LA
TRAGEDIA DIVINA
Furiosos
los judíos contra el Justo
Que Mesías y Ungido audaz se llama,
Juran borrar su vida y nombre y fama,
Y vindicar de Dios el nombre augusto.
Pronto lo entrega un mal amigo; el susto
Dispersa los demás; el pueblo clama
Que muera en cruz, que aún al ladrón infama,
Y al popular clamor el Juez da gusto.
Y vendido, y clavado, y escupido
Muere, bebiendo hiel entre agonías,
El impostor, y juegan su vestido.
Mas, ¡ah! cúmplense así las profecías
Letra por letra (*) y, antes no creído,
Ya todos ven que Aquél es el Mesías.
(*)
Que el Mesías fuese rechazado, desconocido, traicionado,
vendido, abofeteado, burlado, afligido de mil maneras, abrevado
con hiel, traspasado de pies y manos, escupido en el rostro, y muerto,
y jugando a la suerte sus vestidos, estaba, de siglos atrás,
anunciado en los Salmos (117), 22; 40, 10; 68, 27; 68, 22; 21, 17;21,
19), Isaías (53, 2 y 3); 50, 6; 34, 16), Zacarías
(11, 12), Daniel (9, 62). Su resurrección al tercer día
en el Salmo (15 10) en Oseas (6,3). Concurren muchas otras profecías.