EL
ALMA
-"¿Que
es, caballeritos, lo que os muestro?"
-"Un reloj, claro está". "¿Por qué?"
- "Porque anda",
Responden unos niños al maestro
Que aquello les demanda,
Suspendiendo un reloj de doble caja
En su mano derecha. Luégo toma
En la izquierda la caja; en la otra asoma
El reloj, y les cambia la pregunta:
-"¿En dónde está el reloj?" -"En
la derecha"
-"¿Y por qué?" -"Porque aquello es
lo que anda,
Y lo que anda es reloj, y el resto es caja."
Entonces
les baraja
Las manos y las cosas, de tal modo
Que ni con ojos de escuelantes puedan
Advertir cómo repartidas quedan;
Y torna a preguntar: -"¿Dónde lo he puesto?"
Ellos al punto acercan el oído
Y dicen: -"¡En la izquierda por supuesto!"
-"¿Y en la izquierda por qué?" -"Porque
el sonido
Lo denuncia bien presto."
Por
último el meastro descompuso
En cuatro piezas la vetusta alhaja,
-Máquina, muestra, caja y sobrecaja.
-"¿Dónde está?" les repite; y la
caterva
Con señalar la máquina repuso.
-"¿Cómo, dijo él; reloj este esqueleto?"
-"Sí, señor, pues sin él cualquiera observa
Que el puntero está quieto;
Luego quien lo hace andar es el sujeto".
-"¡Bien!
dijo el pedagogo; este diurno
Señalador del tiempo
No es más que una invención del alma humana,
Hecha a imagen del hombre, que a su turno
Lo es de la Omnipotencia Soberana.
Nuestro
cuerpo es la caja, el hospedario
De un reloj inmortal; y aunque el primero
Se hunda en la mar, o el fuego lo consuma,
El alma, hoy a los ojos escondida,
Seguirá andando, y con su andar, la vida.