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CAPITULO IV
LOS COMUNISTAS
MONTERILLA esa noche esperaba en su cuarto la venida de Emilio
en virtud de la cita que se habian dado. Lo acompañaban tan solo
Soliman i Oropimente, pues el Mordedor seguid con sus grillos mui
bien remachados, i D. Adolfo no queria hallarse en presencia de
Emilio. Monterilla Rabia reunido aquellos dos compañeros, no solo
con el fin de aprovechar la ocasion de ir empezando, ayudado por
ellos, a mover a Emilio en el sentido de que llegase a ser su
colega como se lo habian prometido, sino tambien porque habiéndole
cobrado. cierta especie de temor, consideró prudente recibirlo
acompañado de dos hombres en cuyos brazos tenis una confianza
completa, porque estaban adiestrados tanto en la rapiña como en el
pujalito.
Monterilla llenando en todo caso sus funciones esenciales de
presidente, estaba sentado a la mesa en el mismo asiento que la
noche anterior habia ocupado la Cisne, i en las bancas de abajo se
veían a la derecha a Soliman i a la izquierda a Oropimente. Despues
de un rato de conversacion familiar, Monterilla con mucha gravedad
instaló la sesion, que convenia mucho estuviese bien ordenada
cuando Emilio llegase, lo que segun la lora prefijada, debia tardar
algunos momentos, durante los cuales podian ocuparse de varios
asuntos importantes de entre los muchos que Monterilla llamaba
particulares, i cuyo debate por lo mismo, no exija una junta plena,
sino ántes bien el menor número posible para su discusion.
-Celebro mucho, dijo Monterilla dirijiéndose a sus socios con
ademanes diplomáticos, que no hayan podido concurrir esta noche a
la junta D. Adolfo ¡el Mordedor, quienes por diferentes motivos son
tan adictos a Emilio i a las personas que le interesan, que no
seria conveniente discutir con ellos ciertos negocios que
sinembargo importan mucho al resto de la compañía, i aun a toda
ella, si bien se considera. Por tanto, encargándoos la reserva,
procedo, si no tieneis algunos asuntos mas urjentes que llamen
vuestra atencion i merezcan discutirse primero, a dar lectura
solemne a un documento que puede venir a sernos altamente
ventajoso.
-No me opongo, dijo Soliman.
-Yo tampoco, añadió Oropimente.
-Pues bien, dijo Monterilla sacando del bolsillo la carta que la
Cisne habia dejado sobre la mesa. En virtud de varios accidentes
que la junta sabe ya, ha llegado a mis manos esta carta dirijida a
Santiago, i cuyo tenor es el siguiente.
Caballero:
Voi a morir ; este papel que no llegará a sus manos si no cuando
ya no exista la mujer desgraciada que lo escribe, será para U. una
voz que sale de la tumba; será como una carta que en la rejion de
los muertos se ha escrito delante de Dios para remitirsela en alas
de la verdad a un mortal sensible i jeneroso.
Debo morir. . . . pero tengo algo que legar al mundo: mis
secretos a U ., la verdad a la opinion, mi ejemplo a mi sexo...
Cuando se va a morir necesita el corazon despedirse de alguna
cosa.... decir a Dios a otro corazon; es entónces que se tiene la
vanidad del sentimiento, i se desea que el alma no enmudezca àntes
de que la muerte selle los lábios para siempre. Yo con todo, nada
tengo en el mundo de que despedirme.... para mí no hai corazon
alguno que me diga a Dios.
Podria, es verdad, escribir de preferencia a otro hombre que
quiso protejerme; pero su nombre fué un secreto a1que me recomendó
i que no puedo consignar aquí: siendo ademas ese hombre demasiado
severo para que mis Pobres palabras pudieran interesarle, como
espero interesen a un jóven como U. que siquiera por un momento me
habló de amor con el corazon.
Cuando U. me dijo que me adora ba, sonó en el fondo de mi alma
una voz cuyo acento me habria parecido, al ser ménos desgraciada,
esa ilusión con que la felicidad mece los corazones dichosos, i
cuyo nombre por demasiado dulce, apénas osa pronunciarlo tina
vírjen, bajando los ojos; ó escribirlo cuando va a morir i puede
por tanto mirar sus letras con la indiferencia i superioridad con
que todo se ve en el mundo al dejarlo para siempre. De esos
secretos vanos para el que muere, pero interesantes quizá para el
que vive, me atrevo a valerme ahora con el fin de mover su làbio
veraz i jeneroso, a que divulgue mi inocencia i evite que mi
sepulcro sea profanado por el error funesto que durante mi vida nó
puede disipar, porque la verdad era increíble si yó no moria para
hacerla brillar con mi sombra.
Jamas vaciló mi carácter, aunque alguna vez vacilò mi
pensamiento; i llevando siempre una vida infeliz, solo me salvó del
peligro la resignación con que referí la pobreza i hasta la
humillacion aparente, a la infamia i a la humillacion verdaderas,
ganando con mi abnegacion el privilejio de librar a mi memoria
siquiera, de la deshonra injusta de una situaacion que no siempre
pude esconder al juicio de la opinion, i que ante el mío propio
jamas pudo mancillar mi conciencia....
Monterilla siguió leyendo algunos pasajes de la vida de la Cisne
con los cuales concluya ese documento que no podía considerarse
como una cartas, sino como una súplica interesante, decorosa i
delicada. Cuando acabó de leer dijo poniendo la carta abierta sobre
la mesa:
-Dos proyectos a cual mas hermoso me han ocurrido con la lectura
de esta carta. Primero: que nuestro amigó Oropimente, cuya sana
filosofía lleva el comunismo hasta poseer con rara perfeccion el
arte de imitar toda clase de letras, haciendo así desaparecer ante
su talento, la funesta propiedad de la escritura; escriba una carta
en esta letra, cambiando el sentido, para que, remitiéndosela a
Santiago, quien segun se ve claramente, es el amante desconocido de
la Cisne, nos venguemos deshonrándola por su propia confesion, i
quitándole ese amante, cuya pérdida no dejará de ser para ella
dolorosa a la vez que útil para nosotros. Segundo: fingir una
charla como dirijida a Emilio, en la que hablándole la Cisne en
calidad de amante diga tambien algo acerca de Adelaida; de modo que
haciéndola llegar a manos de esta, aquel pierda su querida i se
haga así mas fácil el logro de nuestros planes.
-Este último proyecto, dijo Oropimente, me parece el mejor,
puesto que siendo Emilio quien ha llevado a la Cisne a casa de
Adelaida, el lance adquiere con esta circustancia una gran
verosimilitud que Emilio no puede disipar fácimente, cuando al
saber que su padre fué el asesino de D. Mateo no puede estar para
andarse en galanterías.
-No es, dijo Soliman, mui malo ese proyecto, aunque es bien
difícil de practicar, segun mi opinion. Yo estoi pensando un tercer
arbitrio mui útil, a lo mènos para mí; i que tiene la ventaja de
ser en estremo fácil, si es que ha de realizarse, i de que si no se
logra, nada absolutamente se pierde 1 nos divertimos de un modo mui
inocente.
-Esponga Soliman su proyecto, dijo Monterilla, que la junta está
pronta a discutirlo concienzudamente i con la debida imparcialidad,
atendiendo no obstante a los intereses privados de tan digno
coléga.
-Como vosotros sabeis, continuó Soliman, yo tengo una hija a
quien llamo Veratrina; linda muchacha i de raro ingenio: mas una
cáfila de seductores la ha pervertido en tales términos, que ya no
se qué hacer con ella. Mui fácil seria que esa carta fuese mas bien
firmada por Veratrina.
-Eso no puede ser, dijo Monterilla, pues la carta de la Cisne
hace mencion de no sé qué conversacion con Santiago.
-Ya lo veo, replicó Soliman; pero todo está bien claro en la
carta, i Veratrina cabria perfectamente lo que rabia de hacer i
decir. Por lo demas, la carta puede componerse como mejor convenga
al objeto: todo depende de los detalles de mi plan que pensaré en
breves momentos i espondré a mas tardar, cuando termine la
audiencia de Emilio i se retire.
-No puede, dijo Monterilla, aceptarse o rechazarse el proyecto,
si no se llena, por lo ménos, la fórmula que prescribe el
reglamento, indicando de pronto algun plan que deje la esperanza de
realizacion; bien que el proponente conserve el derecho de variarlo
o perfeccionarlo despues.
-De pronto espondré, dijo Soliman, que Veratrina representará el
papel de una dama, cuyas circunstancias puedan halagar de algun
modo a Santiago; i esa carta nos servirá para que él tenga ocasion
de enamorarse de aquella, pues repito que es linda como una rosa; i
sera fácil hacer el casamiento. Si esto no se lograse, poco se
pierde: siempre es bueno procurar el establecimiento ventajoso de
nuestros hijos.
-Ese proyecto, dijo Monterilla, puede lograrse si se maneja con
mucha destreza; pero es ya independiente, si no me engaño, de la
carta de la Cisne, que yo no sé para qué sea necesaria en ese
caso.
-Para servir de protesto, replicó Soliman; i para lograr al
mismo tiempo la deshonra de la Cisne, con lo que se lleva a efecto
el primer pensamiento del Sr. Presidente, i al mismo tiempo el
mio.
-Todos esos son proyectos descabellados, dijo Oropimente; i
nosotros tenemos ahora muchos asuntos entre manos para meternos en
vencer nuevas dificultades. Lo mejor es lo mas fácil; hacer el
cambio de la carta i entregar la falsilicada a Santiago. Así la
Cisne quedará deshonrada i su amante no pensará mas en ella.
Despues de esto podremos ocuparnos con el detenimiento que
corresponde, de la ventajosa colocacion de Veratrina.
-Convengo por ahora, dijo Soliman; siempre que en el acto quede
consignado en el libro particular, un acuerdo que disponga
definitivamente, sea Santiago mi futuro yerno.
-Está mui bien, dijo Monterilla.
I tomando el libro iba a escribir cuando se presentó Emilio
flaco i desfigurado.
Todos se quedaron en su puesto, i Monterilla dejando el libro
abierto, ofreció a Emilio un asiento al lado de Soliman. Emilio sin
pensar mas que en el descanso que necesitaba, s e sentó
reconviniendo a Monterilla por no haberle cumplido i a promesa que
le habia hecho de una audiencia a solas como la que necesitaba;
pues que si en presencia de un testigo de su conocimiento, no habia
podido hablarle la noche anterior, manos podría hacerlo delante de
dos que le eran absolutamente estratos.
-No tenga U. cuidado, contestó Monterilla, que los Señores están
al cabo de todos los negocios de que los dos podemos ocuparnos, son
intimos amigos de su padre i desean serlo de U. Puede, pues,
hablarnos con confianza, sin olvidar que está entre jentes de las
que ningun motivo tiene para quejarse.
-Pido la palabra, gritó Oropimente desde su asiento i
disponièndose a hablar con elocuencia.
-Tiene la palabra el Sr. Oropimente, dijo Monterilla haciéndole
una reverencia diplomática.
- ¡Qué palabra ! esclamó Emilio. No vengo a oir discursos de
nadie, sitio a que U. Sr. Monterilla, me diga francamente donde
está mi padre.
-Infrinje U. el reglamento de la junta, contestó Monterilla con
seriedad. Sinembargo, para que el Sr. Oropimente pueda hablar,
repito que tiene la palabra.
-Si, Señores, dijo Oropimente poniéndose de pie en actitud
oratoria i con la ruana al hombro: Su padre, caballero Emilio; el
denodado D. Adolfo, que con tanta justicia se ha hecho digno de la
admiracion de está compañía, no ha concurrido a la junta en la
presente noche, porque ha temido las reconvenciones de un hijo
desnaturalizado. i Ali ! Reconvenciones injustas en verdad i
anticristianas en demasía, como pienso demostrarlo con este breve
discurso, mientras mas estensamente me ocuparé del asunto en otro
que tengo preparado, para en ocasion ménos importuna, llevar la
evidencia al mas alto punto que lójica humana pudo elevar la
verdad.
-Cuánto se contrista mi corazon femenil i sensible al contemplar
que D. Adolfo Castelvi, todo valeroso como él es, rehusa una
entrevista demasiado tierna para su hijo, i vergonzosa para quien
como D. Adolfo, todavià no está bien poseido del espíritu
filosófico de esta junta, i solo piensa en obtener algun día el
perdon de su hijo, a quien contra todas las leyes de la naturaleza,
considera como un juez inexorable i severo que va a fulminar la
sentencia sin apelacion. ¡Funesto resultado de ese terrible derecho
de propiedad, que pesando de siglo en siglo sobre las jeneraciones
embrutecidas, las ha condenado a romper ante su altar de oro los
santos lazos de la sangre, a hollar indignamente los derechos de la
humanidad, i mas que todo, el libro santo del Evanjelio...
-Si.... Sencible i relijioso auditorio; siento tener que tocar
lo mas blando de vuestros corazones; pero la relijion inmaculada
del cristianismo condena la propiedad. Esta, Señores, es una lei
impía que ultraja al filosofismo i disuelve las sociedades. Si,
¡Caballero inesperto! ¡jóven preocupado¡ ¡ hijo insensato! Léjos de
avergonzaron ante nosotros de ser el descendiente de un comunista,
debiais envaneceros de que vuestro padre, superior a los errores de
su tiempo, vaya mas allá a practicar la verdad; i considerando las
cosas como son en si, con un animo libre de preocupaciones, elevado
i noble, venga a esta tierra, i en su ecesiva miseria tome el pan
donde lo encuentre, porque ese pan es hecho para el hambre, i el
hambriento puede buscarlo, como la avecilla busca la fruta de un
jardín sin averiguar quién es el dueño, sin descender a pedirle el
permiso de alimentarse, ni respetar una propiedad, que ella noble i
orgullosa desprecia a desconoce. . ¡ I cuán jeneroso no es Adolfo
Castelvi! Cuando lejitimamente puede tomar el pan donde lo
encuentra, respeta sinembargo el sustento del pobre, i va a buscar
el suyo a la casa del opulento. Convénsase U. pues con nosotros de
que su padre léjos de merecer el execrable epíteto de asesino, solo
es digno de las inmarcesibles glorias del valor: léjos de ser
acreedor al feo dictado de ladron, solo merece la diáfana aureola
de la filosofía i de la virtud.
Oropimente concluyó como Sancho, preguntando si habia dicho
algo. mas Emilio que sin hacer el menor caso, se habia estado
mirando la carta del Dr. Témis que estaba en la pared, bien que por
la escasez de luz no podia distinguir los caractéres trazados con
lápiz, i la veia mas bien como un papel blanco cuyo destino trataba
de adivinar; a lo sumo habia pensado con indignacion en la
coleccion que aquel criminal hacia de sus miserables doctrinas. Mas
cuando el silencio le hizo notar que el charlatan habia terminado
su importuno discurso, volviéndose hácia Monterilla, le dijo:
-Deseo, despacharme pronto, i espero por lo mismo tenga U. la
condescendencia de indicarme lo que debe hacerse para defender al
Mordedor, i para que el Sr. Adolfo Castelvi se oculte i goze de
perfecta seguridad.
-El Mordedor, dijo Monterilla, ha sido aprisionado hoi con dos
pares de grillos: no sè si U. lo sabria ya; pero sea lo que fuere,
me abstengo de reconvenirlo por ello; pues sin mi anuencia no ha
podido ni debido obrar: i aunque supongo sabrá ya el Dr. Témis
cuánto interes tienen U. i su padre en esta defensa, creo que él
tampoco habrá querido obrar sin mi consentimiento. mas ahora que es
preciso entrar en accion i hacer que todas las cosas queden
dispuestas de modo que la defensa empieze con provecho, intimo a U.
que es necesario hable mañana mismo a ese abogado, para que
plenamente se encargue de salvar al Mordedor. I como es de creer
que se rehuse a hacer la defensa de un modo ostensible, tratando de
mantener oculto su nombre, será preciso que U. se comprometa a
figurar como defensor, firmando los escritos i haciendo
personalmente todas las dilijencias que sean necesarias, porque yo,
aun cuando me reservo el derecho de dar algunas instrucciones,
tampoco quiero aparecer como defensor.
-¿ I si apesar de la defensa del Dr. Témis, el Mordedor es
condenado. replicó Emilio, que piensa U. que hagamos?
-Me parece mui bien, contestó Monterilla, que U. sea tau
previsivo; pero confio en que no llegará el caso que teme, pues el
Dr. Témis es un hombre de mucha influencia. Mas si apelar de todo,
semejante desgracia sucediere, la junta ha previsto ya algunos
acuerdos sobre el particular, de los que no estói autorizado para
rendir cuenta a U.,bien que ellos dentro de poco serán discutidos
con su asistencia, teniendo en el debate voz i voto, como hijo de
D. Adolfo, i practicante mio.
-¿ I mi padre ? preguntó Emilio.
-Su padre permanecerá oculto perfectamente, respondio
Monterilla; i si el Hijo puede proporcionarle alguna suma para que
emprenda su viaje, ha ofrecido que se enmendará solicitará el
perdon de U. i se le presentará despues, para ser digno de decirle
a Dios estrechándolo entre sus brazos. A la verdad el Sr. Castelvi
no es mui propio, por su carácter preocupado, para miembro de esta
junta, pues conserva todavía tantos escrúpulos, que muchas veces ha
manifestado estar resuelto a irse a trabajar, para conseguir algun
día con que hacer la restitucion de lo que en su estado de miseria
ha tomado contra la voluntad ajena. Es ademas mui pusilánime para
todo lo que no sea defenderse; i si concurrió con el Mordedor a la
casa del Sr. Osman fué a causa de que habiendo llegado a Bogotá
desesperado por sus continuas pérdidas, vino resuelto a robar a
aquel Sr., de quien por las cartas do U. había sabido la escesiva
riqueza i las circunstancias particulares de su casa.
-Bien, dijo Emilio; nada mas tengo que hacer aquí : mañana
hablaré al Dr. Témis i empezaremos a obrar como UU. quieran,
siempre que yo pueda contar en que la persona de mi padre
permanecerá en completa seguridad, como me lo han prometido.
-Es U. un buen hijo, repuso Monterilla; i para el caso en que
obrará como ha obrado, el Sr. Castelvi me hizo una recomendacion
que voi a cumplir con mucho gusto. Me encargó diese a U., en prueba
de su amor paternal i del respeto que le profesa, el retrato que
tantas veces había solicitado U. como una imájen que en la ausencia
pudiera consolar i satisfacer sus anhelos filiales.
-¿Dónde está ese retrato? preguntó Emilio con interes.
-De aquí a dos noches puede U. mismo venir, o mandar por él a
alguno de sus amigos.
-Ahora, añadió Emilio, solo me resta que U. me entregue una
carta que dejó la Cisne anoche sobre esa mesa.
Todos se desconcertaron con esta inesperada demanda. Sinembargo,
Monterilla disimulando su sorpresa, contestó con indiferencia, que
ese día mismo, mui temprano, se la habia remitido a Santiago,
creyendo fuese para U. como lo indicaba el sobrescrito, i que por
consiguiente debia hallarse en su destino.
Emilio salió mui abatido i se fué para su casa pensando en su
miserable existencia. Ya era preciso pues, ser amigo de
Monterilla.
Antes ningun hecho propio lo envilecía; mas ahora ya empezaba a
descender por sí mismo: su dolor en consecuencia lo humillaba i el
circulo de sus pesares se estendia en realidad, ¡ Adelaida! ¡
Adelaida! repetia. Ayer tu amante era el hijo de un ladron ... pero
hoi es el amigo de Monterilla que junto con él defenderá a otro
ladron, se burlará de los hombres, de los majistrados i las leyes,
i discutirá entre los criminales proyectos avernosos para salvar a
un insolente que osó turbar tu sueño pronunciando tu nombre con
desprecio. El honor i la dignidad fueron para mí como un vestido
ajeno de que me vi de repente despojado... pero ya llevo en su
lugar la librea de la infaimia: fueron un brillo momentáneo que el
aliento emponzoñado de mi padre debia empañar; mas yo mismo voi a
arrojarle la mancha del delito ...Pero -¿qué me importan, esta
sociedad ni este mundo? Si no muero pronto, me ausentaré, iré a
refujiarme en una tribu salvaje, donde recordaré mis pensamientos
divinos, mis bellos dias de civilizacion i amor; recordaré a
Adelaida como la imájen de mi conciencia cuando viví entre los
hombres, de mis sueños cuando viva entre las bestias: la recordaré
como el idolo encantador en cuyas aras ardió mi corazon, se regaron
como flores mis leves esperanzas, ¡sonaron como himno mis caras
ilusiones...I entre tanto, ella será feliz... se olvidará de mí
.... se olvidará porque jamas me amó... No ¡Adelaida!!! Mas.....
¡era tan vil el que se atrevió a adorarte! tú que merecías a un
caballero...... Si.. . . Yo tambien merecía un padre virtuoso, i la
naturaleza no me diò sino un padre asesino. Con todo, Adelaida: mas
respetuoso yo que la naturaleza misma,, no pensaré mas en ti,
porque ese rostro anjelical que ni el aire debe tocar, no ha de
verso gravado en el pecho de un hombre vil... ¡oh! ¡ qué funesta es
la infamia! ¡ què imajenes tan caras osa borrarnos...! Con estas
ideas Emilio embozado en la capa permanecía parado en la puerta de
su casa sin atreverse a entrar, aunque era ya mui tarde. Estaba
resuelto a pasar allí la noche porque no podía golpear en esa
puerta que le parecía solemne i grave, rechazándolo con muda
majestad, para impedirle la audacia de ir a deshonrar con su
presencia habitaciones tan nobles, cual si fuesen la cárcel en que
su padre debía arrastrar las cadenas del criminal, o la caverna en
que Monterilla debatia sus sórdidos manejos. Mas al pensar en esto,
una voz dulce, tímida i misteriosa llegó a sus oídos: era que
Adelaida lo llamaba desde el balcon. El corazon de Emilio se ajitó
como para despertarlo de un sueño, i viéndose obligado a obedecer,
entró a pasar la noche lleno de amargura.
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