CAPITULO XIV

EL CONSEJO

MIENTRAS mas estudiaba Monterilla el punto, ménos podía aprender, i léjos de encontrar medio alguno de salvar al Mordedor, solo hallaba multiplicados apoyos para una condenacion; de tal modo que le provocaba ser mas bien el acusador del procesado, bajo cuyo carácter aparecía el punto tan rico de sólidos fundamentos, que debia ser mas angustiosa la situacion del defensor al tener que rebatirlos, i echar por tierra aquel cúmulo tan prodijioso de leyes i razones que se levantaban contra el defendido. Lleno de afliccion i zozobras no dudaba de que iba a ser víctima del Mordedor, quien llevaria a efecto sus amenazas: este temor lo estimulaba vivamente al estudio i a la meditacion; pero le ardia la cabeza, su ánimo estaba intranquilo i no sabia qué hacer ni daba razon de lo que ejecutaba.

No hai remedio, repetia. Estói perdido i necesito salvar me : he estudiado el punto cuanto he podido, o mas bien lo he buscado en vano, pues semejante punto no parece, hai un vacio diabólico en las leyes: aquí las garantías son un sueño. El tiempo corre, el día de la defensa llega ya, i yo no me hallo en disposicion de hacerla, pues persuadido como estaba de que el Doctor Témis se encargaría de ella, nunca me imajiné que hubiera de llegar el caso de que yo la hiciera: el cual ciertamente no llegará, porque estái bien seguro de que no la haré. La esperanza desapareció i el Mordedor i la Daifa se vengarán de mi, porque los engañé. Sin embargo...... no hai que desfallecer: solo es preciso dar un nuevo jiro a todas estas cosas. Ese paso es delicado .... terrible; pero ¿qué hago? Voi a presentármele al Doctor Témis; a convencerlo i probar el último recurso para persuadirlo de que es necesario defienda al Mordedor; si esto no bastare, le ofreceré mi cooperacion contra él; pondré en sus manos a D. Adolfo, me escaparé asi de dos Hombres a quienes temo, solicitando del Doctor Témis, para asegurar mmi persona, que los haga aprisionar bien, i procure ejecuten pronto al uno i lleven al otro a un establecimiento de trabajos forzados bien lejano, del cual sea evidente que no vuelva. ¡ Oh! Con qué gusto va el Doctor Témis a verme en su favor, bien que no haré mis revelaciones sino mui poco a poco i con sus intervalos de dias i de semanas segun conviniere. Si : este hombre me aceptará con mucho gusto, porque sabe cuán útil puedo serle: él que tanto busca a D. Adolfo, va a encontrar el medio fácil i seguro de hallarlo; yo le daré a entender que con una recompensa, no seme dificultará dar con él, i así de todos modos la ganancia se logra. No hai duda: es necesario variar de planes; primero yo que todo el mundo. No vacilo mas: ahora mismo me voi : puede ser que el dia acabe para mi con mas tranquilidad, o que por lo mènos adquiera algun consuelo, o se me ocurra algun pensamiento que disipe tantas inquietudes.

Monterilla en efecto cerró el Diccionario de la lejislacion, i se fué donde el Doctor Témis perfeccionando por el camino sus nuevos proyectos. Demasiado pronto se halló en la puerta de la casa, a la que a pesar de ir bastante a prisa, no hubiera querido llegar tan en breve, pues sin saberlo él mismo, vacilaba mucho, acerca de si debia entrar o no, donde un hombre que le inspiraba un respeto tan estraordinario. Parándose pues, en la puerta i mirando el zagual, se asustó notablemente, se sintió cortado i casi resuelto a retroceder. Varias veces llegó hasta la puerta de adentro, pero al ir a tocar, se quedaba con la aldaba en la mano mirando el escudo mientras con suavidad volvia a ponerla en su lugar, para que no sintiesen llamar hasta que se resolviera definitivamente. Entretanto salia a la puerta de afuera ensayando de diferentes modos, dentro de sí mismo, lo que habia de decir i la cláusula por donde era preciso comenzar, Volvia otra vez para adentro, cojia la aldaba, se quedaba con la mano puesta encima, volvia a mirar para la calle, echaba rúbricas sobre el barniz de la puerta, i atisbaba por las endíjas. Todos estos actos aumentaban su irresolucion, de modo que paseándose por el zagual , ensayaba su embajada, hasta que por último sin resolverse todavía, dió el aldabazo, no mui fuerte, i cuyo sonido fuè tan dudoso como el ánimo de quien lo daba. Entonces le pareció que hablaban dentro, i creyendo que el Doctor Tèmis estuviese con jente, casi se arrepintió de haber tocado, i pensó irse mas bien, cuando sintió que venian a abrirle.

Ya no habia remedio, i tuvo que entrar a la antesala para esperar un rato, que no fué mui largo, pues bien pronto lo hicieron seguir al cuarto de estudio donde el Doctor Témis sin manifestar sorpresa lo recibió i aun le ofreció asiento.

Monterilla estaba algo cortado, mas el Doctor Témis, para evitar la prolongacion de semejante visita, le preguntó seriamente qué queria.

-Vengo, contestó, a tomarme la libertad de hablar con el Sr. Doctor sobre algunos asuntos importantes.

-Puede U. hablar, contesto él.

-Ha llegado, Sr. a mi noticia; que se persigue por las autoridades al Sr. Adolfo Castelvi, i me consta, ademas, que el Mordedor va a ser condenado definitivamente. Yo querria prestar en esta ocasion acerca de ambos asuntos algun servicio a la justicia, porque creo poder hacerlo.

-Mui bien, interrumpió el Doctor Témis: U. puede ir a prestarle todos los servicios que guste.

-Mas; Sr., me parece que tambien podria prestar algunos a U.

-¿ A mi ? Yo no necesito de ninguno.

-Me habian asegurado que el Sr. Doctor estaba vivamente interesado en la captura de D. Adolfo.

-Sea de eso lo que fuere, repuso el Doctor con disgusto, yo no necesito, ni en eso, ni en nada, de los servicios de U.

-Deseaba tambien que hubiese una entrevista entre el Sr. Doctor i Adolfo Castelvi.

-Esa entrevista la habrá, Monterilla; i tiemble U. de ella. Tiemble de miedo a la lei i a la justicia, pues bien pronto Monterilla seguirá paso a paso la carrera funesta de sus clientes, para caer en un abismo aun mas funesto que el que aguarda a esos criminales, cuya defensa no logrará apesar de su maña i de su audacia. Si, Monterilla : este U. seguro de que yo lo sé todo, i de que se equivoca si piensa revelarme algo, i mucho mas si tiene el arrojo de intentar engañarme. No necesito de indicaciones: su conducta espiada por mi mismo minuciosamente, ha bastado para instruirme de todos sus horribles secretos. Por tanto no es menester que U. hable ahora. Sé mejor que U. mismo a lo que viene, lo que piensa decirme, la variacion aparente que intenta dar a sus in inicuos planes I los servicios que quisiera tener el honor de prestar a la justicia; por consiguiente debe U. considerarse despachado.

-Sr. dijo Monterilla: acaso......

-Puede U. retirarse, interrumpió el abogado; pues nada nuevo tiene que decirme ni yo que responderle.

Monterilla cortado i confundido en estremo se vió en la precision de irse in llevar el menor consuelo, i àntes bien, sobrecojido de cuidados i lleno de alarma, pues no le quedaba duda de que el Doctor Témis era un enemigo formidable que todo lo habia penetrado i contra el cual no quedaba otro recurso que huir o rendirse.

En su embarazosa situacion no halló mas arbitrio por el momento, que congregar inmediatamente una junta estraordinaria, para poner en noticia de todos el caso critico en que se hallaban i acordar, si era posible todavía, algun recurso que les dejase esperanzas de escapar. Mas cuando observó que no podia congregarse tal junta, pues a D. Adolfo le era imposible salir de la casa donde estaba escondido i esponerse a que lo viese el espía, mientras que Soliman i Oropimente estaban ausentes, desfalleció completamente, viendo que no tenia quien pudiera aconsejarlo, sino la Daifa.

Resolvió, pues, irse donde ella, siquiera para desahogarse de sus inquietudes i con la esperanza de que esta mujer, acaso mas tranquila, tuviese en semejante ocasion mejor injenio que él mismo i pudiera auxiliarlo con algun consejo útil i oportuno.

-¿ Por qué viene tan triste, Sr. Montyerilla ? le preguntó la Daifa, luego que lo víó.

-Porque nuestros negocios andan mui mal, Señora.

-Eso no es nuevo para mi: lo tenia previsto así, desde que vi a UU. tan confiados, i sobre todo tan tontos que no sabían lo que hacían. Mas a mí poco me importa de todo eso, pues en salvándose el Mordedor, bien puede cargar el diablo con todos los demas.

-Ese es el trabajo, Sra. Daifa; que para el Mordedor tambien andan las cosas demasiado mal.

-En tela de juicio, dijo la Daifa, ya lo sé. Pero tengo esperanzas de que si U. no puede salvarlo, yo sola le proporcione la fuga como Dios me ayude.

-Ojalá: jamás he dejado de tener mucha confianza en U.; i aun espero que me aconseje algun partido en estas angustiosas circunstancias.

-¿ Pero qué es lo que ha ocurrido de nuevo que está U. tan abatido?

-Que el Doctor Témis lo sabe todo.

-¿ Cómo es eso de saberlo todo así no mas? ¿ quién se lo ha dicho ?

-Lo ignoro, pero acabo de hablarle i me ha tratado con el mayor desprecio advirtiéndome que todo lo sabe.

-¿I U. se lo ha creído? ¡Vaya, Sr. Monteriila, que se ha vuelto otro entre las manos sin saber cómo!

-No, Sra. El tono con que habló i la manera como me ha despedido, me convencen, apesar mio, de que ese hombre tiene ya descubiertos todos nuestros secretos.

-¿ Por qué no usa de ellos entonces? preguntó la Daifa. por qué no cojo a D. Adolfo i se deja de hacer rondas ?

-Quién sabe: pero yo temo mucho.

-Segun eso, replicó la Daifa, al alguno le ha revelado. . . .

-Yo creo que nadie, Sra, i que solo ha bastado para descubrirle las cosas, su cálculo infernal que es admirable.

-Mas, ese cálculo no podia acertar sin algunos nos datos, i entónces es preciso que haya algun traidor entre nosotros. -Bastantes datos puede haberle proporcionado el espionaje infame, que me ha dicho haber ejercido respecto de mi mismo.

-¿ Espionaje ? Eso no importa. Yo no creo que U. haya andado con descuido, ni caído en alguna indiscrecion.

-No; pero el Doctor Témis es hombre que necesita pocos datos. Ahora mismo he visto que me ha adivinado los proyectos con que fui a su casa i que a nadie absolutamente habia yo comunicado.

-Déjese de eso, Sr. Monterilla : no crea que el Doctor Témis sepa nada: todos son cuentos i bambolla de ese hombre orgulloso. Nada sabe, i la prueba está en que la policía pasó hoi toda la mañana en casa de Doña Gonzaga buscando a D. Adolfo sin poder hallarlo: la policía fué instruida segurarnente por el mismo Doctor Témis, quien si hubiera sabido el escondrijo de aquel, es bien seguro que lo habrían atrapado.

-Eso prueba tanto en favor de lo que U. dice, como de lo que yo digo, pues que por lo menos se ha sabido que está D. Adolfo en casa de Doña Gonzaga.

-Solo prueba que el tal Doctor Témis únicamente sabe las cosas a medias i cree saberlas bien, como es mui natural; lo que léjos de perjudicar nuestros intereses, los favorece muchísimo, porque nada importa que sepa algo, con tal que esté engañado creyendo que nada ignora.

-Mucho me temo, Sra. Daifa, que el DoctorTémis sepa todavía mas, respecto de nuestros asuntos, que nosotros mismos.

-No lo creo; i a fe que si tal creyera ya yo lo habría despachado.

-Le comprendo, dijo Monterilla; pero eso tiene dificultades mui grandes.

-¿ Por qué ?

-Porque o Doctor Témis está bien defendido en su casa: sus muchos amigos lo acompañan de continuo; la jente de su servidumbre es tan incorruptible como él mismo, i lo aman tanto que es imposible se descuiden ni siquiera un momento acerca de su Señor.

-Si... todas son dificultades; i mejor seria que hubieran previsto eso desde el principio, para no meterse en honduras de que hoi les parece imposible salir.

-¿ Pero qué quiere U. que hagamos? ¿ qué haria en nuestro caso ?

-Salir de ese Doctor Témis aun cuando para ello fuera necesario arriesgar algo, pues ya ha venido a ser indispensable acabar con tan terrible enemigo.

-¿ Pero de qué manera es posible salir de él aun cuando arriesguemos algo ?

-Debian ensayar UU. un arbitrio que es imposible deje de tener un májico resultado, aun en el caso de que el Doctor Témis lo sepa ya todo. A la fecha Oropimente i Soliman habrán despachado al fujitivo Emilio, puesto que no habiendo regresado, es señal segura de que tomaron el mismo camino i de que no se han detenido sino para asegurar mejor el golpe. Muerto Emilio, el Doctor Témis será mas sensible a sus desgracias si lo sabe, i tratará por lo ménos de salvar la memoria del muerto evitando recaiga sobre ella la deshonra del padre. Entonces U. preparará una junta solemne para la noche que se crea mas al caso: todos concurriremos bien armados; i despues de ensayar diestramente a D. Adolfo (ya U. me comprende) i de obligarlo a lo que convenga, pues U. sabe está en la necesidad de hacer cuanto queramos, puede decirse a Enrique, quien ya nos ha auxiliado en algunas cosas, que finja con el Doctor Témis un denuncio i lo lleve a la junta como para sorprendernos a todos i conducirnos a la cárcel. Probablemente irá acompañado, ya lo veo; pero apesar de eso, entre todos podremos arrollarlo i quedará todo pendiente de la suerte de las armas. Mas no es eso lo mejor: D. Adolfo hablará entónces con toda la ternura e interes que es de suponer en favor de su hijo, se postrará, prometerá la enmienda i pedirá perdon. Despues de esto el Doctor Témis, o lo defiende, o se rehusa todavía: si lo primero, tanto mejor, i si no,salimos de él i nos libramos de una vez de su persecucion.

-Bien, dijo Monterilla : ¿ i no seria bueno para comprometer mas al Doctor Témis, obligar a D. Adolfo a que diga estar pronto a descubrir los secretos de la compañía ?

-Sin duda; el debe manifestar que se ha arrepentido, que va a huir de nosotros, a borrar a fuerza de virtudes sus delitos pasados; dirá que ha caido en el crimen involuntariamente, i forzado por nosotros. El Doctor Témis con la esperanza de descubrir los secretos i suavizado por tanta humillacion, cederá al fin sin remedio i defenderá al Mordedor consiguiéndole un indulto con lo que todo quedará perfectamente.

-Es delicado el plan, dijo Monterilla, aunque es bien consolador. 

-¿Delicado? ¿por qué?

-Porque conozco mucho al tal D. Adolfo......

-No hai que temer: él esta igualmente perdido, o mas perdido que todos; así es que si anda con escrupulillos, mejor seria que se ahorcara. Pero no se andará en ellos, Sr. Monterilla: lo que importa es tener mucho valor, i sobre todo mucho descaro: peor es dejarnos atrapar como palomas, i que nos maten de uno en uno con santa paciencia como si fueramos ovejas.

-Tiene U. razon : aguardaremos a Oropimente i Soloman que deben estar de vuelta hoi, o mañana a mas tardar; arreglarermos las cosas i celebraremos la junta como U. me aconseja.

-Me parece bien, dijo ella. El consejo de una mujer suele ser, en casos apurados, mejor que el de ningun hombre. Ya verá U. corno lo aprueban Soliman i Oropimente.

-Ojalá; porque yo no quiero sino que todos obremos de acuerdo para salvar mi responsabilidad.

-Malo.. . . malo, dijo la Daifa meneando la cabeza: mui mala idea me formo yo de los que dicen así: poco carácter i Poco talento. El mejor modo de salvar la responsabilidad, Sr. Monterilla no estriba en obrar de acuerdo con los otros, sono en obrar mejor que ellos : al menos en obrar de modo que los hechos satisfagan a quien importan i a quien los hace.

-Ahí haremos lo que se pueda, dijo Monterilla despidiéndose para ir otra vez a su casa a meditar este otro punto, mientras llegaban Soliman i Oropimente para consultárselo i ponerlo en práctica.

Comentarios (0) | Comente | Comparta