume toda la voz de un pueblo y se dispone a erigir de nuevo la dignidad sin más armas que su poesía... Su poesía restañará los dolores y encenderá su fulgor en la paz de su patria».
Y Carlos se tomó esa responsabilidad con plena seriedad, dejando una de las más vastas obras poéticas, rara por ello entre poetas de las generaciones recientes. Su poema |Plegaria desde América fue laureado en el Congreso Pro Paz de Berlín en 1951. Pero sus versos no sólo eran combativos y rebeldes sino tiernos y sencillos en los temas del amor, del amor patrio, del amor familiar, del amor a la mujer y a los amigos. Pasaba del tumulto a la intimidad, y de pronto resolvió quedarse en ésta, enmudecer, suspender sus columnas periodísticas, sus recitales multitudinarios, y se puso a pintar y a escribir, eso sí, para los niños, los suyos, los de sus hijos y los del mundo... Cuando casi había desaparecido de la vida pública, nos sorprendió con una novela, |Adán Ceniza (1982), que ganó el Premio Vivencias en Cali. Invitado por el Congreso Nacional a participar en un ciclo de poetas representativos en el Capitolio, no aceptó. La Academia lo invitó a su seno, pero no se posesionó. Y así, de pronto también, para honda sorpresa dolorosa, desapareció del todo. Pero dejó una obra cuyos solos títulos llenan el espacio reservado —en este trabajo— a la más vasta bibliografía. Son los de poesía: |Fusiles y luceros (1946); |Mi llanto y Manolete (1947); |33 poemas (1949); |Camino de la patria (1951); |Música en la calle (1952); |Hojas de la patria (1952); |Despierta joven América (1953); |Escrito en el infierno (1953); |Selección poética (1954); |Donde canta la rana (1955); |El buque de los enamorados (1957); Humo sobre la fiesta (1958); |Los mejores versos (1958); |Sonetos del amor y de la muerte (1959); |Los ríos navegados (1961); |Obra selecta (1962); |Toda la vida es lunes (1963); |Aquí nacen caminos (1964); |El libro de los niños (1965); |Breve antología (1969); |Poemas escogidos (1974); |El sol trabaja los domingos (1972); |Las jaulas abiertas (1982); |Jugando con el gato (1986); |Oda a Colombia (1987); |Agua viva (1988); y |Poesía rescatada—selección— (1988); |La voz del viento (1990). Y en 1996 la Fundación Castro Saavedra y Círculo de Lectores publicó una antología preparada y prologada por Belisario Betancur.
En prosa, fuera de sus muy leídas columnas periodísticas, impregnadas de intenciones líricas, que publicaban frecuentemente El Colombiano en Medellín y El Tiempo en Bogotá, escribió |Cuadros de historia (1958), |Cuentos infantiles (1958) y otros muchos textos, entre ellos |Historia de un jaulero (1960), |El trapecista vestido de rojo (1987) —ambos de tea |tro—Elogio de los oficios (1961); |Cosas elementales (1965) y |Caminos y montañas (1966).
Manuel Mejía Vellejo dijo: «Castro Saavedra es un caso especial en la literatura colombiana, a los 18 años había publicado los mejores sonetos de amor que se han escrito en el país. A los 19 compuso el más logrado poema épico lírico en la historia colombiana. Y tiene en su haber la más aquilatada poesía social». Y, a su vez, Belisario Betancur afirma que la de Castro Saavedra «es la voz más alta y completa de aquella generación» y se refiere al libro que hizo en su homenaje como «un testimonio de admiración y de afecto a quien honró la poesía americana, dejó cadencias inolvidables en el aire de su patria y de su tierra y legó a sus compañeros la impronta de su grandeza».
Y Gabriel García Márquez escribió cuando Castro Saavedra publicó |Música en la calle: «Quienes hayan leído este libro, tienen en él un respaldo suficiente para poder decir que Castro Saavedra es el más grande poeta de Colombia y que puede caber cómodamente entre los buenos de América».

 

CELEDÓN, RAFAEL MARÍA (San Juan de Cesar, Magdalena, 1833; Santa Marta, 1903). Sacerdote y obispo, autor de numerosas obras didácticas, poeta místico, descriptivo y de estilo culto, traductor de Dante y de Virgilio. Escribió una |Gramática, vocabulario y catecismo de la lengua guajira y una |Gramática de la lengua Koggaba, con Ezequiel Uricoechea. Sus versos fueron publicados en París en un folleto titulado Rosario poético (1873).

 

CELY HERRÁN, FERNANDO ALBERTO (Bogotá 1957). Estudió lingüística y literatura, ejerce la locución comercial y deportiva y dirige talleres de creación poética. Miembro del grupo Esperanza y Arena y de la Unión Nacional de Escritores.
Libros: |Gotas de cristal (1985); Lejanías (1993); |Cantos del desamor y el desencanto (1995).

 

CEPEDA VARGAS, GLORIA (Cali, 1931). Periodista. Medalla y diploma en el XXII Concurso Internacional de Poesía en Bruselas, Bélgica, en 1993, por |Sólo |sonetos |. Segundo premio en el concurso «Carlos Sabat Ercasty» en Montevideo, Uruguay, por |Sonetos.
Libros: |Bajo la estrella (1958); |Poemas de los hijos (1963); |Credo (Caracas, |1979); Cotidiano apremio (1982). |Más allá de la noche (1990); |Cantos de agua y viento (1996) —premio «Jorge Isaccs», de Desarrollo Cultural de la Gobernación del Valle en 1995— |y Carta a Manuel (1996).

 

CEPEDA VARGAS, MANUEL (Armenia, 1932; Bogotá, 1994). Estudió derecho en la Universidad del Cauca. Periodista, pintor, pero principalmente líder de la izquierda, director del semanario Voz Proletaria, miembro del comité central del Partido Comunista y de la Unión Patriótica, representante a la Cámara |y hasta sus últimos días senador de la república.
Dijo Jorge Child: «Pocas vocaciones tan acendradamente dedicadas a denunciar las injusticias sociales, los atropellos |y los crímenes políticos que a diario se cometen en Colombia. Fue el más valeroso defensor de los derechos humanos que hayamos conocido, y | el precio de sus denuncias y | luchas políticas, fue su asesinato».
Sus versos también fueron empapados en el sudor |y en la sangre de la lucha. El mismo escribió en su libro |Balada de los hombres anónimos: «Estos pequeños poemas rememoran fuertes vivencias. Escritos de prisa y en diversas épocas, recogen, con altibajos y lenguaje llano, el martilleo de la realidad». Fue publicado por el Fondo Mixto de Promoción de la Cultura y las Artes del Cauca en 1994. Otro libro suyo: |Vencerás, Marquetalia (1964).

 

CERÓN CASTILLO, ARMANDO (departamento del Huila). Delimiro Moreno lo incluye en el grupo de Los Papelípolas de Neiva y | en su libro sobre sus integrantes explica: «No fue incluido por don David Rivera en su |Índice porque no vivía en Neiva y su timidez lo había sepultado en un despacho burocrático de Garzón, pero aún lejano físicamente de los demás papelípolas comparte con ellos el afán generacional y el ideario poético precursor del Nadaísmo». Francisco Ortiz dijo sobre su poesía: «Se ajusta de manera exacta a la concavidad de su silencio. Primero con ardua se hace el vaso y | después viene el agua que lo llena. Por eso sus versos aparecen como una necesidad, como algo que le faltaba a la vida».

 

CÉSPEDES, ÁNGEL MARÍA (Bogotá, 1892-1956). Su primer libro, |Poesías, publicado a los 16 años, fue prologado por Miguel Antonio Caro, y | en 1908 ganó los juegos florales de Bogotá con el poema |La juventud del Sol, imprescindible en todas las antologías colombianas y que le hizo decir a Gómez Restrepo que «por la novedad del pensamiento, la audacia de las imágenes |y la esplendorosa belleza de la forma, recuerda las precoces obras maestras de Víctor Hugo». Después escribió |Invitación al amor (1911). Estudió en Estados Unidos, Alemania y Francia y también precozmente, antes de los 20 años, inició una carrera diplomática que se prolongó por toda su vida. En tal calidad estuvo en Nueva York, Madrid, Berna, Ginebra.., y Bogotá, donde ocupó una alta posición en la Cancillería. Fue profesor universitario y publicó, más que sus propias poesías, que fueron cada vez más escasas, traducciones de Rostand —elogiadas por éste—, Heredia y D’Annunzio. Gómez Restrepo volvió a decir de Céspedes: «En sus posteriores piezas líricas y dramáticas, es un poeta de genio y estilo francés que escribe en magníficos versos castellanos. Los alejandrinos franceses brotan espontáneamente de su pluma, y | han merecido elogios de Rostand, que es maestro con quien guarda más analogías por la constante ingeniosidad del pensamiento y | la expresión, el sutil y caprichoso juego de la fantasía, y la amplitud del arranque poético, muy distinto del contrahecho amaneramiento de ciertos modernistas».
Sí, Céspedes escribió realmente en francés algunas poesías, entre las cuales fue muy popular en Europa, durante la primera guerra mundial, |Le casque et le képi. También escribió teatro: |El regimiento pasa (1914) |y El tesoro, estrenada en el Colón en 1916 y publicada en la |Selección Samper Ortega. Céspedes tuvo una polémica lírico-política con Eduardo Castillo (por las candidaturas presidenciales de Guillermo Valencia y Marco Fidel Suárez) que se publicó con el título de |Duelo lírico (1918).

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