LAS SANTíSIMAS VIRTUDES NEGATIVAS
Las hermanas
Iván Hernández
Editorial Norma, Bogotá, 1994.
Reseña de Dario Jaramillo Agudelo
Aparte del grupo de novelistas cincuentones de amplia bibliografía (Fernando Vallejo, Moreno Durán, Marvel Moreno, Espinosa, Cruz Kronfly), en los últimos años se han añadido a la bibliografía narrativa nacional un grupo de firmas de auspicioso talento; entre los conocidos como traductores y ensayistas están: Carlos José Restrepo, Héctor Abad, Andrés Hoyos; a ellos se añade ahora Iván Hernández.
Hernández es el editor de Cara y Cruz, la prestigiosa colección de Norma que pasa ya de los cincuenta títulos y que tiene el mérito especial de presentar nuevas traducciones colombianas y muy dignos aparatos críticos de sus volúmenes. En ésta y en otras colecciones se han editado traducciones del inglés Maugham, Stevenson, Yeats debidas a Hernández, quien se desempeña como profesor de literaturas norteamericana e inglesa en la Universidad de Antioquia. Las hermanas es el primer libro de ficción que publica Iván Hernández. Su trayectoria no tolera, sin embargo, tratarlo como un autor novel. Tampoco el texto mismo de Las hermanas que se deja leer con facilidad y que permite llegar en una sola sentada a la página 101 y final de esta breve novela. Virtudes de Las hermanas: primero que todo están las (santísimas) virtudes negativas: no hay experimentos con el lenguaje, no hay trastoques del tiempo, no hay "fragmentación" ni "intertextualidad", no hay monólogo interior, no hay corriente de pensamiento, no hay citas de ningún autor, no hay la más mínima muestra de pedantería, no hay fórmulas esdrújulas políticas, éticas, estéticas, metafísicas, no se nota la presencia del autor.
El resultado es un relato lineal, entretenido, sin truculencias ni efectos dramáticos, dispuesto y con acierto a construir un argumento, con trama, con nudo, con desenlace, tomando lo fundamental de unas vidas sencillas. Que con lo fácil que parece, decía Cocteau, no se note el trabajo que nos costó: tal es el logro principal de Hernández. Contar un cuento bien contado, construir una historia que planta al lector de pe a pa, de cabo a rabo.
Buena parte del relato transcurre en la región del nevado del Ruíz, donde las cascadas "se precipitan furiosamente al abismo; al caer, cientos de metros más abajo, producen un ruido terrible cuyo eco penetra por todas partes, y hace que el viajero se sienta, a un tiempo, solo y acompañado". En esa región viven Raquel y Sara la mayor parte de sus vidas hasta el día del matrimonio de una las traslada a ambas a una ciudad cercana donde morirán, más que hermanas en la sangre, convertidas en una simbiósis de afecto y complementariedad.
