EN
EL MERCADO
¡Suntuosa
vulgaridad!
¡Qué de oro, perlas, diamantes,
Elocuentes, deslumbrantes
Como su frivolidad!
¿No
hay más en casa, ya sean
De tu abuela o de tu prima?
Ve a buscarlos, que da grima
Que no estén donde se vean.
Vete,
y vuélve bien cargada,
Para que más me intereses,
Que así valdrás lo que peses
Ya que sin peso eres nada.
Sazóna
tu insipidez,
Dóra el magnífico loro,
Que siendo el anzuelo de oro
Algo atraparás tal vez.
Con
ojos de mercaderes
Unas a otras os miráis
Las mujeres; y pensáis
Que somos también mujeres.